jueves, 31 de mayo de 2012

Costumbres en el Antiguo Egipto


LOS CORTESANOS
Al ascender Amen-Hotep III, al trono de Egipto, aproximadamente, en el año 1364 a. de. J.C., la civilización egipcia ha llegado a su apogeo. Las fronteras del Imperio Asiático alcanzan Mitanni en el Eúfrates, en tanto que por el Sur van hasta más allá de la 5ª Catarata, en el corazón de la Nubia. Las expresiones de organización política, de cultura, en suma, de refinamiento, habían alcanzado las cotas más altas jamás superadas antes, ni emuladas con éxito después de esta gloriosa época.
El Imperio Nuevo alcanza su clímax en este momento histórico en el que las postrimerías de la Dinastía XVIII, nos dejan perplejos al contemplar hoy los bellísimos y delicados restos que nos acercan a ese punto prodigioso del pasado faraónico.

El reinado de Amen-Hotep III, tuvo una duración de 39 años, durante los cuales su fastuosa Corte, en Tebas, Capital del Sur, y en Menfis, gran urbe del Norte, estuvo integrada por una serie de personajes, tan íntimamente unidos a la vida del monarca y su familia, que, en gran medida se puede decir que los frutos esplendorosos de este reinado fueron el reflejo de algunos de los grandes hombres que integraron las escalas funcionariales y la nobleza palaciega del momento.

El Imperio Nuevo alcanza su clímax en este momento histórico en el que las postrimerías de la Dinastía XVIII, nos dejan perplejos al contemplar hoy los bellísimos y delicados restos que nos acercan a ese punto prodigioso del pasado faraónico.

El reinado de Amen-Hotep III, tuvo una duración de 39 años, durante los cuales su fastuosa Corte, en Tebas, Capital del Sur, y en Menfis, gran urbe del Norte, estuvo integrada por una serie de personajes, tan íntimamente unidos a la vida del monarca y su familia, que, en gran medida se puede decir que los frutos esplendorosos de este reinado fueron el reflejo de algunos de los grandes hombres que integraron las escalas funcionariales y la nobleza palaciega del momento. La ciudad de Tebas, capital del mundo, era sin embargo un lugar donde el polvo y las moscas se mezclaban con gentes llegadas de todos los países. A sus muelles amarraban barcos venidos de todas las partes del mundo conocido. Todas las lenguas el Imperio se oían en sus calles. Los Templos de los dioses, los palacios magníficos, las villas de los nobles con sus frescos y verdes jardines, marcaban el aspecto de esta ciudad que también tenía sus barrios populares de callejas estrechas y malolientes.

Esta ciudad y sus gentes nos son cercanas en la medida que conocemos las tumbas y otros restos de la época. En sus pinturas y relieves se nos ofrecen los nobles señores y sus esposas e hijos, en un perfecto orden de clase dirigente, pero también el pueblo llano, hombres de todos los oficios y profesiones, sacerdotes de grados menores, artesanos, pequeños funcionarios, agricultores, obreros, etc…

De ellos sabemos nada y… todo. Sin embargo, este reinado de Amen-Hotep III nos ha proporcionado el conocimiento de una serie de personajes, sus cortesanos, sus hombres sabios, sus altos funcionarios militares y civiles que ilustran mejor que otras muchas consideraciones sobre la época, el glorioso momento en el que este rey era el Señor de las dos Tierras y el dominador de los Nueve Arcos. Es decir, del mundo entero.

LOS GOBERNANTES
Como es sabido, el gobierno del país en nombre del Faraón, estaba encomendado a personalidades del más alto rango que poseían, entre otros muchos títulos el de Visir. Del reinado de Amen-Hotep III, conocemos a un Visir del Sur y a otros dos del Note, de uno de los cuales se he encontrado la tumba en la necrópolis de Sakara por A. Zivie. Se trata del Visir del Norte Aper-El.

Estatua del visir Nespaqashuty: Dinastía XXVI

Este personaje de indudable ascendencia asiática, y que es objeto en estos momentos de un detallado estudio a partir de los únicos restos conocidos, hallados en su tumba, gobernó desde Menfis, la capital del Norte, en las postrimerías del reinado de nuestro Faraón.

Otro Visir del Norte conocido a través de diversos documentos e inscripciones rupestres, el Visir Amen-Hotep, ocupó dicho cargo durante gran parte del reinado y luego, el de Visir del Sur, a partir del año 31 de Amen-Hotep III.

De cualquier modo, el personaje mejor conocido que ocupó el Visirato del Sur, con capital en Tebas, fue Ramose. Su memoria ha llegado hasta nosotros, fundamentalmente, a partir de la magnífica capilla funeraria de su tumba en Gurnah (la nº 55 de la Necrópolis tebana). Ramose procedía del Norte, donde su padre, Nebi ostentaba el cargo de Administrador de los ganados y de los graneros de Amón. Debió subir al visirato alrededor del año 28 de Amen-Hotep III, y su gobierno duró escasamente tres años. Estos tres años fueron de una importancia vital por los acontecimientos que debieron acaecer, tales como la ruptura del Corregente Amen-Hotep IV con el Clero de Amón de Tebas y el inicio del Cisma Amarniense.


Ramose, hombre muy bien relacionado, probablemente familiar de influyentes personajes como Amen-Hotep, hijo de Hapu, del que más tarde hablaremos, fue sin duda, el eje de todo un cuerpo de cortesanos que rodeaban al Faraón Amen-Hotep III en su grandioso palacio, construido en la orilla occidental, en el lugar hoy llamado Malkata.

Por lo que sabemos, Ramose fue un fiel servidor, tanto de Amen-Hotep III como de Amen-Hotep IV, y su tumba recoge la primera representación conocida en el llamado estilo heterodoxo o amarniense, junto al resto de su decoración, de exquisito nivel artístico dentro del clásico canon tebano.


Ramose trató de ajustarse a los nuevos vientos revolucionarios que amenazaban con arrasarlo todo pero, sin duda, pereció en el intento junto con otra serie de funcionarios que, representativos del viejo sistema bajo la influencia del Amón tebano, debieron ser igualmente aniquilados, como veremos más adelante.

Oigamos ahora la hermosa plegaria que Ramose dirige en su tumba al dios Osiris, dios de los muertos, junto con su amada esposa la Cantora de Amón, Merit Ptah:

“Vengo ahora en paz, habiendo terminado mi tiempo de vida en los favores del dios perfecto. He hecho aquello que deseaban los hombres con lo que se alegran los dioses. También he hecho lo que ama el Rey durante el tiempo que he vivido; no he transgredido sus órdenes, no he cometido ninguna mala acción contra el pueblo. He practicado la justicia sobre la tierra, pues conozco que no cesas de alabar al hombre cuyo corazón vive en la verdad y no ha cometido actos impíos…”.

LOS PONTÍFICES DE AMON. 

Otro importante colectivo de la aristocracia palatina era, a pesar de las continuas luchas por dominar el poder, los intrigantes y poderosos Sumos Sacerdotes de Amón.

Desde los tiempos de Thutmosis III, el Sumo Sacerdote de Amón de Tebas, intervenía en el ejercicio de la soberanía del Señor de las dos Tierras. En cierto modo, daban y quitaban el trono de Egipto.

Las personas que ejercían este cargo que llevaba consigo el de “Inspector de todos los Templos de Egipto”, eran tan influyentes y poderosos como difícilmente podamos imaginar. El enfrentamiento entre la casa real y el clero de Amón fue una constante lucha política desde los tiempos en que el oráculo de Amón designó al príncipe Thutmosis (luego Thutmosis III) como heredero legítimo del trono en una procesión ritual del dios en su Templo de Tebas.

Por esas razones, los faraones Amen-Hotep II y Thutmosis IV, habían hecho cuanto les fue posible por apartar del poder político al sacerdocio de Amón. Durante muchos años, el Sumo Pontífice de Amón, fue esencialmente tan solo una alta personalidad religiosa de Tebas. Sin embargo, durante el reinado de Amen-Hotep III se produce un nuevo intento del Clero de Amón por tomar las riendas del poder político, lo que no sucedía desde los tiempos de la reina Hatshepsut unos cien años antes.

Durante el reinado de Amen-Hotep III, conocemos a los Sumos Sacerdotes Amen-em-hat, Bak-en-jonsu, Meri-Ptah y posteriormente al año 20 y antes del año 28 a Ptah-mose. Con este último, los Pontífices de Amón vuelven a convertirse en hombres de Estado como lo fueron antes de Hapu-seneb y Men-Jeper-Re-seneb, en tanto nuestro hombre alcanzó el Visirato del Sur al mismo tiempo que el Sumo Pontificado. 

Sabemos que era “Director de todos los trabajos del Rey”. Su esposa se llamaba Ipeny “Superiora de las concubinas de Amón”, y debió ejercer el Visirato del Sur hasta el momento en que Ramose le sucedió en el cargo.

Los únicos restos conocidos de Ptah-mose son la estela nº 88 del Museo de Lyon y un precioso shauabti procedente de Abydos, existente en el Museo de El Cairo. Su tumba aún no se ha encontrado. Con Ptah-mose se cierra gloriosamente la lista de los Sumos Sacerdotes de Amón de la Dinastía XVIII.

Jefe de todos los sacerdotes del país, Visir del Sur, ministro de los trabajos del Rey, era sin duda el personaje más poderoso del Estado y el Clero que dirigía formaba el cuerpo más poderosamente constituido y más rico del reino. Los Faraones, obligados cada día a recompensar a sus servidores, no conservaban nunca mucho tiempo el beneficio de sus empresas: el oro y la plata, las tierras, las piedras preciosas, los esclavos, salían todos de su control apenas habían sido conquistados… El dios Amón al contrario, recibía todo a perpetuidad y no entregaba jamás nada: acumulaba los metales preciosos, añadía los viñedos y los prados, los estanques con peces y los bosques de palmeras, las granjas y los poblados y en cada reinado que pasaba añadía más hojas a la larga lista de sus propiedades sacras.

Esta situación no podía sino atraer la reacción del Palacio Real. A pesar de proclamarse hijo carnal de Amón y haber elevado al dios monumentos tan extraordinarios como el Templo de Luxor, Amen-Hotep III intentó, sin duda, restar influencia al poder espiritual. La elección sucesiva de los tres Sumos Sacerdotes de Amón, Amen-em-Hat, Bak-en-Jonsu y Meri-Ptah “Pontífices Religiosos” que fueron exclusivamente ministros de su dios es un dato significativo. El brillante pontificado de Ptah-mose no indica más que una pasajera reacción del poderío de Amón, para tratar de controlar de nuevo todo el poder del Estado.

Cuando Ptah-mose desaparezca de la escena pública estaremos en presencia de la gran crisis político-religiosa del reinado de Amen-Hotep III; Amen-Hotep IV, el futuro Aj-en-Aton, propiciaría una ruptura total con el Clero de Amón y una intolerancia y persecución de los demás dioses a favor del dios Aton.

“LOS HIJOS REALES DE KUSH”:
Otra institución importante del Imperio Nuevo, son los llamados Virreyes de Nubia. Hasta Thutmosis IV, ostentaban el título de “Hijos Reales”, “Jefes del País del Sur” y a partir de este Faraón se llamarán “Hijo Real de Kush”.

Pues bien, estos gobernadores reales de la Nubia egipcianizada eran fundamentales en la estructura del poder real. Normalmente eran personas muy allegadas a la casa del Faraón cuando no directamente emparentados con la familia real. Su título así parece indicarlo. De hecho en los reinados de Thutmosis IV y Amen-Hotep III, los “Hijos reales de Kush” llevan también el título de “Flabelífero a la derecha del Rey”, lo que indica las relaciones íntimas y personales establecidas entre el Faraón y su Gobernador de las tierras del Sur de Egipto.

LOS FAVORITOS DEL REY:
Los Cortesanos de Palacio eran gentes todas ellas relacionadas muy directamente con la familia Real, ya lo hemos visto. Pero aunque los cargos de Gobierno y la Administración estaban ocupados por personas de confianza con cometidos concretos dentro de sus ámbitos respectivos de poder, existió otro tipo de “cargo”, si así lo podemos llamar, puesto que se trataba de una situación específicamente personal e irrepetible, en función de la alta confianza que merecía a Amen-Hotep III la persona en cuestión.
Esta persona, en la cual concurrían todas “la claves auténticas” del poder, más allá de las concretas competencias de los demás, fue el gran Amen-Hotep hijo de Hapu. Podríamos decir sin temor a equivocarnos que, mientras vivió sirviendo a su faraón, Amen-Hotep hijo de Hapu, familiarmente llamada Huy, fue un auténtico “Alter Ego” de Amen-Hotep III. Su voluntad era la de su Señor, él decidía la marcha de los asuntos del Estado y de la Casa Real: él, en suma, fue la persona que llevó las riendas del poder en Egipto hasta el año 31 de Amen-Hotep III, en que falleció. Su muerte propició sin duda la gran catarata de cambios que desembocaron en la ruptura de Aj-en-Aton.

Su desaparición trajo consigo el terror de los funcionarios y cortesanos fieles a Amen-Hotep III, comprometidos con el poder tradicional. Todos ellos fueron desapareciendo de la escena política, y podríamos decir, de la vida misma, en un plazo de 7 años siendo unos desposeídos de sus funciones otros desterrados y otros, probablemente asesinados.

Pero volvamos a nuestro hombre. ¿Qué importancia pudo tener para, trascendiendo a su propia época, ser divinizado en tiempos de Ptolomeo Evergetes II, mil años después de su muerte?. ¿Qué nivel alcanzó su gran reputación de habilidad y sabiduría para que Manetón lo incluyera entre los dioses mejor que entre los hombres?.

Sabemos que era originario de Athribis en el Delta, y que sus antecesores ostentaron ciertos cargos administrativos y sacerdotales locales a favor de su dios el Horus Jent-Jety.

Su carrera, su ascenso al poder, nos son conocidos a través de la inscripción biográfica del personaje existente en una de sus estatuas (hoy en el Museo de El Cairo) y que fue encontrada delante del tercer pilono de Karnak junto a la cara Oeste del Obelisco de Thutmosis I. Refiriéndose a sí mismo, Amen-Hotep hijo de Hapu nos dice:

“El escriba del Rey, su amado, Amen-Hotep, dice: Yo fui un Grande, colocado a la cabeza de los Grandes, aquél cuyo espíritu abarca el conocimiento de las palabras divinas según el consejo del corazón, aquél que sigue los designios del Rey, aquél a quien el Faraón ha distinguido colocando su Ka, el primero.
El dios bueno, el Rey del Alto y Bajo Egipto, Neb-Maat-Ra, primogénito de Hor-Ajty me, testimonió a su favor. Me promovió al cargo de Jefe de los Escribas Reales; fui iniciado en el conocimiento del libro divino y conocí los actos benéficos del Thot, estando desde entonces protegido por el conocimiento de sus secretos (iniciado). Superé y resolví todas las dificultades. Se podía hablar conmigo de todas las cuestiones de este conocimiento.
Entonces, el Rey renovó sus favores hacia mí. Puso bajo mis órdenes a todos los hombres en tanto que yo era el Escriba Real Jefe, encargado de las reclutas (de personal).
Yo hacía las levas (de los hombres necesarios para los trabajos) de mi Señor. Mi cálamo hacía, por miles el computo de su número. Yo colocaba a los jóvenes en sustitución de los viejos, puesto que el apoyo de la vejez es el hijo mayor. Yo fijaba las obligaciones (de aportación de personal para el trabajo) de cada casa según el número de personas que las habitaban, dejando aparte a los artesanos.
Yo reemplazaba a los servidores por medio de los mejores prisioneros de guerra que Su Majestad había capturado sobre el Campo de Batalla.
Inspeccionaba todos los grupos de trabajo, así constituidos y dirigía las reclutas. Coloqué a las tropas en las fronteras para rechazar a los extranjeros a sus países, lejos de las Dos Orillas, mientras que un cuerpo de vigilancia recorría el país de los nómadas del desierto.
Hice lo mismo delante de las playas, de las bocas del Río, protegidas por mis tropas….
Fui el guía de sus actos, todos se inclinaban ante mis ordenes….
Por tercera vez, mi Señor me testimonió su favor, el hijo de Ra, Amen-Hotep Heka- Uaset… Mi Señor me nombró Intendente de todos los trabajos. De este modo hice duradero el nombre de mi Rey para toda la eternidad. No imité lo que se había hecho antes. Para él mandé hacer una verdadera montaña de piedra roja, pues El es el heredero de Atum… Conduje los trabajos de su estatua; era muy grande, más alta que su pilar (posterior), su belleza “eclipsaba” la del pilono (donde fue puesta). Construí un barco y navegué en él, remontando la corriente (de Heliópolis a Tebas) para colocar la estatua en su gran Templo (duradero como el Cielo).

¡Vosotros los que vendréis detrás de mí, seréis los testigos de mi obra!…”.

De esta extensa inscripción autobiográfica, se ve claramente que la carrera de Amen-Hotep hijo de Hapu, comienza con el conocimiento de los principios iniciáticos de los libros divinos, y sigue con la organización del ejército y recluta de las tropas hasta acabar dirigiendo las obras reales.

Amen-Hotep hijo de Hapu, fue un auténtico Cortesano, un gran favorito, cuyo poder se extendió a todos los dominios importantes de la vida del Estado.

Para testimoniar su devoción y favor, Amen-Hotep III, le concedió por un Decreto, fechado en el año 31 de su reinado la institución de una fundación funeraria y un Templo de culto personal de su Ka. Este privilegio era algo inusual (tanto por el tamaño del edificio, más grande que el del propio Faraón Amen-Hotep II, abuelo de su Señor), como por el lugar en que se erigió, reservado a templos funerarios de los Reyes, nunca antes de particulares.
Otro privilegio inusual que disfrutó Amen-Hotep hijo de Hapu fue el derecho a colocar, nada menos que siete estatuas suyas en el recinto del dios Amón de Karnak.

Esta circunstancia nos ilustra, junto con las inscripciones de dichos monumentos, acerca de su situación política, hasta tal punto, que podemos afirmar que Amen-Hotep hijo de Hapu, fue el muro de contención de las maniobras del poder laico contra los intereses del dios Amón. Al mismo tiempo él era el hombre que protegía a su Soberano de las voraces apetencias del Clero de Amón hacia la Casa Real.
Su influencia fue tal que se convierte por arte de sus estatuas en el intermediario del dios Amón y los demás dioses, el Rey y el resto de los hombres.

Ya hemos dicho que las funciones de Amen-Hotep hijo de Hapu, pasan con creces las de un simple arquitecto, como en ocasiones se le designa. Sin duda fue el personaje central del reinado de Amen-Hotep III, hacía las leyes y despachaba todos los asuntos del gobierno con el Faraón por encima de sus propios Visires o primeros ministros; al mismo tiempo “gobernaba” dentro del Clero de Karnak del Amón Tebano. Su poder podría venirle en algún modo de su profundo conocimiento de las artes mágicas y religiosas que le convertían en un temido y poderoso personaje.

Nuestro hombre alcanzó la edad de 80 años, y con motivo de este importante acontecimiento hizo un balance de su vida que nos ha llegado en su séptima estatua de Karnak.
Escuchémosle:
“Yo vengo a ti, oh Amón, para alimentar a tu Ka y morar en tu templo, Señor de las Dos Tierras.
Tu eres el Señor de lo que hay bajo el cielo puesto que tú eres el dios del pueblo.
Lo que hay en el cielo confirma TU ESPLENDOR, pues tú eres más grande que ningún otro dios.
Oye a quien te invoca: Tú eres Ra, y no existe otro que no seas tú.
Has hecho que esté entre los hombres respetados que practican el Maat (Justicia).
Yo soy un hombre justo, nunca actué con parcialidad y nunca frecuenté al que hizo el mal….. No hay hombre que habiendo sido llamado a mi presencia no haya sido escuchado, pero yo rechazo al que ha actuado contra mí.
Nunca presté oídos a la mentira (dicha) para perjudicar a alguien en sus bienes.
Esta es mi naturaleza. Ello demuestra la justicia de lo que ha sido ejecutado por mí en presencia de todos. El que me conoce deseará ser como yo. ¡Tan grandes cosas me han acaecido!.
La vejez es el testimonio de una vida justa. He alcanzado vivir ochenta años y mi favor es grande cerca de mi Soberano.
Yo cumpliré ciento diez años”.

INTENDENTES DEL FARAÓN Y LA FAMILIA REAL:
Otros nobles de importancia en la Corte de Amen-Hotep III, fueron en un escalón inferior los llamados Intendentes de dominios reales.
Eran éstas, personas de toda la confianza de los altos funcionarios que rodeaban al propio faraón y cuyas relaciones de familia eran la razón de su encumbramiento en el desempeño de unas funciones que suponían al tiempo que una responsabilidad, un poder fáctico importante.
Entre ellos sabemos de Amen-Hotep “Gran Intendente del dominio real en Memfis”. Este alto dignatario era pariente de Ramose el Visir del Sur, al que nos hemos referido más arriba. De hecho Ramose estaba casado con una hija de Amen-Hotep, y cabe dentro de lo posible que además ambos personajes fuesen medio hermanos.

Amen-Hotep jugó un importante papel, al igual que otros funcionarios en la celebración del primer Jubileo Real de Amen-Hotep III en el año 30 del Faraón.
Este hombre fue el responsable de la construcción y administración de un conjunto funerario dedicado a Amen-Hotep III, en Memfis, en cierto modo paralelo al soberbio conjunto que se construyó a tal fin en Tebas.
La ubicación del monumento no se ha encontrado, aunque podría estar enterrado bajo los tells existentes en las inmediaciones de la actual Mit-Rahina, hoy extrarradio meridional de El Cairo.
Una estatua procedente de dicho lugar recoge los datos autobiográficos de Amen-Hotep y ciertas referencias al monumento en cuestión; veamos cómo nos lo describe:
“…Entonces (el Rey) me encargó de la dirección de los trabajos en su templo de millones de años, que se había hecho recientemente en un terreno cultivable, al Oeste de Memfis, en el distrito de Ankh-Taui… Un monumento para su padre Ptah, construcción duradera por todo el infinito, en bella piedra blanca de Tura; su belleza era semejante a la del horizonte del Cielo.

Todas sus puertas estaban hechas en cedro, incrustado de oro verdadero de los desiertos, de oro fino y de toda clase de piedras preciosas…. Un lago fue excavado y plantado de árboles, convertido en algo espléndido gracias a todas las ricas esencias escogidas entre aquellas del país del dios”.

Se proveyó al templo de vajilla y mobiliario de oro y de plata y llevará por siempre el nombre de “Casa de Neb-Maat-Ra que está unido a Ptah”.

Este personaje desaparecerá de la historia y de la escena política en el mismo momento que su hermano Ramose, y otros funcionarios como Amen-Hotep hijo de Hapu. En el año 31 de Amen-Hotep III, su hijo Ipy ocupará su cargo y le dedicará una estela funeraria que hoy se encuentra en el Museo de Florencia, que en forma de oración dice como sigue:
“Que sea abierto el cielo para ti, que sea abierta para ti la tierra, que sea abierto para ti el camino en la necrópolis.
Puedas salir y entrar con Ra, puedas marchar a grandes pasos, como los dueños de la eternidad. Puedas coger los panes de ofrendas puras que te da el dios Ptah sobre el altar.
Pueda tu ba vivir, tus músculos ser sólidos. Que tu rostro sea luminoso en el camino de las tinieblas. Hapy te dará agua. Nepri, pan. Hat-Hor, cerveza, y la Vaca divina, leche. Lavarás tus pies sobre una jofaina de plata junto a una fuente de turquesa. Se te darán cuatro panes en Busiris, ocho en Abydos, doce en el distrito de Peker, una jarra de cerveza en el templo del sol. Para el Osiris, escriba real. Gran Intendente en Memfis. Amen-Hotep. Justo de voz”.

Otro “Gran Intendente del Rey” fue Amen-em-Hat, llamado Surero. Sabemos que ejerció múltiples cargos temporales (no religiosos) en relación con el Templo de Amón de Carnal.
Parece haber tenido gran devoción por su soberano, Amen-Hotep III, a quien tiene dedicadas dos preces en sendas estatuas suyas.
Es otro de los casos de aparente persecución en torno al primer Jubileo del Faraón (año 30 de Amen-Hotep III).

En efecto, su tumba tebana (la TT 48 situada en Joja), está mutilada, en un acto de persecución para la eternidad que debe coincidir en el tiempo con su cese como “Gran Intendente del Rey”, en cuyo cargo es sucedido por el otro Intendente, Amen-Hotep al que ya hemos hecho referencia más arriba.

Esta persecución se renovará bajo el reinado de Aj-en-Aten, unos cuatro o cinco años después. ¿Qué sucedería realmente?. Estamos en presencia de una verdadera “purga” de funcionarios leales al dios Amón. Los monumentos nos indican que entre los años 28 al 31 de Amen-Hotep III, y aún en los años 37 al 39 de dicho Faraón, se desató una terrible persecución por parte de los partidarios de Aton contra los fieles servidores de Amen-Hotep III. Personajes que habían mostrado su lealtad a la casa Real, y más concretamente, vinculados al gran hombre de estado que fuera Amen-Hotep, hijo de Hapu, fueron desposeídos de sus cargos, perseguidos, asesinados y lo que es mucho pero, condenados según las creencias egipcias a ser privados de sus casas de eternidad para poder sobrevivir en el más allá.

Otro insigne personaje víctima de las circunstancias políticas reseñadas, fue Jeruef. “Intendente del dominio de la Gran Esposa Real Tiy. Confidente del rey. Amigo único. Protector del pueblo”.

Este noble personaje era procedente del Egipto Medio, puede que de Hermópolis, dada su especial devoción por el dios de la sabiduría Thot.
Su tumba (nº 192 de la necrópolis tebana) nos informa que era un hombre muy unido a la pareja real. Sabemos que Jeruef intervino en, al menos, dos de los tres Jubileos celebrados por Amen-Hotep III. Sin embargo, al final de su carrera fue destituido del cargo de Intendente de la reina que había ejercido durante toda su vida.

En su tumba se encuentran representados el faraón Amen-Hotep III, y la reina Tiy, en la celebración de uno o varios de los jubileos reales y además también tenemos la presencia del joven Amen-Hotep IV.

Veamos ahora la TT 57 de otro Cortesano célebre. Se trata en este caso de Ja-em-Hat “Intendente del Doble Granero del Alto y Bajo Egipto”. Era éste un cargo equivalente a nuestros ministros de agricultura.

Ja-em-Hat era un hombre culto y sabio. Las representaciones de su tumba nos lo muestran en su vida diaria dando cuentas al Faraón de su gestión y rindiendo culto a los dioses de la Duat pero también tienen estas imágenes algún sentido simbólico, que no eran capaces de comprender todos los que visitaban su capilla.

A ellos se dirige la inscripción que hay entre la 1ª y 2ª Salas. Dice así:

“El noble, el Príncipe, grande por su función en el Palacio real, Jefe del secreto de los graneros, que aplaca el corazón de Horus con la verdad. El Consejero secreto cuando se fijan los impuestos. El Escriba real, favorito de su Señor, Intendente del doble granero, del Señor de las dos Tierras, Ja-em-Hat justo de voz, él dice a los hombres que vendrán al mundo y que estarán sobre la tierra (después de su muerte), tanto importantes como humildes:
¡Oh vosotros, los escribas que desentrañáis la lengua escrita, que comprendéis las palabras divinas (los jeroglíficos), cuyo corazón se regocija penetrando en la sabiduría; oh vosotros que pasaréis delante de este monumento que me he mandado construir para que sea un lugar de reposo para los bienaventurados. Vosotros que contemplaréis mis muros y que pronunciaréis en alta voz las palabras que he escrito. (Si hacéis esto) el Rey del Alto Egipto os alabará y el Rey del Bajo Egipto os amará, pasaréis en paz al estado de venerables (tras la muerte) sin miedo y sin espanto. Durante el curso de cada día estaréis unidos a la alegría y a la felicidad. Los dioses oirán vuestras peticiones, si hacéis que mi recuerdo permanezca junto al de Horus Perfecto y pronunciáis mi nombre a causa de lo que he hecho!.
Pronunciad la formula de ofrendas reales para Amón, Atum, Ra-Hor-Ajti, Ptah-Sokar-Osiris, Anubis y los Santuarios del Sur y del Norte, para beneficio del Ka del confidente del dios bueno, el escriba real, Intendente del doble granero del Señor de las Dos Tierras, Ja-em-Hat Justo de Voz…
Sigue después: ‘Oh Glorioso Aton, Señor de la luz, que brillas en el horizonte, Sol Real, puedas ti billar, también sobre el rostro del escriba real Ja-em-Hat. El te adora desde el alba, y te da culto por la tarde. Permite también que el ba del escriba real Ja-em-Hat suba contigo al cielo. Que se le permita subir a la barca nocturna cuando su viaje en la barca diurna haya terminado; que se una a las estrellas eternas y las otras estrellas que están en el cielo’….”

De este modo Ja-em-Hat llamaba, y nos llama aún hoy en día al cumplimiento del piadoso deber de los visitantes de las necrópolis de Egipto, a fin de garantizar a los difuntos aquello que tanto anhelaban igual que nosotros mismos lo anhelamos: la inmortalidad tras la muerte en este mundo.

Hemos dicho al inicio de esta conferencia que, sin duda, el fruto de un reinado como el de Amen-Hotep III, sea la consecuencia en gran medida de la obra de los hombres que le asistieron y gobernaron para él.

Ahora podemos concluir afirmando que en efecto, el esplendor del reinado del poderoso Monarca debió su fuerza al elenco de personalidades que compartieron con él las tareas del Gobierno del mundo entonces conocido.

En la misma medida en que los embajadores de Egipto y de los pueblos asiáticos creaban ex novo un marco de regulación de las relaciones internacionales a través del comercio y la diplomacia, se construían en Egipto monumentos arquitectónicos nunca antes realizados y las manifestaciones estéticas alcanzaban una delicadeza y, una finura tales que realmente suponían en sí mismas el límite de perfección imposible de ser franqueado.

La sociedad egipcia, impregnada del refinamiento y la opulencia que otorgan la conciencia y realidad de ser rectores del mundo, llegó a su más alto nivel y en un momento dado cayó de improvisto al polvo, haciéndose mil añicos el espejo que reflejaba tan maravillosa imagen.

Esto sucedió también en el punto en que los hombres que gozaban del favor del Faraón (elegidos sin duda entre las noblezas locales, aunque fueren de bajo nivel, y en función de sus capacidades y lealtad, más que por otros inconfesables motivos) fueron implacablemente apartados de su Señor, y del gobierno de Egipto, arrastrando en su caída el increíble mundo de belleza y orden que ellos habían ayudado a crear.

Tras este trágico momento, la anarquía, la guerra y el caos se implantaron en el Valle del Nilo, amenazando con acabar con la propia civilización ya milenaria del Egipto Faraónico.

Extinta la Dinastía XVIII, la historia posterior de Egipto, será un lento deslizamiento en la pendiente de la decadencia hacia la descomposición final.



La mujer en el Antiguo Egipto: Fisiología, Concepción, Parto

La mujer egipcia tuvo un papel muy importante socialmente, no olvidemos que la herencia al trono era por parte matrilineal, y a pesar de las limitaciones de la época, gozó de una independencia desconocida en otras culturas.

Intentaremos adentrarnos en el mundo de las damas y reinas y también en el de las mujeres que no han hecho historia individual, que han conformado la base social. Como vivían, que aspecto tenían, cual era su mundo cotidiano…etc.

Veremos el mundo femenino desde dentro y fuera del hogar, desde el poder y la riqueza hasta la esclavitud y el trabajo. Esperamos que os sea interesante y entretenido y no defraudaros en las expectativas.

La vivienda
Un título adquirido por la mujer desde principios de la XX dinastía fue el de "señora de la casa. En la instrucción para Any leemos: "no controles a tu mujer en su casa, si sabes que es eficiente, no la digas ¿donde está esta cosa? ¡búscalo! si lo ha colocado en el sitio correcto, deja que su ojo te guíe en silencio y entonces reconoce su habilidad.
Aunque las evidencias son escasas podemos deducir que en las clases altas el hombre tenía un trabajo burocrático, como el de administrador estatal, y podía ir a cazar al desierto, la mujer, a veces, participaba en esas actividades (fig. 1 ), pero principalmente se ocupaba de las tareas domésticas.
Fig. 1 - Cacería en el Nilo

Arqueológicamente, las casas y poblados egipcios no son bien conocidos ya que sólo algunos de los Imperios Medio y Nuevo ha sido excavados. Las del Imperio Medio son las del personal consagrado al culto de Senusret II en la ciudad de Kahun, al borde del desierto. Del Imperio Nuevo conocemos algunas viviendas de la ciudad de Amarna (fig 2), fundada por Akhenaton en la XVIII dinastía y el poblado de Deir el-Medina, asentamiento de los trabajadores que participaban en la construcción de las tumbas reales en el Valle de los Reyes. De estas ciudades podemos obtener información suficiente para conocer algunos aspectos de la vivienda del antiguo Egipto.
Fig. 2 - Plano del poblado obrero en Amarna

De las casas de Kahun sabemos que tenían una sala central, dormitorios, un patio y una galería. La sala central tenía cuatro columnas que sujetaban el tejado y a la cual rodeaban los dormitorios, corredores y otras dependencias, una de las cuales se ha reconocido como el granero.

Desde el Primer Periodo Intermedio hasta la primera mitad de la XX dinastía era usual incluir en el ajuar funerario maquetas de actividades y ocupaciones varias. los silos para almacenar grano son de lo más común. Una de las tumbas más rica en modelos es la del canciller Meketra de Tebas, en la cual se han encontrado varios talleres que muestran una variedad de actividades como: un granero, un establo, un matadero, una panadería y cervecería, un telar y una carpintería.

El tipo de distribución que hemos visto en Kahun es usado todavía en Amarna. Un muro rodeaba no sólo la casa si no otras dependencias domésticas. En el patio había un pozo, un jardín con árboles, donde se podían tener flores y un pequeño huerto, así como una capilla dedicada al culto del rey y su familia. Las familias de mayores recursos económicos tenían también una casa del guarda a la entrada.

Las viviendas del poblado de Deir el-Medina (fig. 3) tienen algunas diferencias. La situación era lineal una tras otra y el poblado estaba amurallado. La planta de las viviendas era rectangular y ocupaban un área de entre 5 y 10 metros, divididos en 3 piezas
Fig. 3 - Plano y sección de una casa en el poblado de Deir el-Medina

Fig. 4 - Barrio de Deir el-Medina en la actualidad

El techo se apoyaba en una columna central de madera, bajo un tejado de ladrillo. Por las escenas halladas en las tumbas, las familias de nivel superior se sentaban en sillas o alfombras, mientras que las de los trabajadores directamente sobre el suelo.

La parte de atrás de la casa se dividía en dos zonas, una como dormitorio y la otra tenía una escalera que conducía al tejado e incluía una alacena.
La familia en el hogar
Desconocemos cual era el tamaño de la familia, la higiene, como y cuando dormían, los lujos (si los tenían) y las carencias.

Por la Instrucción para Any, del Imperio Nuevo, sabemos que el ideal era tener muchos hijos. En estelas de los Imperios Medio y Nuevo encontramos la representación de familias numerosas. En una de la XIX dinastía en Tebas, tenemos la demostración de que la esposa del propietario tuvo doce hijos.
En otro documento, de principios del Imperio Medio, aparece un terrateniente, Heganakht, cuya madre, llamada Hepepet, tuvo dieciséis hijos.

Estelas y otros materiales de Deir el-Medina, nos ratifican que las familias de los obreros de las necrópolis eran muy numerosas.

El tamaño de las viviendas está en contradicción con las familias numerosas, aunque se puede pensar que la vida se hacía en la calle y en los tejados, usando el suelo para dormir y con total ausencia de vida privada, o que en las imágenes están representados todos los hijos habidos en la pareja, aunque muchos no vivieran más allá de la infancia.

La señora de la casa
Varios documentos nos indican que el concepto de unidad familiar para los egipcios consistía en : el cabeza de familia, su esposa e hijos y otras parientes femeninas como la madre, la abuela, hermanas o tías. Los parientes masculinos no aparecen ya que estos se establecían en sus propias viviendas.
Las mujeres podían ser propietarias de las casas, pero en las listas de viviendas y moradores todas pertenecen a hombres.

Tomemos como modelo una de las mayores casas de Amarna, la del visir Nakht.
Era muy espaciosa, con zonas separadas para hombres y mujeres. Las únicas evidencias que nos han llegado de las situaciones sociales, son los banquetes, representados en las cámaras funerarias, donde se muestran grupos de hombres y de mujeres separados, aunque las parejas casadas aparezcan juntas.
Otras pinturas nos dan una idea de las escenas cotidianas en las cuales el dueño se nos muestra supervisando actividades privadas y obligaciones oficiales. Estas escenas muestran poco del papel de la "señora de la casa".
En Tebas, XVIII dinastía, hallamos la tumba de Senet, en la cual la figura de su hijo es predominante. Se nos muestra, cazando en el desierto, con su mujer . Sabemos que la señora de la casa se ocupaba de las actividades relacionadas con el hogar, la alimentación familiar y que trabajaba más en la casa que fuera. No encontramos a damas de clase alta trabajando en el campo (los trabajos en el exterior los hacían las sirvientas) y su papel era organizar y supervisar, aunque, también, posiblemente estaban embarazadas gran parte de su edad fértil.
La mujer no tomó parte en las actividades burocráticas del país, si tuvieron ocupaciones estatales, las hijas de las clases más altas fueron sacerdotisas de Hathor o intérpretes musicales durante los cultos de sus templos, en el Imperio Nuevo.
La situación en las clases bajas debió se muy diferente, las mujeres se ocupaban de la fabricación textil, el campo, la alimentación (resumida en pan y cerveza), la servidumbre en las casas más ricas y la venta de productos manufacturados, excedentes. No son muy comunes las escenas de mercado en las tumbas, pero en la de Ipy , Deir el-Medina se ve un barco cargado con grano, trocándolo por pescado, pan y verduras, que venden algunas mujeres.

Fig. - 5 Tumba de Ipy , Deir el-Medina

Las comidas
Fig. 6

Los egipcios comían sentados, solos o en parejas, ante la mesita en la que habían colocado los alimentos y que consistían en : carne, verduras y fruta. Las clases bajas tenían una alimentación más austera pan, algunas verduras y cerveza, pues ésta se utilizaba como alimento, no sólo como bebida.
La familia no se reunía para desayunar, al padre se le servía el desayuno en cuanto terminaba su aseo, este consistía en pan cerveza y alguna loncha de carne fría o un pastel, shens,.L a madre desayunaba mientras procedían las sirvientas a su arreglo personal o inmediatamente después.

El "menú" de las comidas principales, almuerzo y cena consistía en alimentos propios de la estación, carnes, aves fruta, legumbres, verduras, pan y pasteles, incluyendo la cerveza. Los egipcios no consumían mucho pescado por cuestiones religiosas ya que hubo épocas que éste estuvo vetado por las creencias. La carne, dado el clima egipcio y la dificultad de consumirlo rápidamente por una familia se dejaba para festividades en las que se reunía el suficiente número de personas como para poder matar un buey y asarlo entero para consumirlo inmediatamente.

Los grandes propietarios y los templos se permitían el consumo de carne con bastante más frecuencia. El tema de la comida no es muy común en los bajorrelieves, en la tumba de Akhenaton, Amarna, podemos ver al rey y su familia durante una comida; el rey devora una paletilla, y la reina un ave. La reina madre se lleva con una mano un bocado a la boca, y con la otra ofrece un pedazo a una de las princesas, que está sentada junto a ella en un almohadón. Junto a los comensales se ven mesas con alimentos, pero hay una total ausencia de cubiertos, bandejas, platos o copas. Esto estáen desacuerdo con las colecciones arqueológicas, en las cuales encontramos vajillas, con recipientes en los cuales se podía comer sopa u otro alimento líquido o cremoso, y cubiertos. La imagen no tiene porque ser reflejo de la realidad diaria o bien los platos y cubiertos se servían con posterioridad junto a otros alimentos, eso no lo podemos saber. En el Museo del Louvre tenemos una amplia colección de estos objetos, pero que curiosamente nunca fueron utilizados.

Animales domésticos
A los antiguos egipcios, sociables por naturaleza, les gustaban los animales domésticos, si bien hace unos cinco mil años, todavía algunos de los que hoy conocemos como tal, estaban a medio camino entre domésticos y salvajes. Se han encontrado muchas momias de estos animales, que llegaron a tener consideración sagrada.
Fig. 7 - Momias de gato y de perro. Museo del Louvre

El perro, amigo y ayudante del hombre está desde luego presente. El de caza puede entrar en la casa y situarse bajo la silla del amo. El del pastor tampoco abandona a este, está adiestrado para reunir el ganado, al silbido de su amo, tal y como ocurre en la actualidad. Los perros guardianes, lebreles normalmente, están atados o en un espacio reducido en el que se pueden mover libremente. Durante el Imperio Antiguo se utilizaron para esta labor los galgos africanos y en el Imperio Medio los basset. En el Imperio Nuevo, además de los lebreles existía una raza, los keffet, de tamaño más pequeño.

Otro animal que tuvo el afecto humano fue el mono. Divertía a todo el mundo con sus muecas saltos y habilidades. En la tumba de Tutmosis III se encontró la momia de uno de estos animales.

La oca del Nilo, smon, a pesar de su carácter agresivo consiguió el aprecio del hombre. Acepta, según aparece en dibujos, la compañía humana y les divierte con su glotonería, sus travesuras y su grito ronco. Los egipcios renunciaron a su caza y a llevarlas a su mesa. En caso de que hubiera que castigarlas, el mono cumple encantado esa tarea.

Por último hablaremos del gato, miw para los egipcios utilizando una clara onomatopeya, sin someter su carácter independiente ni olvidar sus instintos, se ha convertido en huésped de la casa. Acepta que le pongan collar, pero afila sus uñas en telas y vestidos de lino. Es el animal doméstico que más conserva su pasado salvaje y que más pasiones alcanza, llegando a ser identificado con la diosa-gato Bastet.

Los animales domésticos por su situación, física, en el hogar, pensamos que debió estar cerca de las mujeres egipcias y que su relación debió ser estrecha. Desafortunadamente, al contrario que ocurre con los hombres, no poseemos documentación , ni escrita ni iconográfica, de dicha relación.

La posición legal de la mujer
No encontramos muchos documentos que nos hablen de la situación legal de la mujer en el antiguo Egipto, ni de mujeres dueñas de tierras u otras posesiones (fuera de las damas reales). Por lo tanto nuestro conocimiento del tema nos llega a través de litigios y situaciones en las que se necesitaba la decisión de un tribunal para dirimir diferencias.

En la III dinastía, una inscripción nos habla de un oficial llamado Mejten, heredero de 50 "arouras" (aproximadamente 2/3 partes de un acre) de tierra por parte de su madre, Nebsenet.

En la V dinastía otro oficial ,llamado Tjenti se refiere a 2 arouras de tierra de su madre.
Existe un documento de finales del Imperio Medio sobre la disputa de un padre y su hija sobre unas propiedades. El padre intenta ceder 15 esclavos más a los 60 dados a su esposa. Su hija presenta una demanda, reclamándolos como una propiedad regalada por su marido, pero que su padre ha entregado a su nueva esposa.

De la situación legal de la mujer en el Imperio Nuevo, la documentación que poseemos nos ha llegado de Deir el-Medina, y nos muestra que, en teoría, el hombre y la mujer eran iguales ante la ley, las mujeres podían heredar propiedades, negociar en transacciones comerciales e ir a la corte como demandantes, acusadas o testigos, sin necesidad de que un varón actuara por ellas.
Las mujeres de Deir el-Medina eran más propensas a aparecer delante de un jurado como acusadas que como demandantes aunque no es frecuente encontrarlas de una u otra manera ya que normalmente no estaban implicadas en transacciones económicas importantes.

Juegos
La diferencia entre sexos, desde comienzos de la humanidad, también se mostró en los juegos, (no polemizaremos si por aprendizaje o por instinto) preferidos de los niños y las niñas. Las chicas se inclinaron más por los juegos de habilidad, como los juegos de manos. Las más pequeñas, montadas sobre las mayores, se lanzaban pelotas. También les gustaba los juegos de competencia. El pasatiempo favorito era la danza. Toda joven tenía que saber bailar, y no sólo las que deseaban convertirse en bailarinas profesionales.

Fig. 8 - Músicas y bailarinas. Tumba de Nakht (XVIII dinastía) en Tebas

Se ataban una bola a la trenza y cogían un espejo. Así adornadas, giraban y se contorsionaban mientras las compañeras formaban un círculo cantando y batiendo palmas. La canción, que no nos ha llegado, era una invocación a Hathor, diosa de los placeres.

El juego preferido en el Imperio Antiguo era el de la serpiente, no sabemos como se jugaba, pero sus piezas sí las conservamos, eran una serpiente enroscada en sí misma y dividido el cuerpo en compartimentos, tres leones, tres leonas y bolas blancas y rojas. Se jugaba en unas mesitas preparadas para ello. Han sobrevivido algunos bellamente tallados en marfil y guardados en estuches de ébano.
Otro juego muy apreciado y que perduró durante toda la antigüedad egipcia fue el senet ( fig. 9) con figuras, que recuerdan a nuestro ajedrez con "peones" ciliíndricos con cabeza en forma de botón, torres con techo puntiagudo, y reyes. Creemos que a los egipcios les gustaban los juegos, pero lamentablemente solamente estos dos han permanecido.
Fig. 9 - Senedhem y su esposa Yineferti, ante una mesa de senet en su tumba de Deir el-Medina (XIX dinastía)

Fiestas y convites
Las pinturas murales de las tumbas nos muestran que las fiestas y los convites eran muy apreciados por los egipcios. Las flores tienen gran importancia y en prácticamente todos las pinturas aparecen.
Fig. 10 - Invitadas de una fiesta, aspirando el perfume de flores de loto

Los dueños de la casa se sientan en sillas de alto respaldo con incrustaciones de oro plata, turquesas cornalina y lapislázuli, parecidos asientos son para los invitados. Si la vivienda no es tan lujosa, los asientos también son más sencillos, sillas de forma de X, taburetes o simplemente esteras. Los asientos preferidos de las jóvenes son grandes cojines de cuero repujado. Los hombres se colocaban a un lado y las mujeres a otro.

Habitualmente se colocaba sobre la cabeza de los anfitriones y los invitados conos de color blanco, con pomada perfumada, que las sirvientas distribuían y que era nota imprescindible de buen gusto. Este adorno era imprescindible, disimulaba los olores de comida y cerveza y daba un aroma agradable,que los egipcios, como hemos dicho al principio sobre las flores, apreciaban mucho
En las fiestas privadas, al igual que en las religiosas, la inclusión de música estaba muy generalizada. Se utilizaban sistros y crótalos (menat en egipcio) en honor a Hathor, címbalos de metal y arpas. La danza completaba la distracción y al igual que ocurre en las fiestas actuales, se consumían bebidas y golosinas durante el resto de la velada.


LA FISIOLOGÍA FEMENINA.
En aquellas fechas, hace ya miles de años, se conocían empíricamente muchas más cosas de las que podemos suponer y muchas de ellas están claramente plasmadas en los “Papiros Médicos”
De ellos no todos tratan el tema que estamos tratando, pero sí podemos encontrar el tema ginecológico en los siguientes
a.- Papiro Rameseum [secciones III, IV y V] (1.900-1.700 a. C.)
b.- Papiro ginecológico de Kahun (1.900-1.700 a. C.)
c.- Papiro de Erman (1.450-1.350 a. C.)
d.- Papiro de Carlberg (1.330-1.070 a. C.)
e.- Papiro médico de Londres (P. London) (1.450-1.350)
1.- Los papiros médicos. La memoria del pasado.
Los papiros médicos contienen repeticiones entre unos y otros, copias y mejoras y una clara diferenciación de temas. En los citados se trata el tema de la ginecología, en ocasiones mezclada con la sempiterna magia egipcia, pero son los únicos que tratan enfermedades y remedios para las afecciones femeninas.

¿Qué indican en sus fragmentos, en ocasiones cortados y rotos por el paso del tiempo y el mal trato? Que no conocían la realidad ni el porqué, pero que asociaban de forma clara causa y efecto, lo que no es poco. La mujer de la época, por las imágenes que disponemos, no tenía ninguna característica especial que las diferenciara de las actuales. Si nos fijamos en muchas de las imágenes que se conservan, podemos ver que son hembras muy idealizadas, tanto en los dibujos como en las estatuas y se muestran con caderas muy estrechas, lo que de ser verdad, es manifiestamente nefasto para el parto.
2.- La mujer era estrecha de caderas: ¿Moda o realidad?

Pero esto es más el producto de la moda representativa en la iconografía del momento, que una realidad anatómica. En otras muchas imágenes, quizás de autores y escultores más realistas, la mujer era como lo es en la actualidad, y en ellas que podemos encontrar todo tipo de volúmenes, caderas y formas normales, lo que no hace obligatorio dificultades graves de expulsión del que va a nacer.

LAS DIFICULTADES EN EL PARTO.
En realidad, mirando de forma objetiva cuál era el problema de los partos en aquellas, y posteriores épocas, la respuesta es tan fácil como real. Y no estaba ligado a mala praxis de las comadronas y los Sunu que atendían a las parturientas. La respuesta se encuentra, de forma manifiesta, en otras motivaciones. La gran cantidad de muertes, un porcentaje muy alto que alteraba las estadísticas de muerte con un adelanto medio de 10 años entre hombres y mujeres [40 años para los varones y 30 para las hembras] estaba en consonancia con la edad de las futuras madres.

La edad del matrimonio no estaba restringida, pero se esperaba, salvo excepciones que la novia, en realidad casi una niña, tuviera la primera regla [monarquía], cosa que debido a la latitud y el clima ocurría a edades muy tempranas. La menstruación se consideraba que era el momento en el que la mujer se purificaba, pues hasta ese momento se la consideraba sucia e impura. Tras tener la regla e ir a la tienda de pureza durante 10 a 12 días, había alcanzado el estatus de mujer, había dejado de ser niña y por tanto era susceptible de ser casada. Realmente casaban a una niña con algún familiar para mantener el patrimonio sin dispersión, tíos viudos con sobrinas, entre primos, o con viudos de familias amigas. El resultado era predecible en muchos casos. Una niña sin desarrollar, con una pelvis estrecha y un feto excesivamente grande para ella, causaba una distocia desde el primer momento y, como no se conocía la cesárea, madre e hijo morían en el parto. Tras el noviazgo, una etapa de mutuo conocimiento, generalmente breve o inexistente, se iniciaban los preparativos de la unión entre los únicos que intervenían: las respectivas familias.

Lo más normal era que la novia tuviera unos 14 años, pero no eran extrañas las uniones con niñas de 10 a 12 años. Estas mujeres-niñas se podían encontrar embarazadas a los pocos meses de su unión con hombres que le doblaban o triplicaban la edad. Sólo las acciones beneficiosas de diosas como Hathor y otras, protegían a las mujeres que, desde el mismo momento del embarazo ya estaban, en muchos casos, condenadas a morir en el parto. Las que sobrevivían a su primer nacimiento, trabajarían la casa y tendrían un hijo tras otro para que la familia perdurara a pesar de la gran mortalidad infantil de los primeros años de vida siempre protegidas por las divinidades, como la diosa Hathor.

En Kemit, salvo en casos excepcionales, como la familia real, la población era esencialmente monógama. Lo que sí era frecuente era que un hombre llegara a tener varias esposas a lo largo de la vida por fallecimiento, generalmente en el parto, de sus mujeres. Un nombre de buena talla y fuerte, unido a una niña, da lugar en unos pocos meses de embarazo a un feto de un tamaño desproporcionado a las posibilidades de espacio en el interior de una mujer sin desarrollar. Eso llevaba a que, en el momento del parto éste fuera obligatoriamente distócico por lo que se llama “desproporción cérvico-cefálica”, es decir, el tamaño de la cabeza es manifiestamente superior al del canal del parto, sobre todo con respecto a la parte ósea, la pelvis, que apenas es posible pueda relajarse en una amplia proporción, cosa que sí ocurre con el Útero, el Cuello de éste, la Vagina y la Vulva. La existencia de una mesa de exploración para ginecología, muy similar a las actuales, ya existía en la Dinastía VI.
En consecuencia, el motor del parto no podía hacer avanzar la cabeza o las nalgas de no-nato ya encajado, se rompía la bolsa de líquido amniótico que se vertía al exterior, el parto se detenía, el feto moría y también lo hacia la madre pues en aquellas fechas, como hemos dicho, la cirugía no permitía la realización de una cesárea. Pero la diosa Hathor, la diosa Neith y otros dioses y diosas, como la diosa rana Heket, para aquellas que tenían fe y suerte, estas divinidades les ayudaban a sobrevivir al difícil y peligroso momento del alumbramiento.

LOS PROBLEMAS DE LA MUJER.
En la vida de la mujer había cuatro aspectos que le preocupaban y que marcaban su vida: la menstruación, el embarazo y el parto. Y de forma menos importante, el sexo del feto.

Sobre el tema de la menstruación apenas si se encuentran datos en los escritos de los Papiros Médicos. Existían las llamadas “Tiras para el trasero”, que se supone hacen referencia a un equivalente a los antiguos paños higiénicos, actualmente en desuso al ser sustituidos por tampones y otros sistemas mucho más cómodos e higiénicos al ser desechables. Normalmente, para los que tenían un mínimo de poder adquisitivo, se enviaban las “tiras” a lavar a las lavanderías pues había personas a las que no les importaba trabajar en “cosas impuras” para poder comer. Las tiras iban marcadas con el signo de su propietaria, bien dibujado sobre la tela o por la colocación de un marbete similar en cierto modo a los que se ponían en las botellas y jarras de vino o cerveza. Todo lo que se enviaba a las lavanderías, incluida la ropa, iba marcado por la propietaria. Muchas mujeres, aunque no sabían escribir, sí tenían un dibujo especial que era su marca y lo ponían en las propiedades que debían moverse por alguna razón, ropa, alimentos, etcétera. El lavado público de estas tiras permitía aprovecharlas pues estaban hechas de varias vueltas de lino bueno y suave.

Se consideraba como “sucio o impuro” todo lo referente al periodo femenino. La realidad es que no se entendía el fenómeno y se le tenía como amedrentador y peligroso, por lo que la mujer era apartada por unos días empleándose los términos de “purificación y limpieza” como necesarios. La mujer se refugiaba en un sitio especial, una pequeña habitación retirada de la zona principal de la casa, en el terrado o en el patio, lugar al que se le llamaba: “tienda de purificación” Lo mismo ocurría con los loquios, las secreciones del postparto. Es más, había tal grado de reprobación al tema, que se consideraba “indeseable” al hombre cuya mujer estaba menstruando o se encontraba purificando en un momento determinado.

Sin embargo, la falta del periodo en una mujer en época fértil y que hacía vida marital, se sabía desde tiempos remotos que significaba, “casi siempre”, la presencia de un embarazo. Las amenorreas de otro tipo, llamadas amenorreas primarias, de orígenes muy diversos, desde hormonales a histéricas, no sabemos la forma en la que eran interpretadas y, sin duda, conducirían en numerosas ocasiones a claros errores de falsos embarazos sin que aparecieran avances en la evolución de la gestación.

Toda una serie de detalles sobre el embarazo eran muy bien conocidos y muchas mujeres, sobre todo las que ya habían tenido al menos un hijo, eran capaces de diagnosticar sin problemas los embarazos y, además, predecir con mínimo error la fecha del parto. Lo que indica que no sólo sabían contar nueve meses lunares, sino que asociaban y conocían perfectamente el tiempo de gestación. Se podía consultar al médico (suponemos que pagando en especie, el sistema del trueque como fue casi la mayoría del tiempo, no sólo en los períodos más antiguos, antes que existiera el dinero, sino incluso existiendo éste por razones prácticas en las zonas rurales) que observaba el color de la piel, el aspecto de los pechos y las sensaciones percibidas en ellos por la mujer y hacía una clara lectura del aspecto de los ojos. Una prueba típica de comprobación de embarazo era la de añadir orina de posible embarazada a unos cereales o vegetales y si estos crecían con fuerza era un resultado positivo y, obviamente lo contrario, aunque dicha prueba no sea de gran exactitud como se ha demostrado.

El pronóstico del sexo del nonato, tema de interés pues no era igual tener un hijo que una hija –preferían el varón– se realizaba después mediante dos pruebas:
a.- Orina + cebada à si crecía fuerte era un varón.
b.- Orina + trigo à si crecía fuerte era una hembra.

La lechuga egipcia, que era alta y muy enhiesta y al cortarla y presionarla soltaba un líquido lechoso, denso y de color blanquecino-amarillento cuyo aspecto recordaba al esperma masculino, se creía que era muy útil para la fertilidad. Se debía además a que se le consideraba asociado al dios itifálico de la vegetación y la procreación que era el dios Min, el dios del pene erecto. La lechuga se recomendaba en los Papiros Médicos como remedio de la impotencia masculina. Más adelante en el tiempo, se negaron estas propiedades de la lechuga y se recomendaba con el mismo fin al puerro, considerándose en esta época tardía que la lechuga era un antiafrodísiaco.

Un matrimonio infértil, sin hijos, era un desafío para los médicos ya que no sabían resolverlo al no ser capaces de entender el motivo. La infertilidad se achacaba invariablemente a la hembra –aún ocurre en países retrasados e incluso menos atrasados– y el divorcio era la solución aunque el varón, en el nuevo matrimonio, continuara sin hijos. La diosa hipopótamo Tauret o Tueris, era la patrona y protectora de las mujeres embarazadas, el parto y el nacimiento, era uno de los amuletos más usados para tener hijos al igual que los que representaban al dios enano Bes, la diosa Neith o la ya citada diosa Hathor. En la esfera sexual de la mujer existía un claro y determinante submundo de magia, en la que confiaban para que les ayudara a superar las dificultades que la naturaleza ponía al alumbramiento. El uso de amuletos y diferentes magias, era algo común y muy extendido.

LAS COMADRONAS.
El parto era cosa de mujeres, se resolvía entre ellas y raramente intervenían los médicos. Existen pocas referencias al parto en los papiros médicos y otros escritos. Sólo el papiro Westcar ofrece algo de información sobre este extremo en el nacimiento milagroso de los trillizos Redjedet. En este caso se usó un taburete especial transportable (del que hablaremos) y le asistieron cuatro diosas disfrazadas de comadronas. Una de las diosas empleó un método, no explicado, para acelerar el parto.

El parto lo resolvían las comadronas, ya que se consideraba a éste como un acto normal, fuera de los límites de la ciencia médica, salvo cuando aparecían complicaciones. Caso de aparecer, tampoco solían poder hacer gran cosas por lo que ya hemos dicho en cuanto a las causas de las dificultades.

Cuando llegaba el momento del parto, anunciado de forma clara por las contracciones, la madre empezaba a ser ayudada en su camino para dar a luz. Y en ello era asistida por otras mujeres, o bien por las comadronas profesionales dedicadas a estos menesteres y que tenían una buena experiencia. Había, se han encontrado en Deir El-Medina, para uso de la gente en general una habitaciones especiales para el parto, algo parecido a una Clínica Ginecológica de aquellos tiempos o paridero público, presidida por el dios enano Bes, el gran protector, que posiblemente estuviera empotrado en una hornacina o relicario de madera {ver imagen Nº 65, página 89, de “Azules Egipcios”. En estas habitaciones había unos bancos corridos para el parto, en los que se producía el acontecimiento.

La mujer tras el parto se retiraba a la “Glorieta para partos” o “Tienda de purificación”, que era una zona reservada (hecha con una estructura de palos, ramas y telas) situada en el jardín o el tejado y en ella permanecía hasta que terminara la “purificación”, que era entre 14 y 15 días después del parto. En muchos lugares se indica que la mujer tras el parto volvía de inmediato a su trabajo.

EL PARTO Y SUS DICULTADES.
Se daba a luz arrodillada o de cuclillas sobre dos ladrillos de adobe para cada lado, lo que la separaba del suelo.
Estos elevadores recibían el nombre de “silla de partos” y que, al alzar a la mujer, favorecían la expulsión. Había también taburetes y sillas sin fondo o con un gran orificio donde la mujer quedaba a horcajadas, especiales para este acto.
Este tema no es aceptado por algunos estudiosos, pero hay una de estas sillas, parecida a los asientos para defecar , pero con un orificio oval de mayor tamaño, en el Museo de El Cairo. El parto siempre se representa con ayuda de mujeres que asisten a la parturienta, como se aprecia en la reina Ah-Mes, a la que ayudan varias divinidades en el difícil trance.

Según los papiros médicos, el cordón no se cortaba hasta que el niño no había sido bañado y se había expulsado la placenta, que se representa por las letras jeroglíficas “Kh”.

No se habla nunca de vendar el ombligo. El corte del cordón se realizaba cuando desaparecía la circulación en los vasos umbilicales, aspecto que se aprecia por las pulsaciones cardiacas del neonato, momento en el que se ataban ambos extremos con un bramante.

Cordón y placenta tenían asociaciones mágicas, y se creía que estaban investidas de un “otro yo”, el doble o hermano muerto del recién nacido, su gemelo. No era extraño conservar placenta y cordón momificados y llevarlos a la tumba como parte del ajuar funerario. En algunas épocas la placenta se enterraba a la puerta de la casa. Para los dolores del parto se solían usar bebidas embriagantes, como la cerveza cuando las dificultades eran serias y dolorosas.


Los tipos de partos.
Según se desprende de la literatura de la época, se distinguían tres tipos de partos:
1.- Normal o satisfactorio: Al que llamaban Hotep.
2.- Complicados o difíciles: Llamado Bened.
3.- Prolongados: Denominado Wedef.

Para acelerar el parto se usaban humos de terebinto, o cremas en base a polvo de azafrán disuelto en cerveza o pulverizados de mármol disuelto en vinagre, con todo lo cual se esperaba aliviar el dolor y acelerar el parto. Los humos se usaban como sahumerios en el área genital, mientras que los otros productos se aplicaban en forma de masajes en el vientre de la parturienta, lo que en realidad era una ayuda por presión al empuje del motor del parto.

En los casos de vagina y o útero caído, los prolapsos vaginal y uterino, de los que se habla extensamente en los papiros médicos, se empleaban aceites (Baq) e incluso ya eran ya conocidos los “pesarios” en base a piezas metálicas, que trataban de llevar la matriz a su sitio llevándolos al fondo de la vagina y alrededor del cuello uterino.

A los niños se les bañaba antes de cortar el cordón umbilical y después se les colocaba sobre una almohadilla situada sobre unos ladrillos (¿calientes?) envueltos en unas frazadas de suave lino y se hacía cargo de ellos la nodriza hasta que se pudiera ocupar su madre. Los reyes, más importantes que los niños del pueblo, ya al nacer tenían su nodriza divina que les acompañaría a lo largo de todo su periplo juvenil.
Un caso especial sobre la protección a lo largo de la vida, es el de la princesa Neferu-Ra, hija de la reina Hatshepsut, a la que cuidó el que posiblemente fuera su padre, Sen-en-Mut.

El pago a la comadrona se realizaba con trigo y tras el parto la madre empezaba una purificación que duraba 14 a 15 días. Esta purificación no se diferenciaba bien, o no se han expuesto las diferencias, de la que se hacía tras la menstruación. En todo caso la madre quedaba protegida y exenta de trabajo {si la situación económica de la familia lo permitía} por ese tiempo según unas fuentes, o volvía al trabajo sin ninguna consideración según otras. Durante unos días, en los mejores casos, sus labores la realizaban los familiares o las vecinas.

LA MECÁNICA DEL PARTO.
El parto en sí mismo se desarrollaba de la siguiente manera. La madre se desnudaba y era ayudada a colocarse sobre dos filas de ladrillos para estar elevada del suelo o bien, en otras técnicas, se la sentaba sobre un taburete especial para el parto. Éste disponía de un agujero central suficientemente amplio para que pasara el niño al nacer. De este modo se usaba la gravedad (peso del niño) y la ayuda de la comadrona para ayudar a la expulsión (¿presión sobre el vientre?) La comadrona actuaba agachada para facilitar la ayuda. Se usaban vendajes abdominales para aumentar la presión y también los supositorios vaginales de aceites y grasas facilitando, a modo de lubricante, la expulsión.

El cordón se cortaba con un cuchillo de obsidiana por motivos rituales que indicaban –tradicionalmente– que no debía usarse un cuchillo metálico. La placenta recibía cuidados especiales pues se consideraba que estaba ligado a la vida del niño, por lo que se enterraba en la puerta, en el umbral de la casa del recién nacido, o se arrojaba al Nilo para asegurar la vida de éste. En ciertos documentos se indican que la placenta, al menos la del rey, era considerada como su hermano gemelo no nato. Parte de la placenta se le podía dar a comer a la madre e incluso, se daba un poco al niño. Si éste lo rechazaba o emitía un ruido parecido a la palabra NO, se consideraba un mal presagio que indicaba que el infante moriría pronto. También el cordón umbilical recibía trato especial, generalmente se le momificaba y guardaba para que le acompañara a la tumba.

Terminada la purificación de la madre (14 o 15 días), ésta salía del lugar para ocuparse de su hijo. Llevaba el niño sujeto al cuerpo con unas vueltas de tela y las dos manos libres para volver al trabajo.
Fiebres puerperales, infecciones intestinales y otros muchos problemas esperaban a la madre y al recién nacido. Sólo un porcentaje muy bajo de neonatos conseguía sobrevivir.

CONDUCTA CON EL RECIÉN NACIDO.
Los gemelos no eran bien recibidos y parece ser que, en épocas tempranas, uno de ellos era sacrificado. Las pelvis estrechas, o anómalas, suponían un gran problema que llevaba a la muerte de ambos, como se constata en momias de mujeres con grandes desgarros de la vejiga y la vagina.
Al recién nacido se le ponía nombre de inmediato, tras consultarlo y acordarlo con el padre. El nombre era de gran importancia para el egipcio, ya que le confería poder y vida futura. Que se recordara el nombre de alguien era como volverlo a la vida. Es por ello que los ricos se hacían monumentos con su nombre para así ser recordados. Sufrir una 2ª muerte por ser olvidado el nombre en la vida terrenal, era considerado como algo horrible. Por ello, todos los egipcios querían tener hijos que se ocuparan del entierro y recordaran su nombre. El dicho egipcio, “El hijo que entierra a su padre, lo hereda” era largo más que una frase.

Cuando el niño empezaba a andar, sobre el año, más o menos, el niño dejaba de ser una carga para su madre. Que comieran y vestirlos no era muy problemático y se podían ocupar de ellos las hermanas mayores. Con el clima egipcio iban desnudos durante años. Las niñas ya mayores, en época tardía, se empiezan a poner la túnica de mujer.

CONCLUSIONES.
El parto era, para la mayoría de las mujeres, sobre todo las primerizas, el momento más arriesgado de su vida. Y de hecho los decesos a consecuencia del parto eran una casuística de muy alto valor y el motivo más frecuente de la muerte en la mujer. La motivación es sencilla: madres excesivamente jóvenes sin haber terminado el desarrollo y haber alcanzado un grado de madurez física suficiente. La ausencia de mecanismos de ayuda al parto: cesárea, uso de fórceps , maniobras manuales de extracción como la de introducir la mano y el brazo y dar la vuelta al feto e incluso la vulgar episiotomía cortando para ampliar la vulva y, la ausencia de una clara idea de los mecanismos de expulsión, grupo de conocimientos que hoy se engloban bajo el concepto de Tocurgia, dejaba indefensa a la mujer y, por supuesto a la comadrona o al médico en su caso que, sin armas con las que actuar, contemplaban como todo acababa en la muerte de la madre y del hijo. Aspecto por demás que estaba muy aceptado por la sociedad por una razón lógica: era lo habitual y lo que mandaban los dioses.

Ante estos peligros del parto y el embarazo y la vida posterior del neonato, existía toda una gama de talismanes, exorcismos, exvotos, ruegos y regalos a los templos, que forman parte de las relaciones entre la magia y la medicina, tema del que escribiremos más adelante. Uno de ellos, muy empleado, era el de la madre y el recién nacido durmiendo en la misma cama, lo que obligaba al amuleto a que tal acto, el que la madre y el hijo pudieran dormir juntos, fuera posible.
Un aspecto del que no hay datos, pero que por la estatuaria parece deducirse positivamente es: ¿se llevaban bien las parejas egipcias?

Sobre la consumación matrimonial no se sabe gran cosa. La castidad en el antiguo Egipto no parece que fuera un tema importante, por lo que se supone que debía ser un tema interno de la pareja. Suponemos que la consumación fuera indispensable para que la unión fuera vinculante y legal. ¿Legal? No es posible puesto que si no había registros u otros aspectos debería ser un tema personal entre los novios o quizá entre las familias, pero no ante la ley. El novio no tenía obligación de pagar nada al suegro de tipo dote en el Imperio Antiguo.

La pareja
Los monumentos privados nos muestran una importante organización a nivel social. Esta ordenación de la sociedad fue a través de grupos familiares formados alrededor de un hombre, una mujer y sus hijos.
Fig. 33 - El enano Seneb y su familia. VI dinastía. Museo de El Cairo

El núcleo familiar se confirma por un registro de los habitantes del poblado de los obreros del Imperio Nuevo en Deir el-Medina. El censo tiene listas de habitantes casa por casa y a pesar de estar muy fragmentado el documento, da una filiación completa de sus propietarios.. Primero nos informa del nombre de sus padres, después, si está casado, el nombre de su esposa y la filiación de ésta, finalmente el nombre de sus hijos.

Hay que reseñar que el término "esposa" es una traducción del egipcio hemet y presuponemos la existencia del matrimonio. Esta institución en el antiguo Egipto, presenta a los estudiosos, numerosos problemas. No hay testimonios de ninguna ceremonia legal o religiosa para formalizar el vínculo. De hecho el único acto significativo fue la cohabitación y en particular la entrada de uno de ellos, normalmente la mujer, en la vida doméstica familiar del otro. Los términos usados por los egipcios fueron "establecer una familia", "entrar en una familia" y posteriormente "vivir juntos". Por oposición, divorciarse se expresa como "expulsión" ó "partida". Otra expresión con significado matrimonial es "tomar (a alguien) como esposa, el equivalente "tomar a (a alguien) como esposo no se encuentra hasta la segunda mitad del siglo sexto a. C. y es concerniente a un divorcio. Esto no significa que la expresión no existiese anteriormente, pero los textos con los que contamos están escritos desde el punto de vista masculino.
Escasísismos documentos aluden a una tercera persona en la sanción del vínculo. La primera inscrita es una estatua perteneciente al peluquero de Tutmosis III, Sebastet , en el año 27 de su reinado y dice: "a mi esclavo Ameniuy, al cual capturé con mi fuerte brazo cuando estaba siguiendo al gobernante..., le di la hija de mi hermana Nebetta, como esposa y cuyo nombre es Takemet".

Un largo papiro de finales del Imperio Nuevo nos relata que una viuda, llamada Rennefer, crió tres hijos nacidos de una joven esclava a la que su marido había comprado. Esa pareja probablemente no podía tener descendencia y compró a la joven con el fin de adoptar a los niños. En otro caso Rennefer nos cuenta" el jefe de las caballerizas, Padiu, entró en mi casa y tomó a Taiemniut, la mayor de mis tres hermanas, pasando a ser mi hermano pequeño. Yo le acepté y desde ese día está con ella".

La tercera referencia es muy posterior, de la XXVII dinastía, pero nos describe sucesos ocurridos en la XXVI. Psamético nombró a un hombre, llamado Padiasel, como sacerdote de Amón-Ra en Teuzoi en el Fayum. En el año 14 de ese rey, otro sacerdote de Amón-Ra de Tebas, llamado Horwedja, le preguntó por una cita en Teuzoi, en las tierras de su padre el cual había sido sacerdote allí. En definitiva él preguntaba por Nitemhat, hermana de Padiaset, a la cual quería por esposa. Padiaset replica: "el momento aún no ha llegado, hazme sacerdote en Tebas y te la entregaré.

En la actualidad cuando el padre entrega a ésta en la ceremonia religiosa, puede ser un recuerdo de la auténtica entrega, que en tiempos remotos, hacían los padres con sus hijas.

Fig. 34 - Amenope y su mujer. Museos de Berlin

Volviendo al Imperio Nuevo, encontramos dos textos en Deir el-Medina sobre arreglos matrimoniales. En uno un hombre expone: "traje un paquete a la casa de Payom y me casé con su hija" y en una tablilla da la lista de objetos con los que obsequió a su padre (¿político?) cuando hizo a Aset su esposa.
Parece que los padres concertaban el matrimonio de sus hijas y recibían presentes de los futuros esposos, aunque desconocemos si previamente había un acuerdo entre la pareja.

El llamado contrato matrimonial es conocido, desde principios del siglo VII a. C. hasta finales del periodo ptolemaico. Se ha conservado un regalo hecho por un marido a su esposa llamado el shep en sehemet, el cual puede ser el pago al padre de la novia y que podría traducirse como "precio ó compensación por (el matrimonio) de una mujer". Esos contratos no nos pueden llevar a conclusiones erróneas y trasladarlos a los actuales documentos matrimoniales.

En muchos casos la pareja ya tenía hijos y son disposiciones económicas hacia la esposa, sobretodo cuando se la quería repudiar "te he tomado como esposa. He dado por ti (suma de dinero registrado aquí) como tu shep en shemet. Si te repudiase porque quisiera a otra mujer como esposa, te daría además de (la suma registrada) 1/3 de todo lo que tuviésemos como resultado de nuestra convivencia"

Cuando el hombre repudiaba a la mujer, también incluía a los hijos nacidos en su casa, por lo tanto los desheredaba.

Tenemos que tomar con cierta precaución los contratos matrimoniales, ya que estos eran verbales, y hasta finales del Imperio Nuevo no se reseñaron por escrito.

La palabra hi (marido) se encuentra raramente en monumentos, ya que estos son del propietario y nunca es llamado "marido" sino por su posición o nombre propio. Encontramos esa palabra cuando se refiere a una tercera persona, por ejemplo "el marido de mi hija".
El término equivalente para esposa hemet lo encontramos exclusivamente en los monumentos, a partir de la segunda mitad de la XVIII dinastía. Hasta entonces el término utilizado es el de senet normalmente usado para "hermana" o cualquier miembro femenino colateral.

Hemet se sigue utilizando en documentos en escritura hierática, mientras senet no volvemos a encontrarlo con ese significado.

Otro término utilizado es hebsut, mucho más escaso, y lo hemos traducido como "concubina". En un papiro del Imperio Nuevo, un sacerdote debe decidir sobre algunas propiedades de su segunda esposa, Inksunedjem, esto complica al tribunal, pues al oír a los hijos de su primera esposa parece que las propiedades de su padre están trasladándose a la segunda mujer. En el curso del documento, Inksunedjem, es referida con ambos términos, hebsut y hetmet.
En resumen en hierático tanto los términos, hemet como hebsut tienen la identidad de ankhet en niut que nosotros hemos considerado como "mujer casada". El problema principal para la interpretación de los términos es que su aparición no es frecuente.

El índice de mortalidad femenino, los partos y los frecuentes divorcios, hacen que muchas mujeres figuren como la primera esposa y por tanto muy pocas como hebsut. Este término aparece más comúnmente en los matrimonios múltiples.

 
Fig. 35 - Akhenaton, Nefertiti y sus hijas, bajo el disco solar, dios Atón

Matrimonios reales
Existe la teoría de la herencia del reino a través de la línea femenina, sin embargo esta teoría tiene aspectos que la apoyan y otros que la desestiman. Parece estar claro que el matrimonio de un rey con la heredera real legitimaba su condición de faraón y de ello es representativa la XVIII dinastía, sin embargo los matrimonios con mujeres de sangre no real también frecuentes, ostentan la misma consideración que los anteriores.
Los matrimonios entre hermanos, aunque innegable su existencia, no parecen tan frecuentes como la leyenda nos ha hecho creer. Entre la realeza cuando un rey no concebía varón con su esposa principal, el matrimonio de su hija heredera con su medio hermano ha tenido exponentes tan conocidos como la reina Hatshepsut con Tutmosis II. Mucho antes en la IV dinastía sabemos que Menkaure (Micerino) era hijo de una esposa menor de Khefrén y se casó con su hermana, primogénita y heredera real por ser hija de la "esposa principal " de Khefrén, continuando la tradición dinástica para acceder al trono.

El origen de esta práctica, muy rara entre las clases bajas, arranca de la religión egipcia. ya que es lógico pensar que el proceso de creación del panteón egipcio se realiza a través del matrimonio entre hermanos como son los casos de Isis-Osiris y Neftys-Set, puesto que la elección de compañeros no ofrecía muchas más posibilidades.

De esta manera y tras legitimar los matrimonios entre dioses-hermanos, queda legitimada la unión entre reyes-hermanos, pues su paralelismo es sustancial a la historia egipcia.

No sabemos nada a cerca del modo de elección de esposas por parte de los reyes y menos aún la manera en que era aceptada por parte de las esposas la elevación de una de ellas como "esposa principal".

La poligamia parece ser práctica habitual entre los reyes de la XVIII dinastía, aunque ya en la XIII dinastía encontramos el título de "esposa principal del rey".
En la XVIII dinastía vemos a las esposas divididas entre las que tienen origen real y las que no, en este último caso desconocemos el origen de la mayoría, obteniendo esta información por la ausencia del título de "hermana del rey".

La situación familiar cambiaba substancialmente cuando el rey elegía a una joven para ser su esposa ya que la riqueza y el poder de la familia aumentaba. Las luchas por ser nombrada "esposa principal" debieron de ser tremendas y más aún cuando teniendo un hijo varón, el rey decidía nombrarle su heredero. El estatus de la reina pasaba a tener el grado de "madre del rey".

El matrimonio entre padre-hija no es demasiado frecuente, aunque tenemos evidencias de algunos de ellos. Amenofis III se casó con su hija Sitamón, llegando a ser "esposa principal" aún en vida de su madre Tiye que también ostentaba ese título. En algunas ocasiones los tres son nombrados juntos.

En caso de Akhenaton el matrimonio con dos de sus hijas: Meritatón y Anjesenpatón , que fueron madres a su vez de Meritatón II y Anjesenpatón II, respectivamente, existiendo demasiadas lagunas como para considerar a Akhenatón padre de las niñas.

En la siguiente dinastía tres hijas de Ramsés II, Bintanat, Meritamón y Nebettawy llegaron a ser "esposa principal". Bintanat, en particular, hija de Asetnefret con la que aparece en algunos monumentos, fue consorte de su padre hacia la mitad de su reinado.
Matrimonios múltiples
Fig. 36 - Wekhotpe (propietario de la tumba C.1 en Meir) con sus dos esposas, Khnemhotpe y Nebkau (reinado se Sesotris II óIII) Museo de Boston

Como hemos visto anteriormente, casarse una segunda ó más veces viviendo las anteriores esposas era posible, el matrimonio simultáneo con más de una mujer sin existir divorcio fue también una práctica común en el Imperio Antiguo, donde la expectativa de vida era muy baja y alta la mortalidad femenina por parto. Existen monumentos de todas las épocas que evidencian los matrimonios múltiples. Desde el Imperio Nuevo, encontramos ejemplos de mujeres etiquetadas como "su anterior esposa". No es probable que fuesen esposas divorciadas en cuyo caso el propietario del monumento no la hubiese colocado. Parece más bien que la primera esposa hubiera muerto y él hubiera vuelto a casarse.

Tenemos casos en los que el propietario de la tumba aparece con todas sus esposas, muertas o no, esperando perpetuar su memoria, y es difícil distinguir entre matrimonios sucesivos o concurrentes.

La mayoría de los egipcios eran monógamos, pero no había prohibición para efectuar matrimonios múltiples, si bien la causa económica reducía su frecuencia. La mayoría de los hombres no podían cubrir los gastos generados por más de una familia y los casos de poligamia que nos han llegado pertenecen a clases elevadas.

Durante los Imperios Antiguo y medio, las manufacturas textiles estuvieron en mano de las mujeres y aún en el Imperio Nuevo tomaron mucha parte. La mujer aparece como responsable de abastecer de ropa a la familia y de comerciar con los excedentes de la producción. Esta explicación sobre el trabajo de las mujeres es a propósito de la consideración que dicho trabajo tenía y de cómo era económicamente rentable para un hombre el tener varias esposas. También en la agricultura, las mujeres, colaboraban intensamente como mano de obra gratuita, por lo tanto sólo en el caso de que la mujer fuera completamente improductiva, era una carga para el marido.

Un testimonio de matrimonios múltiples podrían ser las listas de Deir el-Medina, pero no nos dan mucha luz al respecto ya que, ni por el padrón, podemos deducir que hubiese más de una esposa por hogar. Se conoce el caso de poligamia de un bandido que participó en el saqueo de tumbas en Tebas, durante la XX dinastía, que tuvo cuatro mujeres. Dos de ellas estaban vivas cuando el tribunal lo juzgó y el papiro nos dice: " la ciudadana Herer, esposa del vigilante del tesoro del faraón, Paaemtawemet y la ciudadana Tanefrery, su otra esposa, siendo ésta la segunda." y también dice: "soy una de sus cuatro esposas, dos murieron, pero otra aún vive".

En un país donde el bastón tenía un papel importante, el marido tenía derecho a pegar a su mujer y el hermano a la hermana, a condición de no abusar. Se castigaba el insulto. Un individuo debía comprometerse ante los jueces a no volver a insultar a su mujer, so pena de recibir cien golpes y de verse privado de todo bien ganancial compartido con ella.

Unos siglos después, en la Baja Época, parece difícil que el hombre tenga una segunda mujer sin divorciarse de la primera.

Las relaciones sexuales con sirvientas o mujeres domésticas de clase inferior son frecuentes. En algunas tumbas de la XVIII dinastía aparecen niños con sus madres y que desde luego no son la esposa del propietario. El hecho de aparecer en la tumba significa que estos niños no eran repudiados ni apartados de la familia, cuya imagen ideal perpetuaba la tumba.

No hay evidencias en monumentos a cerca de la ilegitimidad o no de los hijos habidos en estas relaciones. Por los documentos del poblado de Deir el-Medina sabemos que una mujer concibió un niño de un hombre, mientras era hemet de otro, desafortunadamente no conocemos lo que ocurrió con la mujer y el niño porque el documento se refiere a la conducta del seductor, el cual fue condenado incluso por su propio padre. La posición económica y social de estos hijos nos es desconocida, pero sabemos que cualquier vástago, independientemente de la identidad de la madre, compartía automáticamente el estado de su padre e incluso un hombre asumía los hijos no habidos con su esposa y los mantenía.

Un hombre, como ya hemos visto, podía tener más de una esposa, a la vez, pero no existe evidencia de que una mujer tuviese varios maridos al mismo tiempo. Tenemos conocimiento de mujeres que realizaron segundas nupcias. En Deir el-Medina, durante la XX dinastía, una mujer llamada Naunakht, se casó con un hombre llamado Kenherkhepeshet. Cuando a los 60 años el marido muere y deja a la esposa sin hijos, ella vuelve a casarse y tuvo ocho. Suponemos que ella era mucho más joven que su primer marido. Económicamente ese matrimonio, para ella, fue rentable ya que heredó propiedades del difunto.

Matrimonios políticos
Los matrimonios con princesas extranjeras con la finalidad de consolidar alianzas diplomáticas, fue otra práctica habitual en el Antiguo Egipto, principalmente en las XVIII y XIX dinastías. A principios de este siglo, la tumba de 3 esposas de Tutmosis III, fueron profanadas y sus antigüedades puestas en el mercado. Sus nombres eran: Menhet, Mertit y Menway, nombres no egipcios con raíces sirio-palestinas. Es curioso que las tres fueran enterradas con ajuares funerarios idénticos. Quizá murieron las tres a la vez víctimas de alguna epidemia declarada en palacio. Las tres llevaron el título de "esposa del rey", pero no hacen mención de su origen, ni de la posible vinculación familiar con el faraón.

Los matrimonios diplomáticos podían ser de dos tipos:
Cuando el padre de la novia era un igual al rey de Egipto y entonces se dirigía a este como "hermano".

Cuando era un vasallo del faraón y se dirigía a este como "mi señor, mi divinidad, mi dios-sol".

En el año 24 del reinado de Tutmosis III, según los anales, después de una campaña militar en el área de Retjenu, recibe como tributo, la hija del jefe con sus ornamentos de oro y lapislázuli, sus tierras con sus siervos y treinta esclavos.

Gran parte del conocimiento que poseemos de estos matrimonios, nos ha llegado a través de las cartas de Amarna que consisten :

·         cartas de correspondencia entre Amenofis III y su hijo Akhenaton
·         cartas de Egipto con los gobernadores del próximo oriente, en tablillas de arcilla y escritura cuneiforme utilizando el idioma diplomático acadio.

Los principales matrimonios de reyes egipcios, entonces la máxima potencia de oriente medio, fueron con los reinos de Babilonia en Mesopotamia, con Mitanni al norte del Eúfrates y con Hatti; como ejemplo tenemos a Tutmosis IV casado con la hija del rey de Mitanni, Artamama, a Amenofis III casado con la hija del también rey de Mitanni, Shuttarna y con la hija del sucesor de este, Tushratta. Sus matrimonios con Babilonia fueron: durante la primera parte de su reinado, con la hija de Kurigalzu II y con la del sucesor de este, Kadashman l.

Hay que recalcar que estos matrimonios no se celebraban a nivel de estado, sino individualmente, por lo tanto no creaban vínculos permanentes que desaparecían con la muerte de los gobernantes. Este es el caso del matrimonio de Akhenaton con la princesa de Mitanni Tadukhepa, la cual había llegado dos años antes de la muerte de Amenofis III con la finalidad de casarse con el entonces faraón. Akhenaton renovó la alianza casándose con dicha princesa.
Entre los reinos de Akhenaton y Ramsés II, existieron pocos matrimonios diplomáticos, y en el caso de que ocurriese, no tenemos documentación de ellos.

Ramsés II es el faraón más famoso en matrimonios diplomáticos. Sabemos que desposó:

·         a la hija del rey de Babilonia
·         a la hija del rey de Síria
·         dos princesas hititas. Una de ellas en el año 34 de su reinado, para sellar la paz entre Ramsés II y Hattusilis, tras décadas de hostilidades. El otro matrimonio desconocemos cuando ocurrió puede ser que la primera princesa muriese siendo reemplazada por la segunda.

Conocemos poco de las formalidades precisas para estos matrimonios, pero podemos constatar tres condiciones necesarias:

·         que el padre de la novia enviara a esta con una dote importante.
·         que el futuro esposo devolviera una riqueza igual a la de la novia.
·         que fuera derramado aceite sobre la cabeza de la novia.

El conocimiento que tenemos de estos matrimonios no proviene de fuentes egipcias, sino de textos amarnienses y de cartas hititas, es importante recalcar que el punto de vista es oriental y está mediatizado por sus propias convenciones.

La mujeres tomaron parte de una forma pasiva en las negociaciones matrimoniales, si excluimos la participación de la reina hitita Pudukhepa que intercambió cartas y saludos con la reina Nefertari y con el propio Ramsés II.

Los tratados eran efectuados por hombres, normalmente embajadores, y el papel de las mujeres consistía en consolidar con su matrimonio las alianzas.
Sobre la vida de estas princesas extranjeras en la corte egipcia no conocemos nada, ni como sobrevivieron en un país del cual desconocían las costumbres, idioma y entorno. Kadashman Enlid, rey de Babilonia, escribió a Amenofis III preguntándole a cerca de su hermana, enviada años antes a Egipto para contraer matrimonio con el faraón, "quieres a mi hija como tu prometida, cuando de mi hermana, enviada por mi padre, no sabemos si está contigo y desconocemos si vive o ha muerto", Amenofis III replica " si nadie anteriormente había visto a la princesa¿como serían capaces de reconocerla?" y sugiere que debe mandar a alguien que la hubiese conocido a hablar con ella, lo que implica que la princesa aún estaba viva.

Cuando Ramses II se casó con la primera princesa hitita, ella recibió el nombre egipcio de Maathornrferura y nombrada "esposa principal del rey", si bien este rango puede ser parte del acuerdo matrimonial. Maathorneferura, vivió en el palacio de Miwer en El Fayum, los documentos sugieren que estuvo ocupada en la producción de telas, teniendo mucho personal extranjero a su cargo.

Muchas otras jóvenes fueron entregadas a los reyes como tributo de los paises vasallos de Egipto, algunas llegaron a ser concubinas del faraón y otras empleadas en los quehaceres domésticos de los múltiples palacios que el rey poseía a lo largo de Egipto. Desde luego a muchas de ellas la vida no debió de resultarles fácil, sin un protector contra la explotación y el abuso.

Las mujeres como moneda de cambio en los tratados políticos hacían prosperar el sistema creado y alimentado por varones.
Fig. 38 - Psamético y su familia XXIV dinastía. Museos de Berlín

Adulterios
El hombre casado podía tener relaciones sexuales con otras mujeres además de su esposa. Una mujer casada no podía aspirar a una situación similar. Conservamos un texto, de Deir el-Medina, correspondiente a una disputa que contiene la siguiente afirmación "una esposa es (una) esposa. No debe hacer el amor, no puede tener relaciones sexuales" obviamente se entiende que con otro hombre que no sea su marido.

El propósito del matrimonio o de la pareja era tener muchos hijos y el hombre quería estar seguro de que era el padre, especialmente cuando los hijos nacidos de esa unión tenían derechos legales de herencia. No es sorprendente que la infidelidad femenina fuera condenada duramente y el hombre que mantenía relaciones con una mujer casada condenado colectivamente.

El contacto de un hombre joven con prostitutas no estaba socialmente censurado.

En el Imperio Nuevo encontramos textos con quejas de "amados" contra individuos que han actuado ilegal o inmoralmente. Un caso legal de Deir el-Medina se abre con esta acusación: " copulando con una mujer casada, donde se cargan las antorchas...." el texto es arduo, pero lo más importante no es este acto en sí sino "la honestidad en el transporte de los bultos" por lo que se le está juzgando, un delito de fraude.

Otra querella, también de Deir el-Medina, contra un hombre de mal carácter, muy impopular capataz llamado Paneb por acusaciones de conducta irregular en sus funciones, también se le acusa de mantener relaciones con una mujer casada "Paneb ha tenido relaciones sexuales con la ciudadana Tuy, que es esposa del trabajador Qenna, con la ciudadana Hunero cuando estaba con Hesysunebef.... y a la vez que tenía relaciones con Hunero las tenía también con su hermana Webkhet, lo mismo que su hermano Aapehty, que también las tuvo con Webkhet".

El hecho de que Paneb y su hermano tuvieran relaciones sexuales con la misma mujer aparece como una desviación sexual, aún no estando casada, al igual que las relaciones con una mujer y la hija de esta era considerado incestuoso, equivalente a que un padre y su hijo tuvieran relaciones con la misma mujer.

El centro de la cuestión en el caso de Paneb era la prueba extraordinaria de su depravación.

Para el objetivo de este trabajo es más interesante conocer lo que ocurrió con esas mujeres. En el incidente de Hunero, esposa de Hesysunef, el único caso que conocemos, un ostracón datado en el 2º año del reinado de Setnakht, nos informa de que Hesysunebef se divorció de ella como resultado de su infidelidad con Paneb.

La desaprobación de las relaciones sexuales de un hombre con una mujer casada, estuvieron profundamente arraigadas en la sociedad egipcia en el capítulo 125 de El Libro de los Muertos un difunto declara: "nunca copulé con una mujer casada" ó "no copulé con la esposa de otro".

En la Instrucción de Any (XVIII dinastía) el autor previene al lector masculino:
"hay que guardarse de una mujer forastera, si no conocemos a nadie en su ciudad, no fijar la mirada en ella al marcharse, no conocerla carnalmente. El agua profunda cuando su curso es desconocido, es igual que una mujer lejos de su marido "soy bonita" te dice continuamente, cuando no tiene testigos, está preparada para echarte el lazo, es un delito mortal si lo escuchas".

Otro texto más antiguo, las instrucciones de Ptahhotep, probablemente del Imperio Medio, avisa:

Si quieres hacer amistad en una casa, entra ya sea como señor, hermano, amigo en cualquier lugar, entra.
guárdate de aprovecharte de las mujeres.
el lugar donde eso te sea dado no puede ser bueno
puede no haber sabiduría al descubrir esto
cien mil hombres fueron rechazados por su gozo
un momentito, semejante a un sueño
y la muerte se extendió hasta ellos
es algo vil, concebido por un enemigo
emerge de uno el rechazarlo con el corazón
igual que la aflicción para el que después de
haberlo codiciado no obtiene buenos resultados.

El último caso de adulterio que contaremos proviene de una carta de la XX dinastía, cuyo remitente es desconocido y relata el caso de un hombre casado que tuvo una aventura de ocho meses con otra mujer. La indignación de sus vecinos es tan elevada que el gentío intenta cogerlos juntos y dar una paliza a la mujer y a su familia, la queja de esta última es: "durante ocho meses ha estado durmiendo con ella pensando que no estaba casado y aún si estuviese casado podía haber renegado de su juramento con la otra". La multitud vengadora, es contenida por un sirviente anónimo que envía a la mujer una nota "considera Nesamenemipet, porqué le has recibido repetidamente, si el corazón del hombre está contigo, déjale ir al tribunal con su esposa, que rompa el juramento y vuelva a tu casa".

La conducta reprobable de hombre está en la duración de la aventura y en las consecuencias económicas de esta.

El adulterio masculino no se consideraba tal cuando no ofendía ni causaba problemas a otro hombre. En el caso femenino, se entendía de la misma manera, no importaban las consecuencias para la mujer, pero sí las del marido, como todas las sociedades antiguas (y algunas actuales) la consideración femenina está en función de los problemas o beneficios que estas den a los hombres.

Divorcio
Mientras el concepto de matrimonio entre los antiguos egipcios está bastante oscuro, hay muchas evidencias de que el divorcio no fue poco común.
No conocemos muchas de las causas que llevaron al divorcio a las parejas, pero la infidelidad y la esterilidad femeninas son los argumentos más comunes. Desde principios del siglo V a.C. hay evidencias de que también la mujer podía iniciar un divorcio, aunque la esterilidad masculina, entendida como impotencia no fue interpretada como la esterilidad femenina, que estuvo muy censurada.
El deseo de desposar a otra mujer era causa suficiente para divorciarse los hombres. Se casaban en su mayoría con mujeres mucho más jóvenes o más convenientes para elevar su posición. El adulterio del marido no era, que sepamos objeto de ninguna sanción. El hombre podía llevar a casa concubinas. Una estela funeraria muestra a toda la familia reunida en la necrópolis. Está formada por el padre, la madre, los amigos, los socios, los niños, las ynthnt (concubinas) y los criados.

Para el divorcio, aunque no hubiese sanción religiosa o legal, hubo tribunales con testigos. Volver a casarse era posible para cualquiera de las partes, pero las mujeres podían perder los derechos de herencia para sus hijos, lo cual hacía que estas evitasen el divorcio.

Los solteros
El estado natural del hombre y la mujer parece ser que es el de casado, sin embargo tenemos pruebas de que ya en el antiguo Egipto hubo hombres que optaron por no tener esposa y por lo tanto carecer de descendencia.
Un fragmento de narración del Imperio Antiguo nos relata la relación homosexual entre el rey Neferkara y su general Sasenet.

La homosexualidad está en contra de lo aconsejado en las Instrucciones de Ptahhotep y en el Libro de los Muertos en el Imperio Nuevo. El problema de la homosexualidad es que no estaba conforme con el ideal egipcio de vida familiar, basado en el concepto de fertilidad y su conexión con la vida en el más allá. Hay tan pocas evidencias de celibato femenino como masculino.

Las viudas eran consideradas un grupo marginal para la sociedad al igual que los huérfanos, los hambrientos y los desposeídos de toda fortuna.
Sabemos muy poco de lo que acontecía a las mujeres divorciadas, algunas se debieron casar o fueron acogidas en los hogares de otros parientes.

Un ostrakón de la XX dinastía en Deir el-Medina, nos informa del intento de un padre de hacer jurar a un hombre que no va a abandonar a su hija bajo pena de recibir cien latigazos y la pérdida de todas las propiedades de la pareja.

No parece haber testimonios de la opinión social sobre la homosexualidad femenina, pero podemos deducir, que al no procrear, crearía la misma repulsión social que la masculina.


MEDIDAS ANTICONCEPTIVAS.
El temor al parto, las necesidades sociales, el hecho, sobre todo en la alta sociedad de no desear más hijos o simplemente las relaciones fuera de un estatus socialmente bien aceptado, eran causas suficientes para tomar medidas de defensa ante el embarazo.

Los métodos anticonceptivos eran conocidos desde tiempos muy antiguos y se les llamaba “desviación de la preñez”. Los había para uso de ambos sexos:

A.- Para la mujer.
1.-Usaban sistemas absurdos de quemar diversos materiales (sahumerios) y que el humo diera en los genitales y de esa manera no quedar encinta. Se quemaban toda clase de cosas, entre ellas excrementos de animales y substancias con mal olor, con el fin de alejar a los espíritus proclives al embarazo.
2.- Introducción de bolas de lino u otros materiales en la vagina, impregnados de diversas sustancias, como miel, extractos de acacia, dátiles y similares. Se conoce la fórmula siguiente: Tampón vaginal impregnado de:
a.- Vainas de acacia.
b.- Coloquíntidas [es una cucurbitácea del tipo de la calabaza, el pepinillo, el melón o el calabacín]
c.- Dátiles machacados. Este conjunto se maceraba en ½ litro de miel y tras unos días se empapaba el tampón y se empezaba a usar.
3.- Duchas vaginales diversas, sobre todo usando aceites templados, y substancias vegetales diversas presuntamente destructoras del contenido del esperma. Los egipcios sabían bien que el esperma masculino era el portador de la futura vida que había de nacer. Curiosamente, en los casos de esterilidad, se pensaba que el canal o metu normal para el embarazo, vulva y vagina, estaba obstruido, y se llegó a utilizar el coito oral para buscar el ansiado y deseado embarazo que, naturalmente no se producía utilizando una vía contra-natura.

B.- El varón.
Por parte de los hombres había también métodos anticonceptivos, y se practicaban al menos dos sistemas:
1.- El Coito interruptus, sacar el pene y verter el semen fuera de la vagina.
2.- El Coito obtructus: consistente en la desviación del esperma a la vejiga de la orina, mediante el uso de presión en la base de la uretra, lo que hacía retroceder el esperma.

Hay datos que nos hablan de la existencia, aunque sólo por imágenes, del posible uso de algo parecido al preservativo, pero su uso era más de protección ante la esquistosomiasis, que se pensaba era de transmisión sexual. Del mismo modo se conoce la existencia, por los papiros médicos, del uso de substancias espermicidas, óvulos vaginales y diversos tipos de taponamientos blandos, e incluso, se ha hablado del posible uso, en épocas muy tardías, de tapones sólidos de materias porosas, colocados en el fondo de la vagina obturando el Hocico de Tenca, todo lo cual sería un antecedente del moderno diafragma.

LA FELICIDAD CONYUGAL.
El matrimonio significaba para la mujer en cierto modo una liberación o al menos un claro cambio de situación que la hacía más libre y le dotaba de mayor poder:
a.- Paso de hija a esposa.
b.- Paso de niña a mujer.
c.- Pérdida de la soltería. La soltería era considerada como un fallo del papel principal que tiene la mujer en la vida, que era unirse a un hombre y tener hijos.
d.- Respetabilidad por parte de la sociedad por el hecho de pasar de ser soltera a estar casada.

En el Antiguo Egipto se aplicaba todo esto pues se consideraba el matrimonio como una protección frente a las intemperancias del mundo exterior. Además, el egipcio de aquella época se complacía (era una raza muy dada al amor) en lo que de romántico tiene el matrimonio. Por ello la mujer, desde niña:
1.- Era educada por su madre para el matrimonio y le enseñaba las tareas domésticas.
2.- La adolescente llegaba a una edad en la que quedaba en espera de ser casada.
3.- La elección del marido estaba sujeta a las siguientes pautas:
A.- Pactos dentro de la familia: primos, tíos.
B.- No les preocupaba en absoluto la endogamia (pues no conocían el concepto), aunque si tenían problemas con ella, ya que se han encontrado con defectos achacables a esta circunstancia.
C.- Se trataba de evitar que la chica se casara con chicos de otros pueblos, para evitar así que éste se la llevara lejos de la familia.
D.- Pero, sobre todo, se trataba de evitar la dispersión del patrimonio de la familia.
E.- El estado no ponía objeciones a los matrimonios con extranjeros en ninguna de las dos posibilidades. Ello se debía a que no les preocupaba la pureza de la raza. Esta libertad se extendía a matrimonios de libres con esclavos e incluso entre esclavos. Esta situación se altera en la época grecorromana, con la que llega una idea xenófoba e imperativa: era obligatorio casarse dentro de la misma casta.

Sexo y sexualidad
A pesar de la abundante representación de sexualidad femenina, las imágenes del acto sexual son evitadas en las escenas formales de capillas funerarias y templos.
La representación del divino nacimiento del rey está simbolizado por la pareja real sentada junta en una cama mientras las manos del dios ofrece la llave de la vida a la reina.

Fig. 12 - Estatuilla en piedra caliza de un hombre con un enorme pene erecto. Puede ser un amuleto de la potencia sexual. Finales del Imperio Nuevo de Deir el-Medina. Museo de Turín

Las connotaciones sexuales de las representaciones de algunos banquetes, parecen, sin embargo, evidentes. Los invitados llevan collares de flores y las sirvientas, jóvenes desnudas, escancian bebidas. Se puede leer como un juego sexual de palabras , ya que tanto "fluir" como "impregnar, son iguales en egipcio "seti". La sexualidad, desde luego, no formó parte del arte del antiguo Egipto.
Los hombres y mujeres copulando, se han encontrado en ostraka y otros graffiti

Fig. 13 - Pareja copulando. Una de las numerosas posiciones para la relación sexual que aparecen en un papiro obsceno de finales del Imperio Nuevo. Museo de Turín

En el museo de Turín encontramos un papiro erótico de Deir el-Medina (fig. 13) con abundantes imágenes de parejas, en una situación que no hace falta explicar. Ellas llevan el sistro y el espejo de Hathor y el loto del renacimiento. Es difícil saber cual fue el propósito del papiro, pero claramente pertenece a un género que no está descrito en nuestras fuentes.
Fig. 14 - Detalle del papiro erótico de Turín

LA ESTERILIDAD.
Era muy importante para la mujer ya que la que era fértil, era atractiva sexualmente y la envidia de otras no tan afortunadas. Una mujer con varios hijos era aprobada por la sociedad y también por su marido y familia. Una madre con hijos recibía un trato especial y ocupaba un lugar de honor en la tumba de su marido e hijos.
Los hombres tenían que demostrar también su potencia y virilidad engendrando el mayor número posible de hijos y, para ello, precisaban de una mujer fecunda.

Los prefijos de maternidad y paternidad eran en el Antiguo Egipto:
Abu……….à Padre de…
Om ………. à Madre de…
Om el-ghayib à Madre del ausente = Madre sin hijos = estéril.

Un tema de gran importancia, sobre todo a nivel de las clases más acomodadas, incluyendo a la casa real en la que era más que obligatorio, era el de las nodrizas, de gran utilidad en los muy frecuentes casos en los que el neo-nato sobrevivía a su madre y necesitaba una nodriza que le diera el pecho. Si esa nodriza era una divinidad, como se decía que ocurría con los futuros reyes, la evolución de la madre y el hijo había superado todas los cotas posibles de suerte y felicidad, como es el caso de la en este bello ejemplar en el que se puede contemplar a la diosa Isis amamantando a su hijo Horus. .


Las campesinas
Para el escriba todos los oficios manuales son despreciables, pero el peor de todos es el de agricultor. "La gente que se dedica a ello se desgasta muy pronto. Golpeado y explotado por sus señores y por los recaudadores de impuestos, robado por sus vecinos, decepcionado por la propia naturaleza y arruinado por la langosta, los roedores y por todos los enemigos. Tal es la condición del hombre del campo. Su mujer prisionera, sus hijos tomados en rehén".
Esta visión apocalíptica del campesino posiblemente no es total reflejo de la realidad, pero sí nos da una idea de la vida dura del agricultor egipcio. Este trabajo, complementado por la ganadería, constituyó la base de la economía del Antiguo Egipto.

En el tiempo de cosecha se entraba en un periodo de actividad renovada y nos han llegado bastantes representaciones de la siega de los cereales y la recogida del lino (ver fig. 1) y del transporte de lo cosechado a lomos de un asno hasta las eras, donde era trillado por el pisoteo de bueyes; por último después del aventamiento, en el que las mujeres tenían una gran participación, del transporte por camino o por río hasta los graneros, los cereales se almacenaban hasta que se los necesitara.
Fig. - 24 Senedhem y su esposa realizan trabajos agrícolas en los campos de Yaru- mundo de ultratumba, más allá-. Tumba de Senedhem en Deir el-Medina, Din. XIX-XX

La viticultura era una ocupación masculina y sólo en una tumba de la XVIII dinastía aparece una mujer cortando uvas. Por las representaciones, los trabajos del campo en que se necesitaba utilizar herramientas cortantes, como tijeras en viticultura u hoces en agricultura, estaban en manos de hombres, no sabemos si por una cuestión religiosa o por pura precaución.

En un texto del Imperio Nuevo, copia de uno del Imperio Medio, las mujeres actúan como bateadoras en la caza de pájaros salvajes, en los pantanos.
Molineras
El trabajo de molinero, parece estar en manos femeninas. A las mujeres se les entregaba el grano ya limpio de toda impureza. El primer trabajo de la molienda, lo realizaban los hombres. Dos o tres fornidos mozos lo trituraban cadenciosamente con sus pesados mazos de dos codos de largo. A partir de ahí el trabajo es para las mujeres, las tamizadoras recogen los granos aplastados, separan el salvado, destinado a los animales y entregan el resto a las molineras. Las herramientas empleadas eran una gruesa piedra y una artesa de dos compartimentos. La molinera, inclinada hacia delante, mueve la piedra por encima del grano, echando la harina en el compartimento inferior. Se tamiza y se vuelve a empezar hasta que tenga la finura deseada. Solamente se prepara la cantidad necesaria para el pan del día. En los cuadros los panaderos trabajan junto a las molineras.

El comercio de los excedentes domésticos
Los campesinos pocas veces poseían las tierras que trabajaban. Parte de la cosecha era para su consumo, pero si era un año muy bueno podían tener excedentes. Otro tanto ocurría con los pequeños huertos familiares. También en la producción de telas se daba el caso de fabricar una cantidad que superaba las necesidades familiares. Así podríamos ir numerando todos los útiles que se elaboraban a pequeña escala en los talleres domésticos. De la venta de estos productos se encargaban las mujeres, en la mayoría de los casos el procedimiento era de trueque con productos que difícilmente se podían conseguir en sus poblados.

Sirvientas y esclavas
Fig. 29 - Pintura sobre estuco de un banquete funerario. Tumba de Nebamón

No siempre es fácil distinguir la condición de los personajes representados en las imágenes que conservamos del antiguo Egipto. Como norma general se puede decir que la mayor diferencia entre sirviente y esclavo era que al primero le pagaba y mantenía con sus propios medios aquel que le empleaba.

Dentro de los criados había varias categorías estaban los de las capas más bajas, que se ocupaban de las labores más duras hasta aquellos que servían directamente al señor o la señora, teniendo cierta cualificación. Entre los servidores masculinos tenemos los escuchadores, su obligación consistía en escuchar las llamadas. Los coperos, whaw palabra que designa también un vaso, servían la mesa, actuaban como mayordomos y en muchos casos como confidentes, por lo que su labor era muy importante. Los shemsw, que acompañaban a su señor en las salidas y cuando este se detenía desplegaba la esterilla en la que su señor podía escuchar un informe o recibir a sus intendentes; otro shemsw le llevaba las sandalias durante la marcha, cuando se detenían, limpiaba los pies de su señor y le calzaba.

Fig. 30 - Arreglo de la reina Kawit (XI dinastía). El trabajo doméstico en los hogares acomodados lo hacían servidores libres o en algunos casos esclavos.

Entre las sirvientas son de destacar las peluqueras, las doncellas y sobretodo las amas de cría, de las que hablaremos en la lactancia
La gente llamada hemw o beku se les puede considerar, al menos en el Imperio Nuevo, como esclavos. Además de tratarlos con dureza, si intentaban huir se salía en su busca.

La mayor parte de estos esclavos son de origen extranjero. Capturados durante una campaña victoriosa en Nubia, Libia, Siria o el desierto oriental. El señor podía alquilar o vender a sus esclavos y desde luego podía pegarles. En muchos casos recibían los golpes a los que su amo había sido condenado por un tribunal.

Si las condiciones de vida eran malas para los esclavos, debieron ser aún peor para las esclavas que eran preferentemente alquiladas por altos precios. No se conoce que clase de trabajo se esperaba de ellas, pero la omisión, precisamente de este, tiene connotaciones sexuales.
Fig. - 31 Una sirvienta sopla el horno

Condiciones laborales en tiempos de Ramsés II
Todos los trabajadores estaban afiliados a cofradías religiosas y participaban activamente en sus fiestas, oficios y procesiones. Los salarios debían ser suficientes, pues muchos son propietarios de sus viviendas (el nombre del propietario aparece regularmente grabado en los soportes de una columna de la vivienda).

Tenían derecho a acudir a los tribunales cuando se consideraban injustificadamente agraviados. Tenemos un caso de un capataz, que había expulsado a una joven obrera inexperta, que trabajaba en el taller de tejidos del estado. Denunciado el hecho, la madre de la expulsada invocó la justicia del visir y éste, a través del escriba, ordenó al capataz que readmitiera a la obrera, dando la razón a la demandante. Algo así resulta impensable en épocas anteriores.

Fig. 32 - Pareja XIX dinastía

LOS TATUAJES Y SU SIGNIFICADO.
El tatuaje era de origen nubio y se realizaba con hollín y aceite, mientras otros autores insisten que se usaba el negro de humo (hollín) más agua. A los tatuajes siempre se les incluye entre el grupo de los cosméticos. La técnica del tatuaje es sencilla y consiste en colocar diminutas partículas de la substancia colorante de forma subcutánea, lo que se hacía, según la época, al principio mediante espinas vegetales o de pescado y más adelante por medio de finas puntas de cobre o bronce. El instrumento podía ser una sola punta o de varias que iban colocadas sobre un mango de madera y sujetas con yeso o con algún tipo de resina. Para el tatuaje se han encontrado y se empleaba también una varilla que tenía 7 agujas, muy finas, fijas con yeso o resina.

Se usaba para realzar la belleza, sobre todo en las mujeres. Inicialmente consistían en puntos que formaban dibujos muy simples, como triángulos (Tananjaros) y paralelogramos. Otros tatuajes más complicados, ya en época mas avanzadas, representaban a dioses y diosas, siendo el más típico el del enano Bes, que significaba obtener el máximo placer sexual y poder hacer el amor con frecuencia, al tiempo que se solicitaba tener muchos hijos y buenos partos.

En ciertas profesiones, como las prostitutas, las bailarinas y las acróbatas, obligadas a realzar sus cuerpos, se tatuaban de forma acusada, tanto por el torso, como los brazos y las piernas. Hacia el Imperio Nuevo la costumbre desaparece bastante.

Algunas mujeres, incluso de clases más que acomodadas, se hacían un tatuaje con el dios enano Bes en la parte alta del muslo, aunque no se sabe con certeza la razón de ello. También se han encontrado otras diosas, como Tueris y demás entes protectores o en relación con el sexo. Hay autores que opinan que era para realzar la belleza, otros que era un aviso de ser prostituta, pero parece ser más lógico que fuera una petición de protección para el parto, al que tanto temían las mujeres dada su alta mortalidad. Otros opinan que era una solicitud de protección ante las enfermedades venéreas, de las que por cierto no se habla nunca en los papiros médicos, como si no hubieran existido.

El tatuaje era de uso más típico por parte de las mujeres que de los hombres. Realmente su uso era muy restringido y se utilizaba sobre todo por las clases sociales más bajas. Sin embargo, aunque mínimos y apenas perceptibles tatuajes, situados en la parte más alta de los muslos, con la imagen de un dios o diosa que procurara protección en el parto, era de uso relativamente frecuente incluso en clases altas. Después del parto conseguir una buena nodriza era ya mucho más de lo que se podía pedir a los dioses.
Esta costumbre se inició en el periodo Predinástico y se mantuvo en el tiempo. No sólo se utilizaba durante la vida de la persona, sino también se le hacia algún tatuaje a algunos cadáveres para que llevarán mejor aspecto al “Más allá”.


El jabón
Sabemos que los egipcios eran un pueblo limpio. No sólo tenían el agua a su disposición, tanto en el río como en los canales, sino que el clima invitaba a refrescarse, y por tanto a bañarse. Ellos consideraban la limpieza como sinónimo de bienestar. Vemos como la esposa del Cuento de los Dos Hermanos espera a su esposo para verter agua sobre sus manos cuando regrese a casa y con ello proporcionarle el bienestar de la limpieza.
Para lavarse el cuerpo utilizaban algo que denominaron (s)wabw (Hacer puro) que consistía en grasa, natrón y cenizas. Esto no debía hacer espuma, pero quitaría la suciedad. Forbes asegura que no hay pruebas de jabón cosmético en el Antiguo Egipto, aunque sí que dispusieron de los elementos para fabricarlo como son el natrón, la arcilla y los altramuces remojados en agua de lluvia.

Quizás lo más común para el grueso de la población fuera que simplemente se sumergieran en el río y se frotaran con barro. No obstante, Dioscórides asegura que los egipcios tenían una palabra para designar a la Saponaria Oficinalis que era Oeno. Y si tenían una palabra debían conocer la planta. Esta planta tiene propiedades detergentes en estado natural, pero no hay constancia de que la llegaran a utilizar para el lavado corporal, aunque sí la utilizaron en época tardía para lavar la lana y para el cuidado del cabello. Remojando las raíces secas de la saponaria en agua caliente se obtiene una mezcla espumosa con poder detergente.

Hombres y mujeres se deshacían de vello superfluo por motivos higiénicos y para prevenir que piojos y liendres anidasen en sus cabezas. Ni que decir tiene que los sacerdotes no podían traspasar la puerta del templo si no estaban limpios y rasurados totalmente. Se conoce alguna fórmula de crema depilatoria, pero lo más comúnmente utilizado para este fin eran las cuchillas de sílex, y más tarde de hierro.
Una vez limpios, podían combatir el mal olor corporal colocando bolitas de resina de incienso y de terebinto en las axilas, o bien polvo de algarroba, que, como dijimos anteriormente no huele a nada, pero tiene la cualidad de absorber otros olores, buenos o malos.

Como enjuague para la boca usaban natrón diluído en agua, y para combatir el mal aliento masticaban distintas sustancias aromáticas.

Desodorantes domésticos
Ya hemos dicho que los egipcios amaban los perfumes. En un clima tan caluroso como el de Egipto, el ambiente de dormitorios, etc. seguramente sería sofocante. Ellos quemaban toda suerte de hierbas y aceites aromáticos para perfumar y fumigar sus casas. Esto no haría que tuvieran falta de oxígeno pues las casas estaban abiertas hacia el interior, y en cambio, el humo podía ser útil para alejar molestos insectos voladores que entraban y salían con total libertad. En el Papiro Ebers se mencionan remedios para combatir las picaduras de moscas y mosquitos. Las moscas no les picaban si estaban embadurnados de grasa de pájaro hnw y los mosquitos tampoco los atacarían si se aplicaban aceite de moringa en la piel.

Por otra parte, insectos de suelo y roedores eran una pesadilla para los egipcios, en cuyas casas se almacenaba grano, y comida puesta a secar. Para combatir a los más dañinos que eran los roedores, ellos frotaban con grasa de gato los sacos que contenían el trigo, y los rincones de la casa. Esto se suponía que alejaba a los ratones. Pero para reforzar el remedio en las casas solía haber gatos. Y esto si era eficaz realmente.
También en el papiro Ebers encontramos curiosas recetas para mantener a las serpientes en su nido e impedirles salir, y para alejar a los lagartos.

En cuanto a las necesidades fisiológicas, Herodoto ya decía que:
“los egipcios hacen sus necesidades en casa, pero comen fuera, en las calles, alegando, al respecto, que las necesidades poco decorosas –pero ineludibles- hay que hacerlas a solas, y a la luz pública las que no lo son”

Esto nos da idea de que en algunas casas existían aseos y dispositivos para la evacuación de las necesidades fisiológicas. Todo esto tendría cabida en otra lección, pero lo he querido mencionar para dar cuenta de que debían tener cuidado y perfumar el ambiente de sus hogares.


La historia del maquillaje en Egipto comienza 4.000 años A.C, antes de los primeros faraones y del nacimiento de la cultura jeroglífica. En sus ritos funerarios, se colocaba cerca del rostro del muerto una paleta junto con un pequeño rodillo que servía como machacador. Este objeto, a veces en forma de pez, podía utilizarse para machacar la malaquita (verde) que se utilizaba para el maquillaje de ojos.

Desde principios del Antiguo Imperio (2.600 a 2.200 a.C.), el maquillaje formaba parte de la lista de ofrendas funerarias. Lo llamaban uadju que significa polvo verde.

Entre los primeros ejemplos de la estatuaria del Antiguo Imperio figura Sepa, gran funcionario que vivió bajo la III dinastía, quien construyó la primera pirámide para seducir a la bella Nesa y se le representa al lado de su amada. Sus ojos están decorados con una línea ancha verde dibujada sobre el párpado inferior. Ésta es una de las más antiguas formas que se conocen para embellecer el ojo.

El maquillaje verde parece subsistir hasta la IV dinastía y más tarde desaparece dejando lugar al negro. El predominio de la galena en las materias analizadas por los investigadores se confirma por la presencia del maquillaje negro en la lista de ofrendas funerarias a partir de la época de Kéops. El negro se describe por el término mesdemet que, aplicado al ojo significaría hacer hablar los ojos, hacerlos expresivos ó pintar los ojos.

En las tumbas, al lado de los sarcófagos, se encontraron bolsas de galena triturada. Los muertos se llevaban sus materias primas para su vida en el más allá.

El ojo negro prolongado como de una gota se encuentra en numerosos sarcófagos: se trata del ojo del Dios Horus, símbolo de la integridad, a quien se representaba con una cabeza de halcón, un animal cuyo ojo está naturalmente rodeado de un círculo negro, y que sin duda alguna inspiró a los artistas. Asimismo, se han observado varios maquillajes de ojos negros en las estatuas y en la pintura desde la IV dinastía en adelante: La princesa Nefertiabet, ataviada con su vestido de piel de pantera, se maquillaba los ojos con una línea negra alargada ligeramente hacia la sien y la nariz.

Durante la XVIII dinastía, la línea cosmética evoluciona. Como prueba de ello tenemos los maquillajes de Senynefer, jefe del gabinete del rey y de su esposa, o de Amenofis III. Los primeros presentan un fino trazo negro alrededor del ojo prolongado por una ancha franja paralela a la línea de las cejas, negro profundo para ella, azul grisáceo para él. En la época del rey Amenofis III, se rodeaba a veces el ojo con una ancha línea negra, sin prolongarse por ninguno de los lados.

A pesar de que predominaban los maquillajes verdes y negros, los egipcios disponían de pigmentos variados como la cerusita natural que permitía obtener un polvo blanco y que, añadida a la galena negra, ofrecía toda una gama de grises. La pintura y la estatutaria revelan la existencia de una paleta de colores más amplia que la utilizada por los artistas. El maquillaje representado no siempre correspondía a una coloración real sino que tomaba entonces un valor simbólico.

Los artistas utilizaban principalmente el azul egipcio, un producto sintético compuesto de cobre, natrón y caliza. Así, se observa un trazo azul en lugar de negro en algunas estatuas y sarcófagos, sin embargo, ningún recipiente cosmético ha mostrado hasta hoy la presencia de esta materia. Los artistas utilizaban también el amarillo, constituido de polvo dorado u ocre.

Con el fin de obtener las composiciones irisadas o mates, los egipcios utilizaban polvos de galena. Según la forma de trituración, los polvos conservaban el resplandor metálico brillante de la galena negra azulada bruta o tomaba un color negro mate. La galena, mezclada con polvos blancos, ofrecía una paleta de matices de grises irisados o mates.

El uso de maquillaje siempre estuvo bien considerado, incluso tenían un mito explicando esta costumbre: Cuando Horus peleó contra su tío Seth perdió un ojo, por lo que inventó el maquillaje para restablecer la perfección de su belleza: el uso de productos cosméticos para reparar los desperfectos del tiempo o maquillar los accidentes de la vida son por lo tanto legítimos. Esto explica la gran variedad de productos como aceites, kohl, colirios, rojo para los labios y las mejillas, concebidos por los egipcios de la antigüedad y utilizados desde muy pronto: se han descubierto restos del siglo IV a. C., y más de 160 recetas que describen su elaboración, que dura a veces varios meses. Las tumbas contienen a menudo todo lo necesario para la belleza en una cesta: los frascos de ungüentos, la pintura, los aceites, kohl en tubos de caña, y espejos de bronce pulido.

Los polvos fueron utilizados para blanquearse la piel de la cara. Dos tipos diferentes de máscaras se usaban para los ojos: una negra para dibujar el contorno y acentuar su forma de almendra, y otra verde para las pestañas y las cejas. Al aplastar la galena, los egipcios obtuvieron un tinte negro, en el que el tono variaba según fuese de fino el polvo: cuándo era reducida a polvo muy fino, el tinte era de un negro muy oscuro; si era aplastada con menos precisión, tenía reflejos metálicos.
Con este polvo hacían el kohl. El maquillaje de ojos estaba hecho con malaquita, y usaban el ocre para conseguir el color rojo.

Todos estos productos se mezclaban con grasas animales para compactarlos y conseguir una conservación más duradera.

Los egipcios fueron las personas de la antigüedad que practicaron más el arte del maquillaje, ningún otro pueblo lo ha usado tanto. Los productos cosméticos se comenzaron a usar para protegerse de los efectos del clima caliente y seco de Egipto. Así, el kohl protege y cuida de la conjuntivitis y los aceites perfumados sirvieron, y sirven todavía, para humedecer la piel y devolverle su flexibilidad.

Las uñas y las manos se pintaban también con alheña. Sólo las personas de baja condición usaban tatuajes.

No conocieron la destilación y no hicieron por lo tanto ningún perfume con alcohol. No obstante, cultivaban flores para perfumar otros productos. El Fayum (región alrededor de un lago del desierto, alimentado por un ramal del Nilo) fue la principal zona productora, sobre todo en el Imperio Nuevo, cuando las inundaciones fueron reguladas con diques.

Los distintos elementos de las flores eran clasificados, pasados por un tamiz y convertidos en pastas perfumadas. En las pinturas de las tumbas se representan los ungüentos que los egipcios usaban para el pelo y que se aplicaban por medio de unos conos blancos colocados encima de la cabeza.

Era muy típico que los egipcios realzasen sus ojos con colores fuertes y vivos. Y fueron ellos los primeros en pintar sus labios, con ocre rojo y óxido de hierro natural, extendiendo el preparado con un cepillo o palito por sus labios.

No hace mucho que se descubrieron restos de maquillaje en las tumbas de los faraones, y curiosamente esos productos cosméticos tienen un gran parecido con los que se usan en la actualidad.

En esta civilización utilizaban el antimonio rojo para colorear los labios, mediante la pulverización de piedras y minerales sacaban los tonos turquesa que aplicaban en párpados junto con el khöl que usaban para delinear los ojos en forma de cola de pez y remarcar las cejas. Usaban pinzas de depilar para dar forma a las cejas.


No cabe duda de que el perfume era un lujo que la clase trabajadora no podía permitirse, y debían conformarse con alguna crema corporal perfumada con balanites, o un cono de perfume en circunstancias muy especiales. La única forma de perfume a la que tenían acceso eran las propias flores y hierbas en estado natural que podían macerar en aceite o grasa de manera casera. Como contrapartida a la austeridad de la población, se sabe que Cleopatra gastó en una ocasión 400 denarios en ungüentos tan sólo para suavizar y perfumar sus manos.

El caso de los ungüentos era diferente, ya que les eran necesarios para que su piel no sufriera los efectos de la sequedad ambiental. Pero estas pomadas normalmente no estaban perfumadas y sus usuarios debían tolerar el olor a rancio que sin duda despedían las grasas. Para estas cremas meramente hidratantes utilizaban el aceite de sésamo (neheh) y el mal llamado aceite de castor.

Y digo mal llamado porque la mayoría de los autores traducen del inglés castor oil sin pararse a pensar que no parece muy probable que tales animalitos vivieran en Egipto.

El nombre latino del castor oil es Ricinus Comunis. La traducción al castellano es más que evidente. Se trata de aceite de ricino, concretamente de las bayas, y que hoy en día se sigue utilizando en las pomadas para las escoceduras de los bebés. Aunque le sigan llamando aceite de castor.

También las grasas animales tendrían su lugar para suavizar las epidermis de los trabajadores tras largas horas de exposición al sol. Estos ungüentos básicos fueron utilizados como medio de salario, junto con el grano, la cerveza, o las piezas de tela.

Entre los aceites más comunes estaban el llamado segenen (ungüento o aceite) que igual valía para el cuerpo y para las mechas de las lámparas. También usaron el aceite de moringa, que era mucho más apreciado que el de sésamo, pero que no estaba al alcance de la gente del pueblo.

Todos hemos oído hablar de la primera huelga de la que se tiene noticia y que se produjo en época de Ramsés III, cuando el gobierno se retrasó en el pago de estas materias básicas, provocando la protesta de los artesanos de Deir el Medina, quienes dependían exclusivamente de estas raciones para su supervivencia, puesto que en la aldea no se cultivaba la tierra, y los hombres estaban empleados en la decoración de las tumbas reales.

“…Estamos aquí a causa del hambre y la sed. No hay vestidos, ni ungüentos, ni pescados, ni verduras. Contádselo al faraón nuestro buen señor y contádselo al visir nuestro superior para que nos sean enviados alimentos…”.

Los obreros, entonces, decidieron dejar de trabajar hasta conseguir el compromiso de los gobernantes de que se les pagaría todo lo que se les debía. Todo ello quedó reflejado en multitud de ostraca y sobre todo en el Papiro de la Huelga, conservado en el Museo Egipcio de Turin.

Esto no hace sino poner de manifiesto la gran importancia que tenía el cuidado de la piel para los egipcios, quienes, además de una mera hidratación de la piel, también contaban con auténticas cremas de belleza que podrían compararse a las de hoy en día. Veamos si no unos ejemplos.

En un enterramiento de princesas de la Dinastía XVIII se encontraron unas vasijas que contuvieron algo parecido a una crema limpiadora. EL análisis posterior reveló que se trataba de una composición de aceite y tierra caliza, posiblemente yeso. El yeso y la arcilla son elementos que aún se usan en la cosmética moderna por su efecto suavemente abrasivo y purificante de la piel.
También contaban con cremas “reafirmantes” compuestas de natrón rojo, sal del norte y miel. Algunos autores hablan de un cuarto componente que sería el polvo de calcita o alabastro.
Y estas cremas se completarían con la crema “antiarrugas” cuya fórmula sería resina de incienso, cera y aceite de balanites molido y mezclado con el jugo fermentado del junco.
Esta mezcla debía aplicarse en la cara cada día. Encontramos hasta cinco fórmulas de crema antiarrugas, aunque no siempre podemos conocer todos los ingredientes, que ciertamente, son muy curiosos, como por ejemplo:

• aceite
• goma
• polvo de huevo de avestruz
• bedet (una variedad de trigo)
• y bilis de buey

Otra receta habla de un agua llamada kebu, polvo de calcita, goma y frita verde, todo ello hecho una bola y empapado en leche de mujer…Como verán las recetas no pueden ser más sorprendentes.

El que hayan aparecido estas fórmulas nos demuestra igualmente la preocupación que sentían los egipcios por mantenerse jóvenes de aspecto. Realmente esto no debiera haberles preocupado demasiado, visto la corta esperanza de vida que tenían, que no iba más allá de los cuarenta años. Pero incluso a esa edad tan joven, la piel podía presentar un aspecto maltratado debido a la agresividad del clima.

No dejaremos de nombrar a la más caprichosa de las reinas egipcias, Cleopatra, de quien se dice que se bañaba en leche. Si esto es verdad, las proteinas grasas de la leche debieron hacer maravillas en su piel.





INTRODUCCION
La moda se origina, posiblemente, en el antiguo Egipto, un país milenario cuya historia se remonta, aproximadamente, al año 3000 antes de Cristo. Esta fue y sigue siendo una de las culturas más poderosas y ricas de todos los tiempos, en la que los egipcios y egipcias de la Antigüedad consideraban las telas que cubrían sus cuerpos como importantes símbolos religiosos y míticos. La creencia en la vida después de la muerte y en la innegable inmortalidad del alma se pone de manifiesto en los tejidos, las formas y colores.

La forma de vestir de la época respondía a una compleja mentalidad que definía perfectamente y sin ningún tipo de dudas la condición social y la función que cada persona cumplía en la sociedad. Uno de los marcadores más importantes de la diferencia de clases era la presencia o no de adornos y joyas en las telas. Los amuletos protegían del mal y aportaban a aquellos que los poseían energía y poderes mágicos.

Los tejidos solían ser transparentes, puesto que no existían, en aquel entonces, prejuicios en torno de la desnudez corporal. La forma de vestir respondía, holísticamente, a un sentido estético que, bajo ningún concepto, obedecía a un patrón moralista.

El Faraón, ser mítico y descendiente directo del Dios del sol Ra (la más poderoso de todas las Deidades), era vestido con un traje especial, el cual le otorgaba una fuerza única y una energía sobrehumana sin igual. Esta vestimenta poseía un significado mágico y divino; ahí reside su inigualable grado de superioridad estética.

LA MODA EN EL ANTIGUO EGIPTO
No ha sido tarea fácil para los egiptólogos rescatar “vestidos” propiamente dichos, ya que lo que normalmente se encuentra en los yacimientos son fragmentos de los mismos, de los que hay miles por todos los museos del mundo clasificados como “tela egipcia”. Las telas encontradas tampoco aclaran demasiado si eran para anudar al cuerpo como prendas de vestir, o si eran ropa de cama. Solo el análisis de las marcas de uso o manchas puede resolver algo.

Ante todo cabría decir que los vestidos que han sobrevivido físicamente pertenecían a dueños de tumbas y de ajuar funerario, es decir, a personas acomodadas, por lo que en lo que se refiere a sirvientes u obreros de cualquier tipo, debemos tomar como referencia las representaciones parietales o las esculturas. Por otro lado, la moda que se representa en las pinturas de las paredes podría llamarse “moda real” o bien “moda divina” ya que son reyes o dioses los que la lucen. Por lo tanto siempre tenemos la sensación de ver a personajes vestidos “de domingo” En cambio para las clases bajas, la moda varió muy poco entre las diferentes épocas de la historia de Egipto.
Vestidos de los funcionarios la podemos ver en un relieve en las paredes de la tumba de Horemheb

Afortunadamente han aparecido tumbas bien provistas de telas y ropas. Lo que no sabemos es cuales fueron de uso normal y cuales diseñadas solo para uso funerario como parte del ajuar.

Otro problema con el que nos encontramos para reconocer los vestidos es la idealización a la que tendían los artistas. No perdamos de vista que cuando un artista resaltaba una característica de una prenda, incluso sacrificando el aspecto que “debía” tener, era porque así lo deseaba, como por ejemplo un taparrabos o un vestido abierto. Esto no significaba que siempre estuviese abierto, sino que era una manera de mostrar cómo era la prenda. Es decir, su deseo era mostrar la realidad, resaltando las características importantes, sin concesiones a la perspectiva.

Hay más dificultades para el estudio de la ropa en el Antiguo Egipto, como son por ejemplo la imposibilidad de averiguar el color que tenían las prendas, ya que la mayoría han llegado extremadamente dañadas. Y a veces en las representaciones nos encontramos con dibujos lineales y esquemáticos sin policromía. La textura tampoco puede apreciarse por la representación parietal.
Podemos dividir las prendas egipcias en dos grandes grupos: Las prendas que simplemente se arrollaban al cuerpo como un pareo, y las prendas cortadas por patrón y cosidas.

En el primer grupo entrarían vestidos arcaicos, faldellines, faldas, mantos y chales.
Al segundo grupo pertenecerían los vestidos funda, las túnicas saco, las camisas y los taparrabos.

Capítulo aparte merecerían la ropa para los soldados, las pieles de felino para los sacerdotes, y las prendas usadas por las bailarinas y prostitutas. En cuanto a la ropa de niños, nada podemos decir puesto que iban desnudos hasta alcanzar la pubertad.

EL VESTIDO EN EL IMPERIO ANTIGUO
Difícilmente podemos llamar vestidos a las ropas que usaban los egipcios en el Reino Antiguo. Las mujeres simplemente arrollaban un rectángulo de tela largo hasta los tobillos que iba atado en el hombro izquierdo, al lado de la axila, dando la impresión de ser un tirante.

Los hombres casi siempre aparecen con un simple faldellín, y en el caso de obreros, con el taparrabos, sin más.

Más adelante aparecieron los llamados “vestidos funda”, consistentes en un cilindro estrecho que se sujetaba más por su estrechez que por el o los tirantes, que además estaban sin coser. Los vestidos que se han encontrado en las tumbas NO tenían tirantes. En las pinturas de las paredes, los tirantes dejan con frecuencia los pechos al aire, aunque en las estatuas están estratégicamente cubiertos por los tirantes. Este vestido-funda era utilizado por todas las clases sociales, reinas, sirvientes, e incluso diosas.

El asunto de los tirantes ha movido a grandes controversias, ya que al no aparecer vestidos con los tirantes cosidos, ni alfileres adecuados para sujetarlos, y ni siquiera haber un canon de utilización, esto podría llevarnos a la conclusión de que los tirantes eran unas bandas que se arrollaban al torso con el fin de sujetar el pecho, por tanto al ir bajo el pecho no necesitaban coserlos al vestido. También se ha pensado que estas bandas fueran una forma de empapar el sudor, sin que chorrease por el cuerpo.
Las diosas llevaron a lo largo de la historia estos vestidos más adornados, con dibujos, colores o bordados.
Por supuesto las representaciones de estos vestidos están idealizadas, y no debían sentar tan bien como podría suponerse. Era difícil que un simple rectángulo arrollado al cuerpo cayese tan recto y simétrico, y es también difícil que un vestido funda, hecho de lino, que es un material que tiende a dar de sí, ajuste en un cuerpo de forma que revele las formas de la manera que vemos en las decoraciones parietales.

Lo que en los vestidos masculinos llamaremos faldellín, cuando es usado por mujeres no tenemos más remedio que llamarle falda, y considerarla una prenda de trabajo, utilizada por la clase trabajadora. Difiere de la prenda masculina en varios aspectos: es mucho más larga, hasta la rodilla o incluso los tobillos; además el borde del rectángulo de tela que en el faldellín masculino es redondeado, en la falda femenina desaparece. La falda es un rectángulo de tejido arrollado al cuerpo en la cintura, con el pico final enganchado de la misma manera que un pareo o una toalla, al salir de la ducha. A veces una banda o fajín sujetaba la falda en su sitio.

Otra diferencia es que las faldas femeninas nunca iban decoradas, ni pliegues, ni flecos, ni adornos de ningún tipo, con excepción de las bailarinas.

Muy raramente aparecen vestidos más elaborados con escote de pico en V, que a veces iban bordados con cuentas de vidrio y llevaban un cinturón.

Prácticamente no había diferencia de forma entre los vestidos de las señoras y los de las sirvientas, aunque sí debía haberla en la calidad de los tejidos. Por supuesto las señoras llevaban peluca y joyas, mientras que las sirvientas no iban adornadas. Incluso, dependiendo del trabajo que desempeñaran en la casa, vestían un simple faldellín como los hombres, que les permitía mayor libertad de movimientos.

Los mencionados vestidos de las bailarinas eran muy curiosos, consistían en una falda hasta la rodilla o el tobillo (tela arrollada al cuerpo y sujeta con una banda o fajín) y unas tiras entrecruzadas por el pecho y la espalda que acababan atándose en el pecho o en la espalda. Estos eran utilizados por las bailarinas del Reino Antiguo. Ejemplos de este tipo de traje se han encontrado en Sakkara, en las mastabas de Ti y de la princesa Idut.

Por otra parte, desde el Reino Antiguo aparecen los llamados vestidos red, consistentes en una red hecha de cilindros de pasta de vidrio engarzados formando rombos y otros dibujos. Dos tirantes sujetaban estos vestidos cilíndricos, que llevaban una especie de placas metálicas (bronce) o de terracota para ocultar la parte más comprometida de los senos femeninos.

Pruebas hechas con vestidos de este tipo que han llegado a nuestros días demuestran que estaban pensados para chicas muy jóvenes, unos doce o trece años. Los bordes de estos vestidos estaban formados por unos “flecos” hechos con conchas en las que introducían piedrecitas o bolitas de barro para que pesaran, y que sonaran al moverse. Los egipcios gustaban de admirar el cuerpo femenino semicubierto, casi más que totalmente desnudo. El sonido de las bolitas tenía además un efecto erotizante. Estos vestidos cuando eran utilizados por señoras respetables iban superpuestos a un vestido-funda, mientras que las prostitutas o bailarinas los utilizarían sin nada debajo. En el papiro Westcar aparece el conocido relato del rey Snefru y las chicas vestidas de red que remaban para él.

Los hombres también se enrollaban en rectángulos de tela como las mujeres, con algunas diferencias, ellos lo ataban en el hombro, como vemos en la paleta de Narmer, o de modo algo más complicado de manera que parecían tener una manga solo.

No obstante la prenda masculina por excelencia a lo largo de toda la historia de Egipto fue el faldellín. Era esta una prenda consistente en un rectángulo de tela que llegaba a la rodilla y que se arrollaban al cuerpo igual que hoy en día hacemos con una toalla.
A veces aparecen con los picos delanteros redondeados, dejando ver una especie de delantal, que llevaban debajo cubriendo el taparrabos. Estos delantales en caso de personajes de la realeza podían estar bordados, plisados o con flecos o cenefas.

El delantal básico sería una pieza de tela rectangular o trapezoidal que se ataba con cintas a la espalda. El faldellín/delantal era prenda de uso exclusivamente masculino.

El faldellín podía sujetarse a la cintura con bandas o fajines cuyos extremos se dejaban colgar por delante de la zona genital. Hay autores que sostienen que el faldellín/delantal era una sola prenda, pero hoy en día esa tendencia está obsoleta.

Para que un rectángulo de tela presentase el aspecto de faldellín-delantal, el modo de atarlo debía resultar difícil y poco práctico.

La ropa interior no varió a lo largo de toda la historia de Egipto, y era igual para hombres y mujeres. Se trataba de una especie de pico-pañal triangular con cintas. Estaba formado por dos piezas triangulares unidas por una costura simple en el centro y dobladillo en los laterales.

Se colocaba como un pañal de bebé, metiendo el pico del triángulo entre las piernas y atándolo con las cintas desde detrás.

A veces, en lugar de taparrabos, o encima de él pasaban una banda entre las piernas sujetando los bordes con otra banda que ataban a la cintura. Al dejar colgar los bordes por delante hacía el efecto delantal.

En cualquier caso tampoco se puede asegurar que el faldellín-delantal fueran dos piezas, ya que haría falta encontrar algún trozo lo suficientemente grande como para poder analizar marcas de uso, manchas, arrugas, etc.

Hay otro tipo de vestiduras de las cuales se conservan algunos ejemplos. En este caso son ropas “cosidas” y se trata de los famosos vestidos de Deshasha (Dinastía V) y de la camisa de Tarkhan (Dinastía I). Todas estas prendas están hechas del mismo modo: montadas sobre un faldón y la parte de arriba en canesú rudimentario de dos piezas y manga larga. Las túnicas de Deshasha son largas y podrían servir para un adolescente, mientras que la camisa es corta y de tamaño adulto.

Hay también otra camisa plisada, pero con el mismo corte, de la VI Dinastía Esta no parece una prenda muy cómoda, ya que tiene aspecto de ser muy pesada. También había vestidos largos plisados en sentido horizontal. Esto debió ser una moda pasajera, ya que el propio peso de la tela desplisaría el tejido y el vestido quedaría demasiado largo. Esta moda debió perdurar por poco práctica y poco estética.

EL VESTIDO EN EL REINO MEDIO
Los vestidos femeninos seguían la misma “moda”. Es decir un rectángulo arrollado al menos una vez y media en torno al cuerpo, y sujeto a un hombro.
Ahora, ya elaboraban un poco más los vestidos y curvaban los extremos que debían ser atados en una especie de rabos o rudimento de tirante para atarse a la espalda. Esto era un intento de facilitar la sujeción sin tener que obligar a la tela a arrugarse bajo el brazo, con la consiguiente incomodidad.. Estos vestidos eran fundamentalmente utilizados por las sirvientas. A veces llevaban como adorno una sobrefalda de cuentas que variaba en longitud y tamaño.

Los vestidos funda seguían siendo utilizados. En las representaciones vemos que es más un deseo del artista que una verdadera forma de vestirse, ya que una prenda tan ajustada debía ser incómoda de poner, y no digamos de quitar o moverse con ella, teniendo en cuenta las temperaturas de Egipto. No podemos olvidar que el lino no es un tejido que ceda ni se acople, por tanto cuando vemos a una dama vestida así arrodillada Y SIN UNA SOLA ARRUGA no nos cabe duda sobre la idealización.

En el Reino Medio comenzaron a utilizarse los plisados para la realeza y los colores para las sirvientas y obreras.

Los hombres seguían utilizando faldellín, aunque durante el IM eran algo más altos de cintura, y solían cubrir el ombligo. También eran más largos. En la moda también se traslucía algo de la melancolía del Reino Medio. Aunque en esta época florecieron artes como la Literatura, la sociedad en general era algo menos festiva, y esto se traduce en una moda algo más recatada, e incluso una cierta blandura de facciones en las estatuas.

Durante el Reino Medio aparecieron las llamadas túnicas-saco, o camisas. Pero no sobrevivió ninguna de aquella época, y las que conocemos son del Reino Nuevo

EL VESTIDO EN EL REINO NUEVO

A partir del Reino Nuevo ya no se vuelve a ver el vestido arcaico, es decir el simplemente arrollado al cuerpo, aunque se siguen envolviendo en una tela de manera más o menos artística. Las telas eran más ricas y muchas veces plisadas, sobre todo para las clases altas.

Comenzaron a idear nuevas y complicadas formas de anudar en torno a su cuerpo grandes cantidades de tela, consiguiendo unos resultados realmente sorprendentes, como podemos ver en los fastuosos vestidos de Nefertari, o los de época amárnica.

Unas veces arrollaban la tela dejando un pecho al aire. Otras veces cubrían ambos, dando la impresión de llevar una especie de chal por encima, pero algunos dibujos nos enseñan cómo se podía conseguir tan magnífico resultado. Aunque los rectángulos de tela debían ser cada vez mayores para dar todas las vueltas necesarias. Y también las telas más finas para no abultar demasiado.

Se cree que después del complicado entrecruzado de tela iban atados delante, pero quizás esa es solo la impresión de las representaciones, ya que las diosas y las reinas realzaban estos modelos con fajines o, llamémosle, cinturones, aunque ahora éstos eran bordados, o de colores y tenían flecos trenzados para evitar que se deshilacharan.

Los vestidos funda seguían utilizándose, aunque cada vez eran más nítidos, o quizás, los artistas más esmerados. Vemos Además que ya tenían dibujos y colores, incluso para las sirvientas.

Cuando vemos un color amarillento en los vestidos blancos de las fiestas tebanas, es, al parecer, las manchas de grasa de los conos de perfume, que iban impregnando las telas.

También las franjas grises verticales que aparecen en los vestidos de las plañideras, no son ningún color añadido, sino las manchas de la ceniza que se arrojaban por encima para demostrar su dolor.

La moda masculina también varió, y en el Reino Nuevo los faraones y nobles se hacen representar con vestiduras más complicadas. A menudo llevan una falda larga hasta los pies, aunque de tela transparente a través de la cual vemos el faldellín corto.

También en esta época aparecieron las llamadas “Túnicas-Saco”. Estas prendas eran utilizadas igualmente por hombres, mujeres y a veces niños. En algunos textos las llaman dalmáticas, por la semejanza que tienen con la vestidura sacerdotal actual. Se trata de un rectángulo de tela doblado a la mitad, con un agujero en forma de ojo de cerradura para el cuello, y cosida a los lados, pero dejando un espacio sin coser para los brazos de unos 30 cm. Las había con y sin mangas

Normalmente eran simples, pero las había bordadas y con adornos de tapicería o flecos (Tutankhamon). También solían intercalar hilos de otros colores en el tejido La abertura del cuello se cerraba con cordones. A veces se las ceñían con cordones o fajines de colores, bordados o con flecos para ir más cómodos y evitar el antiestético aspecto de murciélago

Las había largas y cortas. Las largas iban desde los hombros a las rodillas, o más frecuentemente a los tobillos. Eran utilizadas por todos. Las cortas, que iban desde los hombros a las caderas eran de uso masculino. Ambas modalidades podían utilizarse solas, o sobre otras prendas, ya que su función primordial era la de abrigar en épocas frías, más que la de adornar o demostrar status social.

Estas prendas comenzaron a verse en el Reino Medio, pero las que han sobrevivido pertenecen al Reino Nuevo. Por ejemplo en la tumba del arquitecto Kha aparecieron 16 de estas túnicas de material fino y una de material grueso, que hemos dado en denominar “de invierno”. Tutankamón tenía 12 túnicas-saco, algunas bordadas para uso ceremonial. Otras se encontraron en la aldea de los trabajadores de Amarna

No olvidaremos las vestiduras de los sacerdotes. Los sacerdotes utilizaron las mismas vestiduras que la gente ordinaria, y no debieron variar gran cosa a lo largo de la historia. Sus vestiduras siempre debían ser de lino de la mejor calidad, casi transparente, y estar recién lavadas. Podían utilizar faldellín, vestido arcaico, o también los llamados túnica saco. Pero solo gracias a los demás símbolos de los vestidos podemos saber si un personaje era sacerdote o no, ya que solían llevar unos pectorales especiales, llevar unos báculos muy característicos, o bien ir peinados con un mechón lateral. También los adornos del delantal del faldellín, habitualmente adornado con una cabeza de guepardo nos informan de que el personaje pertenece al clero

Para determinados ritos, o fiestas funerarias. los sacerdotes Sem y Iunmutef llevaban pieles de felino sobre sus túnicas. EL Sem la llevaba simplemente superpuesta, mientras que el Iun-Mwt-ef solía agarrar la pata trasera de la piel del felino
Tanto sacerdotes, como sacerdotisas utilizaron estas pieles, aunque las mujeres arrollaban la piel al cuerpo como un vestido y no como una capa.

VESTIDO EN EPOCAS POSTERIORES
Las representaciones de vestiduras en época ptolemaica y tardía nos muestran una vestidura que es una copia de las anteriores, aunque nos cabe la duda de que esto pudiera ser solo de “cara a la galería” para las representaciones murales.

Lo cierto es que los faraones y reinas de esta época se hacían representar en las paredes y estatuas como egipcios clásicos. Pero a veces parecían estar disfrazados de algo que ya no era su modo habitual de vestir. A pesar de que hemos visto tantas veces representada a la famosa Cleopatra VII como ejemplo de la mujer egipcia, la verdad es que el atuendo habitual de Cleopatra debía ser más bien como dictaba la moda griega, es decir con clámide. Y solo para hacerse representar en los monumentos debió usar prendas egipcias.
No obstante tenemos magníficos ejemplos de vestidos de época tardía como el que luce la reina Karomama.

LOS MATERIALES
La materia prima principal es el lino.
La lana no llegó a Egipto hasta el siglo V A.C. y se consideraba impura. Herodoto dijo que la lana estaba prohibida por la religión egipcia. La realidad es que no les hacía falta para nada. Seguramente si hubieran vivido en un lugar donde hiciera frío no la hubieran considerado impura.

El uso de la lana para hacer pelucas no se ha confirmado. La traducción de una palabra dudosa como “lana” en un papiro del Reino Nuevo no es suficiente prueba. Si se llegó a usar la lana, no fue en modo alguno para vestirse.

El algodón tuvo su origen en India, siendo el primer tejido del 3.250 A.C. en Mohenjo Daru. Aparece en Egipto en el Siglo II D.C., aunque la producción en serio se inició con los árabes en el 641.
La seda no llegaría hasta el Siglo IV y por tanto nada tiene que ver con la cultura faraónica.

El LINO
El lino se cosechaba en distintos momentos de maduración, dependiendo del uso que se fuera a dar a sus fibras.
·         Verde para los tejidos más finos
·         Amarillo para fabricar “buenas telas”
·         Maduro para hacer cuerdas y esteras

Una vez recogido se pasaba por una especie de peine para separar las impurezas del tallo. Luego se mojaba, para separar las fibras de cualquier resto de tallo y se peinaba de nuevo. Las fibras ya estaban listas para ser torsionadas e hiladas. Se tendía a torsionar el hilo en “S”, es decir, hacia la izquierda, ya que el lino al secarse tiene esa tendencia. Los husos que utilizaban para la hilatura eran de tres tipos: suspendidos, de pared y a mano
El color iba de blanco a marrón dorado pasando por toda la gama de los beige. La variación era según la madurez de la planta. Algunos linos eran deliberadamente blanqueados al sol. Las variedades eran:
·         Lino real. Blanco y casi transparente.
·         Lino fino. Con más hilos, más tupido, aunque aún fino.
·         Tejido fino. Buena calidad, pero hilos más gruesos.
·         Tejido suave. Tejido bueno y resistente, aunque con una terminación algo más ordinaria. Era el tejido de abrigarse.
Hilado y tejido del lino

HILATURA Y TEJIDOS
La hilatura y el tejido eran artes antiquísimos en Egipto. Una vez hiladas las fibras se procedía al tejido de las telas. Se solía hacer en las casas, donde había un pequeño taller para el uso doméstico. Tejían en telares verticales y horizontales.

Los telares horizontales o de suelo se usaron desde la época Badariense al Reino Medio. Los verticales se usaron desde el Reino Nuevo, sin que esto signifique que se desterrara el telar horizontal.

Los hilos (lo que se llama “urdimbre”) se mantenían separados por unos peines para que pasaran unas agujas enhebradas (lanzaderas). Después unos listones de madera (“batanes”) apretaban el entretejido de los hilos para darles consistencia.

El ancho de las telas oscilaba alrededor del metro o metro veinte. (Los brazos del tejedor extendidos). Este ancho configuraba a veces el largo de los vestidos. Es de destacar que los bordes longitudinales de los tejidos estaban reforzados en algo parecido a nuestra “orilla viva” para evitar que se deshilachara. Esto se conseguía reforzando al doble de hilos en la trama y urdimbre de los bordes. También tejieron dejando hebras huecas sobre la trama, es decir haciendo un rudimento de tela de “rizo” que se utilizaba como toalla.

Todos los templos tenían su propio taller de tejidos, y el de Amarna se tenía por particularmente próspero. Sorprendentemente, y pese a lo rudimentario de la hilatura y tejido, muy pocas telas egipcios presentan defectos en la fabricación.
También encontraremos cordones y chales. Los cordones eran fibras gruesas de lino fino torsionadas en S o en Z con algo parecido a borlas con flecos en los bordes. Los chales, o más bien deberíamos llamarlos fajines eran de tejido y también llevaban los bordes con flecos trenzados y se utilizaban para ceñir las ropas a la cintura, o bajo el pecho. Afirmamos esto porque es mucho más escasa la representación de esta prenda como “chal”.

El llamado chal de Tutankamón mide 1,07 m. de largo por 20 cm. de ancho. Con este ancho no deberíamos considerarlo un chal, con la acepción que le damos ahora a la palabra, aunque pudiera ser una especie de estola ritual usada en determinados ritos u ocasiones solemnes.

Hay muy pocas representaciones de estos fajines usados como chales por mujeres, solo como ceñidor para evitar que se les cayeran las faldas en los trabajos más duros, o ya en vestidos muy elaborados de la 19 Din. (Nefertari). Otros autores apuntan que estas bandas eran utilizadas por las mujeres como algo parecido a un sujetador, aunque no existen representaciones específicas de este uso, por lo que nada podemos afirmar.

EL TEÑIDO
Utilizaban tintes naturales:
·                          Rojo
Alkanna tinctoria (raices)
·                          Rubia tinctorum
·                          Rubia peregrina
·                          Hembra del Coccus ilicis (cochinilla)
·                          Azul
Isatis tinctoria
·                          Indigofera tinctoria
·                          Amarillo
Carthanus tinctorius
·                          Verde
Mezcla de amarillo y azul
·                          Púrpura
Mezcla de rojo y azul
·                          Ocre
Mezcla de rojo y amarillo

Para teñir los tejidos, saturaban la tela en un agente fijador, o mordente (cal apagada o alumbre) y luego la sumergían en el tinte hirviendo. Este proceso hacía que el teñido fuera duradero y no desapareciera con el lavado. EL proceso actual de teñido es más o menos el mismo.

No tejían mezclando hilos teñidos de diferentes colores hasta la llegada del telar vertical en el Reino Nuevo. Aún así, sólo la realeza y las representaciones de diosas llevaban vestidos que combinasen colores. En éstas pintaban o esculpían el vestido liso y luego el dibujo como superposición. Nunca estamparon las telas. De hecho no han sobrevivido tejidos teñidos, no se sabe si porque no lo enterraban en las tumbas por considerarlo demasiado costoso, y preferían seguirlo utilizando, o que quizás los tintes se desvanecieran con el paso de los siglos.

Un ajuar normal implicaría unos 20 m. de tela para un hombre y algo menos para una mujer. Por lo tanto las telas eran un material muy apreciado que servían de dote, medio de pago, o recompensa, e incluso cuando había una disputa conyugal, en ocasiones el marido era condenado a regalar a su mujer determinada cantidad de tela.

LAVADO, PLANCHADO Y PLISADO
El sistema de lavado era el que debió usarse hasta tiempos relativamente recientes. Es decir: se mojaba la ropa y se golpeaba con unos palos dentro del agua. La frotaban con carbonato o bicarbonato sódico para blanquearla.
El escurrido se hacía retorciendo la prenda arrollada a un poste vertical hundido en la tierra, a veces ayudados por otra madera para hacer más fuerza y retorcer la tela más fácilmente.

Se lavaban las prendas con frecuencia, sobre todo las interiores. El lavado no se hacía en casa, y en Deir-el-Medina se han encontrado listas de lavandería, en las que se relacionan las prendas que se entregaban al lavandero. En ropas de las D.XII se han encontrado marcas que las señalan como pertenecientes al templo de Mentuhotep.

En estas listas se especifican las prendas, hasta las más pequeñas, como bandas, pañuelos, paños e incluso algo que ellos denominaban literalmente “bandas de las traseras” y que suponemos que eran algo parecido a compresas. Hemos dicho que había lavanderos, hombres, lo cual no deja de ser chocante. Anécdota: En la Sátira de los oficios se dice de ellos:
El lavandero lava en la orilla, con el cocodrilo como vecino. ‘Padre, sal de la corriente de agua’, dicen su hijo y su hija. No es un trabajo que satisfaga…Su alimento está mezclado con la suciedad. No hay parte suya limpia, mientras se coloca a sí mismo entre las faldas de una mujer en menstruación. Llora, pasando el día en la pala y la piedra. Se le dice: ‘Ropas sucias para tí’.
Como contrapunto a estos inconvenientes que el escriba expone a su hijo, el enamorado ve las cosas de otro modo en esta canción de amor:
Ojalá yo fuera el lavandero de mi amada, aunque fuera solo un mes. Disfrutaría mi trabajo de lavar las prendas que han tocado su cuerpo. Sería yo el hombre que lavase el ungüento que queda en su paño de cabeza. Trabajaría hasta la extenuación entre sus vestidos.
El plisado de los vestidos se conseguía estirando el tejido aún húmedo sobre una tabla con estrías, de las que sólo se conserva un ejemplar en el Museo Británico. Al secarse la tela, quedaban marcadas las líneas. Luego, con las manos obligaban a los pliegues a quedarse en su sitio. Después cosían estas líneas para fijarlos. Luego los “planchaban” con piedras. No sabemos si por simple peso de éstas, o si las calentaban de alguna manera, o incluso al sol, para acelerar el proceso. Como los pliegues estaban cosidos, no necesitaban repetir el proceso de la tabla al lavar la prenda. Solo debían “plancharlos”.

ZURCIDO
También han aparecido evidencias de que algunas prendas fueron zurcidas. Se cree que remendaban las de tejido más fino, o confección más valiosa, con bordados, o colores. El zurcido se hacía reparando los hilos de trama o urdimbre que estuvieran dañados o desaparecidos, como si se tejiera de nuevo. Para esto empleaban agujas con hilo enhebrado como en la actualidad. Los alfileres podían ser de metal, aunque los más frecuentes eran de espinas vegetales, que guardaban en alfileteros de huesos de ave huecos. También se han encontrado “dedales” de piedra para proteger de pinchazos el dedo medio.

VESTIDURAS ESPECIALES
Además de los vestidos utilizados por todo el mundo, había otras prendas que también hemos de reflejar aquí. Se trata de los corseletes o cotas de malla que usaban los faraones en combate. Todos hemos visto en los museos algunos de estos corseletes hechos de pequeñas placas metálicas colocadas como escamas de pescado. Eran la prenda que los faraones o los militares de alto rango utilizaban para las batallas. Es frecuente ver a los faraones de pie en sus carros luciendo una de estas cotas de malla en las representaciones murales de las batallas. Esta prenda se ve sobre todo en el Reino Nuevo. Entre los hallazgos de la tumba de Tutankamón hay un ejemplar bastante bien conservado de uno de estos corseletes.

También una vestidura especial podemos considerar a los taparrabos de cuero que utilizaban los soldados. Los soldados llevaban como ropa interior el clásico taparrabos triangular utilizado por todo el mundo, pero encima del pico de tela llevaban una curiosa prenda de cuero, mejor dicho de tiras de cuero. Estas prendas no se metían entre las piernas, sino se superponían por la parte trasera sobre los glúteos y riñones y se ataba delante, aunque también los hay que se ataban a ambos muslos. Tenían, por lo tanto una forma algo curiosa. Más o menos rectangular con tiras en los cuatro ángulos.

Estaban hechos de una pieza de cuero con incisiones que hacían que al estirarse quedaran como una red, o como un trenzado. Estas prendas debían ser para preservar los tejidos en las batallas y para protección del cuerpo al sentarse en el suelo. Sólo lo usaron los soldados y algunos trabajadores de oficios especialmente duros.

CHALES, BANDAS Y MANTOS
Tenemos que distinguir muy bien lo que es un chal y lo que es una banda ornamental. En el AE si que hubo chales, pero no todo lo que llaman chales lo son. Es producto de una traducción poco cuidadosa del inglés donde el término se presta a confusión. Llamamos chales a las piezas de tela rectangulares y de la anchura necesaria para poder ser usada como abrigo sobre los hombros, o bien envolviendo glúteos y caderas con fines ornamentales o ceñidores. El ejemplo más claro de chal que todos tenemos en la mente es el que llevaba la imagen del dios Anubis en la tumba de Tutankamón. Estos chales podían ser lisos, o bien plisados. Normalmente se colocaban sobre los hombros y se ataban delante bajo el pecho. Eran prendas utilizadas igualmente por hombres y por mujeres.

En cuanto a las bandas, o fajines jugaron un importante papel en la moda egipcia. Se trataba de unas tiras de tela de un ancho máximo de 20 cm. Aunque muy largas. En el Museo de Leiden hay un ejemplar que tiene 3 m. de largo. Estas tiras de tela tenían la función de sujetar las faldas y faldellines, o bien se usaban como ceñidores en los vestidos complejos o sobre las túnicas-saco.

La clase trabajadora utilizaba cualquier trozo de tela disponible para ceñír sus vestiduras, incluso a veces ataban estas bandas en la espalda con el fin de que los extremos no les incomodasen en sus trabajos. Esto en cuanto al uso práctico de bandas.

Ahora bien, también había fajines más ricos, adornados con flecos, con bordados, de colores, que tenían una función más especifica. Además de sujetar las ropas, eran un adorno. Pensemos si no en los ceñidores que luce la reina Nefertari en sus atuendos. O en el artístico modo de anudarlo hasta tres veces que podemos ver en las ropas del príncipe Amonhirkhopeshef.

Estos fajines más elaborados tenían dobladillo en uno de los lados largos, y en el otro la orilla viva del tejido.

Las bandas, como ya hemos dicho podían constituir el precursor del sujetador femenino, como vemos en los vestidos de las bailarinas.

Y pasemos a los mantos. Les llamamos mantos para no confundirnos con las túnicas, que sí llevarían algo de confección. Los mantos eran simples piezas cuadradas o rectangulares, normalmente largas hasta los pies, que tenían la función de abrigar. No llegamos muy bien a saber si esto eran prendas de vestir, o si eran ropa de cama utilizada para abrigar. El hecho cierto es que suponemos que en épocas frías se abrigaban con uno de estos mantos, que solían anudar en un hombro. La diferencia en la forma de usar los mantos parece ser que estriba solamente en la postura de la figura representada. Mientras que si está sentado lo lleva solo superpuesto y cruzado por delante del pecho, si la figura está de pie con conduciendo un carro, lo lleva anudado en un hombro, o bien volando detrás de la espalda como si fuera una capa. Estos mantos se utilizaron desde el Reino Antiguo, y sobre todo los faraones lo usan en los rituales de la fiesta sed, en los que aparecen totalmente envueltos en pesados mantos.

De todo cuanto hemos visto se desprende que en el Antiguo Egipto las gentes del pueblo llano no dedicaron especial atención a su atuendo y se vistieron siempre más o menos igual. Esto no era así para las clases más elevadas y por supuesto, la realeza, donde sí vemos vestidos extremadamente complejos y cuidados. Aunque también hemos de decir que los artistas se ganaban el sueldo, ya que representaban a sus señores de modo espléndido.
No dudamos que las egipcias tuvieran una figura envidiable, aunque no todas tendrían el cuerpo juvenil que nos muestran. Tampoco dudamos que los vestidos les sentaran bien, pero no tanto. En cualquier caso, los vestidos de la realeza, con todos los adornos, pectorales, coronas, etc debían resultar fastuosos.

Si tenemos en cuenta que ellos se hacían representar en monumentos para la eternidad, como son las paredes de sus tumbas, o los relieves de los templos, resulta del todo justificable que quisieran aparecer favorecidos, y en pleno esplendor. Si les he de ser sincera, yo en su caso habría hecho lo mismo.




EL PELO NATURAL: COLOR, CALIDAD Y APARIENCIA
Egipto es un país africano, por lo tanto debemos pensar que sus habitantes tendrían en su mayoría cabello oscuro y rizado como correspondería étnicamente a las razas mediterráneas. El pelo de los egipcios se iría haciendo más rizado cuanto más al sur, en la zona de Nubia, donde ya sería el tipo de cabello fuertemente rizado de la raza negra.

Por lo tanto, cabe suponer que los habitantes de Egipto tendrían, en su mayoría, cabellos negros o al menos bastante oscuros. Y también que la calidad de su pelo era buena, ya que el cabello en las razas mediterráneas suele ser abundante y fuerte.

No obstante, una vez más, la climatología de Egipto, con su calor sofocante, condiciona casi todos los aspectos de esta civilización. Y el estilo de peinado no podía ser menos. Los egipcios normalmente llevaban el cabello corto, o incluso rasurado. Si acaso las mujeres podían llevar una melena corta y cuadrada, pero los hombres solían cortar sus cabellos muy cortos, casi al estilo actual. Esto tiene toda la lógica del mundo en lo referente a las clases trabajadoras. El pelo corto o rasurado era una buena manera de hacer frente al calor y a los parásitos. Por este mismo motivo también se depilaban todo el vello corporal.

El cabello y el cuero cabelludo era motivo de constantes atenciones. Unas veces se trataba de combatir las canas, otras veces la calvicie, otras tratar de hacer que el pelo creciera de nuevo, e incluso les preocupaba que las cejas se les volvieran grises. En el Papiro Ebers encontramos recetas para ¿transformar a un viejo en joven¿ (esto sería un tinte) así como otra destinada a mujeres y que sirve para ¿hacer que a una rival se le caiga el pelo¿. Esta receta se compondría de hojas de loto quemadas y sumergidas en aceite que habría que aplicar en la cabeza de la mujer odiada.

La receta propuesta por los egipcios para hacer crecer el pelo de alguien calvo sería: grasa de león, grasa de hipopótamo, grasa de cocodrilo, grasa de gato, grasa de serpiente y grasa de ibis, todas ellas mezcladas y puestas en la cabeza. No sabemos si esto era efectivo, aunque el hecho de que la alopecia siga atormentando a la humanidad, nos hace dudar de su eficacia..
Las referencias al cabello también tienen su importancia en la mitología. La diosa Isis, al enterarse del asesinato de su marido, lo primero que hace es cortarse un mechón de su cabello antes de emprender su búsqueda del cuerpo. Igualmente cuando llega a Biblos, enseña a las damas de aquella corte a trenzar sus cabellos.

EL PELO EN LOS RITOS FUNERARIOS
En los ritos funerarios también parece que el cabello tenía su papel. Hombres y mujeres aparecían con el pelo en desorden, y las mujeres plañideras se tiraban del pelo entre lamentos, y se tiraban ceniza sobre ellos. Por otra parte, en muchos enterramientos han aparecido pequeñas trenzas o bucles de pelo humano cuidadosamente guardados en cajitas. No sabemos muy bien si estos eran postizos o extensiones y formaban parte del ajuar funerario, como el caso de las pelucas completas, o era simplemente una cuestión piadosa basada en el cariño de alguien por el fallecido o viceversa.
La realeza contaba con peluqueros y barberos que cuidaban tanto de su pelo natural como de las pelucas. Tanto mujeres como hombres se ponían a diario en manos de los peluqueros, barberos, manicuristas, etc., al menos esto es lo que nos quieren indicar las representaciones oficiales. Solo en el caso de la familia amárnica tenemos la seguridad absoluta de que llevaban el cráneo rasurado. Hay gran cantidad de representaciones en las que aparecen tanto la pareja real, como sus princesitas luciendo sus alargadas cabezas afeitadas.
Pero en la vida real, las clases trabajadoras se conformaban con ir al barbero/peluquero de vez en cuando para que les rasurase el cráneo. Para ello, hacían cola al aire libre y esperaban su turno echando un sueñecito a la sombra.

Ahora bien, casi podemos decir que se sabía la posición social de un personaje por la longitud de sus cabellos. Cuanto más adinerado era el personaje, más largo tenía el cabello. Un hombre o mujer de cabellos largos no podría estar trabajando en el campo a pleno sol, y si lo hacía, el aspecto de sus cabellos sería de suciedad y desaliño. Así, sólo quienes tenían sirvientes para cuidarles y trenzarles el pelo, podían permitirse dejarlo crecer. Aunque, a partir de las representaciones, es muy difícil determinar si el pelo era natural, o se trataba de peluca. Por supuesto, en los elaboradísimos peinados que vemos en los banquetes, o en las decoraciones de las tumbas, no nos cabe ninguna duda de que son pelucas. La duda aparece cuando el peinado es ¿posible¿, es decir, no es tan sofisticado, y sería por lo tanto factible que fuera de pelo natural.

ESTILOS DE PEINADO EN PELO NATURAL
Como ya hemos dicho, resulta muy difícil saber si los peinados que aparecen en las imágenes representadas son de pelo natural. Sólo en las escenas de vida cotidiana y de trabajadores, podemos estar seguros de que se trata de pelo natural. En las escenas ¿oficiales¿ o rituales siempre aparecen representados con pelucas, incluso los sirvientes.

También resulta algo pretencioso llamar peinados a lo que simplemente es un cabello corto, o un cráneo rasurado, ya que es así como aparecen los adultos en estas escenas. Baste para ello ver a los carniceros, o cerveceros, o joyeros. Es decir, los artesanos aparecen frecuentemente rasurados o con cabello muy corto.

En el caso de las mujeres, el hecho de que aparezcan con frecuencia con una melenita corta y cuadrada nos hace pensar que el estilo predominante entre ellas era este, y que efectivamente era su pelo natural, ya que no parece probable que usaran peluca para los extenuantes trabajos que realizaban.

En el caso de los niños, sí que tenemos seguridad absoluta de que les afeitaban la cabeza totalmente con el fin de evitar los molestos piojos y liendres. Los niños de la nobleza también solían ir rasurados, a excepción de unos cuantos mechones, por lo que vemos en las representaciones. Aunque esto debía ser incómodo, y creemos que era una manera de representarlos para ¿embellecerlos¿ de alguna manera, ya que este tipo de arreglo capilar no parece práctico en la vida cotidiana, y menos para niños. Las jovencísimas sirvientas nubias también llevaban estos mechones, aunque solían trenzarlos.

Los niños de la realeza podían llevar el pelo corto, o llevarlo rasurado, pero manteniendo un mechón en lo alto de la cabeza que dejaban crecer y que trenzaban en un mechón lateral que denominamos mechón de juventud, puesto que al alcanzar la pubertad, lo cortaban. En las representaciones, este mechón aparece azul, como imitando el pelo de los dioses.

Otro tipo de peinado que suponemos de pelo natural era el que utilizaban las bailarinas. Estas muchachas llevaban el pelo largo y lo utilizaban para acompañar los movimientos de sus danzas. Por supuesto no podrían utilizar pelucas para bailar sin que se les cayeran durante sus evoluciones. Hay representaciones en las que estas mujeres aparecen con el pelo suelto, o apenas sujeto por unas cintas.

Hay también representaciones en las que aparecen con el pelo corto, pero con un largo mechón en lo alto de la coronilla, el cual trenzaban con un disco o una bola de terracota que ponían en el extremo de la trenza. Esto suponemos que les servía para dar peso a la trenza y poderla hacer oscilar al ritmo de la música y configurar así algo equivalente a una coreografía.

ESTILOS DE PEINADO
Los sacerdotes, por su parte, aparecen representados de diferentes formas. Los sacerdotes de menor grado, como por ejemplo los lectores o los wab (puros) iban casi siempre totalmente afeitados.

Pero encontramos otros sacerdotes, como puedan ser el sem o el Iunmutef que suelen aparecer con peluca corta y redonda de la que denominamos ¿nubia¿. Particularmente, en el caso de los Iunmutef suelen estar representados con peluca corta y trenza lateral, como los niños. Este tipo de peinado era también el de los sacerdotes del clero del dios Ptah en Menfis, y siempre era peluca.
Ya hemos dicho que tenían un estilo de peinado para cada etapa de la vida. El curioso peinado con el que representan a las mujeres que están de parto nos confirma este hecho. Al parecer mientras duraba el trabajo del parto la mujer llevaba un moño despeinado e informal en lo alto de la cabeza, y sólo cuando el niño estaba dispuesto a ver la luz, ella soltaba sus cabellos, como vemos en las representaciones y en el jeroglífico.

Al parecer, recogiendo su pelo conjuraba a los espíritus malignos, y una vez estaban ya conjurados, ella soltaba el pelo como dando permiso al niño para nacer sin peligro. Pero este peinado igualmente era el utilizado para amamantar al bebé. Quizás cumpliera las mismas funciones mágico-religiosas de protección a la madre y al bebé. Pero en mi opinión podría tratarse de una idealización de la tendencia natural que tendría una mujer de recogerse el pelo en lo alto de la cabeza con horquillas, con el fin de paliar el calor y de evitar que cayeran cabellos al bebé que amamanta. Poniéndolo en lenguaje actual, parece lógico que una mujer de pelo largo que va a dar el pecho a un bebé, se lo recoja con una pinza en lo alto de la cabeza para mayor comodidad de ambos. Lo cierto es que siempre que aparece una escena de lactancia, la madre está representada con una especie de moño nada simétrico y bastante informal. Además de estar siempre sentada bajo una pérgola de clemátides, planta que al parecer tenía mucho que ver con la sexualidad y sus consecuencias, en este caso la maternidad. En la iconografía de imágenes de lactancia, casi siempre aparece igualmente un espejo y una sirvienta nubia, con los típicos mechones en su cráneo rasurado.
En cuanto a los extranjeros que visitaban o vivían en el Valle del Nilo, sólo los mencionaremos para contrastar las grandes diferencias que presentaban en el estilo de peinado. Los asirios, asiáticos, los pueblos del mar y los nubios siempre aparecían representados con sus estilos autóctonos de peinado. Y al parecer ninguno de esos pueblos tenía por costumbre el uso de pelucas.

LAS PELUCAS

Desde épocas muy antiguas aparece el uso de la peluca en Egipto. Para ilustrar esta afirmación debemos remontarnos a las figurillas votivas de fertilidad que ya aparecían con una enorme cabellera de terracota en la que había practicados unos agujeros que servían para insertar ramitas y fibras vegetales a modo de cabellera vegetal.

También en épocas posteriores se siguieron fabricando unas figurillas votivas de fertilidad en forma de pala de madera, cuyas espesísimas pelucas estaban hechas de cuerdas.

Ya hemos dicho que los egipcios se rasuraban por higiene, pero para mantener la estética hacían uso de pelucas en sustitución del propio cabello. Tanto el faraón, como los dioses, o los personajes de la realeza lucían diferentes pelucas dependiendo del rito representado, por tanto debemos pensar que existía cierta simbología en el estilo de la peluca, puesto que los egipcios hacían pocas cosas por que sí, sino que cada cosa obedecía a algo.

Vamos a centrarnos primero en las técnicas de fabricación. Las pelucas egipcias estaban hechas mayoritariamente de cabello humano. No parecen ciertas las afirmaciones de que fabricaban pelucas ¿baratas¿ con fibras de palma, o con lana, al menos para la parte ¿visible¿ de la peluca. Si que pudieron haber servido de relleno o de base. Lucas y Harris afirman en su libro sobre materiales en el Antiguo Egipto haber analizado microscópicamente 14 de las 15 pelucas que hay en el Museo Egipcio de El Cairo, y el resultado fue común: todas ellas estaban fabricadas con pelo humano castaño o castaño oscuro, se habían teñido de negro y habían sido impregnadas con cera de abejas. Por el contrario, ningún ejemplar de peluca de fibras de palma o de lana ha llegado a nuestros días. Parece, pues, lógico poner en duda su existencia.

Las pelucas, como tantas cosas, fueron idealizadas por los artistas en su afán de simetría, ya que los pocos ejemplares que han llegado a nuestros días no son tan nítidas ni elegantes como aparecen en las representaciones. Además de estar muy manchadas por la grasa de los conos.

La confección de una peluca seguía un esquema simple: El pelo natural, en mechones sueltos, retorcido o en trencitas se entrelazaba muy tirante entre las aberturas de un soporte almohadillado que podía ser de fibras vegetales. Para darle consistencia y fijar el cabello al soporte sumergían (sólo el soporte y la raíz de la peluca) en un líquido compuesto por resina y cera de abejas. La resina endurecida haría las veces de adhesivo y mantendría los mechones en su lugar. La cera le daría cierta flexibilidad y no se derretiría hasta los 60º por lo tanto la peluca quedaría en su sitio incluso en los días de más calor. Entonces, ya con la base fijada se podría proceder al peinado de la peluca. Se calcula que una peluca constaba aproximadamente de unos 120.000 cabellos como mínimo.

La famosa peluca rubia rizada del Museo Británico está hecha sobre un entramado de trencitas (unas trescientas, de 400 cabellos cada una) que deja aberturas romboidales por las que se pasan los mechones rizados de la coronilla, que forman una cascada de bucles en lo alto de la cabeza.
Las damas acaudaladas tenían sirvientas que cuidaban sus pelucas, y las repeinaban, mientras que en la clase baja, se arreglaban unas a otras, ya que no se puede trenzar el cabello de la nuca una misma. Las pelucas eran fabricadas por los barberos o por mujeres.

PELUCAS DE MELENA CUADRADA Y TRIPARTITA

Las pelucas femeninas que aparecen más frecuentemente en las representaciones del Reino Antiguo son las cortas cuadradas y las largas tripartitas. Las primeras son las típicas pelucas de melena corta cuadrada como la que luce la princesa Nofret en la estatua en la que está con su marido. Estas pelucas tenían raya en medio y el cabello muy abundante caía a los lados hasta el mentón más o menos sin llegar a los hombros. Cubría las orejas, aunque al parecer iban superpuestas, y no les importaba nada que el propio cabello apareciera por la frente. Normalmente, llevaban una diadema o cinta rodeando la frente.
Los hombres en el Reino Antiguo solían llevar su pelo natural muy corto o afeitado, aunque podían utilizar alguna peluca corta para actos específicos. En las representaciones parietales casi todos los obreros o campesinos aparecen rasurados.

Y no debemos dejar de mencionar a la más exótica de las reinas del REINO ANTIGUO. Nos estamos refiriendo a Meresanj III, la cual no sabemos si utilizaba peluca de pelo muy corto, o realmente instauró la moda de cortarse el pelo natural a lo chico en el Reino Antiguo. Pero lo que llama poderosamente la atención es el color rubio del pelo (o peluca) en aquella época de costumbres tan sobrias.

Las pelucas durante el reino medio.- Durante el Reino Medio las pelucas cortas cuadradas quedaron para las clases trabajadoras, mientras que las de pelo muy corto, casi como un casco, y las de pelo largo llamadas tripartitas fueron las más comunes.

Las pelucas tripartitas consistían en una melena dividida en tres partes, dos mechones a los lados que caían sobre el pecho, y otro mechón más grueso que caería por la espalda. Suponemos que esta disposición del pelo era una idealización más, ya que al menor movimiento las tres particiones se mezclarían y quedaría el pelo desordenado. Aunque también podían estar los cabellos impregnados de algo que les diera consistencia y les impidiera moverse de su sitio. Normalmente, estas pelucas no eran de trenzas sino de mechones gruesos y lisos, dejaban ver las orejas y también estaban peinadas con raya en medio.

LAS PELUCAS COMPLEJAS

Como casi todo en el Antiguo Egipto, las pelucas llegaron a su momento de mayor sofisticación en el Imperio Nuevo, con intrincados trenzados, y diferentes capas de pelo. Cada mechón acababa en un tirabuzón, o llevaba algún adorno.
Pero no sólo se utilizaba la técnica de la trenza sino también un torsionado del cabello formando mechones gruesos, que impregnaban en cera o grasa para mantenerlos torsionados y en su sitio. Quizás deberíamos considerar a los egipcios como los inventores de las rastras que tan de moda están hoy en día.
Estas pelucas complejas podían ser de pelo muy largo y abundante, pero también más cortas, solo hasta tocar los hombros, con aspecto más bien redondo y diferentes capas de pelo cortado y dispuesto en diagonal, logrando efectos sorprendentes.
Otro tipo de peluca muy utilizada por los hombres fueron las llamadas nubias. Estas pelucas eran cortas, redondas, pegadas a la cabeza casi como un casco. Este tipo de peluca, aunque preferida por los hombres, también fue muy utilizada por algunas mujeres con cargos de importancia o de carácter autoritario, como pudieron ser Hatshepsut, Tiyi o Karomama.

Por supuesto siguieron utilizándose las pelucas largas tripartitas, aunque ahora aparecían con trenzados y adornos en los extremos de los mechones o trenzas, y se pusieron de moda las llamadas pelucas Hathoricas, o de caracol. Esto consistía en arrollar el cabello de la peluca a un disco de material rígido formando dos caracoles sobre el pecho, casi con el aspecto de que llevaban los rulos puestos. Esto imitaba la iconografía tradicional de la diosa Hathor y fue muy popular entre las reinas de la Din XVIII. Aunque, una vez más ponemos en duda que estos discos se sujetaran a menos que estuvieran pegados o entrelazados con el pelo.
Según fue avanzando el tiempo la moda se liberalizó, y se adoptaron pelucas más largas y de aspecto más libre y salvaje, quizás debido a influencias extranjeras. Esta libertad adquirida en la realidad quedaba igualmente idealizada en las representaciones, donde aparecían las ondas perfectamente paralelas, aunque todos sepamos que esto no puede mantenerse así, a menos que estuvieran rígidas por algún producto que hiciera las veces de nuestras lacas. Y definitivamente, las melenitas cuadradas quedaron solo para las clases trabajadoras.
Las pelucas eran habitualmente de pelo oscuro, pero tampoco tenían empacho en teñirlas de colores, y así hemos visto pelucas azules, rubias y blancas. Para conseguir el azul utilizaban el índigo (indigofera tinctoria), y para los tonos rojizos la henna.
Las azules suelen ser las nubias que usaban los soldados y oficiales de élite. El color azul trataría de aproximarse al color del jeperesh o corona de guerra del faraón, y además al color de pelo de los dioses, quienes tenían el pelo de lapislázuli, y frecuentemente se los representaba con el pelo azul.
Y los demás colores formarían parte de la fantasía, como vimos en el caso de la reina Meresanj, si bien en el caso de pelucas blancas podrían estar queriendo indicar de la edad de los personajes representados.
En cuanto a los dioses de figura antropomorfa podemos decir que seguían un poco las modas de los mortales, aunque generalmente tanto dioses como diosas aparecen con peluca tripartita antigua, es decir sin trenzar, de pelo liso y azul, imitando el lapislázuli. No obstante en el caso de dioses niños siempre están representados con el mechón lateral de juventud, como es el caso de Ihy, Nefertum, Jonsu o Harpócrates.
Cuando los infantes de la realeza aparecían con peluca, esta era de tipo nubio corta y con el clásico mechón de juventud.


ADORNOS DE PELO
La diadema más antigua de la que tenemos referencia pertenecía a una princesa cuya tumba fue descubierta en Abydos. Consistía en una serie de cuentas de turquesa y malaquita con intervalos de anillitos de oro. Y una sección de cuentas de oro formaban el cierre trasero. Indiscutiblemente se trata de una diadema ya que fue encontrada en su lugar, es decir sobre la cabeza de la difunta. Esta diadema aún mantenía un fragmento de velo que cubría la cara. La datación de esta pieza se remonta al 3200 a.C., la época del predinástico que denominamos Nagada II.
Aproximadamente un milenio más tarde, ya en el Reino Medio aparecen nuevos ejemplares de diademas, que ponen de manifiesto el refinamiento alcanzado por la orfebrería en esta época. Los descubrimientos que nos han aportado mayor información en este campo fueron los de Lisht, de Dashur y de Lahun.
En primer lugar citaremos la sutil diadema de la dama Senebtisy, cuyo enterramiento descubrió Herbert Winlock en Lisht al lado de la pirámide de Amenemhat I, fundador de la Din XII. Se trata de una diadema calada formada por hilos de oro torsionados y formando un intrincado dibujo. Sobre la frente lleva un corazón invertido. Un total de 98 rosetas de oro adornan los mechones de su peluca.

Pero esta diadema no sería más que la versión plebeya de las exquisitas diademas que poseía la princesa Khnumit, hija de Amenemhat II. El tesoro fue descubierto en 1895 por De Morgan en Dahshur, cerca de la pirámide de su padre. Esta princesa fue enterrada con dos diademas, una de ellas más formal, y la otra una verdadera fantasía.


La diadema formal está compuesta de ocho grupos de adornos. Cada uno de estos grupos consiste en una roseta de oro y lapislázuli, con los pétalos de turquesa incrustada alrededor de un disco de cornalina. A los lados de las rosetas aparecen los Lotos del Alto Egipto fabricados en los mismos materiales. Para separar cada grupo aparece una de estas rosetas con un loto vertical. El elemento central de la diadema es un buitre de lámina de oro con las alas extendidas. Este buitre (seguramente una alusión a Nejbet o a Mut) presenta con gran detalle el plumaje del ave, y se cree que sus ojos tenían incrustaciones de obsidiana.

La otra diadema no por muy conocida deja de sorprender. Se trata de una diadema también calada, pero aún más sutil que la anterior. La forman seis elementos en forma de cruz de Malta, que consta de un disco central de cornalina rodeado por cuatro flores de papiro abiertas con incrustaciones de turquesa. De estos seis elementos parten alambres de oro, diez en total, en grupos de tres, cuatro y tres, que sostienen infinidad de pequeñas flores silvestres de cinco pétalos, y pequeños capullos de papiro.

Otra afortunada poseedora de preciosa diadema y adornos fue la princesa Sithathoriunet, de la época de Amenemhat III, Din XII, que fue enterrada al lado de la pirámide de Sesostris II en Lahun. El enterramiento fue descubierto por W.M.F. Petrie, aunque quien realmente lo sacó a la luz fue Guy Brunton. Esta diadema consistía en una simple banda rígida de oro con quince rosetas con incrustaciones. En la frente tiene un ureus desmontable con cabeza de lapislázuli. A los lados lleva unas tiras de oro que salen de debajo de una de las rosetas, y en la parte de atrás, se invierte este adorno, y se redondean las puntas para dar el aspecto de una doble pluma. Aunque los cilindros para el pelo los veremos después, la imagen de esta diadema nos muestra igualmente la técnica de adornar los mechones o rastas con cilindros de oro, cuyo peso total podía llegar a un kilo. El original de esta diadema esta en el Museo Egipcio de El Cairo.
Tenemos otra diadema que los estudiosos consideran de estilo hicso, o bien egipcia, aunque con influencias asiáticas. Se trata de una diadema rígida de electrum, con orificios en los extremos para los cordones que servían para atarla. En la banda de electrum hay unas curiosas rosetas de pétalos puntiagudos, casi como pinchos. Entre estas rosetas hay cuatro cabezas de gacela, dos a cada lado, y en el centro una cabeza de ciervo en tamaño algo mayor. Este ciervo tiene una cornamenta curiosamente espinosa. La fecha de datación de esta pieza como del II Periodo Intermedio no está contrastada.

Aunque no solo las mujeres llevaban diademas, sino que su uso era generalizado. Como muestra todos recordamos la famosa diadema de Tutankhamon, fabricada del modo tradicional de banda rígida y rosetas, con ureus desmontable. Igualmente igual que todos hemos visto faraones, sacerdotes y nobles utilizando estos adornos sobre sus pelucas.
En el llamado ¿tesoro de las tres princesas¿ aparecieron igualmente espectaculares diademas y adornos para el pelo. Estas tres princesas eran tres jóvenes sirias que formaban parte del harén de Tutmosis III. Una de estas diademas es la tradicional banda de oro con rosetas y ureus desmontable en la frente, si bien en este tesoro apareció uno de los elementos ornamentales para el cabello más sorprendentes del Antiguo Egipto.
Se trata de algo que podríamos llamar ¿cubrepeluca¿. Consiste en una plataforma de oro en lo alto de la cabeza de la cual cuelgan unas cuarenta tiras de rosetas de oro incrustadas con piedras semipreciosas de diferentes colores. Originalmente, tuvo 850 rosetas y debió llevar una fila de colgantes en la frente que han desaparecido. Estas rosetas son menores en la parte alta y mayores en los extremos. Cada tira termina en medias lunas. Estas tiras eran articuladas, y no rígidas. Cubren una peluca morena de pelo ondulado terminado en rastas o tirabuzones en las puntas, que asoman bajo las tiras de oro.
Ahora bien, las cintas, más o menos decoradas fueron sin duda el elemento más utilizado tanto para adornar, como para mantener la melena en su sitio sin que les cayera a la cara. Las cintas se usaban tanto sobre las pelucas, como sobre el pelo natural. Estas cintas iban atadas detrás y a veces caían por la espalda y podían ir pintadas, o teñidas, o bien llevar rosetas cosidas. Las rosetas podían ser incluso de metales nobles. En el caso de dioses y diosas, las cintas son el elemento predominante sobre sus tradicionales pelucas tripartitas. Las cintas de los dioses suelen ser blancas y sin más adorno que el nudo trasero.
Las guirnaldas de flores también eran muy usadas para adornar el cabello. Si bien este tipo de adorno era perecedero y por lo tanto muy puntual. Creemos que los egipcios gustaban mucho de tejer guirnaldas con flores y tallos, tanto para las mesas de ofrendas como para adornarse ellos mismos.
Es muy frecuente ver a las tebanas en los banquetes funerarios con guirnaldas de hojas y flores, y con una gran flor de loto cayendo sobre su frente. El perfume que emanaría esta flor debía resultar muy agradable. A veces no eran guirnaldas de flores verdaderas, sino cintas con las hojas y las flores pintadas.
Luego tenemos los elementos pequeños como son los pasadores, los cilindros, las rosetas o plaquitas y las bolitas de terracota.

Los pasadores también fueron muy populares, y se utilizaron fundamentalmente para sujetar los mechones de juventud, y las trenzas (quizás naturales). En las representaciones no queda claro cómo se sujetaban, pero quizás los ataran por detrás con algún cordel o hilo de metal.
Los discos utilizados por las bailarinas, y los que se ponían en los mechones delanteros de las pelucas hathóricas estaban hechos de terracota o metal, suponemos que hueco. En el caso de las bailarinas los llevaban entrelazados con su cabello. Pero en el caso de las pelucas hathoricas ya mencioné que sería muy difícil mantenerlos en su sitio de la manera que los vemos en las representaciones
En cuanto a los cilindros o anillos de pelo podían estar fabricados de diversos materiales desde la simple terracota al oro, material que estaría reservado sólo para la realeza y las clases altas, pasando por la pasta de vidrio, la turquesa, la cornalina, etc. Hemos visto antes la fastuosa peluca de la princesa Sithathoriunet con infinidad de estos cilindros de oro, como correspondía a una princesa.

Con las rosetas sucedía lo mismo, dependiendo del rango social del personaje (generalmente mujer) que las utilizase. Desde la terracota al oro, han aparecido multitud de estos adornos en muchos enterramientos. Tenían un anillo por la parte trasera para poder pasar el mechón o trenza.
En Nubia las mujeres solían trenzar su pelo natural y sujetar cada trencita con anillos o bolitas de barro pintado. Esto se sigue haciendo en muchos lugares de África.
Una mención especial merecen los amuletos que también tenían cabida entre los adornos del pelo. Entre ellos estuvieron muy de moda los pájaros con las alas apuntando hacia el suelo. En el enterramiento de Khnumet aparecieron 24 de estos pájaros, de factura bastante rudimentaria y que sin duda eran amuletos. Contaban con un aro posterior que serviría para meter los mechones o trenzarlos con ellos.

Si bien los más populares eran los que tenían forma de pequeño pez. Los peces eran un elemento que serviría de protección para no morir ahogado. Solían ponerlos al final de alguna de las trenzas. Una vez más los que usaban las mujeres de la realeza eran de oro.

LOS TOCADOS – GORROS
Genéricamente, denominaremos gorros a las prendas sin ningún tipo de borde o ala. La prenda a la que nos estamos refiriendo sería la que cubre la mayor parte de la cabeza, y no a la que cubre sólo la parte trasera o de la coronilla, como puedan ser los solideos usados por los hebreos o los sacerdotes cristianos. Más bien estaríamos hablando de un gorro parecido a lo que se lleva para el frío.
Muy pocos ejemplos de estos gorros han llegado a nuestros días, en parte porque no queda totalmente claro que sean gorros y no se los consideraba tales. Por ejemplo, entre las cosas de Tut se encontraron algunos objetos catalogados como gorros aunque resulta incierto si lo eran o no. También se encontró un solideo de cuentas que apareció en una caja con la inscripción especialmente fabricado para la cabeza del rey¿. Hay una intrigante descripción de Carter acerca de este solideo.

¿Debajo del paño de cabeza real había sucesivas capas de vendas cubriendo un solideo de lino real, que se ajustaba perfectamente al cráneo rasurado del rey, y estaba bordado con un elaborado dibujo de ureos en diminutas cuentas de oro y fayenza. El gorro se mantenía en su lugar gracias a una banda de oro a la altura de las sienes….Cada ureus del dibujo muestra en su centro el cartucho de Aton. La tela del gorro desgraciadamente estaba muy carbonizada y deteriorada, pero el diseño de cuentas no había sufrido tanto y estaba prácticamente perfecto, ya que estaba adherido al cráneo del rey¿.

Es decir, además de que han llegado a nosotros muy pocos ejemplos de estos gorros, no siempre se los reconoció como tales, y especialmente los de pedrerías han sido frecuentemente catalogados como ¿Bolsas de Cuentas¿. Por lo tanto los únicos que han llegado a nosotros son los de la realeza, y esto nos ilustra poco sobre el uso o fabricación de los gorros para la clase trabajadora.

Siempre se encuentran dificultades para saber si un determinado personaje lleva o no gorro, o si lleva peluca o es su verdadero cabello, ya que los dibujos son muy lineales y esquemáticos. Los gorros en particular se ajustan tanto al cráneo que solo si asoma algún mechón de pelo podemos asegurar que es gorro y no el cráneo rasurado.
Según algunas representaciones cabría deducir que el uso de gorros estaba muy extendido entre las clases bajas, y que lo utilizaban para proteger del sol su cráneo rasurado.

LOS TOCADOS – PAÑOS DE CABEZA

Por paño de cabeza conocemos la prenda consistente en un trozo de tela que cubría parcial o totalmente la cabeza. En general estaban confeccionados con un simple trozo de tela, con los bordes redondeados, pero no cosido en ninguna forma específica.
EN 1909 Davies presentó tres de estos paños al MMNY procedentes de una tumba del Valle de los Reyes. Dichos paños se hallaron fuera de una tumba, que entonces se sospechaba que pudiera ser la de Tutankhamon. Dos de ellos eran blancos y el otro estaba teñido de azul y era de tejido más grueso. Según Winlock el azul sería para ser usado sobre alguna peluca. Más tarde Carter los calificó de delantales.

De estos paños de cabeza había diversos tipos. Los más largos, incluso plisados, o rayados usados por la realeza, otros más ajustados y pequeños usados por los trabajadores, y luego la simple pieza cuadrada atada con algún cordón, usada por personas que trabajaban en lugares sucios o polvorientos (se les llamaba el paño de los aventadores).

Si exceptuamos los elementos de uso ritual, podemos decir que no existían tocados, o gorros propiamente dichos entre los egipcios, sino que simplemente quien necesitaba cubrirse la cabeza para evitar calor o suciedad, lo hacía con cualquier tela disponible.
Simplemente se lo ponían sobre el pelo, y lo sujetaban con una banda atada por detrás. También tendría el uso de sujetar el pelo, para que no se les viniera a la cara, y evitar que cayeran cabellos cuando preparaban comidas.

También había paños más grandes que se ponían sobre la cabeza, cubriendo la frente y poniendo el exceso de material por detrás de las orejas. Estos pañuelos también se usaban a veces atados de alguna manera en la nuca, un poco al modo de los piratas para trabajos fatigosos, o en el caso de plañideras.
Estos dos modos de colocarse el paño seguramente son el equivalente a los tocados que en el entorno real conocemos como nemes o afnet. Naturalmente en las vestiduras reales, los paños de cabeza están hechos de materiales más ricos.
Hay un curioso tocado que sólo utilizan unos bailarines llamados MUU
1. Los que interceptaban el cortejo fúnebre en la orilla izquierda, para indicar que se necesitaba permiso para entrar en la necrópolis. Estos llevaban un extraño y altísimo tocado de mimbre o cañas.
2. Eran los guardianes especiales, situados en la Sala de los Muu, desde donde vigilaban toda la necrópolis. También llevaban el mismo casco alto de mimbre.
3. Asociados a las Almas de Pe. Bailaban en parejas afrontadas, imitando la danza de los barqueros. Estos llevaban la cabeza desnuda o cubierta por un paño como el de los aventadores de trigo

INSTRUMENTOS DE PELUQUERIA
Para el cuidado de cabellos naturales y de pelucas contaban con instrumentos que, si bien eran rudimentarios, cumplían perfectamente la función para la que estaban destinados.

Sus peines estaban generalmente fabricados en hueso, marfil o madera, y algunos eran dobles, es decir con unas púas separadas para peinar y desenredar, y las otras muy tupidas. Esto nos hace pensar en unos peines que algunas personas hemos visto por nuestras casas en tiempos pasados, y que recibían el curioso nombre de ¿lendreras¿. Y efectivamente servían para arrancar las liendres adheridas a los cabellos. En el caso de estos peines egipcios su uso pudo muy bien haber sido el mismo.

Si bien para peinar el cabello natural debieron utilizar peines de puas separadas. No olvidemos que su pelo natural debía ser rizado y las puas separadas tirarían menos del pelo.
Para los arreglos de las pelucas además de los peines debieron utilizar otros instrumentos. Frecuentemente vemos en las representaciones como una peinadora está de pie detrás de su señora sentada cuidando su peinado. Esta peinadora no suele aparecer con peine alguno en las manos, sino más bien con algún tipo de horquilla o gancho para entrelazar o trenzar los mechones. Y también suele dejar algún mechón sujeto con una de estas horquillas, mientras trenza otro. Cuando hablamos de horquillas lo hacemos por dar una idea del uso, ya que en realidad eran más bien alfileres fabricados igualmente en hueso o marfil.
Para conseguir rizos uniformes o bien ondas en un pelo simplemente ondulado o totalmente liso contaban con tenacillas que calentaban al fuego. Las asas de estas tenacillas estaban hechas de algún material aislante para no quemarse al manipularlas.
Para lograr los tirabuzones en las pelucas, enrollaban el pelo en palitos de metal calentado o usaban las tenacillas. Esto daría forma a los cabellos, aunque de manera pasajera. El otro sistema sería enrollarlos a palitos de caña redonda y sumergirlos en la consabida cera y resina. Una vez secos, se rompería la caña y el tirabuzón quedaría hecho y rígido.
Una vez peinada y cuidada la peluca debía guardarse en un lugar adecuado para que no se maltratase y perdiera la forma. Para ello en muchos ajuares funerarios se han encontrado cajas para contener las pelucas. Suelen ser unas arquetas cuadradas con un soporte interior donde poner la peluca. La tapa es superior. A la mente de todos viene la caja de peluca de Tutankamón, o la de Merit, la esposa del arquitecto Kha, cuyo completísimo ajuar funerario nos ha arrojado mucha luz sobre temas de vida cotidiana.



Los perfumes egipcios eran bastante diferentes de lo que hoy en día entendemos como perfumes. Los perfumes actuales son líquidos y tienen en su mayoría el alcohol como vehículo. Por el contrario, los egipcios jamás destilaron sus aromas ni utilizaron alcohol como agente, sino que sus perfumes eran en forma de aceites o grasas perfumadas
.
Aunque de alguna manera ya iban entreviendo las bondades del vino (único alcohol del que disponían) para aligerar los perfumes demasiado fuertes. Pero eso lo veremos después.

El perfume como se conoce actualmente pudo tener su inicio en el Siglo IV cuando Aristóteles comenzó a destilar sustancias. Más tarde en el Siglo X los árabes perfeccionaron las técnicas y adquirieron gran maestría y renombre en el arte del perfume. Los elaborados y exquisitos perfumes árabes siguen gozando de gran fama, si bien a los occidentales nos parecen algo empalagosos, y generalmente, preferimos aromas más frescos.
En los albores de la Historia, los egipcios simplemente olían las flores y frutas al natural, o quemaban sustancias aromáticas solas, o mezcladas con aceite. Por ejemplo el incienso y la mirra no requieren más tratamiento que el de ser quemadas en un pebetero. Pero pronto se animaron a hacer combinaciones con diferentes hierbas, raíces, flores, maderas o semillas aromáticas, y aprendieron a fijar los aromas con otras sustancias.

Se conocen muchos perfumes egipcios por las recetas que dejaron en las paredes de los templos, en los llamados “laboratorios”. Estos tipos de perfumes también son mencionados por griegos y romanos, y sabemos que se vendían en los mercados de estos países.
Como en otros muchos aspectos de la cultura egipcia, nuestros informadores son Plinio (Naturalis Historia), Teofrasto (De Odoribus), Herodoto y Plutarco (De Iside et Osiride). Igualmente merece mención especial Dioscórides y su Materia Médica en la que nos ilustra sobre todas las hierbas y plantas, así como su uso. El también trató de revivir los perfumes a partir de las fórmulas antiguas. Por otra parte, al igual que en temas de alimentación y medicina, el romano Apicio y posteriormente Próspero Alpini nos sirven de nexo entre la antigüedad y nuestros días, gracias a sus estudios en estas materias.

Es bien conocido por todos la importancia que los antiguos egipcios daban a su aspecto físico. En esto, como en tantas otras cosas, podemos considerarlos una sociedad avanzada, a pesar de su antigüedad. Para ellos eran importantes los vestidos, las pelucas, las joyas, el maquillaje y, cómo no, los ungüentos y los perfumes, que en ocasiones eran más caros y apreciados que el oro o la plata.

Decía Plinio:
“El perfume tiene como característica ser la más superflua de las manifestaciones del lujo; las perlas y las joyas acaban perteneciendo a los herederos de sus dueños, y las ropas duran cierto tiempo, pero los perfumes pierden rápidamente su aroma y mueren a las pocas horas. Su principal cualidad es que cuando pasa una mujer, su aroma puede llamar la atención de otras personas, incluso de quienes están ocupados en otras cosas. ¡¡Y cuestan más de 400 denarios la libra!! Todo ese dinero se paga para dar placer a otros, ya que la persona que usa el perfume, no lo huele.”

IMPORTANCIA DEL PERFUME
Los ungüentos y perfumes les resultaron imprescindibles. No olvidemos que Egipto es un país extremadamente caluroso y seco, por tanto las grasas que hidrataban y suavizaban su piel eran una necesidad, que ellos a lo largo de su historia fueron convirtiendo en lujo. Es más, parece lógico que añadieran elementos aromáticos a estos ungüentos, en parte por placer, y en parte para disimular el olor a rancio que, sin duda, tendrían los aceites y grasas. Así, los perfumes jugaron un importante papel a la hora de mitigar los olores corporales y ambientales derivados del calor.

Desde las primeras dinastías, los perfumes y ungüentos formaron parte del ajuar funerario (recordemos los 7 aceites sagrados) y resultaron indispensables en los ritos de los templos. La calidad y el exotismo de los perfumes egipcios hicieron que fueran conocidos en todo el mundo antiguo, de manera que en el IM ya se comerciaba con todo el Norte de África y con Creta. Así, los perfumes y las materias para su elaboración viajaron con profusión por el Mediterráneo.
Encontramos referencias a este comercio en naufragios, yacimientos, en tablillas asirias, en Turquía en Creta y en Grecia. Incluso en Arabia (país famoso por su devoción a los perfumes) buscaron cosas nuevas en Egipto.

La evidencia más clara de esta afirmación la constituye el naufragio en la costa sur de Turquía de un barco de carga que había estado haciendo la ruta por diversos puntos del Mediterráneo cargando mercancías. Entre ellas había una partida de resinas. La fecha aproximada de este hecho nos viene dada por un sello de oro con el cartucho de Nefertiti, es decir, alrededor del 1350 a.C. Dicho cargamento constaba de cerca de cien vasijas de resina identificada como Pistacia terebinthus, un árbol que crece en Chipre, en Kios y en Palestina, y destinadas a Egipto para elaborar perfumes. Abundando en estas referencias, en un fragmento de vasija hallado en Amarna encontramos la siguiente inscripción:“Resina fresca perteneciente al capitán Ini, purificada para el fabricante de ungüentos Jaemuaset”

El tal capitán Ini pudo muy bien haber sido patrón de un barco similar al del naufragio de Turquía al que antes nos referíamos. Lo cual no hace más que darnos pistas sobre el constante comercio de sustancias aromáticas por el Mediterráneo.
El clima de Egipto favorece el crecimiento de multitud de flores y plantas aromáticas silvestres. Pero además, los egipcios cultivaron otras muchas especies en sus jardines, a veces traídas al Valle del Nilo desde otros países.
Ellos se sentían orgullosos de sus jardines, que les proporcionaban frescor, sombra, frutos y flores, y que constituían un lugar muy apreciado de la casa. Vemos con frecuencia pinturas en las que aparecen los jardines, y en las que especifican cada una de las especies que allí aparecen. Eran jardines ordenados, y casi siempre rodeaban un lago. Para ilustrar el tamaño de algunos jardines, baste el ejemplo del jardín de Nebamun en el que había:
·         170 palmeras datileras
·         120 palmeras dum
·          5 higueras
·          2 moringas
·         12 viñas
·         5 granados
·         16 algarrobos
·         5 espinos
·         8 sauces
·         10 tamarindos
·          5 acacias
·         2 mirtos
·         5 árboles desconocidos

Sabemos que los egipcios contaban con dioses para casi todos los aspectos de su vida cotidiana y para el Mas Allá. En el caso de los perfumes, también tenían sus patrones. El dios que habitualmente se tiene como patrón de los perfumes es Nefertum, dios habitualmente representado como un niño, o un joven surgiendo de una flor de loto, en clara referencia al ciclo solar puesto que esta flor se abre al amanecer, orientada al este y se cierra y desaparece bajo el agua en la oscuridad. Su nombre significa simplemente “El Loto”, y ya aparece citado en los TT.PP. como “el que no tiene igual” y “la flor de loto perfumada en la nariz de Ra”. Todos estos aspectos lo convirtieron en el dios de los aromas y los ungüentos.

Pero aún tenemos otro dios relacionado con los perfumes, se trata de Shesmu, que ya aparece en los TT.PP.. Es este un dios de figura antropomorfa, que a veces aparece como dos halcones que retuercen una red en la prensa. Lleva el título de “Maestro de los Perfumes” en los templos de Edfú y Dendera, por lo que aquí tendríamos al dios de los perfumistas. Quizás este patronazgo se debiera a su cualidad de “prensador”, ya que prensaba los cuerpos de los pecadores para obtener vino que dar a los difuntos y otorgarles fuerza. Por esto también se consideraba dios de las bodegas y del vino. Por tanto, pensamos que sea esta característica de manejar la prensa lo que le hace dios de todo cuanto se obtiene a través de prensa. Era un dios beneficioso en general, aunque maligno para los pecadores. Su contrapartida femenina es la diosa Shesmetet.

INGREDIENTES BASICOS
Hemos dicho que utilizaban como base de sus perfumes los aceites y las grasas. Los aceites más comúnmente utilizados eran:

• Moringa
• Balanos
• Ricino (mal llamado castor)
• Lino (linaza)
• Sésamo
• Alazor (cártamo)
• Almendra
• Oliva verde

En cuanto a las grasas, puede decirse que se usaba casi exclusivamente la de buey, aunque también usaban otras como la de oca o la de gato, esta última para preparados de uso doméstico que al parecer tenían la cualidad de mantener alejados a los roedores.
Los aromas que mezclaban para obtener sus perfumes eran bien procedentes de flores y hierbas, bien gomas y resinas, bien astillas de maderas olorosas o semillas secas.

Sus plantas aromáticas preferidas eran:

• Aspalato
• Hierbaluisa
• Cardamomo
• Canela
• Casia o falsa canela
• Junco
• Eneldo
• Henna
• Iris
• Enebro
• Lirio
• Loto
• Mejorana u orégano
• Menta
• Piñones
• Azafrán
• Nardo
• Andropogon
• Acoro aromático
• Y en época grecorromana, la rosa

Para sacar todo el aroma de los pétalos y hojas de estas plantas, tenían diversas técnicas de extracción. Pero el verdadero reto estribaba en capturar las fragancias así extraídas. Veamos estas curiosas técnicas.



METODOS DE OBTENCION DE LAS ESENCIAS
EXPRIMIDO:
Consistía en exprimir las flores y plantas aromáticas envueltas en una tela, ayudándose de dos palos que se giraban en dirección opuesta, copiando el sistema del vino y del aceite. Esta era una opción no muy usada por trabajosa y escasa de beneficio, ya que, aunque obtenían una especie de “jugo”, no lograban aprovechar todos los elementos aromáticos de las plantas.

“ENFLEURAGE”:
Consistía en intercalar flores sobre capas de grasa entre dos tablas. Estas flores, o pétalos se cambiaban una vez perdían su aroma (más o menos 24 horas) y se sustituían por otras frescas hasta que la grasa estaba saturada de perfume. Con esta grasa perfumada hacían pomadas y los famosos conos que vemos en las fiestas tebanas del Reino Nuevo, y que veremos más adelante.

MACERACIÓN:
Sumergían flores, hierbas aromáticas y semillas en grasas o aceites calentados a 65º C, luego lo ponían en un mortero y las seguían removiendo mientras el aceite o la grasa aún estaba al fuego (este sistema está descrito en algunas tumbas). Luego se filtraba y se dejaba enfriar. Si el producto obtenido era líquido (aceite) se ponía en frascos, y si resultaba sólido (grasa) se hacían bolas o conos.
Una alternativa a este sistema era cocer las flores y plantas en agua tapando el recipiente con una tela saturada de grasa. Dejaban evaporar toda el agua y luego rascaban la grasa de la tela, que habría quedado perfumada. Este sistema aún se usa en Egipto en la actualidad.
Los aromas conseguidos por medio de estos procedimientos solían mezclarse con gomas o resinas para fijar otros ingredientes y conseguir así algo parecido a los actuales “potpourris,” o mezclas de aromas.
En cuanto a las gomas y resinas, solían utilizar:
- Incienso
- Mirra
- Bdelia
- Resina de abeto
- Gálbano
- Terebinto
- Resina de pino

Aunque usaban diversas variedades de incienso, el más común era el denominado Boswellia o Comniphora pedunculata, originario de Sudan y Etiopía. La mirra eran las “lágrimas” amarillentas.rojizas de la Comniphora En el Reino Nuevo el incienso y la mirra dejaron de ser materiales de importación tras la expedición de la reina Hatshepsut al País del Punt (Somalia). En dicha expedición se trajeron árboles con sus raíces y tierra, y luego ya los cultivaron en Egipto donde crecieron perfectamente. Antes de esta expedición Egipto importaba grandes cantidades de mirra para el culto diario en los templos.
Los elementos secos como las resinas y las raíces, cortezas, maderas y semillas viajan bien y conservan su olor, por ello eran muy apreciados

FABRICACIÓN Y CONSERVACION
Para la preparación de perfumes se seguían cinco pasos genéricos:
1. Preparación del vehículo (pasta, líquido, etc)
2. Hacer el vehículo astringente
3. Preparar lo líquido (unos 2 litros y medio)
4. Preparar lo seco (unos 2 Kg y medio)
5. Añadir resinas y cocer

Con estas cantidades saldría alrededor de medio litro de perfume.
En la fabricación de los perfumes egipcios, vemos que no sólo eran importantes los ingredientes, sino que era vital la proporción entre los elementos y el momento exacto de la mezcla. Si no se tenía esto en cuenta, los perfumes no hubieran diferido mucho unos de otros, y, por ejemplo, olores como el de la canela o la resina hubieran predominado sobre todos ellos.
No solían colorear los perfumes, ya que sin los pigmentos se conservaban mejor. Pero algunas variedades sí que fueron coloreadas, quizás para darles mejor apariencia y hacer que fueran más apreciados.

Si acaso con el tiempo, los olores se hacían demasiado intensos les añadían vino de palma para aligerarlos. En esto ya intuían que el alcohol aligeraba y refrescaba los perfumes, si bien como dijimos, no llegaron a destilar sus perfumes.

Los perfumes bien almacenados podían durar bastante tiempo.. Se guardaban en alabastro o cristal, protegidos del sol y del calor. Sabemos que el perfume de mirra duraba unos diez años, y el de la casia y canela algo menos. Normalmente los florales eran más efímeros, si exceptuamos el de iris, que podía durar unos seis años, y si se almacena adecuadamente llega hasta los 20. Al parecer los aromas más duraderos eran los preferidos por los egipcios, y sobre todo, por las egipcias.

ALGUNOS DE LOS PERFUMES MAS CONOCIDOS
EL EGIPCIO: Era un perfume fuerte y duradero en el que predominaban el olor de la canela y la mirra. Como casi todos los perfumes caros era incoloro. El que tenía 8 años de antigüedad era mucho más apreciado que el reciente. No se sabe si este perfume se fabricaba siempre en Egipto, pero en el S IV aún se vendía en Atenas.

EL MENDESIANO: Originario de Mendes, en el Delta. Es un perfume fuerte de aceite de balanos, mirra, casia, resina y a veces, algo de canela. Es bastante parecido al egipcio.

METOPION (Perfume de Gálbano): Consta de Gálbano y aceite de almendras amargas. Era intenso y fue adoptado por los fenicios

SUSINUM (Perfume de Lirio): Este fue el nombre dado por Dioscórides al perfume cuyo principal ingrediente es el lirio. Han llegado a nuestros días dos recetas, la de Plinio y la de Dioscórides. En dos relieves de la dinastía XXVI aparece el prensado de los lirios. Este perfume era el más líquido de los aceites perfumados, y su perfume era apropiado para hombres.

IRINUM: Este constaba solamente de aceite base mezclado con flores de iris maceradas. También hay dos versiones de la fórmula, pero Dioscórides opina que la mejor es la que solo huele a iris, sin más ingredientes que molesten su aroma. Solían teñirlo de rojo con alkanna tinctoria (tres años después de su recolección) Este perfume ganaba con el tiempo y al parecer su mejor momento era a los 20 años de fabricado.

CYPRINUM (Perfume de henna): A base de aceite de oliva verde, cardamomo, acoro aromático, henna, aspálato y madera. Había tres fórmulas la de Teofrasto, la de Plinio y la de Dioscórides. Era verdoso y podía durar 4 años sin estropearse.

KYPHI: es el perfume más recordado y conocido de entre los que fabricaron los egipcios. No era uno de los ungüentos sagrados, sino que tenía dos utilidades primordiales. Una era la de servir de incienso y la otra como remedio de diferentes dolencias. E incluso si se ingería era antídoto contra la mordedura de serpientes y para tratar el asma.

Tenemos varias recetas para la fabricación del kyphi, que, aunque básicamente son iguales, si que presentan alguna variación. Las citamos por orden de antigüedad:
Papiro Ebers – 1500 a.C.
Ramsés III – 1200 a.C.
Maneton (via Plutarco) – 300 a.C
Edfu y Filae – 200 a.C
Dioscórides – S I
Rufus de Efeso – S I
Receta Siria – S II

De las recetas para fabricar kyphi que han llegado a nuestros días, dos permanecieron en griego. Galeno en el año 200 d.C lo menciona en un ensayo titulado “De los antídotos” Luego un tal Damócrates (médico ateniense) hace referencia al kyphi diciendo que ni crece en los árboles ni en la tierra, mientras que otros fumigadores como el incienso o la mirra si lo hacen, y que constaba de más de un ingrediente.

Plutarco nos desvela en su Iside et Osiride los dieciséis ingredientes con los que se preparaba el kyphi: miel, vino, pasas, juncia, resina, mirra, palo-rosa, seseli, lentisco, brea, junco oloroso, romaza, enebro gigante y enano, cardamomo y cálamo. De todas maneras ninguna de las recetas se pone de acuerdo en cuanto a ingredientes, y algunas de ellas llegan a citar cincuenta, mientras que otras, como la de Dioscórides, solo cita once, diez de los cuales aparecen en todas las recetas, sean griegas o egipcias.

Las referencias clásicas a los perfumes egipcios nos son de mucha utilidad a la hora de saber los usos que se daban a los perfumes. Por ejemplo Plutarco dice que en los templos se hacían fumigaciones tres veces al día:

Por la mañana incienso
Al mediodía mirra
Al atardecer kyphi

EL kyphi se utilizaba igualmente como inductor del sueño, por lo que podría considerarse como el precursor de la aromaterapia, que los egipcios no solo conocían, sino que dominaban y practicaban.
En tiempos anteriores a Ramses III el kyphi era también usado por la gente para perfumar sus casas y sus ropas, y para combatir el mal aliento. También se usó para aliviar el dolor de cabeza y la epilepsia, el dolor de oídos, y el dolor de estómago e hígado.

El kyphi perduró a lo largo de toda la historia de Egipto, e incluso en el S VI aún se conocía y usaba este preparado. Esto lo sabemos por una receta copta en la que se prescribe kyphi mezclado con mejorana y vino para tratar una enfermedad de la piel. Suponemos que usado de modo tópico y no ingerido.

La curiosidad despertada por el mítico kyphi encontró eco en nuestros días, y el día 3 de Abril de 2002, el diario francés Le Monde publicaba un reportaje en el que se daba cuenta de la investigación llevada a cabo por especialistas sufragados por una firma de cosmética, para poder revivir el aroma faraónico y presentarlo el dia 5 de Abril en El Cairo en la exposición Perfumes y Cosméticos en el Antiguo Egipto, organizada por el Museo de El Cairo, el Museo del Louvre y el Museo Arqueológico de Marsella.

TYRIAC: no era realmente un perfume ya que solo tenía el uso medicinal, aunque era un remedio aromático. También servía como antídoto contra mordeduras venenosas, y al igual que el kyphi se usaba para relajar la ansiedad.
Hacia 1574, el veneciano Próspero Alpini visitó Egipto, y a pesar de las grandes dificultades que encontró para desvelar el misterio del tiryac, logró averiguar los ingredientes, que eran nada menos que 57 plantas, más piel de serpiente y arcilla, todo mezclado con vino añejo o vino de granada y miel. Esta era la receta de 1574 preparada para el rey de Turquía y que se llamó Tiryac de Faruk. Hay otras recetas que alcanzan los 97 ingredientes. EL kyphi era uno de estos ingredientes para preparar tiryac.
Este preparado aún se puede encontrar en los bazares y herbolarios egipcios, aunque suponemos que la fórmula no sea exactamente igual.
Estos eran los más famosos, pero había otros como el Megaleion, el Cinamomium (canela) el Mirtinum (mirto), el Rhodinon (Rosa) y el de Salvia
Entre los perfumes sólidos, es decir con grasa como vehículo, destacaron el Amarakinon y el Sampsuchinon, ambos con mejorana u orégano. Normalmente la grasa usada era la de buey, que se derrite a los 37ºC. La grasa de oca, también era usada, pero se derretía más fácilmente y solo era posible utilizarla en invierno.
También había otros sin nombre, solo conocidos por el ingrediente dominante en su composición: Lirio, Iris, Henna, Mejorana, Canela, Mirto, Rosa, Salvia, Mirra, Loto, Mandrágora….

EN EL TEMPLO COMO SE USABAN LOS PERFUMES
Uno de los principales usos que tuvieron los perfumes fue en los cultos diarios de los templos. La naturaleza de los aromas, su sutileza, su volatilidad, parece que los convierte en el vehículo adecuado para entrar en contacto con lo divino
Se decía que el perfume era de “origen divino – salía de los huesos de los dioses y de sus ojos” y se los asociaba al ojo de Horus. Así, cuando el sacerdote mojaba el dedo meñique en el ungüento y ungía la estatua del dios, Thot le devolvía el ojo sano. Hay muchas inscripciones que nos muestran la importancia que dieron al incienso en el culto, como por ejemplo esta:
Llega el incienso
El perfume está sobre ti
El aroma del ojo de Horus está sobre ti
El perfume de la diosa Nejbet
Que llega desde Nejeb
Te limpia, te adorna
Se hace sitio entre tus manos
Saludos oh incienso
Trae contigo el ojo de Horus
Tu perfume está sobre ti

Tras los complicados ritos diarios de despertar al dios y hacer las ofrendas sólidas de comida, se procedía al aseo y purificación de la estatua. El incienso tenía la cualidad de apaciguar con su aroma la serpiente del ureus de la frente de la divinidad. Esta serpiente podía atacar al sacerdote si consideraba que los ritos no estaban correctamente realizados, y el dios era molestado.

Además de las fumigaciones con incienso se aplicaban los siete óleos sagrados de los que hablaremos luego. En la purificación de la imagen se incluía igualmente un rito de lavado de la boca con natrón disuelto en agua, igual que hacían los mortales.

En los templos existían “laboratorios” donde almacenaban los ungüentos sagrados. Pero no parece probable que se elaboraran allí dentro, ya que todos ellos requerían una larguísima cocción y no se han hallado restos de fuegos grandes en los templos. Esta inscripción de una jamba de Karnak así lo atestigua:
Su Majestad ha construido una cámara de almacenamiento de incienso para fabricar bolitas cada día, de manera que el templo esté siempre envuelto en el aroma del país del dios.
Las fórmulas en las paredes no sólo nos indican que allí fueron almacenados, sino que servían para asegurar el secreto y la correcta preparación y se perpetuaba el suministro. Igualmente se daba cuenta de lo “sagrado” del perfume o ungüento y su afiliación con la deidad del templo.
Sabemos que el perfume en los templos podía presentarse de tres maneras:

1. Quemándolo, como un incienso
2. En aceite
3. Como ungüento

Las fórmulas podían provenir del “Libro de los Ungüentos” citado en las paredes de Dendera, y las diferencias en el aroma podrían atribuirse a la base: grasa de buey, semillas secas o aceites perfumados.

COMO AJUAR FUNERARIO
De todos es sabido lo importante que era para los egipcios tener un ajuar funerario que cubriera sus necesidades en el Mas Allá. Y por supuesto, cosméticos y perfumes formaban parte de esas necesidades. En muchos enterramientos se han encontrado preciosos estuches con todos los elementos necesarios para la ceremonia de la Apertura de la Boca de la momia del difunto, en los que no faltan diminutos vasos destinados a contener algunos de los aceites sagrados que ya hemos mencionado.

Existía una lista de siete aceites sagrados destinados al rito de la Apertura de la Boca, si bien no todos ellos tenían consistencia de aceite y podían parecerse más a ungüentos. Estos óleos eran:

El del Festival:
EL Sefet:
El Nejemet:
El Tuat:
El de Cedro:
El Tejenu:
El Hekenu:

Según Lise Manniche esta lista de siete óleos se debe ampliar a diez variedades. Los aceites añadidos son:
El Madjet:
El Tisheps:
El Secreto de Min

RECIPIENTES PARA SU ALMACENAMIENTO
Los egipcios guardaban sus perfumes en frascos de los más diversos ricos materiales, oro, piedras duras, vidrios de colores y otros; Pero los más utilizados fueron de alabastro que les proporcionaba el vecino desierto de Libia. Los más corrientes tenían formas sencillas, pero algunas eran verdaderas obras de arte, como los que se encontraron en la tumba de Tutanhaamon y que se pueden admirar en el museo del Cairo.










Cofre para guardar joyas y amuletos



Introducción
Los antiguos Egipcios fueron muy aficionados a adornarse, tanto mujeres como hombres, y desde los más humildes hasta el faraón llevaban algún tipo de joya. A pesar de ello, la cantidad de piezas que ha llegado hasta nosotros es realmente mínima, en comparación con la que, seguramente, se produjo, lo que presenta cierta dificultad a la hora de estudiarla.
Normalmente las joyas son consideradas como un mero adorno, pero en el Antiguo Egipto, como en la mayoría de las civilizaciones antiguas tenían, además, un significado determinado: en la mayoría de las tumbas, tanto de personajes relacionados con la corte, como de miembros de la familia real, encontramos las paredes adornadas por pinturas y relieves con representaciones, bien de la vida cotidiana, religiosa o descripciones de la vida misma del difunto. A pesar de que muchas se encuentran en muy mal estado, otras nos reflejan, con amplitud de detalles, gran cantidad de información sobre la joyería utilizada por los diferentes personajes en distintas épocas de la Historia.

Los usos de la joyería fueron:
Como amuleto y protección: las primeras piezas de joyería son pequeñas piedras utilizadas como colgantes, de ahí derivarán los amuletos más conocidos, que se utilizarán solos o formando joyas complejas.
Para indicar rango ú oficio: Como en todas partes y épocas, las joyas sirvieron para indicar status y riqueza, así como el poder y prestigio del propietario.
Como premio militar ó civil: Una de las mayores ocupaciones de los joyeros era la de realizar condecoraciones para los oficiales premiados. La “Orden del Collar de Oro” quizás fue el más antigua de estos honores. El collar shebyu, formado por unos discos de oro macizo enfilados muy estrechamente, surge como parte de un premio honorífico por el valor militar.
Para adornar templos y palacios: Sabemos que muchos elementos arquitectónicos de los palacios y templos eran adornados o recubiertos con metales preciosos.
Para depositar en la tumba: Los Egipcios depositaban en sus ajuares funerarios todo lo que creían iban a necesitar en la vida del Más Allá, por lo tanto en las excavaciones de las tumbas se han podido encontrar gran cantidad y variedad de piezas.

Por motivos puramente funcionales: Grandes sellos cilíndricos de oro ó de piedras duras, con el nombre del Rey, eran confiados a aquellos oficiales que actuaban en nombre del Rey en actos oficiales Durante los Imperios Antiguo y Medio.
Por motivos rituales: Los collares menhat y contrapesos que eran utilizados por las grandes damas ó sacerdotisas como símbolos de su devoción al culto de la Diosa Hathor ó sus encarnaciones.

Materiales empleados
Los joyeros egipcios utilizaron una gran variedad de materiales como metales, piedras, productos animales, y otros fabricados por ellos mismos. Algunos eran obtenidos en las colinas y desiertos que rodeaban el país, otros de las criaturas que lo habitaban. Sin embargo, algunos de los más valiosos tuvieron que ser importados de lugares más lejanos. Eran elegidos, en su mayoría, no porque sus colores crearan un efecto particular, sino porque tenían un simbolismo y un significado amulético.
En el caso de la joyería funeraria, algunos eran estrictamente prescritos por las propiedades mágicas de su colorido. El suelo egipcio fue rico en yacimientos de diferentes piedras; el uso de éstas, algunas ornamentales y otras no, estuvo muy difundido en la joyería. La mayoría fueron utilizadas ya desde la época Badariense, sin embargo hubo períodos en las que alguna piedra estaba de moda, como la amatista en el Reino Medio y la esmeralda en la época romana.
Cobre. Fue el primer metal conocido por los egipcios, ya en el Badariense se utilizaba para fabricar cuentas.

Oro. La mayoría del oro utilizado se encontraba en territorio egipcio. Los principales yacimientos estaban situados en los desiertos montañosos del sur y sudeste de Egipto, en el Uadi Hammamat y en Nubia.
Electro. Es oro con un 20-25% de plata. Las evidencias sugieren que al principio no se conocía su relación con el oro y fue considerado un metal diferente, pero sabemos que durante el Reino Nuevo ya se producía artificialmente mezclando ambos metales.

Plata. La plata fue más rara que el oro en Egipto y probablemente por este motivo fue mucho más preciada hasta el Reino Medio, época en que comienzan a llegar las primeras importaciones de Asia. Toda la plata encontrada del Imp. Antiguo y Imp. Medio tiene una alta proporción de oro en su composición variando desde a un 3 8 a un 9 por ciento.

Agata. Se encuentra en Egipto, generalmente en forma de guijarros. Éstos han sido encontrados en enterramientos predinásticos en abundante cantidad y son conocidas tanto las cuentas de ágata, como las de onix de este período.

Amatista. Se encuentra en depósitos aluviales y en forma de geodas. Encontramos trabajos en minas de amatista datados en el Reino Antiguo, en el desierto occidental, a unas 40 millas al nord oeste de Abu Simbel, posiblemente también fueron utilizadas durante el Reino Medio.

Calcedonia. Se comenzó a utilizar ya en el Predinástico.

Cornalina. Fue la piedra más utilizada en la fabricación de cuentas desde el Predinástico, al principio para cuentas y amuletos, posteriormente para incrustaciones en joyas.

Esmeralda. Según algunos autores ya desde el 2000 a. C. se explotaron las minas situadas en las laderas de Gebel Sikait y Gebel Zubara, en el norte de Etlai aunque no hay datos sobre que se utilizaran antes de época romana.

Esteatita. Se localiza en Gebel Amr, cerca de Asuán, a veces vidriados. La mayoría de los escarabeos conocidos son de esteatita, muchos de ellos, vidriados.

Feldespato. Se han localizado pequeños cristales en Gebel Migif, desierto oriental así como en Uadi Abu Rusheid. Ya desde el Neolítico, aunque en pequeña escala, se utilizó para hacer cuentas. Lo encontramos en las joyas de Dashur y Lahun, de la Dinastía XII.

Hematites. Aparece en abundancia en Egipto. Se empleó con frecuencia ya desde el Predinástico.

Granate. Distribuido ampliamente en la naturaleza. Se encuentra fácilmente en Egipto, especialmente en Assuan, en el desierto oriental. Se utilizó para cuentas ya desde el Predinástico hasta el Imperio Medio, ocasionalmente lo encontramos en el Segundo Período Intermedio en forma de cuentas para anillos y collares hallados sobre los cuerpos de los difuntos.
Pectoral de la princesa Mereret XII dinastia Dahshur

Lapislázuli. A pesar de que se utilizó desde los primeros tiempos, no hay evidencias de que se haya encontrado en Egipto. Las minas más famosas se encuentran en el distrito de Badakshan, en la parte montañosa situada al noroeste de Afganistán. Se utilizó en Egipto desde el Predinástico para hacer cuentas, amuletos, escarabeos, así como para incrustaciones de joyería. En el Imperio Medio se utilizó mucho para incrustaciones.
Brazal de Sheshonq II

Malaquita. En el Sinai se extraía de las minas de Gebel Um Rinna al noroeste de Serabit el-Jadim. Ya en el Badariense encontramos el uso de la malaquita, hasta la dinastía XIX. Se utilizó para muchas cosas, entre ellas, para fabricar cuentas y amuletos aunque su objetivo principal fue para fabricar cobre.
Obsidiana. No aparece en Egipto, aunque sí en Abisinia, en Sudan, en Arabia, en Hadramant y en otros lugares como Armenia, Asia Menor y varias islas del Mediterráneo. Desde el Predinástico se utilizó en pequeñas cantidades, sobretodo como amuletos, cuentas, escarabeos y ojos para incrustar en sarcófagos y estatuas.

Turquesa. Aparece casi siempre en zonas áridas. Las minas de Maghârah y Serabit el-Jadim fueron las más conocidas y más utilizadas desde los primeros tiempos. En Magharah se han encontrado numerosas inscripciones, sobre rocas y estelas, que mencionan a la turquesa. La más antigua es de la dinastía III, el resto, principalmente, del Imperio Antiguo y del Imperio Medio.

Ambar. Conocido desde los tiempos prehistóricos fue utilizado como amuleto. También en Egipto se utilizó en joyería para amuletos y otros tipos de adornos como cualquier otra piedra, sobretodo, en época tardía.

Cascara de huevo de avestruz. La utilización de cáscara de huevo de avestruz es uno de los materiales utilizados más tempranamente en Egipto. Se hicieron con ella pequeñas cuentas en forma de disco y colgantes.

Conchas marinas. La gran mayoría de las conchas provenía del Mar Rojo, aunque también parece se utilizaron las encontradas en el Mediterráneo, las de agua dulce del Nilo y las que se localizaban en tierra. Las conchas son muy comunes en los enterramientos, especialmente en aquellos de las primeras épocas y su uso se remonta al Neolítico.

Concha de tortuga. Se utilizó en Egipto desde los primeros tiempos, de hecho, aparecen varias cuentas disco en el neolítico de El Fayum.

Coral. El primero se encuentra abundantemente en el Mediterráneo y fue un importante artículo comercial en época romana. Siempre se le atribuyeron un gran número de virtudes mágicas. De hecho fue utilizado como amuleto contra el mal de ojo. Todos los ejemplos conocidos del antiguo Egipto son de época tardía, prácticamente Ptolemaica a Copta, épocas en que se utilizan para amuletos o, más comúnmente, para cuentas o pequeñas piezas perforadas para colgar alrededor del cuello.

Cuerno. Se utilizó en Egipto desde las primeras épocas y en muchos enterramientos se han encontrado objetos hechos con él.

Hueso. Uno de los materiales naturales más utilizado por el hombre primitivo, ya que fue uno de los más fáciles de conseguir. Desde el Neolítico se utilizaron en Egipto y continuaron a lo largo de su historia. Con ellos se hicieron principalmente amuletos, cuentas, brazaletes, anillos.

Marfil. Fue ampliamente utilizado en Egipto desde las primeras épocas, perteneciente tanto a elefante como a hipopótamo. Es bastante fácil de tallar.

Faienza”. Cerámica barnizada y esmaltada. La utilización de este material va desde la época predinástica hasta el s. XIV d. C. Se utilizó mucho para hacer pequeños objetos, tales como amuletos, cuentas, escarabeos y piezas de incrustación.

Vidrio. Desde el Predinástico, los egipcios sabían cómo recubrir la esteatita con un vidriado alcalino azul ó verde, pero también como encender cuarzo en polvo con una substancia compacta cubierta con un vidriado de colores verdes y azules. Más tarde desarrollaron vidriado negro, rojo, blanco, amarillo y lila en el mismo cuerpo. Estos materiales podían ser fácilmente trabajados en formas de cuentas de varios tipos y medidas. La introducción del vidrio en una escala mayor y hecho intencionalmente lo encontramos durante el Imp. Nuevo. Las primeras piezas se fechan en el reinado de Tuthmés III. El real patrocinio del nuevo arte se ve en las proximidades de las fábricas de vidrio, en los palacios de Tebas, Amarna y Gurob.


Técnicas de trabajo
Los trabajos que realizaron dependían más de sus manos, de la calidad de sus materiales y del tiempo de que disponían para completar el trabajo que de la precisión y efectividad de sus herramientas. Son muy pocas las técnicas del oro utilizadas en tiempos modernos que no fueran conocidas por los egipcios ya desde épocas muy tempranas.
Cera perdida. Se prepara un modelo de cera de la pieza que se quiera hacer y después se envuelve con varias capas de fina arcilla. Cuando está seca se hace una perforación hacia el centro del núcleo de cera, se calienta, al fundirse la cera se sale y su lugar es ocupado por el oro fundido que se coloca en su lugar. Una vez fría se rompe la parte exterior para extraer la pieza. Evidentemente el molde solo se puede utilizar una sola vez por lo que no se puede utilizar para producir piezas en serie.

Soldadura. Fue realizada con gran maestría en muchos trabajos. El uso de la soldadura data de las primeras utilizaciones de oro para adornos, tanto en Egipto como en Asia y Europa. En Egipto los primeros ejemplos de soldadura en oro aparecen en la transición entre finales del Predinástico y comienzos del período Dinástico.

Moldes. Los egipcios tuvieron gran habilidad en realizar piezas de oro y plata a base de moldes. Se colocaba una fina hoja de oro entre el sello en que estaba grabado la pieza a reproducir y un material más blando como podía ser arcilla. Se realizaba una presión adicional golpeándolo con algo como un martillo.

Tabicado – Incrustación. La técnica decorativa del tabicado, una de las más utilizadas en las joyas faraónicas y era, en cuanto a ella, indudablemente egipcia. Muy antigua, está atestiguada desde comienzos del Imperio Antiguo. Las piedras ó vidrios se cortaban a medida de las celdillas previamente soldadas y donde se colocaban para formar el motivo de la decoración.

Cincelado y Grabado. La diferencia entre Cincelado y Grabado no es mucha y suele dar lugar a confusión. Grabado: un instrumento con punta puntiaguda y cortante forma un dibujo sobre el metal, retirándose. Cincelado: El metal es desplazado de la línea del dibujo, pero no quitado. Se realiza con una herramienta mucho menos afilada.

Repujado. Es el complementario del cincelado. Alternando el repujado con el cincelado, el metal puede ser presionado y martilleado en relieve que, si es necesario, puede ser algo más que medio redondo.
Granulado. Decoración hecha a base de minúsculos granos de oro soldados a la superficie del mismo material. Los primeros ejemplares decorados con esta técnica datan de la dinastía XVIII.

Calado ó ajouré. Formar un diseño a partir de una hoja de oro a la que se van haciendo perforaciones.
Recubrimiento con hojas de oro. Un uso abundante de hojas de oro es una característica de muchas categorías de los primeros trabajos de oro. Muchos trabajos de hojas de oro fueron utilizados para objetos eminentemente funerarios.

Filigrana. Decoración, en plata u oro, formada a base de hilos de metal que, a veces, forma un dibujo semejante al encaje. Está atestiguada por primera vez en Egipto en la dinastía XII.









La Música en el antiguo Egipto se empleaba en varias actividades, pero su desarrollo principal fue en los templos, donde era usada durante los ritos dedicados a los diferentes dioses y era utilizada como remedio terapéutico, como indican algunos papiros: de hecho, el signo jeroglífico para la música es el mismo que para bienestar y para alegría. Como en otros pueblos, también se consideraba un medio de comunicación con los difuntos, y los músicos alcanzaban una categoría tal que algunos están enterrados en las necrópolis reales.
No se conoce cómo era realmente ya que no desarrollaron un sistema para representarla, se transmitía de maestro a alumno, pero sí quedan algunos textos que permiten conocer algunos aspectos. También arrojan luz sobre este tema los instrumentos conservados en los museos y la representación en bajorrelieves y pinturas de instrumentos y bailarines, además de lo conservado por tradición oral por los cantores coptos.
En las casas de los dioses, los templos, se realizaban cultos diarios donde la recitación de textos sagrados iba pareja a la música, usada como vehículo de estas oraciones. El canto se consideraba la forma más eficaz de conectarse con lo divino y tenían inspectores de música que velaban por esa pureza musical. La lectura de los textos sagrados era realizada por el portador del libro ritual, el Heri-heb o sacerdote lector. Se cree que se recitaba de forma silábica (una nota diferente cada sílaba) y también melismáticamente (varias notas cada sílaba), propiciando un estado de concentración especial.
Se ejecutaban cantos y bailes para los dioses cada día. Todos los templos tenían sus músicos, cantantes y bailarinas. Las Hener, conjuntos formados por cantantes y bailarinas, o «las cantoras de Amón», eran algunos de los nombres que recibían.
En la fachada exterior de los templos o en sus zonas más públicas, se representaban obras dramáticas recitadas y cantadas, en donde se dramatizaban mitos y misterios religiosos. En estos dramas el clarinete doble ocupaba un importante lugar, al estar al aire libre.
En ritos funerarios en las mastabas se realizaban ofrendas de todo tipo, incluidas las musicales, para alimentar al ka y mantenerlo unido con los mortales. Las danzas eran de carácter simbólico y representaban el orden del cosmos; los instrumentos solían ser sistros, tablillas de entrechoque y palmas que marcaban el ritmo.

Se ha comprobado que en muchos templos tenían hospitales donde aplicaban la música como método de sanación.

Evolución
Por medio de las pinturas y las ofrendas encontradas en las tumbas, así como por el estudio de los instrumentos encontrados, se puede seguir una cierta evolución de la música. Al principio sólo tenían instrumentos de percusión, por lo que es evidente que la música era rítmica. Por las imágenes conservadas sabemos que se usaba para invocar el favor de los dioses sobre la cosecha, o para ahuyentar las plagas.
En el cuarto milenio aparecieron la flauta vertical y el arpa, siendo esta última una especie de instrumento nacional de los egipcios.

Imperio Antiguo
Es muy posible que durante el IV milenio, abierto como estaba a múltiples influencias, Egipto entrara en contacto con Mesopotamia, a juzgar por los muchos instrumentos comunes a ambas civilizaciones que se han encontrado. En numerosos relieves de la V Dinastía –contemporánea poco más o menos a las tumbas reales Ur- todavía se aprecian instrumentos relacionados con los de Mesopotamia (los más primitivos, castañuelas y matracas, fueron pintados antes, pero las “trompetas” que aparecen en las pinturas de naves funerarias tal vez representen instrumentos que se usaban para disfrazar la voz humana más que para generar sonidos).

Y aunque es cierto que casi ningún instrumento completo del Imperio Antiguo (2.635-2.155 a.C.) ha sobrevivido, los bajorrelieves y las pinturas en general son más exactos que los mesopotámicos, y es posible fiarse más del uso de sus nombres.

La música era religiosa, cánticos de los sacerdotes durante los ritos litúrgicos. Por el estudio de los instrumentos, de los que hay numerosas representaciones, se ha llegado a la conclusión de que seguían una escala pentatónica o heptatónica.

Se conservan los textos de muchas de esas ceremonias –como los Cantos de Isis y Nefti, que constituían un ritual de cinco días de duración-. Sin embargo, debido a que los cantos se transmitirán oralmente, desconocemos su escritura musical, pero sabemos que los cantores empleaban un lenguaje de signos (“Quironomía”) con las manos, para indicar a los instrumentales las notas o acordes que tenían que tocar.
Los poemas utilizados en esas ceremonias hacen suponer que la música adoptó la forma de cantos alternados entre dos sacerdotes, combinados con solos a cargo de las sacerdotisas, que representaban a la Diosa Isis. A la mitad de la ceremonia, un chantre masculino cantaba un himno a Osiris. Con frecuencia, el canto era acompañado por instrumentos.

Instrumentos:
De viento: §
-Flauta recta (Seba), de caña vertical, con cuatro a seis agujeros, que se tapaban con las falanges y no con las yemas de los dedos. sin boquilla y de casi un metro de longitud. Subsiste hasta el día de hoy con los nombres de nay y uffata en las músicas cultas y populares de Egipto. Producían un sonido claro en los agudos y tenue en los graves, muy parecido a la voz humana.

-Un clarinete doble (ma’, met,), que consistía en dos tubos paralelos de caña con lengüeta, de igual longitud, que sonaban al unísono. Es el actual instrumento egipcio denominado zummarah. Tal vez se tocara la misma melodía de forma duplicada, con ligeras variantes, tal y como se realiza en la práctica actual, o bien se tratase de alguna forma de estereofonía o de una práctica de bordón.

-Trompeta, de cobre o plata, que se usaba en los desfiles militares y para el culto a los muertos, eran metálicas, similares a la trompeta palestina.


De cuerda:
-Arpa de seis a ocho cuerdas muy decorada. Se ha encontrado una en la necrópolis de Guiza de circa 2000 a. C. Se apoyaba en el suelo, y su cordal de una sola pieza recuerda aun al más antiguo arco musical. El mismo desemboca en un resonador ancho, en forma de pala, que a menudo lleva pintados ojos de dioses, destinados a contrarrestar las desgracias. Sus cuerdas se fijaban en la parte inferior de una barra de afinación, que hipotéticamente podría haber servido para cambiar la afinación de todas las cuerdas, tal y como se realiza en la actualidad con le juego de pedales del arpa moderna. En la iconografía se ve el arpa como instrumento acompañante junto a cantantes, flautistas, etc., y en alguna ocasión formando parte de una orquesta (se ha encontrado una representación de una orquesta con siete arpistas).

-Guitarra, de tres cuerdas, con un mástil el doble de largo que el cuerpo.

De percusión:
-Címbalos,
-Tambores,
-Sistros, instrumentos de percusión con un marco de madera en forma de U, un mango y barras cruzadas que sostenían unas placas metálicas, que fue variando a lo largo del tiempo. Los hay de varios tipos: hay que distinguir el sesheshet (con una naos que sostiene a un Horus sobre el techo) y el sistro sehem (tiene forma de herradura cerrada por la parte superior; el mango suele aparecer con una cabeza de Hathor). Contaban, a su vez, con el menat o collar hathórico, realizado con un contrapeso metálico, símbolo de renacimiento. El sistro es un instrumento egipcio que produce un sonido de susurro de cañas. Está dedicado a la diosa Hathor, una de las protectoras de la música.


Intérpretes:
-Jufu Anj, cantante y flautista de la corte.
Los grupos de músicos, sentados por los común, incluyen en general un arpa, algunas veces dos, y una flauta larga –quizá sólo un bajo-; cada instrumentalista queda enfrentado a un cantante que tiene la mano izquierda junto a su oreja izquierda, mientras hace signos convencionales con la mano derecha en lo que, tal vez, sea un código mnemónico (el lenguaje de signos que hemos denominado “quironomía”) y nos traen con fuerza el recuerdo de los signos manuales que se utilizan hoy en el canto litúrgico copto.
Algunas veces, como también se observa en las pinturas mesopotámicas, el cantante se aprieta la laringe.

Imperio Medio
El Imperio Medio (2.134-1.650 a.C.) se llegó a utilizar los mismos instrumentos que en el período antiguo, pero se ha observado también la aparición de otros nuevos, en particular un arpa más pequeña, portátil, de hombro, en las que –como en las mayores- la caja de resonancia estaba muy ensanchada y, correspondientemente, la consola acortada.

El tambor cilíndrico (seben) era ya conocido, así como también dos nuevos tipos de sistro (instrumento esencialmente de templo y de gran simbolismo) con un marco en forma de estribo hecho de cerámica, madera o metal (sekhem), o con la forma de una casa pequeña o templo estilizado.; una parte del mango está formada a imitación de la cabeza de Hathor, diosa del amor y la alegría, en cuyo culto tenían un papel importante las danzas acompañadas por el sistro.
Por otra parte, bajo el poder de los reyes hicsos, que gobernaron gran parte de Egipto desde el 1.650 hasta el 1.550 a.C., aparecen en las pinturas elementos extranjeros, aunque los mismos hicsos no dejaron literatura ni arte gráfico. E incluso antes de ello, una pintura en una tumba de Beni Hasan (cf. 1.890 a.C.) que representa a un beduino que va a visitar al gobernador del nomo de Oryx, incluye a un hombre que toca una lira exactamente del mismo tipo “nuevo” que había sido introducido en Mesopotamia poco más o menos por esa misma época, quizá por obra de algún otro pueblo semita nómada, tal vez hebreo.

Imperio Nuevo
Después de la expulsión de los hicsos, bajo la XVIII Dinastía –la primera del nuevo reinado (1.150-1.080 a.C.)-, el país inició su período más brillante de desarrollo artístico, un período que no sin justicia ha sido comparado con el del Renacimiento italiano. Fue la época de los templos de Karnak y Luxor, el período del mal llamado hereje Ajenatón y de su reina Nefertiti en Amarna, y el de Tut Anj Amón, restaurador de la religión antigua, en Tebas.

Entre tanto, las relaciones internacionales se mantuvieron activas. Hacia el siglo XVI a. C., los egipcios comenzaron a relacionarse con los pueblos mesopotámicos, y apareció un estilo nuevo, enfocado a los bailes profanos, con nuevos instrumentos llegados de Asia como el oboe doble, con dos cañas colocadas en ángulo, una para ejecutar la melodía y otra para el acompañamiento. En esta época llegó a Egipto el laúd de dos cuerdas, con un mástil mayor que el mesopotámico. El estudio de estos dos instrumentos indica el comienzo de un sistema con empleo de semitonos.

Evoluciona sobre todo el arpa, con un número de cuerdas entre ocho y 16 y con la caja de resonancia de forma curvada y adornada, usada por los sacerdotes. Aparece también un arpa más pequeña, de tres a cinco cuerdas, que se apoyaba en el hombro. Algo más tarde, aparecieron unas pequeñas de sobremesa para acompañamiento de cantores, y otras mayores, de la altura de un hombre, usadas por los sacerdotes.

La lira de siete cuerdas se hizo con brazos curvados con gracia y de longitud distinta, de modo que el yugo no era paralelo con respecto a la caja armónica; no se naturalizó por entero, aunque en los tiempos de Ajenatón las muchachas que la tocaban con un pectro, sirias, y su nombre distintivo más antiguo (cf. 1.200 a.C), kenanawr era semítico. En este último período los brazos tienen la misma longitud y terminan con la forma de cabezas animales.


Las trompetas evolucionan, y se les coloca un aro metálico en la embocadura.

Los crótalos, se fabrican en marfil, con dos largas asas terminadas en espirales.
-Se añade a la gama de tambores uno rectangular.
Obras: Himno a Atón, de Akenatón, y algunas poesías.

Periodo Tardío
En el transcurso de este largo período, la cultura egipcia se vio invadida cada vez más por influencias extranjeras, disolviéndose finalmente en la cultura general del Mediterráneo oriental.
Hay una doble vertiente: por una parte, llegan numerosos instrumentos nuevos, como tambores de vasija, platillos, nuevas flautas, que probablemente vinieron acompañados de nuevos sones, todo esto proveniente de Grecia.


Por otra parte, en las casas de la vida se enseña la música antigua, como nos cuentan Heródoto y Platón, que aseguraba tenía efectos benéficos sobre los jóvenes.

De tiempos de los ptolomeos es el primer órgano, inventado en el siglo II a. C. por Ctesibios de Alejandría (246-221 a.C.), que funcionaba con presión hidráulica, y de época posterior conocemos el himno cristiano del papiro de Oxirrinco, que se cantaba sin instrumentos (prohibidos por la jerarquía eclesiástica).
Claudio Ptolomeo, miembro de la Academia, escribió un tratado de teoría musical llamado Harmónicos; pensaba que las leyes matemáticas regían los sistemas musicales.

Posteriormente, gran parte de la antigua cultura egipcia pasaría, ya en época cristiana, a la iglesia copta (las campanillas usadas en la misma copta, por ejemplo), y más adelante, al mezclarse con las civilizaciones árabe e islámica, originaría nuevas formas musicales. A este respecto, distintos tipos de instrumentos perduran aún en diversas regiones del norte de África.

Es posible, además, que la música y la danza populares del valle del Nilo –especialmente las empleadas en determinadas festividades- conserven todavía algunos eslabones que las vincules a las formas antiguas, los cuales constituirían interesantísimas reminiscencias de tales formas.

Notación Musical
A pesar de todas las investigaciones realizadas al respecto, actualmente todavía no se ha descubierto la notación musical. Se cree que no buscaban una fijación de la estructura melódico-armónica, que es el sistema con el que se rige nuestra música occidental actual. Se piensa, más bien, en una estructura numérico-rítmica. Platón, en su tratado sobre las Leyes, escribe: «Parece que hace tiempo los egipcios establecieron la regla (musical) de que la juventud de un estado debería practicar en sus ensayos posturas y entonaciones que sean buenas. Prescribieron éstas en detalle y las fijaron en los templos, y fuera de esta lista oficial estaba, y aún está prohibido a los pintores y todos los otros reproductores de posturas y representaciones, introducir cualquier innovación, tanto en tales producciones como en cualquier otra rama de la música sobre las formas tradicionales… En lo que respecta a la música ha resultado posible para las entonaciones que poseen una corrección natural decretarlas mediante ley y consagrarlas permanentemente (…) Tenían un modelo establecido en la búsqueda de Maat».

No sería descabellada la posibilidad (contando con que su sistema estuviera escrito en los templos, tal como señala Platón) de encontrar similitudes con una antigua notación griega que representaba las notas con letras; según su duración cambiaban de posición, de color o giraban sobre su eje (lo cierto es que aparecen signos jeroglíficos girados sobre su propio eje).

Por otra parte, sus escalas buscaban aplicar el Maat y por eso se basaban en las leyes universales y no en meras cuestiones musicales. Parece ser que usaron la escala pentatónica, usada extensamente en Oriente, pero fue derivando hasta la escala de siete notas o pitagórica. No hay que olvidar que Pitágoras, padre de nuestro sistema musical, estudió en Egipto, así que lo que nos transmitió puede proceder del viejo país de Kem.















La cerveza era un elemento esencial en la alimentación del Antiguo Egipto. La había de diversos tipos, amarga, dulce, de malta, de dátiles, de trigo y de cebada, aunque la más habitual era la de cebada, pero también se utilizaba una especie de trigo de color rojo, denominado espelta de origen Palestino.
Estaba considerada junto con el pan como fundamental, y se atribuía su invención al dios Osiris, espíritu de los cereales, quien los hacía germinar gracias al riego de las aguas del Nilo. Los dos elementos formaron parte de la alimentación básica de las masas populares de los antiguos egipcios.
De la importancia de la cerveza en el Antiguo Egipto, nos da idea el hecho de que era considerada junto con el pan como “dos nuevos ojos” y su invención, atribuida nada menos que a Osiris, el hijo de Nut, Señor de Abidos y de Busiris, dios y juez de los muertos, siendo por ello el espíritu de los cereales, el que los hacía germinar y regenerar anualmente en el lodo del Nilo.
Si bien en Sumer y Akab ya se consumía cerveza, es a los egipcios a los que se atribuye su invención y en especial su producción “industrial”, siendo su consumo de enorme importancia para la población del Alto y Bajo Egipto tanto como elemento de comida por su gran poder alimenticio, como por sus aplicaciones medicinales de acuerdo con los informes que en los Textos de las Pirámides, papiros y estelas han llegado hasta nosotros desde hace mas de 4.500 años.
Fuentes más próximas las tenemos en el considerado por Cicerón “Padre de la Historia”, Herodoto de Halicarnaso, quien nos da en su libro dedicado a la musa de la poesía lírica una referencia exacta : “Bebían vino hecho de cebada” (Euterpe,77), o explica que en los convites de la gente rica, a modo del “carpe diem” de los romanos, cuando había acabado la comida un sirviente pasaba a la redonda un ataúd, imitado a la perfección por el labrado y pintura, tamaño de un codo o dos, y al enseñarlo, decía a cada uno de los comensales “Mírale, bebe y huelga, que así serás cuando mueras” (op. cit.78) y cuando un ciudadano recibía a un invitado en su casa, a modo de saludo, le decía la frase: “Tu boca está llena de pan, de carnes, de dulces, de vinos y de cerveza”.

También, Diodoro de Sicilia, nos habla, ya en época tardía, que se podía beber en Pelusium (actual Port Said) un tipo de cerveza fuerte, tanto o más que el vino, que podía alcanzar más de 14º.


Elaboración
Existen suficientes pinturas y grabados, así como figuras en los que se representa la elaboración de la cerveza, y hasta en las tumbas – entre ellas la de Amenofis II- se explica el ciclo completo de elaboración, desde la recogida del cereal, la elaboración de tortas de pan, el malteado, amasado y filtrado, guardado, transporte de barriles en barcos y las fiestas donde se degustaba. Principalmente las que elaboraban dicha bebida eran las mujeres.
Elaboración de cerveza en el antiguo Egipto.

En contra de lo generalmente creído, la materia prima principal, no era la cebada (Hordeum exastichum ) llamada “it”, más cara de precio, sino una especie de trigo rojo llamado espelta (triticum dicoccum) nombre “bdt” y “bty”, que tiene dos granos en cada espiguilla, originario, posiblemente de Palestina.
Quizá, sea en la tumba de Ty, según Juan de la Torre, dónde se encuentre una buena fórmula y en general, para elaborar la cerveza, se procedía a hacer germinar los granos de cereal (normalmente trigo, cebada o mijo) mediante humidificación, ya que el almidón, por sí mismo no puede fermentar.

De esta fase inicial, se conserva en el Museo Nacional del Cairo escrita en jeroglífico, una tablilla que indica cómo hay que proceder: “Hay que dejar macerar e inflar los granos de cebada durante un día en agua clara. Después, hay que humedecerlos con agua y escurrirlos en un recipiente o bandeja con agujeros en su base. Después se seca y se infla al sol”.

Durante el proceso de germinación, es cuando se produce la enzima diastasa que es la que realiza la hidrólisis del almidón y permite la producción de la maltosa, azúcar necesario para convertir el cereal en malta.

Hay un papiro, el de Zózime, dónde se nos describe el proceso y la fórmula de fabricación de esa bebida-comida según un médico de Panoplis: “Los granos germinados de cebada y espelta se trituran en un mortero, y con su harina, se fabrican panes de cerveza, que una vez horneados se dejan algo húmedos en su interior y una vez fríos, se trocean introduciéndolos en jarras con agua y azúcar. Después, se le añade la levadura y cuando termina la fermentación, se trasiega en una cuba, diluyéndose y tamizándose varias veces estrujando la masa y guardándose el líquido final en ánforas y almacenándose en cuevas frescas”.

El azúcar a que se refiere, al no conocer los egipcios el de caña ni el de remolacha, es el natural producido por los dátiles o por la miel, bien extractado o directamente con estas materias primas.

Las normas de fabricación de cerveza eran muy estrictas y se regían muy de cerca en cada nomo o provincia de Egipto por el nomarca o príncipe, que daba cuentas directamente a la Administración del faraón y al final, se procedía a sellar la jarra con arcilla cocida, para certificar la calidad y autenticidad de la cerveza mediante una inscripción jeroglífica en la tapa del recipiente, que no se tocaba hasta la operación de “apertura de la jarra” para evitar mezclas, siendo todo ello muy vigilado por las normas estrictas de cada cervecero.

Se solían también hacer tortas de harina del cereal o usar panes cocidos o endurecidos e inservibles para la comida, y una vez deshechos en migajas, se amasaba una masa pastosa con agua a la que añadían dátiles, mandrágora, azafrán o comino para darle un particular aroma o sabor además de prolongar su tiempo de consumo, evitándose que el líquido se agriase.

La cerveza se fabricaba a partir del pan cocido en moldes. El proceso consistía en verter sobre ellos una pequeña cantidad de agua, para reblandecer la pasta antes de la cocción. Los panes se colocaban en un recipiente muy amplio, apoyado en una tinaja de boca ancha, añadiendo un producto líquido generalmente a base de dátiles machacados, después de haberlos limpiado.

La mezcla se trabajaba y amasaba bien sobre una especie de gran cesta que apoyada sobre una jarra, permitía colar el líquido, fruto del prensado del mismo. Esta tarea era ejercida tanto por los hombres como por las mujeres. Finalmente se traspasaba a las tinajas, momento en que ya comenzaba el proceso de su fermentación. El líquido resultante, filtrado y posado, constituía un producto omnipresente en la vida cotidiana del país del Nilo.

La cerveza egipcia era densa y con una gradación alcohólica superior a la de hoy, aunque existían varios tipos de esta bebida, como dejó bien expuesto Herodoto en su libro Euterpe, cuando nos dice: “los egipcios bebían una especie de vino hecho de cebada”.

Existían varias clases de cerveza, de hecho los egipcios bebían cerveza desde la infancia. A los lactantes, se les destetaba con una bebida denominada zythum, que era una cerveza clara, hecha con agua, miel y harina de cebada.

Los adolescentes recibían un ánfora, que les indicaba la cantidad máxima del preciado líquido, que podían llegar a consumir, y los adultos fabricaban su cerveza según sus propios gustos, pudiendo llegar a una graduación casi comparable con la del vino.

La cerveza era también usada como medicina, especialmente como remedio a los males intestinales, también para curar heridas, y como antídoto contra las habituales picaduras de escorpión.

Cuando alguien moría, antes de proceder a su embalsamado, se le lavaba con cerveza, y cuando ya estaba momificado, se procedía a dejar en sus mastabas funerarias, varias jarras para que le acompañaran en el Más Allá.

La cerveza no era tan rubia ni refrescante como la actual, se trataba de una bebida oscura, densa y acida, con una concentración de ácido láctico veinte veces superior a la normal, y con un porcentaje alcohólico de diez grados. Era más bien pastosa y junto con el pan, constituyó durante mucho tiempo la dieta de la población egipcia.

De esta manera se explican los comentarios que el autor griego Ateneo describió sobre la cerveza fabricada en el delta del Nilo, de la que decía que: “era tan fuerte y sus efectos tan estimulantes, que quienes la consumían bailaban y cantaban como los intoxicados por el más fuerte de los vinos”.

En Egipto se distinguían en general dos tipos de cerveza que eran los más corrientes, la dulce y la amarga. Una de las primeras descripciones sobre la fabricación de la cerveza, fue la realizada y descrita por Zosimos de Panópolis, en un papiro cuya antigüedad data del 2800 a.C. en el cual describe una cerveza bastante común denominada Bouza.


La existencia de datos sobre la cerveza, queda reflejada en los antiguos Textos de las Pirámides, narrando las actividades antes descritas en las ceremonias funerarias. En el Museo de El Cairo, existe una buena documentación de papiros y tablillas, con curiosas explicaciones de su uso en el Antiguo Egipto.

Se da la circunstancia que esta cerveza aun la encontramos hoy en día en Egipto, con seis métodos diferentes de elaboración. Se bebe en pequeños bares parecidos a las antiguas tabernas, en vasos como si fuera vino. El abuso de este tipo de cerveza, por su alta gradación y por su elaboración artesanal, con una higiene a veces no demasiado cuidadosa, no es muy recomendable.

El oficio de cervecero
Entre los signos jeroglíficos relacionados por Gardiner desde el Imperio Antiguo hasta la época Ptolemaica, se conocen al menos tres del oficio de cervecero, siendo su jeroglífico el siguiente:
Y famosos fueron los maestros cerveceros de Alejandría y de Pelusium, siendo de particular importancia y de tal realce social el título, que hasta tenían a veces derecho a tumba en la necrópolis de Tebas, tal y como nos reseña un “cono funerario” existente en el Museo Egipcio de Barcelona, referido al nombre de uno de ellos: “Jefe de la dotación de aves, cervecero de Amón, Ab-em-usejet”, que vivía en la época de Amenofis I de la XVIII Dinastía y ostentaba diversos cargos, tales como “Jefe del almacén de la esposa del dios, Ahmose Nefertari”.

De los tipos y calidades de la cerveza se nos habla profusamente en multitud de documentos, siendo el más antiguo el de la Pirámide de Unas, de la V Dinastía, o sea, hace más de 4.500 años, en el encontramos la denominada “tnm”, pero a lo largo del desarrollo de las siguientes veinticinco Dinastías descritas por el sacerdote Manetón, se han encontrado reseñas de hasta 17 tipos de cerveza, si bien cada maestro cervecero, factor’a o nomo tenían sus peculiaridades y particularidades y por tanto es posible que hubiese más.

Había cervezas hecha a base de trigo rojo, espesa, malteada, fuerte, especial para ofrendas, hecha con cebada del Alto o del Bajo Egipto, dulce, “de perecer”, salada, con dátiles, etc.

El contenido alcohólico variaba según el proceso de fabricación desde los 4¼ de la cerveza común hasta los 14º o más de la cerveza fuerte.
Dentro de las consumibles, estaba la más común, un liquido espeso y turbio, sin gran contenido alcohólico, con poco gas carbónico, mientras que las clases más ricas, la tomaban más elaborada y mezclada con sustancias aromáticas.

Tipos de cervezas y fiestas en las que se usaba.
Como curiosidad, la transliteración del nombre genérico “cerveza”, hnkt, dado que la forma de escritura egipcia carecía de vocales, podría leerse más o menos como Henekt, de sonido gutural parecido a Heineken.

La cerveza egipcia difería bastante de la actual y en especial en su aspecto: era en muchas ocasiones muy espesa, tanto, que no se bebía, sino que se “comía” en unos cuencos al estilo de lo que es hoy el gazpacho, el puré, o el salmorejo. Consistía en una masa pastosa y turbia con bastantes impurezas, aunque para mayor sofisticación, se filtraba convenientemente y tras un proceso más elaborado, también se bebía. Su destino principal era la comida, dado su alto contenido proteico y de hidratos de carbono.

El pueblo egipcio llano, el campesinado , tenía como base de alimentación el pan, la cebolla y la cerveza y si bien era usada con este destino alimenticio, también se usaba como medicina (una de las mejores fórmulas la indica un papiro del Imperio Nuevo introduciendo una cebolla en una jarra de cerveza), tal y como se transcribe en los diversos papiros médicos como el de Ebers, así como medio de pago (durante el reinado del faraón Ramses III, en el s.XIII a.JC los trabajadores se declararon en huelga por falta de pago en especies, principalmente, la cerveza, siendo esta la primera noticia de huelga de la historia) o como de uso lúdico en los distintos festejos como el de Sed celebrado a partir del primer día, del mes Tybi, primero de la estación de Peret o de la germinación, que duraba una semana y de la que se conocen testimonios desde el Imperio Antiguo (tablillas del faraón Den encontradas en la pirámide escalonada de Dyeser de la III Dinastía) hasta el siglo IV a.JC, celebrándose en la llamada “hut het renpwt” o “Casa de Millones de Años”. Otro festival importante, donde se consumía en especial cerveza era el de Shoiak, mes anterior al de Tybi dedicado a “Los Misterios de Osiris”.

Al margen de estos usos más o menos normales en la actualidad, existía el consumo de la cerveza en las ofrendas a los muertos, que servían para alimentar al duplicado espiritual del cuerpo, el llamado Ka durante su viaje al reino de Amenti, quinta estación que atravesaba la barca nocturna de Ra en su viaje través el mundo subterráneo de Amduat.

Estas ofrendas se realizaban normalmente en cantidades de miles, tal y como observa en la siguiente inscripción jeroglífica tipo escogida de la “Estela de Maat” actualmente en el Museo Metropolitano de Nueva York:
“Una ofrenda que da el rey a Anubis quien está sobre la montaña, quien está en la cámara de embalsamamiento, señor de la tierra sagrada .Una invocación de ofrendas, consistente en mil panes y cervezas, mil bueyes y aves, mil vasos de alabastro y ropas de lino”.

O la que a continuación se transcribe, como ofrenda a su “inventor” Osiris: Ofrenda que da el rey para Osiris, Señor de Busiris, Señor de Abidos, para que pueda dar una invocación de mil panes, mil cervezas, mil bueyes y aves y jarras de alabastro y mil vestidos de lino para el Ka de la Señora de la Casa Neferet.

Los egipcios, creían que el difunto era acompañado por Anubis, el dios chacal hasta la “Sala de las Verdades” donde debía ser juzgado por 42 dioses que actuaban asesorando al dios de los muertos Osiris, y si el espíritu era puro, éste se salvaba y estaba preparado para ir a los campos de Yaru, donde los cereales crecían el doble que en la tierra.

Una vez realizado el embalsamamiento del cadáver y convenientemente vendada con tiras de lino la momia, ésta era introducida en uno o varios sarcófagos y llena de amuletos protectores se acompañaba del “Libro de los Muertos”, realizándose la entrega de ofrendas.

Estas, materializadas en cantidades de cerveza, panes, aves, etc., una vez pasado un tiempo prudencial, pasaban a poder de los sacerdotes del templo que, lógicamente, daban buena cuenta de ellas consumiéndolas como comida y bebida.

Se seguían los ritos indicados después de introducir la momia en su sarcófago y trasladada a su tumba, los sacerdotes recitaban los pasajes del texto, y en boca del “más allá”, Atum decía: “Que pueda alimentarme de panes de trigo blanco y beber cerveza de cebada roja”.

Era tal la importancia de la cerveza, que cuando Uadyed, diosa tutelar del Bajo Egipto, nos habla en los mismos textos, dice “… mi pan es Pe, mi cerveza Dep y este poder me pertenece. Mi poder es pan y cerveza…”

En realidad, la ofrenda de cerveza es obligada para los dioses que van a proteger al difunto y además servían para mantener la alimentación física del Ka.

El Capítulo 79 de los Textos de las Pirámides nos dice “…recibo las ofrendas que provienen de mis altares, bebo cerveza durante el crepúsculo” (capítulo79) y “Tú que das pan a Ptah ¡Oh grande que habitas en la Gran Morada, dame pan, dame cerveza..” y en el ritual de ofrendas, comida preliminar del Texto de las Pirámides, declaración 49, se nos dice: “¡Oh Osiris Rey! Toma el fermento que brotó de ti, cerveza, copa de piedra negra”, o en la misma pirámide de Unas, en los textos más antiguos conocidos: “¡Oh Rey! Toma el Ojo de Horus, que ha sido arrancado de Set y reservado para ti; tus labios se abran con él , con cerveza, copa de piedra blanca” … “¡Oh Rey!, toma el ojo de Horus y provéete de cerveza”.

Cada ofrenda realizada, puede llamarse Ojo de Horus, una jarra de piedra blanca ,el ojo derecho y una jarra de piedra negra, el ojo izquierdo, según Faulkner.
Como se observa, esta era una bebida importantísima en el Antiguo Egipto, siendo muy considerada en la vida social, tanto, que Ptah-Hotep, el visir Del Rey Isesi de la V Dinastía, en sus interesantes “Enseñanzas”, nos muestra la forma con la que hay que comportarse y de cómo y con quien debían beberla: “No te sientes en una cervecería para juntarte con otro mayor que tú, tanto si es joven pero grande por su cargo, como si es anciano por su nacimiento. Toma como amigo a un hombre de tu condición”.

Y por último, en otro texto, cuando había que dejar de tomarla, como poner límite a su bebida y los peligros sociales que entrañaba su exceso, con lo que se ve que no han cambiado mucho ni los usos, ni las costumbres… ni la forma de vida: ”Si has comido tres panes y bebido dos jarras de cerveza y tu vientre no ha satisfecho, domínalo!… no te descuides al beber cerveza, no sea que digas algo malo y no sepas lo que has dicho. Si te caes (borracho) y te haces daño, nadie te echará una mano”.

























Las fiestas sagradas en Egipto
El análisis del calendario egipcio, confirmándonos la fuerza de la tradición, nos revela la ingeniosidad de sus métodos, a menudo muy alejados de los nuestros: “Yo he establecido por decreto las ofrendas para todas las fiestas de la necrópolis; la fiesta del comienzo del año; la del año largo, la del año corto, la del último día, la gran fiesta, la fiesta de los grandes calores, la de los pequeños calores, la de los cinco días añadidos al año, la fiesta en que se lanza el sable, las doce fiestas mensuales, las doce semimensuales, cada fiesta de vivos y muertos bienaventurados”.

El estudio hecho sobre el número de fiestas anuales prueba que los egipcios tenían de promedio 105 días de vacaciones al año. Se distinguían las fiestas del calendario (día del año, comienzo de estación…), las fiestas agrícolas (crecidas del Nilo, siembra, cosecha…), las fiestas religiosas nacionales, las fiestas reales (coronamiento, regocijo) y las fiestas funerarias. Pero fueran las que fueran las razones de la fiesta, esta era siempre para el egipcio un momento en el que se efectuaba la unión con el principio superior: el tiempo, la Naturaleza, el cosmos o el faraón. Esto es así porque la religión (recordemos que religión quiere decir unir, religar) era el eje fundamental de cada una de estas manifestaciones populares. Los sirvientes del dios, que no olvidaban sus fiestas, venían de todos los alrededores para adorarle.

En su honor se hacía cerveza, se sentaban en el quicio de las puertas, en la frescura de la noche, porque “el nombre del dios circulaba sobre los tejados”. Todo el pueblo se cubría de ungüentos y se ponía a beber.

Los anales de Edfú señalan como causa de la fundación del templo de Horus que el día que fue “enviado a su Maestro” fue una fecha memorable: “La ciudad estuvo de fiestas, los corazones llenos de alegría, todos sus alrededores en regocijo; el ruido de sus gozos atravesaba los espacios abiertos, sus calles estaban llenas de manifestaciones alegres, las provisiones se esparcían con abundancia; el humo de las ofrendas se elevaba hasta el cielo; el vino chorreaba en las calles, tal era la inundación que salía de las dos cuevas; el olíbano se quemaba en el incensario mezclado con granos de incienso; la ciudad brillaba de tal explosión festiva, toda frondosa de flores; los profetas y los padres divinos estaban vestidos de lino fino, los acompañantes del rey se habían puesto sus atavíos reales, y las jóvenes estaban hermosas; el júbilo estaba por todas partes y la alegría a lo largo de todas sus calles; hasta el alba no se podía dormir.

En medio de todas las fiestas, de toda esta felicidad expresada sin contención, Egipto se anima, vive, ríe y baila; pero no olvida, sin embargo, que estas demostraciones son un homenaje rendido a los dioses, porque ellos renuevan sus pactos con la Naturaleza y con los hombres.

Si queremos comprender el verdadero sentido de la fiesta en el Egipto antiguo, debemos concebirla como “feliz reencuentro”. Cada fiesta provoca el reencuentro. Y este reencuentro se vive en la alegría y en el encantamiento.
Como dice un viejo himno con ocasión de una coronación real:

“Alégrate, país entero, los días pasan para reír y maravillarse”.

¿Cómo confundir este pueblo desbordante de vida con los supuestos enterradores amargos? ¿Cómo no entender la música que se eleva todavía de las manos de las arpistas tan delicadamente representadas en sus frescos? Este pueblo era feliz porque sabía que un padre velaba por él, que era el faraón, el mismo nacido de un Padre celeste, que era el dios.

Esta familiaridad natural con las potencias del cosmos hacía que el egipcio fuera un hombre capaz de vivir en fiesta perpetua. Que la Naturaleza se renueve es ocasión de regocijo; que los dioses se vuelvan a encontrar es ocasión de festejarles; que el faraón se muera es ocasión de celebrar el nacimiento de un nuevo dios. Esta capacidad de entusiasmo, es decir, de despertar dioses y Dios en uno mismo, y ese optimismo sabiamente disciplinado por un estado coherente y capaz de dosificar las pruebas a través de ritos iniciáticos unidos a la Naturaleza y por la armonización del juego de la razón y del sentimiento, pueden haber sido el gran secreto de la longevidad de este pueblo.

¡Qué imagen fatigada y taciturna encontramos volviendo las páginas de su historia en un mundo en que las fiestas son más bien enterramientos, y de los que solo el aspecto mecánico ha sido desarrollado!

Para vivir la felicidad hace falta primero saberse contentar con pocas cosas, seguir las enseñanzas de los sabios del antiguo Egipto y estar atento y disponible para todo aquello que hay de posible en lo que la vida nos aporta.
¡Que la fiesta sea el feliz reencuentro del hombre y su dios interior, del pueblo con su rey, del sacerdote con Dios!

La institución de estas fiestas sumamente antiguas se atribuía al dios Ra. Durante estos días de diversión, la liturgia era particularmente solemne, el curso ordinario del culto cotidiano se interrumpía; se añadían al ritual cánticos especiales, se decoraba el templo, la ciudad se iluminaba.

Las ofrendas afluían en gran número por el tropel de huéspedes que llegaban al templo, sobre el altar portátil rodeado de una cortina, colocado sobre una barca sagrada que transportaban los sacerdotes. La procesión se desarrollaba en el patio, en los alrededores inmediatos de la vivienda del dios. Sin embargo, durante los meses de las grandes fiestas, la estatua divina recorría el campo o navegaba sobre el Nilo haciendo numerosas escalas. Era el momento de consultar al dios, que respondía a las preguntas por oráculos.

Hay que recordar que el culto de los dioses se efectuaba de forma cotidiana siguiendo un ritual muy preciso. Los sacerdotes comunicaban cada día con la Divinidad, como nos lo precisa Drioton: “Los ritos comenzaban por la mañana temprano (…). El sacerdote de servicio encendía las lámparas, rellenaba el incensario y procedía a una primera fumigación para propagar en la habitación un olor agradable. Hecho esto avanzaba hacia el naos (…) y abría los batientes. La estatua aparecía ante sus ojos, por supuesto inerte y adormecida, pues la Divinidad no había descendido sobre ella todavía. El sacerdote se prosternaba y recitaba un himno de adoración. Después, alzándose, daba el abrazo a la estatua. Este gesto, el del hijo que quiere sacar a su padre del sueño, “despertaba” al dios y hacía descender su alma divina. El culto propiamente dicho podía comenzar”.

El servicio del dios se ritmaba por los movimientos del sol en el cielo. En la Época Baja y, sin duda, ya en el Imperio Nuevo, comprendía tres fases correspondientes a la salida, apogeo y puesta solar. La más importante era la fase matinal. Las ofrendas habían sido preparadas antes de la aurora en los talleres del templo y los sacerdotes se habían purificado en el lago sagrado, penetrando simbólicamente en el principio de la vida de donde el mundo había surgido en el momento de la creación y de donde surgía cada año la tierra de Egipto en el momento de la inundación, dispuesta para una nueva recolección.
Después, dando la vuelta al templo, vertían el agua y encendían el incienso (“el que hace divino”) para alejar los principios hostiles que hubieran podido deslizarse en el recinto. Los alimentos del dios eran llevados en procesión en una de las salas del templo, donde se levantaban pequeños altares consagrados.

El oficiante principal abría las puertas del santuario, apresuraba al dios para que se despertara y abría las batientes naos en el momento en que el astro de vida aparecía en el horizonte. La luz naciente penetraba al dios de la energía del nuevo día. Los alimentos se disponían entonces delante de la estatua, con una representación de la diosa Maat, símbolo del orden cósmico, que insuflan al dios la fuerza necesaria para la renovación cotidiana de este orden. Después, la estatua era desvestida, lavada, vestida de nuevo, adornada y nuevamente ungida, incensada y purificada. Naos y santuario quedaban luego cerrados hasta la mañana siguiente.

El servicio de mediodía consistía solamente en aspersiones de agua y fumigaciones de incienso. En el curso de la tarde se procedía a la renovación de ofrendas.

Este culto tenía por fin recordar el ciclo perpetuo del Sol, del cosmos y de la vida. El sacerdote aseguraba la exactitud de este ritual activando cada aspecto de la jornada y cada aspecto del año. Por las fiestas, el pueblo egipcio se encomendaba a la ronda del tiempo durante los momentos adjudicados a la Naturaleza y a la vida. Si añadimos a este ciclo estacional tributario de la danza de los astros las interacciones estelares que los egipcios consideraban fundamentales, podremos comprender, como decía el poeta, que para los egipcios “el universo es un templo y la tierra un altar”.

Participar más conscientemente en los ciclos es vibrar en un plano menos denso, ser más sensible a las llamadas del mundo invisible. ¿Por qué, en efecto, quedar encadenado a nuestro mundo material de todos los días y olvidar que nuestro planeta se eleva, como un pájaro a través de los espacios siderales?


Calendario de fiestas
El calendario del sistema del antiguo Egipto es único a la cosmología de los egipcios y su religión. A diferencia del moderno sistema de calendario juliano, con sus 365 días a un año, los egipcios siguieron un sistema de calendario de 360 días, con tres estaciones, cada una compuesta por 4 meses, con treinta días cada mes. Las estaciones de los egipcios se correspondía con los ciclos del Nilo, y eran conocidos como Inundación (pronunciado akhet, que duró desde el 21 de junio al 21 de Octubre), Aparición (pronunciado proyet que duró desde 21 de octubre al 21 de Febrero), y el verano (se pronuncia shomu que duró desde el 21 febrero al 21 de Junio). Calendario de Kom Ombo.

El comienzo del año, también llamada "la apertura del año", se caracterizó por la aparición de la estrella Sirius o Sirio, en la constelación de la Osa Mayor. La constelación surgió aproximadamente el 21 de Junio. Y fue llamado "el camino de la diosa Sothis". La estrella es visible justo antes del amanecer, y sigue siendo una de las estrellas más brillantes en el cielo, situada a la parte inferior izquierda de Orion.

Aunque los egipcios tenían un calendario de 360 días, en un sentido literal, en verdad tenían un calendario de 365 días. El inicio del año estuvo marcado por la adición de otros cinco días, conocidos como días epagómenos.Los días epagómenos, que no forman un mes propiamente dicho, recibían el nombre de “los que están por encima del año”, pero también eran conocidos como “nacimiento de los dioses”, pues se creía que en esos días habían nacido los dioses Osiris, Horus, Seth, Isis y Neftis. En copto, estos cinco días eran llamados piabot nkoyxi “el pequeño mes”. Estos otros cinco días, fueron tiempos de gran fiesta y celebración para los egipcios.

El calendario egipcio constaba de tres estaciones: akhet (crecida), peret (germinación) y shemu (cosecha). A su vez, cada una de estas estaciones estaba dividida en cuatro meses de 30 días cada uno, cuya correspondencia de manera aproximada era la siguiente:

·          Mediados de julio-mediados de noviembre.
·          Mediados de noviembre-mediados de marzo.
·          Mediados de marzo-mediados de julio.

Pero además de estas tres estaciones habían cinco días denominados epagómenos, por lo que en total el año constaba de 365 días. Pero las estaciones se iban adelantando, de manera progresiva debido a la discrepancia de un cuarto de día que había entre la duración del año egipcio y el año solar real, con lo cual cada año comenzaban un poco antes las estaciones.

Multitud de fiestas estaban programadas a lo largo del año, sobre todo las que se celebraban cada luna nueva y las relacionadas con cada una de las estaciones.

Todas las fiestas y ofrendas previstas, se registraban de manera muy cuidadosa y eran inscritas en los muros de los templos desde el Imperio Antíguo.

Las principales fiestas del calendario egipcio eran:
.- Akher: estación de la crecida
·         Primer mes: Inauguración del Año Nuevo; fiesta de Wag en honor a Osiris; Fiesta de "La Partida" de Osiris en Abydos, fiesta de Thot; fiesta de la embriaguez en honor a Hathor.
·         Segundo mes:fiesta de Ptah en Menfis; fiesta de Opet en Tebas.
·         Tercer mes: fiesta de Hathor en Edfú y Déndera.
·         Cuarto mes: fiesta de Sokaris y fiesta de Sejmet

.- Peret: estación de la germinación
·         Primer mes: fiesta de Nebebkau: fiesta de la coronación del Halcón Sagrado en Edfú; fiesta de Min: fiesta de La Partida" de Mut.
·         Segundo mes: fiesta de la victoria en Edfú.
·         Tercer mes: fiesta de Amenofis.
·         Cuarto mes: fiesta de Renenutet

.- Shemu: estación de la cosecha
·         Primer mes: fiesta de Jonsu; fiesta de "La partida de Min".
·         Segundo mes:la Hermosa fiesta del Valle en Tebas.
·         Tercer mes: fiesta del Hermoso Encuentro en Edfú y Déndera.
·         Cuarto mes: fiesta de Ra-Horajty; fiesta del Año Nuevo.

Durante los días epagómenos las fiestas se dedicaban a Horus, Osiris, Seth, Isis. y Neftis. Se celebraban sucesivamente durante los cinco días.


La fiesta de la embriaguez
El 15 del mes de Toth de la estación de Akhet se celebraba la Fiesta del Nilo o de la Embriaguez. Era el momento de la llegada de Hapi, que apostaba por la renovación de la vida en la tierra de Egipto. En el curso de una ceremonia, el rey bailaba delante de la estatua de Hathor en Denderah y se ofrecía a la diosa un cántaro de vino antes de entregarse a las libaciones. El primer día del año o salida de Sirio llegaba también durante el mes de Toth.


La fiesta de Opet
La fiesta de Opet, una de las más importantes del año, tenía lugar en el mes de Phaophi de la estación Akhet. En el Imperio Nuevo duraba once días. En esta ocasión el dios Amón dejaba su templo de Karnak para dirigirse con gran pompa al templo de Luxor, donde volvía a encontrar a su esposa. Después, en su barca, el rey conducía al dios hacia su lugar de origen. La columnata del templo de Luxor, decorada por el rey Tutankhamon, muestra el desenvolvimiento de la fiesta, que comienza por una ofrenda delante de la barca de Amón, su capilla portátil.

El cortejo sale entonces del templo: treinta sacerdotes sostienen la pesada barca de Amón, que sigue el rey. Cantos y tambores acompañan la procesión. Los barcos esperan el cortejo y el rey y la reina toman su lugar en la espléndida embarcación del dios.

En la orilla, una multitud regocijada acompaña la flotilla sagrada lanzando gritos de júbilo: es la tripulación encargada de tirar de los barcos hacia arriba. Pero, por difícil que sea este trabajo, los que lo realizan están llenos de alegría y ardor al servicio de dios. Lejos aún siguen los soldados con sus oficiales; los libios y los negros toman también parte en el cortejo, manifestando su entusiasmo siguiendo sus propias costumbres. En medio de esta barahúnda resuena la música de los sistros y el canto de un himno antiguo entonado por un grupo de cantantes y sacerdotes.

A la llegada de Luxor, un cortejo parecido al primero se ponía en camino hacia el templo. En cabeza, los sacerdotes llevando la barca de Amón, después el rey y la reina acompañados de su séquito y, por fin, la multitud completando la procesión. En el desfile se pueden ver igualmente las barcas de Mut y Khonsú. En el seno de la escolta militar se mezclan sin cesar grupos felices de músicos y bailarines ligeramente vestidos.

En el camino se disponen montículos, una especie de colinas artificiales en cuyas cimas los sacerdotes realizan sus ofrendas. En el templo, es el rey en persona quien realiza esta ceremonia mientras su séquito, los sacerdotes y los cortesanos esperan delante de la puerta del Santo de los Santos.

La vuelta se efectúa según el mismo programa, con la sola diferencia de que las barcas no son más jaleadas porque descienden del río. Todos cantan la gloria de Su Majestad, que ha hecho navegar Amón. Cuando los dioses vuelven a Karnak, se terminan estas solemnes jornadas con una gran ceremonia de ofrendas.

Esta descripción podría hacer pensar que la ceremonia se desarrollaba en una sola jornada: en realidad, duraba once días bajo Tutmosis III, y hasta veinticinco días bajo Ramsés III.
Sacerdotes con diferentes vestiduras y cabezas rapadas. Cortejo Fiesta Opet

El nombre de Opet significaba abundancia y caracteriza el viaje al santuario. Unido al ritual de la Hierogamia, se efectuaba en presencia del harén real, porque era el momento preciso para la concepción del niño real. Los textos hablan de la unión divina del dios y la reina, a petición del rey; así, el niño que nazca poseerá la sustancia divina y real.


El nacimiento y la juventud de Horus
Horus nació durante el mes de Mechir. La celebración de su nacimiento divino se perpetuó hasta la Época Baja a través de las construcciones particulares de Mammessi, las casas de partos. Según la tradición, es el delta quien acogió al recién nacido envolviéndolo en sus pantanos para esconderle a los ojos del peligroso Seth; la Dama-Serpiente Outo vigilaba constantemente.

Es interesante comprobar que esta fiesta tenía lugar el 25 de diciembre, fecha en que fueron celebrados más tarde los nacimientos de Mithra y de Cristo. Muchos autores ven igualmente una correspondencia entre esta fecha y el solsticio de invierno, pues el sol comienza su periplo de vuelta hacia las antípodas, en el corazón mismo del invierno, en el momento de su aparente envejecimiento.

En el mes de Phametoth de la estación Peret se celebraba la primavera de Horus, su juventud y su victoria sobre las tinieblas. En Edfú se desarrollaban demostraciones navales sobre el Nilo y se decía que la estatua del dios dejaba esta ciudad para ir a Denderah a buscar a la diosa Hathor, que él volvía a traer a su castillo.


Las fiestas de la fecundidad
El mes de Parmenthi está consagrado a la exaltación de la fecundidad: se encontrarán combates y representaciones en los frescos de Medinet Habon.

En el mes de Padron de la estación Chemou se honraba al dios Min. Era el mes de la cosecha. Las fiestas se desarrollaban en Koptos, donde Min había establecido se residencia: se organizaban verdaderas competiciones de animales y se seleccionaban los mejores especímenes para mejorar la raza. Este mes estaba también consagrado al dios de la Luz y al dios del Sol bajo la forma de Pacht o Bastek, llamado “el gato de Heliópolis”, el que había vencido a las tinieblas o Apophis. En el calendario, este momento corresponde a la constelación de Aries (el carnero), que los antiguos consideraban como el comienzo del año. Este mes cantaba también la gloria de Isis, la Madre-Fecundidad que da la vida a Horus.

Bella Fiesta del Valle
La Bella Fiesta del Valle o Fiesta del Valle fue una de las más populares e importantes fiestas en el Antiguo Egipto. Se celebraba anualmente en Tebas desde que la implantó Mentuhotep II de la Dinastía XI del Imperio Medio hasta la época romana.
Era una fiesta estatal, pues participaba el faraón y su familia y una fiesta funeraria, dedicada a los muertos. Empezaba durante la luna nueva del segundo mes de la recolección, Paini. El propio rey era el encargado del ritual como intermediario entre los vivos y los muertos.
La fiesta cambió a lo largo de los años. Al principio, la procesión se celebraba solamente entre el templo de Karnak y Deir el-Bahari pero luego la ruta se fue haciendo más extensa, visitando otras necrópolis y templos funerarios como el Rameseum.

Las barcas sagradas de Amón-Ra, su esposa Mut y su hijo Jonsu dejaban el templo de Karnak para visitar los templos funerarios de los reyes muertos en la orilla oeste del Nilo y sus santuarios en la Necrópolis tebana.
La Bella Fiesta del Valle. Tumba de Najt

La estatua de Amón-Ra, era portada en hombros en procesión ceremonial desde el santuario de Karnak hasta la orilla del Nilo donde se embarcaba para cruzar a la orilla occidental y desde allí era llevada a hombros, parando en diferentes capillas reposadero de la barca donde se descansaba y se realizaban distintos rituales, antes de llegar al valle sagrado de Deir el-Bahari y el templo de Hathor del Templo funerario de Hatshepsut. De esta forma, el templo de Karnak y el templo funerario de Hatshepsut se conectaban física y simbólicamente como un eje que unía el mundo de los vivos con el mundo de los muertos. Amón-Ra, de esta forma, visitaba el mundo de ultratumba y los allí presentes podrían beneficiarse de su fuerza regeneradora.

Al rey y su familia les acompañaban egipcios que tenían enterrados en la otra orilla (orilla de los muertos) a sus ancestros para honrarlos y presentarles ofrendas. Allí tenían lugar celebraciones y banquetes funerarios y se depositaban óstracas con oraciones y peticiones al dios para que atendiera sus súplicas.

Al anochecer, la reina y los sacerdotes colocaban ritualmente cuatro antorchas en las cuatro esquinas del reposadero de la barca donde se había colocado la barca con la estatua de la divinidad. De esta forma, se iluminaban los cuatro puntos cardinales y se vencía a las tinieblas y con ellas a las fuerzas negativas que amenazaban la estabilidad de la divinidad. Después realizaban una ofrenda de cuatro grandes vasos de leche que garantizaban la paz y el alimento del dios y sobre estos vasos se colocaban las antorchas. Con esta liturgia se interpretaba que la divinidad estaba presente, no sólo en este templo, sino también en las necrópolis, protegiendo a los difuntos y sus familiares. Al amanecer, se apagaban las antorchas y se daba por concluido este ritual. La fiesta se acababa cuando se regresaba en procesión al lugar de origen en la orilla oriental del Nilo, la orilla de los vivos. Amón había conseguido revitalizar sus fuerzas, vencer nuevamente a la muerte y reforzar la conexión entre vivos y muertos.
Mujeres egipcias durante el Festival. Tumba de Najt

Existen muchas escenas propias de la Bella Fiesta del Valle, sobre todo en la Tumba de Najt. Como acontecimiento alegre y popular, en ellas aparecen multitud de figuras como funcionarios, músicos, cantantes o bailarinas. Durante los banquetes funerarios se representan personajes que aspiran la fragancia del loto azul egipcio. Estas plantas, de las que se extraen sustancias con propiedades psicoactivas pueden haber sido utilizadas en rituales propios de estas fiestas para potenciar la comunicación entre los vivos y los muertos.
El espíritu de esta fiesta tiene un parecido evidente en el mundo cristiano con la del Día de Todos los Santos.


El feliz reencuentro
En el mes de Epiphi de la estación Chemou se producía “el feliz reencuentro” de Horus y Hathor. Los textos explican cómo con gran pompa la diosa Hathor, seguida de todo su cortejo, dejaba su morada en Denderah para juntarse en Edfú con su divino esposo. Después de quince días de diversiones de todo tipo, la diosa y su flotilla volvían a Denderah a orillas del agua.

De la unión de estos dos dioses primordiales, recuerdo de la primera pareja, los gemelos cósmicos Shu y Tefnut, surge la nueva vida: el niño Thy, Señor de la Música.

Tres uniones divinas se realizan así a lo largo del año: en primer lugar, la de Amón y Mut, en el mes de Paophi (bajo el signo de Géminis); después, la de Isis y Osiris, en el mes de Payni (bajo el signo de Tauro), que hace nacer al niño Horus en el mes de Mechir (hacia el 25 de diciembre); y, por fin, la de Horus y Hathor en el mes de Epiphi, dando vida a Thy, en el mes de Parmenthi. De manera que dos nacimientos acompañaban la estación de la siembra, época de renovación, y la de la cosecha, dos concepciones tienen lugar en la estación de la cosecha y una en la estación de la inundación.

Aunque los buenos momentos alternan con los malos, este calendario ha sido construido para festejar la victoria del Sol sobre las tinieblas en el mes de Pachon.

La fiesta del Feliz Reencuentro es la “fiesta” por excelencia. Mientras se desarrolla, en la habitación negra, en el corazón del santuario, se realiza la unión de la energía de las dos divinidades, principios masculino y femenino para engendrar el niño síntesis, en sus diversos planos de manifestación. De esta manera, había tres uniones divinas en Egipto, ligadas en la creación a los planos espiritual, psicológico y concreto.

Este matrimonio expresa la unión del principio (el caos) con la vida (el Theos), que engendra la forma (el cosmos).

Y esta fiesta simboliza igualmente la unión del dios Amon-Min con la reina, asegurando a Egipto, por la Hierogamia, una naturaleza divina al faraón.
La inscripción encontrada en el templo de Luxor cuenta la más bella historia de amor de Egipto:

“Entonces llega este dios prestigioso, Amón, Maestro de Tronos de los dos Países; después de haber tomado el aspecto del soberano, encontró a la reina dormida, en su palacio magnífico; el perfume del dios la despertó y ella sonrió a su majestad; sin retrasarse, se aproximó a ella y le dio su corazón. Ella pudo verle, en su estructura divina cuando vino a ella. Y ella fue feliz de contemplar su resplandor, su amor se apoderó de su cuerpo, en tanto que el palacio era inundado de olores del dios, perfumes venidos del país de Pount”.

Estos perfumes venidos del país de Pount nos confirman la presencia del dios Min, aspecto creador asumido por Amón el Invisible.

El rito de la insolación sagrada
En la mayor parte de los templos egipcios, era conmemorada muchas veces durante el año la fiesta de la unión al disco. Esta unión era un rito de regeneración,  pues el alma de la Divinidad, descendiendo del cielo, impregnaba de sus rayos su estatua terrestre. La estatua divina, expuesta en un kiosco sujeta al techo inmóvil, dejaba los rayos posarse sobre ella para llenarse de una parcela de la presencia divina. Este rito se realizaba sobre el techo del templo, en una capillita cuadrada, bien conservada en Denderah. La procesión que llevaba la estatua hasta este kiosco está grabada sobre los muros de las escaleras: del lado oeste se ve el cortejo que sube, por un camino en espiral, mientras que la rampa oriental al este servía para la vuelta.

Este ritual tenía por fin unir la estatua a la fuente de energía divina del cosmos: la estatua recibía el abrazo del sol, recreando el gesto original por el cual el Primer Sol, fénix incandescente, vertió en sus hijos Shu y Tefnut la Energía inicial.

La unión con el disco solar permite a la energía creadora inundar la estatua del dios, que, desbordante de luz, siente el Ka entrar en él. Esta misma fuerza protectora animará al faraón y se extenderá, por fin, sobre Egipto entero.
Asegurar esta unión con el origen es garantizar el orden universal y poseer la íntima convicción de que la pluralidad de dioses emana de la Unión primordial y volverá a ella al fin de los tiempos.

Epílogo
Hemos recorrido la rueda del tiempo, el ciclo anual, y hemos visto cómo para Egipto cada comienzo de estación simboliza una victoria.

Al comienzo de la inundación, la de la Naturaleza y la vida primordial que se extiende a grandes oleadas con la crecida del Nilo.

Al comienzo de la estación de la siembra, la del hombre, simbolizado por Horus, vencedor en el momento en que se celebra la coronación y el júbilo real.
Al comienzo de la estación de la recolección, la de la luz y la potencia, marcada por el culto de Min y el Sol renacido.

Vivir un año egipcio es recorrer también el cielo entero de la vida en el breve espacio de 365 días… y prepararse, después de todo, a renacer de nuevo.

Así era la geografía sagrada del egipcio antiguo: utilizando ritos seleccionados de diversos mitos de diferentes regiones, las fiestas hacían seguir un ritmo a la vida cotidiana y permitían participar en la recreación del fenómeno celeste. Ya se trate de facilitar el paso de un difunto a su vida del más allá, de la coronación de un nuevo rey o de la construcción de un templo, eran representaciones en la Tierra del juego de fuerzas cósmicas y telúricas, y permitían reencarnar todos los mitos sobre un espacio sagrado, factor de resurgimientos.

Durante milenios, Egipto ha festejado regularmente estos “felices reencuentros” entre el Egipto celeste y el visible, a través de las etapas de la vida de cada uno como a través de las de un país entero.

Cuando Egipto se debilitó, su religión fue suplantada por el Cristianismo y el Islam. Sin embargo, el ritmo de las fiestas estaba tan afianzado en la vida que ciertas de entre ellas han sido adaptadas por estas nuevas religiones. Poco a poco la liturgia ha cambiado, y con ella la utilización de la geografía sagrada, a la cual las fiestas cada vez han estado menos unidas.

En nuestro siglo XX el sentido de la fiesta no es el mismo, y la pérdida de esta armonía entre la geografía y lo sagrado no nos resulta extraña. Actualmente, todo puede ser “desarraigado”, transportado de un lugar a otro. La fiesta se ha convertido en espectáculo y estructura material destinada a la distracción. Ya no hay dioses de la ciudad, dioses protectores de un lugar o de una circunstancia particular de la vida que se festeja. El hombre ha olvidado que existe una unión entre él mismo y los fenómenos cósmicos, como entre estos fenómenos cósmicos y ciertos lugares geográficos precisos.

De esta unión mágica y viviente los egipcios tenían conciencia perpetuamente: la fiesta era entonces, efectivamente, un acontecimiento desarrollado en el cuadro de una verdadera geografía sagrada.





































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