miércoles, 11 de febrero de 2026

Capítulo 175, Pintura, Relieve y Escultura

Pintores del antiguo Egipto, los artistas que iluminaban el paso al más allá

Llamados "hábiles de dedos", los antiguos artistas egipcios que decoraron las tumbas de los faraones en el Valle de los Reyes emplearon técnicas altamente refinadas y cánones de belleza propios. 

Cuando hablamos de pintura egipcia, lo primero que nos viene a la memoria son las imágenes de vivos colores que cubren las paredes de las tumbas. Sin embargo, los autores de estas obras maestras que hoy admiramos no eran en su tiempo considerados artistas. De hecho, las palabras "arte y artista" no existían en el antiguo Egipto, y fueron muy pocos los autores que firmaron sus obras. Aquellos que nosotros consideramos artistas eran para los egipcios simples artesanos que, cuanto más, merecían el calificativo de "hábil de dedos" o "de manos".  
Los pintores eran también llamados "escribas del contorno", una denominación que indica la importancia que el dibujo tuvo en el arte egipcio, tanto en la escultura y el bajorrelieve como en la pintura. De hecho, en el Egipto faraónico todas las artes plásticas estaban sujetas a las normas de las Casas de Vida, instituciones de aprendizaje adscritas a los grandes templos y dirigidas por el clero.
En la Casa de Vida se formaban los escribas –cuyos signos de escritura son dibujos– y todo tipo de profesionales, desde médicos a arquitectos. Curiosamente, los pintores aprendieron el oficio de sus padres sin pasar por las Casas de Vida, aunque sí estaban obligados a seguir las normas emanadas de dicha institución. 

La magia de las imágenes
Los pintores hacían trabajos muy diversos. Cubrían los bajorrelieves en los muros de los templos, así como esculturas de todo tipo y sarcófagos de madera.
También pintaban miles de objetos incluidos en las mal llamadas "artes menores", como muebles, estelas u otros. Aun así, su tarea más característica era la decoración de tumbas.
Relieve pintado con representación de escena nilótica de la mastaba de Nikauisesi en Saqqara.
Mastaba de Mereruka en Saqqara
 

A menudo, estas pinturas son calificadas como "decorativas", lo que está muy lejos de la realidad. Las obras pictóricas que iluminan las paredes de las capillas funerarias o las recónditas estancias donde reposaban las momias nunca tuvieron una finalidad estética. Sus autores no solo querían recrear los espacios donde vivió el desaparecido, sino que debían satisfacer una necesidad mucho más trascendente.
El ka, la esencia vital del difunto, necesitaba nutrirse para sobrevivir en el Mas Allá. Con este fin, los familiares y los sacerdotes funerarios hacían las ofrendas alimenticias en la capilla de la tumba. Pero si con el tiempo se extinguía la familia del muerto ¿de qué viviría su ka? Los textos nos dicen que, en ese caso, el alma del difunto se vería obligada a alimentarse de sus propios excrementos antes de desaparecer definitivamente.
Pintura que representa al dios solar Re Horakhty y a la diosa del Occidente procedente de la tumba de la reina Nefertari, esposa de Ramsés II, en el Valle de las Reinas, en Luxor.

Para evitar un final tan desastroso, los egipcios recurrieron a la magia (heka) de la pintura o el bajorrelieve: bastaba representar un objeto para que se transformase en realidad. Y para que esto sucediera eternamente no bastaba con recrear una mesa con comida, que se acabaría en poco tiempo, sino que se representaba todo el proceso de producción de alimentos. Así, desde el Reino Antiguo vemos el proceso completo del trigo: la siembra, la siega, el trillado y el almacenaje en los silos. Se hizo lo mismo con la caza y la pesca, para que al ka del difunto no le faltara el sustento.
La magia también guarda relación con una particularidad del arte egipcio: el gran número de pinturas inacabadas. Se creía que bastaba con esbozar una escena para que la magia la completase, siempre que hubiese otra similar terminada. ¿Por qué ocurría esto? La explicación es evidente si pensamos como un antiguo egipcio: la vida es continuidad, y una obra acabada es una obra muerta; por ello las cosas sin terminar indicaban que habría un mañana para continuarlas, ya que representaban la esperanza en un tiempo por vivir.

Una evolución de siglos
Durante los tres mil años de historia de Egipto, la técnica y el estilo de la pintura se mantuvieron constantes en lo esencial. Desde los primeros balbuceos aparecidos en la primera dinastía hasta el principio del Reino Antiguo, no hubo cambios apreciables ni en la técnica ni en el estilo. La esquematización inicial de la pintura volverá a reaparecer en el Reino Medio, tras un paréntesis de un moderado realismo que dominará en todas las representaciones pictóricas de tumbas y sarcófagos decorados en el Reino Nuevo y hasta el final de la civilización egipcia. 
Durante el Reino Nuevo, la pintura alcanzó su cénit. Destacan las sepulturas de los obreros que construían las tumbas reales, en la necrópolis de la población donde vivían, Deir el-Medina. Estos obreros pintaban de amarillo las salas de los sarcófagos reales, llamadas "del oro", lo que no es de extrañar, ya que los egipcios creían que la carne de los dioses estaba hecha de este metal; de ahí que el amarillo se relacionase con la incorruptibilidad y la eternidad. Los habitantes de Deir el-Medina pensaron que si ese color era bueno para los faraones también lo sería para ellos, así que muchos pintaron su tumba de amarillo.
Fresco de Amarna en el cual se representa a dos jóvenes princesas, hijas de Akhenatón y Nefertiti. Museo Ashmolean, Oxford.
 

Con Amenhotep III, el arte llegó a un nivel nunca antes alcanzado, pero su misma perfección técnica le confería frialdad. Todo cambió con su hijo y sucesor Akhenatón, impulsor de un nuevo estilo artístico que irrumpió como una bocanada de aire fresco en un arte dominado por un excesivo academicismo: los bosques de papiros y las espigas del trigo, que hasta entonces obedecían a leyes absolutas de paralelismo y simetría, ahora se mecían al capricho de la brisa. 
A la muerte del faraón Akhenatón y su esposa Nefertiti, el arte ramésida –el de los primeros faraones de la dinastía XIX, fundada por Ramsés I– conservó siempre cierta dulzura heredada del período anterior. De todos modos, en esta etapa acabaron los días de gloria de la pintura egipcia; todo lo que vino después no pasó de ser un simulacro de las glorias pasadas. Ni la pintura saíta, ni la ptolemaica y menos aún la de época romana tuvieron esa alma que, pese a excepciones puntuales, anteriormente nunca había faltado.
Pero ¿cómo era la técnica que usaban los antiguos pintores egipcios? ¿qué colores empleaban? Veámoslo.

A todo color
Normalmente, los pintores silueteaban las figuras en rojo, después hacían las correcciones necesarias en negro y finalmente aplicaban los pigmentos definitivos. La pintura egipcia siempre fue plana: cada espacio delimitado por el dibujo inicial se pintaba con un solo color, sin aplicar tonos de sombras (por ejemplo, para resaltar los rasgos faciales). El "pincel" de los egipcios era un simple cálamo, una caña estrecha como la de los escribas, pero con la punta desmochada para retener la pintura. 
La paleta de colores era muy limitada. Excepto el negro, obtenido por combustión incompleta de la paja del trigo, los demás pigmentos eran minerales. Azules y verdes eran óxidos de minerales de cobre, como la azurita o la malaquita. Los amarillos y rojos se obtenían de los diferentes ocres, muy abundantes en la región de Tebas; y los blancos, de la piedra caliza, aunque el blanco más puro era de huntita, un carbonato de calcio y magnesio. 
Paleta de pintor del antiguo Egipto. Se aprecian las cavidades para contener pigmentos. Dinastía XVIII.
 

Los pigmentos se disolvían en agua con un poco de resina de acacia para que se adhirieran a la superficie pintada; como fijador final se utilizaron la albúmina de huevo y la cera. Se pintaba sobre piedra, estuco de yeso, papiro y madera. A causa del clima seco, los egipcios no emplearon la pintura al fresco (consistente en humedecer el soporte de yeso para que los pigmentos penetrasen más profundamente).

El canon egipcio
Desde la dinastía III (2686-2613 a.C.), los egipcios dividieron la figura humana en dieciocho cuadros que iban desde el nacimiento del pelo hasta los pies, el denominado canon egipcio. Durante la época de la herejía de Amarna, 1.300 años después, el canon pasó a veinte cuadros, que se ampliaron a veintiuno durante la Baja Época y el período Ptolemaico.
el alemán Karl Richard Lepsius, durante su expedición a Egipto en 1842, observó en Saqqara que ya desde el Reino Antiguo los dibujos de las tumbas egipcias estaban realizados en base a una cuadrícula, y fue el primero en estudiar esta técnica. En la representación del ser humano, las piernas y el rostro se mostraban de lado, mientras que el torso, los hombros y los ojos se representaban de frente. 
Relieve inacabado en la tumba del faraón Horemheb en el Valle de los Reyes.
 

Como en toda manifestación plástica, había quienes destacaban por su maestría, y las pinturas murales inacabadas permiten distinguir entre una ejecución segura y otra menos resuelta. Mientras que los artesanos menos habilidosos recurrían a la cuadrícula previa, otros trazaban su dibujo inicial o la pintura con soltura y sin ulteriores correcciones (lo que los historiadores del arte llaman pentimenti, "arrepentimientos"). En las representaciones terminadas no se puede distinguir un buen artista de otro menos experto, ya que se suele cubrir con pintura todo rastro de "arrepentimiento".

Pintura egipcia
Explicamos las características de la pintura egipcia, sus temáticas frecuentes, etapas, técnicas y ejemplos de obras representativas.
Antigua pintura egipcia (1327 a.C.), representando a Tutankamón destruyendo a sus enemigos. Fuente: From Le Musée absolu, Phaidon, 10-2012, Wikimedia Commons
 

¿Qué es la pintura egipcia?
La pintura egipcia es la manifestación pictórica del antiguo Egipto. El arte egipcio se caracterizó por su simbolismo y religiosidad, y por su relación con los ritos funerarios. La pintura se empleaba para decorar tumbas y templos, y también con cierta frecuencia en los papiros.
A la pintura mural en tumbas y templos se le atribuían poderes mágicos, y su objetivo era prolongar las virtudes de este mundo al más allá.
Los egipcios sentían un enorme aprecio por la naturaleza y la vida cotidiana que ofrecían las tierras del Nilo, por lo que deseaban conservar tales beneficios luego de morir. La motivación principal de los artistas era registrar el mundo tal y como lo habían conocido, manteniendo la uniformidad; esto explica la falta de cambios durante el desarrollo de su pintura.
Conviene ver las obras de arte egipcias como las principales exponentes de sus creencias religiosas, influenciadas por un orden cósmico perfecto. Por otra parte, la pintura egipcia puede definirse como un arte áulico y monumental que era realizado para perdurar y acompañar a los miembros de la realeza en su camino a la vida eterna.

Características de la pintura egipcia
– Finalidad. No buscaba ser una representación realista, sino funcional y simbólica. Servía para asegurar la vida eterna de los difuntos, narrar acontecimientos religiosos, glorificar a los faraones y representar escenas de la vida cotidiana.
– Técnicas y materiales. Usaban colores planos, obtenidos de pigmentos minerales (negro del carbón, rojo del óxido de hierro, azul de lapislázuli, verde de malaquita, blanco de yeso). No había degradados ni mezclas, cada color tenía un significado simbólico (ejemplo: verde = fertilidad, rojo = energía, negro = regeneración). La pintura se aplicaba sobre muros, papiros, madera y relieves tallados.
– Normas de representación. Seguido de la llamada ley de la frontalidad: Cabeza y piernas de perfil. Ojos y hombros de frente. Tronco de frente y pies de perfil. No había perspectiva realista, sino perspectiva jerárquica: los personajes más importantes (como faraones o dioses) eran representados de mayor tamaño.
– Temática. Escenas religiosas (dioses, rituales, vida después de la muerte). Escenas funerarias en tumbas, como las del Libro de los Muertos. Vida cotidiana: agricultura, caza, banquetes, artesanía.
– Orden y simetría. Las composiciones eran ordenadas, equilibradas y repetitivas. La simetría transmitía la idea de eternidad y estabilidad, esenciales en la cultura egipcia.
– Ausencia de individualismo. Las figuras eran tipificadas, no retratos realistas (excepto en algunos periodos como Amarna). Lo importante era el papel social o religioso del personaje, no sus rasgos personales.
Osiris, Anubis y Horus. Tumba de Horemheb KV.57)
Valle de los Reyes 

Temas frecuentes en la pintura egipcia
La temática representada en la pintura egipcia oscilaba principalmente entre las escenas cotidianas y domésticas —ejecutadas con bastante realismo— y las imágenes religiosas llenas de carácter simbólico. Además, también se realizaban representaciones de animales y plantas, lo que demostraba la importancia de la tierra fértil para los egipcios.
Algunos autores afirman que los temas retratados por esta civilización eran costumbristas, ya que sirvieron para registrar las tradiciones y costumbres de su cultura. Los artistas egipcios no solo plasmaban sus creencias religiosas, sino también su modo de vida; la manera en la que cultivaban la tierra y criaban animales, entre otros aspectos.

Etapas de la pintura egipcia
Imperio Antiguo. En esta primera etapa, la pintura y el bajorrelieve compartían los mismos temas y tenían los mismos propósitos: representar la naturaleza y la vida cotidiana para que estas fueran recreadas en el más allá. De este período datan las pinturas de la mastaba de Ti, erigido aproximadamente en el siglo XXV a.C. 
La reina Nefertari jugando al senet. Wikimedia Commons

Imperio Medio. En este período fueron abundantes las decoraciones de los ataúdes, que a través de los jeroglíficos contaban distintas leyendas mitológicas. Además, contenían un retrato del difunto. El ataúd era elaborado con madera y se decoraba con diseños y dibujos similares a los colocados en la momia.

Imperio Nuevo. Esta época se caracterizó por el uso de las pinturas murales en las recámaras funerarias. Los temas ahí retratados se basaban en los relatos del Libro de los Muertos. También se podían encontrar imágenes de la vida cotidiana, que servían más que nada para el entretenimiento del difunto. El Libro de los Muertos era un rollo de papiro donde se registraron las fórmulas religiosas para alcanzar la inmortalidad del alma en la otra vida. A partir de la dinastía XX, estos papiros comenzaron a ser decorados con pequeños dibujos que generalmente representaban el juicio de Osiris. No obstante, no todas las representaciones pictóricas tuvieron un fin religioso o funerario. Por ejemplo, en Deir el Medina se halló un papiro con imágenes satíricas y humorísticas, donde figuraban elementos eróticos y grotescos con el objetivo de burlarse de ciertos ámbitos políticos y cuestionarse la figura del faraón. En estos papiros satíricos eran comunes las figuras de ocas, ratones y gatos.

Período romano. Con la invasión romana de Egipto y junto a la dinastía ptolemaica ocurrió una serie de cambios en las manifestaciones pictóricas egipcias. Esto se debió a que recibió una gran influencia del arte romano y helenístico, fuertemente vinculados con la armonía y la búsqueda por la perfecta simetría de las formas. De esta época datan los retratos de momias de El Fayum, que se caracterizaron por su enfoque naturalista. Dichos retratos eran realizados en tablas de madera y tenían como objetivo cubrir los rostros de las momias localizadas en la provincia romana de Egipto.

Los retratos de época grecorromana que cubrían las momias descubiertas en la necrópolis egipcia de El Fayum son uno de los mayores tesoros pictóricos de la antigüedad tanto por su belleza como por su realismo.
De Roma a Egipto. Tal es el camino recorrido por una técnica pictórica que fijó para siempre los rostros de hombres, mujeres y niños hace casi dos mil años.
Graves o sonrientes, siempre serenos, posan en nosotros sus grandes ojos abiertos, una mirada profunda y enigmática como un destello de eternidad. Esta técnica, la encáustica (que emplea pigmentos diluidos en cera), ya se usaba en la Roma del siglo I a.C. para representar a un individuo o exaltar sus cualidades, moda que se expandió por todo el Imperio romano, hasta alcanzar Egipto.
Allí, las sólidas creencias funerarias de los antiguos egipcios habían sobrepasado a la propia civilización faraónica. Los recién llegados al país adoptaron la momificación para conservar sus cadáveres y, asimilados de este modo al dios Osiris, poder renacer en el mundo subterráneo. Así aparecieron en el Egipto romano los retratos mortuorios sobre tablas de madera, telas, sudarios de lino o bustos de yeso, como un producto de la fusión de dos sólidas tradiciones: la del Egipto faraónico en cuanto a la práctica y el simbolismo funerarios, y la del mundo clásico por su técnica y ejecución.

Una amplia galería de personajes
Estas pinturas de tradición romana que, colocadas entre las vendas y la cara de la momia, llegaron a sustituir en algunos casos las tradicionales máscaras egipcias que protegían e identificaban a los difuntos, son conocidas con el nombre de "retratos de El Fayum" por haber sido este el lugar donde han aparecido en mayor número, aunque se han hallado retratos similares en otros muchos lugares de Egipto: Saqqara, Antinóopolis, Tebas... De este modo, hoy contamos con una galería de personajes que nos permite conocer, con gran exactitud, las caras de hombres, mujeres y niños que vivieron en Egipto entre los siglos I y IV a.C.
Retrato de una dama adornada con sus joyas y cubierta con una estola azul procedente de El Fayum. Siglo I d.C. MET, Nueva York.
Retrato de una joven en la que destacan sus grandes ojos que miran fijamente al espectador. Hacia 150 d.C.
 

No es fácil poder fechar con precisión la mayoría de estos retratos, ya que fueron extraídos de sus tumbas a finales del siglo XIX o principios del siglo XX, sin demasiado rigor científico, si bien el análisis estilístico y la evolución de la moda, los vestidos, las joyas y, sobre todo, los peinados, permite precisar con más detalle el momento de su realización.
Algunos retratos pueden considerarse verdaderas obras de arte por su ejecución y personalidad, además de por la fuerza y la vida que emanan de quien aparece en ellos. Otros, sin embargo, son estudios convencionales y estereotipados, principalmente en el caso de representaciones de niños. Los mismos ojos, boca y cara esquemática son claros indicios de una producción en serie.
Puede apreciarse a simple vista una evolución de estilos. Los retratos de los siglos I y II, casi realistas, tienen la impronta de la idealización helenística, suave y dulce. Esta idealización, durante los siglos II y, sobre todo, III da lugar a un realismo exacerbado, casi caricaturesco, para desembocar en el siglo IV en una representación hierática e impersonal, caracterizada por los grandes ojos y la mirada fija, denotando una fuerte influencia de Oriente.

Rostros misteriosos
Observando estas pinturas se plantea una serie de interrogantes, no siempre de fácil respuesta. ¿Quiénes fueron los artistas? ¿Trabajaban en talleres especializados o, por el contrario, ejecutaban su trabajo de manera itinerante, recorriendo la geografía de Egipto con sus bártulos y deteniéndose allí donde eran requeridos? Sabemos, por sus obras, que había grandes artistas al lado de meros copistas que realizaban su trabajo en serie y por encargo.
Parece evidente, si observamos con detalle las caras representadas, que estos retratos fueron pintados en vida y no después de la muerte de los personajes. El brillo de sus ojos o el suave color de sus mejillas transmiten un sentimiento vital no exento de una resignación contenida ante el inexorable final que se avecina. Algunos autores creen que estaban expuestos en las casas y eran entregados a los embalsamadores, después del óbito del individuo, para ser colocados entre los vendajes de la momia.
Retrato de un hombre de mediana edad realizado en época de Trajano (98-117 d.C.). Museo Pushkin, Moscú.
 

Asimismo, otro tema que ha suscitado polémica es la edad de las gentes pintadas. ¿Corresponde la edad representada a la del momento de la muerte? La mayoría de retratos son un fiel reflejo de individuos jóvenes, de edad no superior a los treinta años; son escasos los ejemplos de hombres y mujeres de mediana edad, y los niños componen un grupo numeroso. Pese a la lógica idealización del sujeto, las efigies pueden constituir un dato casi decisivo para determinar la esperanza de vida imperante en la época caracterizada por una elevada tasa de mortalidad infantil.

Estatus y mestizaje
También cabe plantearse si las costosas joyas que adornan las figuras femeninas dan cuenta del estatus de las fallecidas, es decir, si marcan su poder adquisitivo real. Es evidente que, al margen del valor de las joyas, el estilo de estas últimas y los peinados, vestidos y otros complementos pretendía emular los que en aquel momento lucían las damas de la capital del Imperio.
Retrato de un hombre joven de piel oscura y cabello ensortijado. 
 

Otro aspecto que llama poderosamente la atención de estos retratos es el evidente mestizaje que se percibe en la fisonomía de sus protagonistas. La convivencia en El Fayum de agricultores egipcios, soldados de origen griego desplazados a la zona y pobladores instalados durante la dominación romana parece hallarse en el origen de esta heterogeneidad.
Sabemos la identidad y el oficio de alguno de los personajes retratados. Así, podemos referirnos a Hermione, la profesora de gramática griega; a Isadora, la matrona elegantemente vestida con túnica, velo y adornada de joyas y corona, o a Artemidoro, que luciendo en su retrato una dorada corona de laurel, se despide con un lacónico "hasta siempre".
Este hecho no tiene nada de extraordinario si tenemos en cuenta que conservar el nombre era indispensable para poder ser recordado y conseguir la vida eterna, ya que aquel constituye una parte esencial de la personalidad. Una idea que no es nueva, como indica la práctica en Egipto y Roma de la damnatio memoriae, el castigo judicial por el que se destruía cualquier vestigio de la identidad de un individuo, incluido el nombre.
Así, mucho más allá de un arte impersonal, las tablas policromadas de El Fayum resumen no solo fisonomías, sino también carácteres, sentimientos y un deseo de perdurar quizá tan inalcanzable hoy como ayer.
Retrato de joven perteneciente a las momias de Fayum. Fuente: Louvre Museum, Wikimedia Commons
Retrato frontal con mirada ausente.
 

Técnicas de la pintura egipcia
La técnica más empleada por los artistas egipcios fue la pintura al fresco, que consiste en emplear ciertos colores disueltos en agua de cal para luego extenderlos sobre una capa de estuco fresco, previamente preparado. La pintura al fresco era utilizada específicamente en los templos y en las tumbas.
También fue recurrente la técnica de pintura al temple, en la que para diluir el pigmento se empleaba agua, mientras que el aglutinante solía ser grasa animal, huevo o glicerina. Aunque esta técnica fue usada por los egipcios, históricamente ha sido mucho más característica de la Edad Media.
A su vez, los egipcios también usaron la encáustica, donde se usaba la cera como aglutinante de los pigmentos. Esta mezcla resulta muy cremosa y densa; debe aplicarse con una espátula caliente o con un pincel.

Ejemplos de obras representativas de la pintura egipcia
Grupo de plañideras (XVIII dinastía)
Un grupo de plañideras se lamenta ruidosamente. A la derecha de la imagen, aparece una niña de corta edad desnuda. Pintura de la tumba de Ramose. Dinastía XVIII.
 

En esta obra se observa a un grupo de mujeres de distintas edades, vestidas de blanco y peinadas de manera similar. En esta pintura, los brazos femeninos están cargados de simbolismo y emoción, ya que el canon pictórico egipcio no permitía emociones en el rostro.
Las plañideras elevan sus brazos por encima de su cabeza, lo que indica una postura de oración, o llorando al difunto. Esta pintura se encontró en la tumba de Ramose, por lo que se le considera un símbolo de duelo.

Tumba de Ramsés I (1350 a.C.)
Tumba de Ramsés I.

En esta pintura se puede percibir el horror vacui de los egipcios, ya que no hay ninguna zona libre de figuras. En el medio se halla el faraón Ramsés I, acompañado de dos deidades que parecen recibirlo en el más allá. El atavío del difunto demuestra su importante posición jerárquica, ya que está decorado con piezas de oro.

La danzarina acróbata
Materiales a priori desechables como cerámicas rotas o lascas de piedra, ostraca en la antigüedad podían reutilizarse para distintos fines: sus superficies proporcionar un soporte adecuado sobre el que, por ejemplo, escribir o dibujar. En Tebas es relativamente frecuente la localización de este tipo de materiales, debido a la intensa labor emprendida por los habitantes de la aldea de Deir el-Medina. Suele tratarse de fragmentos de caliza, forma irregular, sobre los que los artistas realizaban sus prácticas y sobre los que se pueden encontrar planos y bocetos, así como estudios preparatorios de algunas escenas o detalles que podían tomar su forma definitiva quizá en la pared de una tumba o en un templo. En algunas ocasiones, incluso, los ostraca contienen expresiones propias de la sátira, el divertimento o el deleite personal.
En definitiva, estos fragmentos de piedra ofrecen una importante información sobre el proceso creativo en el antiguo Egipto y permiten la aproximación a un tipo de realizaciones que pueden escapar de los cánones o resultar más informales. Sin embargo, también en ocasiones estos fragmentos de piedra contienen bosquejos tan magistralmente realizados que, en sí mismos, constituyen una creación extraordinariamente bella y armoniosa. Este es el caso de la célebre imagen de la danzarina acróbata conservada en Turín.
Lo que más llama la atención de la imagen pintada sobre el ostracón es la postura contorsionada de la mujer, que se sostiene con las puntas de los pies y las manos, mientras curva su espalda hacia atrás y su cabellera cae libremente hacia al suelo. Una melena negra y rizada que por su aspecto parece que difícilmente pueda tratarse de una peluca postiza.
La indumentaria que porta es muy reducida, lo que es un rasgo frecuente en la iconografía de las danzarinas egipcias: luce tan sólo una leve tela anudada bajo el ombligo y ligeramente elevada hacia la cadera. A ello sumar que el aspecto de dicha vestimenta fue ornamentado con diversos motivos que enriquecen la composición. Por lo demás la imagen resulta bastante austera en lo que respecta a adornos, ya que la mujer no lleva ningún tipo de collar (algo tan reiterado en la iconografía egipcia); ni siquiera luce pulseras o tobilleras. Es como si con ello se quisiera enfatizar el cuerpo de la mujer, eliminando elementos que pudieran distraer. Así se subraya el protagonismo de la piel desnuda y de la compleja postura con la que curva su silueta. Lo cierto es que además de la decoración de la tela, la única concesión a la coquetería se reduce a la presencia de un pendiente de aro muy amplio y el perfilado en negro que resalta la mirada en un rostro que, a pesar de la forzada postura, resulta relajado y sereno.
Aún tratándose de una representación sobre una insignificante lancha de piedra, quien pintó esta figura sobre la caliza no se ahorró destrezas ni detalles: los trazos son seguros y largos, la composición irradia un gran equilibrio, se cuidaron detalles como la forma de plasmar el arranque de la melena en las sienes, frente y nuca, etc. No obstante, posiblemente en esta hermosa imagen hay que destacar aspectos como el uso del color. Lo cierto es que se consiguió un resultado magnífico utilizando únicamente el negro y el ocre rojizo, pero también usando la transparencia de la pintura que deja entrever la piedra y ofrece distintos puntos de luz. Incluso en el tratamiento de la piel femenina se aprecian distintas tonalidades, mostrando mayor intensidad cromática en ciertas zonas.
Mediante estos toques el artista llama la atención sobre ciertas partes de la figura y realza las texturas, pero también utiliza el color para contrastar la pierna en primer plano y la que queda en segundo plano, así como el brazo representado en primer plano del que queda en segundo plano. El hecho de destacar mediante distintos tonos figuras o partes de figuras superpuestas, ayudando a su delimitación y generando a la vez ritmo, es algo habitual en el arte egipcio y es también el recurso que se utiliza en este ostracón aunque de forma sutil, inusual y muy hábil.

Otras pinturas
Inherkhau y su familia
Inherkhau fue el 'Capataz del Señor de las Dos Tierras en el Lugar de la Verdad' durante los reinados de Ramsés III y Ramsés IV, c. 1186–1149 a.C.
En esta escena, representada en una de las paredes de su tumba (TT359), vemos a Inherkhau sentado junto a su esposa y sus cuatro hijos, recibiendo ofrendas en tributo. Entre ellos hay una pequeña estatua de mano de Osiris y un naos (santuario) dedicado a la deidad, acompañados de vasijas sagradas que contienen aceites y libaciones.
Tumba de Inherkhau (TT359), necrópolis tebana, gobernación de Qena, Deir el-Medina, Egipto.
 

Inherkhau y su esposa son retratados con sus mejores atuendos, cubiertos con delicados y translúcidos sábanas egipcias. Lleva sandalias blancas y una peluca trenzada hasta los hombros, cortada en diagonal, con una barba cuadrada que se extiende desde la barbilla.
Inherkhau y su esposa Wab(et)
 

El cabello de su esposa, probablemente también una peluca de finas trenzas, cae sobre sus hombros hasta la parte baja de la espalda. Lleva elegantes pendientes blancos de disco, presumiblemente elaborados en marfil. Ambos están sentados en sillas con patas en forma de animal, situadas delante de un puesto de ofrendas, que parece contener lo que parece ser un tributo nutritivo de comida en forma circular.
Sus manos, representadas en el estilo elegante y fluido característico del periodo de Amarna de la dinastía XVIII, conservaban los dedos alargados preferidos en las convenciones artísticas de la época a pesar de las tendencias ideológicas cambiantes. Si miramos detenidamente, se captura un momento tierno entre Inherkhau y una de sus hijas, mientras un solo mechón de su cabello es delicadamente sujeto entre su pulgar y su índice.
Los cuatro niños son más pequeños que sus padres, con dos que parecen notablemente más diminutos. Todos están representados desnudos, una señal artística habitual de la juventud. Sus peinados presentan una cabeza rapada con un característico conjunto de cabellos laterales, un estilo durante mucho tiempo asociado a la infancia y conocido por los egiptólogos como el 'mechón lateral de la juventud'.
Tres de los niños llevan pendientes de aro blancos sencillos, probablemente hechos de marfil, y cada uno está adornado con collares, pulseras y tobilleras decorativas. Las dos hijas mayores aparecen sujetando un pájaro con una mano, con los polluelos acurrucados en sus manos libres, un detalle interesante que añade calidez e intimidad a la escena.
Hijos de Inherkhau realizando rituales sacerdotales con bastón con cabeza de serpiente ante su padre sentado durante el Nuevo Reino, dinastía XX, reinados de Ramsés III y IV, c. 1180–1150 a.C. Tumba de Inherkhau (TT 359), Deir el-Medina
 
Ahmose Nefertari, la deificada reina de Egipto
Ahmose Nefertari fue hermana y Gran Esposa Real del rey Ahmose I, el primer rey de la dinastía XVIII. Tras arrebatar las riendas de las manos de los hicsos y unificar un Egipto desmontado, Ahmose I fue el primer gobernante de origen egipcio en llevar a Egipto a lo que se denomina su Edad de Oro, también conocida como el Nuevo Reino.
Se cree que Ahmose Nefertari y Ahmose I fueron hijos del rey Seqenenre Tao (Seqenera Djehuty-aa o Sekenenra Taa) y Ahhotep I. Seqenenre Tao no fue rey mucho tiempo y fue brutalmente asesinado en combate. Ahhotep I fue su Gran Esposa Real y se cree que fue un gobernante influyente y querido. Es hija de la reina Tetisheri y del rey Senakhtenre Ahmose.
El deificado Ahmose Nefertari, tal como se representa en la TT 359, Deir el-Medina.
Este fragmento de muro está ahora expuesto en el Neues Museum de Berlín. ÄM 2060.
Un siglo aproximadamente después de sus muertes, tanto Amenhotep I como su madre Ahmose Nefertari se deificaron y fueron objeto de un culto de reconocimiento y adoración en la región de Deir el-Medina y Tebana durante aproximadamente 400 años. Por tanto, su imagen aparece en numerosas estelas y tumbas, a pesar de no ser los gobernantes del periodo en que se hicieron tales semejanzas.
La razón de su estatus y culto deificados no se conoce realmente, sin embargo, se piensa que quizá fue debido a la empatía de Amenhotep I y, por tanto, a la ayuda para los trabajadores en la famosa aldea obrera de Deir el-Medina, donde el culto a la dedicación hacia la pareja fue muy seguido durante siglos.
Amenhotep I representó dos veces junto a su madre, Ahmose Nefertari. Tumba de Khabeknet (TT2). Khabeknet era hijo de Sennedjem e Iyneferti (Tumba TT1) y recibió títulos de: "Siervo en el lugar de la verdad", durante el reinado de Ramsés II.
 

¿Por qué a veces se representa a Ahmose Nefertari de forma negra tras su muerte?
Contrariamente a lo que pueda decir internet, la piel negra de Nefertari no es una indicación de origen africano negro, sino de hecho una indicación simbólica de su fallecimiento.
La codificación por colores en el arte del Antiguo Egipto es una estructura bastante sencilla y formulaica que el historiador básico de sillón o egiptólogo puede comprender, y con suerte comprenderás la estructura básica tras leer este artículo.
A pesar de que los artesanos del Antiguo Egipto eran extremadamente talentosos tanto en la escultura como en las formas de arte bidimensionales, preferían una estructura simplista en cuanto a la estructura del arte que desarrollaban, y la razón de ello era la funcionalidad y el propósito espiritual de tales representaciones.
Aunque existen ejemplos de casos excepcionales (cuando una pieza va en contra del canon habitual), en resumen, la paleta del arte egipcio tendía a tener un esquema de colores principal para las figuras humanas.
§  Amarillo o un tono melocotón para mujeres: A lo largo de la historia y en diversas culturas de todo el mundo, que las mujeres fueran más claras que el hombre era una imagen favorable para presentar. Esto no tenía tanto que ver con la raza o la etnia, sino con una representación del estatus en la sociedad. La piel más clara significaba que una persona pasaba menos tiempo al aire libre bajo el sol trabajando y más tiempo viviendo relajada o incluso posiblemente lujosa. Así, la mujer que era amarilla junto a su marido de piel roja presentaba al espectador el retrato de un hombre trabajador, que proporcionaba consuelo y protección a las mujeres de su familia.
Por supuesto, la piel más clara pudo haberse convertido en un estándar de belleza precisamente por esta razón; Nefertiti es llamada "de rostro hermoso" en escritos dedicados por su amado esposo, el rey Akhenatón. Estos ideales pueden parecer problemáticos en esta sociedad moderna, pero tales ideales fueron mundiales a lo largo de diversas historias, y sería erróneo considerar a los egipcios prejuiciosos por esta representación de la forma femenina.
§  Rojo o marrón rojizo para hombres: La piel roja indicaría un hombre sano, bronceado, en forma y capaz de actividades al aire libre, ya fuera la caza o la agricultura. Esto no siempre sería una representación fiel a la realidad, ya que en la muerte el egipcio querría ser representado en su mejor momento. Y para el egipcio, un hombre sano y al aire libre era un hombre en su mejor momento. Incluso el rey de Egipto en algunos periodos tenía que demostrar su capacidad y su capacidad en festivales. Así que, incluso si un hombre era enfermizo u obeso, se le representaba de color marrón rojizo, vestido con lino fino y una peluca en la cabeza. Incluso se les representaba cultivando con tales ropas, aunque en vida no fueran agricultores, sino escribas adinerados, porque en la muerte, incluso los más elitistas querían presentarse como mantenientes de la agricultura del Campo de los Juncos (el reino celestial de Egipto), ya que para los egipcios, el cielo era esencialmente vida eterna en Egipto, la patria ya consideraba un paraíso para los egipcios.
La rey Hatshepsut es famosa por ser representada en forma masculina y, por tanto, se le representa llevando la corona de Osiride con la piel roja. La idea era representarla como un hombre, para no alterar la orden de Ma'at mostrando a una faraona mujer.
§  Negro para el difunto o inmortal.
§  Verde (en periodos posteriores algunas deidades se representan en azul) para el difunto o inmortal.
El negro era un color importante para los egipcios. De hecho, uno de los nombres para todo su reino, y a menudo malinterpretado a propósito, era la Tierra Negra (km.t). Esto se refería al fértil limo del Nilo que dio vida a Egipto. Verás, Egipto estaba rodeado de un desierto árido, al que llamaban la Tierra Roja (dshrt), y así, cuando el Nilo se inundaba anualmente, dejando tras de sí un paisaje empapado, húmedo y fangoso, los egipcios vieron esto como un regalo divino. Por eso, otro nombre para Egipto es "El regalo del Nilo". Lo más importante es que este limo fangoso permitiría que Egipto fuera fértil, ya que una vez que la inundación hubiera pasado, Egipto comenzaría a producir agricultura verde, permitiendo que la vida prosperara. 

Estela de piedra caliza dedicada al rey deificado Amenhotep I y a su madre Ahmose

Nefertari Nuevo Reino, dinastía XIX, c. 1292–1191 a.C. De Deir el-Medina, ahora en el Museo Egizio, Turín, Italia. Gato. 1452 

"El concepto de raza les habría sido totalmente ajeno [a los antiguos egipcios]. Por supuesto, los antiguos egipcios discriminaban... Pero es evidente, por relieves, inscripciones y momias reales, que no discriminaban por el color.
Ni el color ni las 'condiciones previas de servidumbre' impedían que un individuo se convirtiera en 'uno de los nuestros'. Los esclavos a veces se casaban en familias o eran adoptados. Algunas personas de origen extranjero alcanzaron altos rangos... Los extranjeros se convirtieron en egipcios cuando aprendieron el idioma y adoptaron las costumbres del país"
— Tierra Roja, Tierra Negra: Vida Diaria en el Antiguo Egipto, por Barbara Mertz (#aff)
Y ahí es donde entra en juego el VerdeTanto el negro como el verde son dos colores asociados al dios Osiris. Osiris era el gobernante del Inframundo. En resumen, su historia dice que; tras ser asesinado por su hermano Set, Osiris fue desmembrado y sus partes de cuerpo se ocultaron por todo Egipto. Su amada esposa, Isis (Aset), reunió todas las partes y las juntó, creando en Osiris la primera momia.
Osiris suele representarse con piel verde o negra, para representar la agricultura de la Tierra Negra, que para los egipcios representaba el renacimiento, ya que tras el diluvio, la vida florecería en la Tierra Negra. Así, la piel negra de Orisis representa la fertilidad y la resurrección inminente de la vida, y el verde representa el renacimiento y resurrección reales de esa vida.
Descubierto dentro del Escondite Real, se cree que el cuerpo momificado de Ahmose Nefertari fue una de las muchas momias reales del Nuevo Reino trasladadas por el sacerdocio egipcio por razones de seguridad. El Escondite Real, técnicamente conocido como TT320 (anteriormente DB320), es una tumba del Antiguo Egipto situada junto a Deir el-Bahari, en la Necrópolis Tebana, frente a la actual ciudad de Luxor.
La obsesión egipcia por la fertilidad estuvo presente durante toda su era predinástica y dinástica. La mayoría de las deidades estaban asociadas de alguna forma a la fertilidad o al renacimiento. Ya sean los dioses y diosas protectores, asegurando la seguridad de los niños como Tawaret o Bes, o las diosas femeninas de la maternidad y la feminidad como Hathor e Isis, y por supuesto, los dioses masculinos de la resurrección y la fertilidad como Osiris y Min. Min, que aparece con su falo erigido.
Se dice que a lo largo del año se celebraban festividades religiosas, estas fiestas giraban en torno a los ciclos de las estaciones y se llenaban de rituales para asegurar la fertilidad de la tierra, con la esperanza de que la renovación de la tierra fuera la más fructífera.
Como todas las culturas antiguas del mundo, la necesidad de que la comunidad sobreviviera era lo que más importaba, y la agricultura que surgiera traería alegría y esperanza, riqueza y, por supuesto, seguridad para otro año estacional.
Ahmose Nefertari depicted in the 20th Dynasty tomb of Kynebu.
British Museum. EA37994
Amenhotep I representado en la tumba de Kynebu de la Dinastía XX. Museo
Británico. EA37993 

Los egipcios eran muy evidentes a la hora de representar a personas de otras culturas o etnias. Mostraban los trajes culturales de las personas que representaban, e incluso los rasgos faciales distintivos. Estas representaciones de las regiones vecinas y de extranjeros eran importantes para los egipcios, ya que tales imágenes eran una muestra del poder que tenían los egipcios, con portadores extranjeros de tributo y quizás víctimas extranjeras sometidas de castigos.
Los arqueros nubios (del actual Sudán del Sur) eran representados con sus tradicionales tocados de plumas, piel negra o marrón oscura, y a veces roja como los egipcios, pero sus rasgos eran más bulbosos y sus cicatrices culturales faciales, que aún usan hoy en día por la tribu Dinka, estaban presentes en la frente. Lo mismo ocurre con Libia y Asia (región de Siria y Levante). Ellos también tendrían la piel roja o eran más claros, pero sus trajes y vello facial diferían mucho de los egipcios. Representaciones tan diferentes e identificables de los distintos pueblos del mundo entonces conocido fueron descritas por el rey Akenatón en su Himno a Atón e incluso exhibidas en la tumba de Seti I.

Libios, nubios, sirios, egipcios.
Tumba de Seti I, c.1294–1279 a.C. Facsímil por Heinrich von Minutoli (1820).
"Los países de Siria y Nubia, la tierra de Egipto,
pones a cada hombre en su lugar, provees sus necesidades:
Cada uno tiene su alimento, y su tiempo de vida se cuenta.
Sus lenguas son separadas en el habla, y también en sus naturalezas;
Sus pieles se distinguen, como tú distingues a los pueblos extranjeros."
Gran Himno al Atón, escrito en tumbas de Amarna (antiguo Akhet-Atón).
La deificada Ahmose Nefertari entronizada junto a su hijo, Amenhotep I
Stela de Sennefer, dinastía XIX, c. 1292–1190 a.C.
Museo Egizio de Deir el-Medina. Gato. 1455 
Fresco que representa a Nebamun cazando aves; 1350 a.C.; pintura sobre yeso; 98 × 83 cm (2 pies 9 pulgadas) × 2 pies 8,7 pulgadas); Museo Británico (Londres)
Bloque de un relieve que representa una batalla; 1427–1400 a.C.; arenisca pintada; altura: 61,5 cm (24,2 in); Museo Metropolitano de Arte (EE. UU.)
Fresco que representa la piscina en el jardín de la finca de Nebamun; c. 1350 a.C.; yeso pintado; altura: 64 cm; Museo Británico
Frescos en la Tumba de Nefertari, en los que aparece Khepri sentado en un colorido trono cuadrado
Los 
gansos Meidum; 2575–2551 a.C.; yeso pintado; 27 x 172 cm; Museo Egipcio (El Cairo)
 

El Papiro Erótico de Turín (Papiro 55001, también conocido como el Papiro Erótico o el Papiro de Turín) es un antiguo papiro del Antiguo Egipto, pintado durante la época ramésida, aproximadamente en el 1150  a. C. Descubierto en Deir el-Medina cerca del Valle de los Reyes, en la orilla occidental de Luxor, ha sido llamado «la primera revista para hombres del mundo». En la actualidad se conserva en el Museo Egipcio de Turín, en Italia. El papiro es el único papiro erótico conocido que ha sobrevivido, aunque está severamente dañado. Las representaciones de imágenes sexuales no formaban parte del repertorio formal del arte del Antiguo Egipto, solo se encuentran en templos y tumbas uniones más bien simbólicas como Isis sobre Osiris concibiendo a Horus, pero se han encontrado bocetos rudimentarios de parejas copulando dibujados en ostracas y grafitis.
La productora Wild Dream Films reconstruyó digitalmente el papiro en 2009, como parte del documental del canal de televisión Historia titulado Sex in The Ancient World: Egyptian Erotica (‘El sexo en el mundo antiguo: erótica egipcia’).

Descripción
El papiro mide 260 cm por 25 cm y consta de dos partes. El primer tercio, descrito como satírico y humorístico, tiene dibujos de las escenas antropomórficas de La Mascarada de los animales y El Mundo al Revés; esta parte del papiro ha sido descrita como satírica y humorística. La sección erótica o pornográfica ocupa los restantes dos tercios y contiene doce viñetas con diferentes escenas sexuales, en un ambiente descrito como relajado, discreto y erótico.
El texto parece haber sido escrito apresuradamente en los márgenes y al parecer expresa goce y deleite: «…Ven detrás de mí con tu amor, ¡oh Sol! Has encontrado mi corazón exaltado, ejercita mi deleite…».
Rompiendo con el convencionalismo de la representación perfeccionista del cuerpo en el arte del antiguo Egipto, los hombres aparecen «mal vestidos, calvos, muy bajos de estatura, panzones y con penes exageradamente grandes». En contraste, se representa a mujeres núbiles, con una belleza erótica clásica del arte faraónico, con imaginería hathórica, entre enredaderas, flores de loto, monos y sistros musicales. En general, el mérito artístico de las imágenes es alto, lo que sugiere que el dueño del papiro erótico era de clase social elevada. Las imágenes masculinas han sido interpretadas como diferentes escenas de un solo protagonista, que tiene varios encuentros con una cortesana o esclava.
Cuando hablamos de cómo las civilizaciones antiguas imaginaban y practicaban el sexo, se vuelve fácil pensar en los griegos y romanos con sus largas y conocidas representaciones de su vida sexual. Sin embargo, cuando se trata de la civilización egipcia, es difícil saber realmente el papel que jugó la sexualidad en su desarrollo como una de las culturas más importantes. Si piensas en estos dos temas, lo único que viene a la mente de todos es el famoso y controvertido personaje de Cleopatra, la reina sensual cuyos encantos atrajeron no a uno, sino a dos de los hombres más poderosos de su tiempo. Aparte de eso, la otra representación, que no es tan popular como la de Cleopatra, es el papel de las mujeres en las películas no tan aclamadas (pero muy populares) de La Momia. Lejos de estos, el Antiguo Egipto es más conocido por su misticismo y mitología. Es más conocido por sus creencias sobre la muerte y la vida y sus grandes construcciones. Pero la sexualidad no es algo que realmente asociemos con ellos cuando hablamos de esta gran civilización. Entonces, ¿qué les parecieron?
Durante la época napoleónica, surgió una fiebre e interés por Egipto y su historia antigua, lo que llevó al descubrimiento de la gran piedra de Rosetta y al nacimiento de una nueva rama en los estudios de historia y arqueología conocida como egiptología. Como resultado, durante la década de 1820, entre una enorme colección excavada en el Valle de los Reyes y que descansaba dentro de la seguridad de los muros del recién inaugurado Museo Egipcio de Turín, se encontró un artefacto muy intrigante. Se le conoce como el Papiro Erótico de Turín. Oculto desde los años setenta debido a sus representaciones "obscenas", este documento cambió por completo nuestra percepción occidental del Antiguo Egipto. Este papiro de 8,5 pulgadas se divide en dos temas principales: por un lado, un tercio representa animales de aspecto humano realizando actividades humanas, que se consideran una representación satírica de la vida cotidiana. Los otros dos tercios –y los más interesantes– muestran doce escenas de personas realizando posiciones sexuales.
Incluso hoy en día, historiadores y arqueólogos siguen ignorando lo que representaba este papiro en su época. Aunque algunos piensan que era un documento teológico o un artefacto mágico para asegurar el viaje de una persona fallecida hacia el más allá, el consenso más común es que podría ser la primera representación erótica de la sexualidad. En otras palabras, fue uno de los primeros ejemplos de pornografía. Como mencioné, a diferencia de otras culturas antiguas, la sexualidad en el Antiguo Egipto se representaba de forma más sutil y codificada. Según los especialistas, la sexualidad estaba codificada, o al menos eso pensaban muchos debido a la evidencia histórica, pero si se observa detenidamente, hemos pasado por alto el hecho de que el sexo tenía un papel muy importante más allá de la reproducción.
Si retrocedemos un poco hasta el nacimiento de la egiptología, entenderemos por qué ocurrió esto. Cuando todas las piezas increíbles fueron extraídas de su tierra original y transportadas a museos en Londres y otras ciudades de Europa, quisieron mostrar el lado misterioso y "exótico" de esta cultura que había sido olvidada durante tanto tiempo. Como resultado, muchas de las piezas con una carga ligeramente erótica fueron censuradas o modificadas automáticamente para considerarlas apropiadas, según la perspectiva mojigata de la época. Por ejemplo, figuras y estatuas que representan al dios de la fertilidad y la reproducción, Min, que originalmente se representaba como un hombre sosteniendo su largo y erecto falo, fueron mutiladas. En el caso de imágenes o grabados, los victorianos y otros europeos fueron más creativos y colocaron carteles de museo para cubrir los genitales del dios. Cuando era imposible censurarlo, escondían el artefacto en almacenes y sótanos.
Sin embargo, no se trata solo de censura. En muchos casos, la representación de la vida sexual del antiguo Egipto se hacía a través de símbolos y una iconografía muy complexa, porque, sí, también eran un poco mojigatos en su arte. Así, en los diferentes templos del país (siendo los más importantes los del Valle de los Reyes) podemos ver muchos jeroglíficos y arte cargados con esta iconografía, como flores de loto que representaban la idea de la resurrección. Ahora, ¿qué tiene que ver esto con el sexo, te preguntarás? De hecho, para los antiguos egipcios, el paso al más allá se veía como un renacimiento o resurrección, y la única forma de lograrlo era a través del sexo, o mediante la idea del sexo. Si lo piensas, es muy lógico en su esencia. La forma en que los humanos y la mayoría de los animales perpetúan la vida es a través del sexo. De ese modo, la forma lógica de resucitar o renacer debe ser también a través del sexo. Sin embargo, esto no es una cuestión de relaciones sexuales físicas, sino de un rito espiritual y simbólico que depende de los poderes mágicos de la iconografía y las figuras, de ahí el esfuerzo en rituales funerarios y decoraciones de las tumbas.










El mejor y más famoso ejemplo es un cofre encontrado en la tumba de Tutankamón, que lo muestra sentado en una silla apuntando con un arco mientras su esposa, arrodillada a su lado, sostiene la flecha. Lo interesante es que la antigua palabra sti se refería tanto al disparo como a la eyaculación. De ese modo, las escenas de caza o animales se usaban principalmente para representar fertilidad, reproducción y sexualidad. Otra cosa importante a mencionar es que, aunque la sexualidad humana estaba principalmente codificada, en lo que respecta a la representación de dioses, la naturaleza de la iconografía cambiaba. Al igual que el dios Min, varias otras deidades fueron representadas en interpretaciones sexuales explícitas. Eso es lo que hace que el Papiro Erótico de Turín sea tan interesante y revolucionario, ya que no representa ninguna deidad del panteón egipcio.
Aunque no podemos saber con certeza el verdadero significado e historia detrás de este papiro, basándonos en las imágenes y los pocos textos que quedan, los especialistas piensan que podría tratarse tanto de un tratado sobre el amor como de una representación cotidiana de un burdel. Puede que nunca sepamos la verdad detrás de ella, pero lo importante es que, desde su exhibición en los años setenta, nos ha dado una nueva perspectiva para interpretar y comprender esta majestuosa y milenaria civilización de una manera nueva y diferente.

El canon egipcio
Los egipcios establecieron todo un canon para representar sus imágenes, fue la primera gran civilización que establecía un sistema, de representación de imágenes, muy concreto y preestablecido.
Hacemos referencia, de nuevo, al orden de la tabla para explicar las reglas que se establecieron a modo de canon y que prefijaban las bases de las creaciones artísticas.
Indicaremos algunas diferencias entre los relieves y las esculturas de bulto redondo, ya que en el relieve se enfrentaban a un problema más, la representación de la profundidad, al que dieron una solución muy llamativa.

El canon egipcio: representar lo eterno 
Las representaciones egipcias responden a un canon que se establece institucionalmente como modelo que intenta representar en la tierra lo eterno. La civilización egipcia era una cultura principalmente funeraria, y todo giraba en torno al concepto de la muerte y la posterior vida eterna. Esta manera de pensar condiciona todos los aspectos de la vida egipcia.
Estudiaremos el canon egipcio a través de la figura humana, donde podremos apreciar del modo más evidente la utilización de ciertas reglas y la preferencia por determinados elementos del lenguaje plástico.

Elementos sensoriales:
* La forma: se eligen, selectivamente, las formas que hacen más identificable al objeto, aquellas que ofrecen posiciones permanentes o predominantes evitando formas oblicuas o posiciones transitorias, escorzos, etc. En el caso de la figura humana se eligen las partes, a modo de unidades muy bien definidas, más representativas: mano, antebrazo, brazo, etc. y se da especial importancia a las articulaciones, que conectan y permiten el movimiento a estas unidades. Son formas simplificadas, casi geometrizadas que buscan la idealización. Si es necesario, se recurre al detalle, si hace más identificable una forma, como en el caso de las uñas de los dedos. Cada parte anatómica es considerada de un modo independiente, atendiendo al modo más descriptivo posible, sacrificando la coherencia realista del conjunto de la figura en las pinturas y relieves aunque sin embargo, dotando a las figuras de una animación vital misteriosa y ultrahumana; En la escultura de bulto redondo se mantiene la coherencia realista, donde no es necesario forzar las articulaciones de un modo antinatural, ya que ofrece sus formas del modo más descriptivo en las vistas de frente y perfil (profundizaremos en este concepto en el apartado del punto de vista). Son por tanto formas figurativas, más racionales que naturalistas, más idealizadas que reales.
El tamaño: Las representaciones egipcias utilizan distintas escalas de tamaños, desde los muy pequeños a monumentales. Ahora bien se asocia el mayor tamaño a los personajes más importantes. El faraón siempre se representará más grande que un simple sirviente. Se desconocía la perspectiva cónica, los personajes más pequeños son los que socialmente son menos importantes, no los que están más lejos en la escena.
Relieve egipcio, En Wikimedia de Sémur
Escultura egipcia. En Flickr de peterjr1961
 

El color: Se utiliza para pintar muros, relieves e incluso esculturas, con un alto grado de contenido simbólico, así la piel de los personajes masculinos se pintaba de color rojizo, las de los femeninos más pálidos, o el dorado para representar a la divinidad, etc. Son colores planos, vivos y sin gradaciones. En muchos casos, la escultura de bulto redondo no se pinta, pero se pule de un modo exquisito.
En Flickr de Kairoinfo4u

la iluminación: Tanto en los relieves como en las esculturas de bulto redondo se busca el contraste lumínico, sus formas muy bien definidas crean bordes y volúmenes muy delimitados de luz y sombra. La iluminación de un interior oscuro con una antorcha flameante creaba unas líneas oscuras en los surcos o prominencias del relieve, que con las vibraciones del fuego parecieran moverse. Del mismo, modo estos surcos y prominencias vienen bien a la hiriente y fuerte luz exterior del desierto.

la textura: Las texturas para imitar distintas calidades matéricas son meramente funcionales, es decir, se organizan en una serie de ritmos con formas convencionales conceptualizadas, que identifican al objeto: escamas, plumas, pliegues en las telas, zigzag para el agua, etc. En las esculturas de bulto redondo, también existen este tipo de texturas, muchas presentan un gran acabado pulido como modo de representar la perfección.


Elementos de Relación:
La proporción: Los egipcios establecieron un sistema de relaciones entre las partes y el todo. Fueron los que usaron por primera vez la cuadrícula, un sistema muy racional basado en la horizontal y la vertical. El sistema de medidas es antropométrico, es decir, la unidad de referencia es una parte del cuerpo humano, el puño, que equivale al lado del cuadrado de dicha cuadrícula.
Para el cuerpo entero acordaron un total de 18 puños o cuadrados, aunque posteriormente existió una cuadrícula de 22 puños. Partiendo del puño, se establecieron otras medidas, 18 puños eran 4 codos (desde el codo al extremo del dedo pulgar) o 2 brazos. Las figuras sentadas medían 15 cuadrados de altas.

Esta cuadrícula también se utilizaba para realizar esculturas de bulto redondo, ya que partían de un bloque de forma cúbica en el que se dibujaba la vista de frente, el perfil y la vista superior en las correspondientes caras del cubo; entonces se procedía a esculpir la piedra quitando en material sobrante. Las figuras resultaban herméticas y muy simétricas. 
El movimiento: al igual que las formas, el movimiento y las acciones se racionalizan y se simplifican. Una figura con los pies separados representa el caminar, andar... esta manera egipcia de representación normalizada presenta una figura humana articulada con mucha rigidez, nos recuerda a algunos muñecos actuales cuyas articulaciones y flexibilidad están muy limitadas. En las esculturas de bulto redondo el movimiento es muy limitado también, aunque a medida que avanza el tiempo se va insinuando un poco más. La búsqueda de un movimiento natural no preocupa ni interesa al egipcio, pretende solo representar una acción por medio de un gesto simbólico, haciéndolo con una fuerte idea de bloque, masa y hermetismo.
El peso visual: La expresión hierática de las figuras, y sus miradas al infinito, atrae la atención del espectador en primer lugar, siendo el rostro la parte con mayor peso visual, las manos y los pies son también formas de gran peso visual, ya que al definir los gestos y acciones de los personajes atrae nuestra mirada.
El punto de vista: Es uno de los elementos más característicos en el canon egipcio. En cada parte anatómica se ha elegido un punto de vista, atendiendo sobre todo a su contorno, el que describa visualmente dicha parte ofreciendo el máximo de información. Una mano ofrece más información y menos confusión si está representada de frente, cuando se ven sus cinco dedos y no presentando escorzos o posiciones oblicuas transitorias. Se buscan posiciones permanentes para aproximar la figura a la idea de la eternidad. Por todo ello encontramos en la representaciones de pinturas y relieves figuras con múltiples puntos de vistas. Como consecuencia de mezclar estos puntos de vistas, las articulaciones se ven forzadas y rotas, aspecto que puede extrañarnos, pero en aquel momento se trataba de un tipo de representación institucionalizada.
Aunque una escultura de bulto redondo tiene infinitos puntos de vista, en las egipcias predominan el frontal y perfil. En las esculturas no hay necesidad de mezclar varios puntos de vistas en una sola vista, ya que se puede rodear.

Elementos conceptuales:
* La manera de representar líneas y volúmenes responde a una forma figurativa pero no realista, esquematizados con tendencia a la geometrización. Las figuras inciden en un contorno limpio de líneas simples que aíslan los cuerpos del espacio exterior. En pinturas y relieves no hay una conciencia de espacio natural, sino que también se convencionaliza y se convierte en un espacio simbólico plano. Así las profundidades se solucionan seriando paralelamente las figuras y superponiendo unas a otras. No interesa realizar imágenes que copien fielmente la realidad, sino que sirvan para describir y representar.

La finalidad:
La civilización egipcia permaneció durante muchos siglos, pasando por varios periodos, cuanto más avanzados más tendente a naturalismo.
Las pinturas, relieves y esculturas eran dependientes del elemento arquitectónico, en su mayoría de tipos funerarios y templos. La cultura egipcia es una cultura religiosa con la constante obsesión del más allá, las divinidades y lo eterno; sus imágenes son el reflejo de su sociedad, y pretenden dar culto a los dioses, a los muertos y a la vida de ultratumba, dando a sus obras un sentido mágico o sobrenatural a través de los símbolos.
Los artistas han estudiado el cuerpo humano, sus proporciones y han buscado el ideal de la belleza: el cuerpo perfecto.
Son conocidos los cánones griegos, medidos en cabezas, pero el 1er canon modular de la historia del arte lo encontramos en la escultura egipcia.
Se descubrió por casualidad, en el siglo XIX al entrar en una tumba de Saqqara y encontrar un trazado en forma de cuadrícula sobre las figuras de una pared (que al aplicar el color desaparece), para ajustar las figuras a un #canon, basando en el puño, el cúbito y el pie.
El canon egipcio es la figura humana en pie y se fundamenta en las medidas de la mano y el antebrazo, que son los miembros creadores de cosas, alimentadores del cuerpo.
Cada cuadro de la cuadrícula es igual a un puño, y el total del ideal de belleza son 18 puños.
Pero, además, cada extremidad ha de medir una serie de puños: la cabeza = 2, el cuerpo de hombro a rodilla = 10 y la pierna entre la rodilla y talón = 6, entre otras relaciones más complejas entre pies, cúbitos...
La belleza estaba perfectamente medida en Egipto.

Y el ideal se aplicó universalmente en todas las artes plásticas y por todos los artistas.
En escultura, sea exenta o en relieve en las paredes, en la pintura en cualquier soporte, especialmente en los murales, se aplicó el sistema de cuadrícula y el ideal de 18 puños.
Para un egipcio: una estatua o una pintura de un ser humano está viva. La figura y la persona son lo mismo, y de ahí la inmensa preocupación por captar la apariencia del retratado, también hay que "mejorarlo" y presentarlo perfecto.

El arte del relieve en el antiguo Egipto 
En el contexto específico del arte, el término "relieve" se refiere a una técnica escultórica en la que las formas tridimensionales sobresalen de una superficie plana. En otras palabras, el relieve en el arte implica esculpir o modelar figuras que tienen profundidad y se destacan de un fondo. Hay dos tipos principales de relieve: 
1.     Bajorrelieve (Bajo Relieve): En esta técnica, las figuras se esculpen ligeramente, de modo que sobresalen solo sutilmente del fondo. La profundidad es limitada, y el efecto es más delicado. 
2.     Altorrelieve (Alto Relieve): En este caso, las figuras se esculpen de manera más prominente, creando un mayor efecto de tridimensionalidad. Las formas sobresalen de manera más notoria del fondo. 
Esta forma de expresión artística se ha utilizado en esculturas decorativas, monumentos, relieves arquitectónicos y otros medios artísticos para añadir profundidad visual y un aspecto táctil a la obra. El relieve permite al espectador apreciar la forma y la textura de las figuras de una manera que no sería posible en una superficie completamente plana. 

El relieve en el arte del antiguo Egipto 
El relieve desempeñó un papel destacado en el arte del antiguo Egipto y se utilizó de manera extensa en diversas formas de expresión artística. Aquí hay algunas características clave del relieve en el arte egipcio: 
3.     Relieves en Templos y Tumbas: 
·        Los templos egipcios estaban adornados con relieves que representaban escenas religiosas, mitológicas o de la vida cotidiana. 
·        En las tumbas, especialmente en las tumbas reales del Valle de los Reyes, se tallaban relieves que narraban la vida del difunto, sus logros y sus interacciones con los dioses. 
4.     Bajorrelieves: 
·        El bajorrelieve fue una técnica comúnmente utilizada en el arte egipcio. Las figuras y escenas estaban esculpidas ligeramente en las superficies de las paredes o columnas, permitiendo un fácil reconocimiento de las imágenes. 
5.     Altorrelieves: 
·        En algunos casos, se emplearon altorrelieves, especialmente en lugares donde se quería destacar figuras importantes o eventos significativos. Esto se observa en esculturas monumentales y decoraciones arquitectónicas. 
6.     Simbolismo y Jerarquía: 
·        El arte egipcio en relieve a menudo reflejaba un fuerte sentido de jerarquía y simbolismo. Por ejemplo, la jerarquía de tamaño de las figuras representadas podía indicar la importancia relativa de los personajes en la escena. 
7.     Uso de Colores: 
·        Aunque muchas de las representaciones en relieve han perdido sus colores con el tiempo, se cree que los egipcios coloreaban sus relieves para resaltar aún más detalles y dar vida a las escenas. 
8.     Función Religiosa y Funeraria: 
·        Gran parte del arte en relieve en el antiguo Egipto tenía una función religiosa o funeraria. Los relieves en templos honraban a los dioses, mientras que los relieves en tumbas representaban escenas que ayudarían al difunto en la vida después de la muerte. 

Tipos de relieve
Los relieves egipcios proporcionan valiosa información sobre la vida, las creencias y las prácticas de esta antigua civilización. Las escenas en relieve sirvieron como medios de comunicación visual, educación y veneración. 
El relieve logra su efecto mediante el modelado de la luz y la sombras, mientras que en la pintura lo consigue con la línea y el color, pero las técnicas de la representación son las mismas ya que el relieve también se sirvió del color. 
El relieve puede ser alzado o en hueco 
En el relieve alzado, se excava la superficie hasta los 5 mm en algunos casos, para que la figura resalte sobre el fondo.

Relieve alzado, templo de Kom Ombo

En el relieve en hueco, la operación es la contraria al alzado se hacen incisiones en la superficie lisa siguiendo la silueta de la figura a representar. 

Bajo relieve de Akhenatón y su familia protegidos por el dios Atón

Los egipcios empleaban sobre todo relieves alzados para lugares interiores y los huecos en zonas exteriores. 
El relieve en hueco perduraba más en el tiempo y era más económica su realización. La pintura era sustituida por esta técnica cuando la piedra era de mala calidad y podía desquebrajarse al hacer las incisiones, por este motivo la mayoría de las tumbas en sus paredes aparecen solo pinturas mostrando las representaciones. 

Características 

Relieves Huecos en el Arte Egipcio 

Relieves Alzados en el Arte Egipcio 

Definición 

Esculturas que presentan cavidades o huecos en el espacio esculpido, comúnmente en bajorrelieves. 

Esculturas que sobresalen de la superficie, a menudo en alto relieve. 

Técnica 

Uso de bajorrelieves para representar detalles finos y jeroglíficos en las paredes de templos y tumbas. 

Uso de alto relieve para figuras prominentes y para resaltar la importancia de ciertos elementos. 

Volumen 

Menos volumen perceptible, ya que parte del material se retira para formar las cavidades. 

Mayor volumen perceptible, especialmente en figuras destacadas y elementos importantes. 

Sombreado y Luz 

Juega con la luz que penetra en las cavidades, creando sombras que realzan los detalles. 

El juego de luz y sombra se concentra en las partes elevadas, destacando figuras y jeroglíficos. 

Efecto Visual 

Detalles más finos y sutiles que requieren una observación cercana para apreciar completamente. 

Figuras más destacadas y fácilmente identificables, creando un impacto visual inmediato. 

Ejemplos 

Bajorrelieves en las paredes de tumbas, templos y monumentos, representando escenas de la vida cotidiana o rituales. 

Alto relieve en estatuas de faraones, dioses y diosas, así como en inscripciones conmemorativas. 

Aplicación Común 

Utilizado para detalles decorativos y narrativos en las paredes de estructuras arquitectónicas. 

Comúnmente aplicado en monumentos conmemorativos y representaciones de figuras divinas y poderosas. 

Durabilidad 

Puede ser más delicado en áreas con detalles finos, pero en general duradero en ambientes controlados. 

Sólido y duradero, ya que las esculturas alzadas están más firmemente conectadas a la superficie. 

 

TIPOS DE RELIEVE SEGUN SU FORMA
(A) Representa los diferentes tipos de relieve alzado que usaban. 
(B) Representa las diferentes formas de relieve en hueco, plano o abovedado con incisión recta 
(C) Relieve en hueco con incisiones biseladas. 
(D) Relieve alzado, con dos espesores (izquierda) y con un espesor (derecha).
En Egipto tanto la escritura como las representaciones artísticas propiamente dichas estuvieron estrechamente relacionadas. Los signos jeroglíficos eran a su vez textos que no solo representaban sus formas lingüísticas, sino que también eran pequeñas representaciones artísticas que en muchos casos usaban estas mismas técnicas para plasmarlas sobre piedra. 

Templo de Horus (Edfu) coronación de Ptolomeo XIII

En los relieves sepulcrales, la figura principal es un jeroglífico magnificado en proporción al tamaño del resto del texto que reemplaza a un signo omitido en epitafio que da el nombre de la persona. Figura y texto aparecen así en mutua dependencia. 

La diosa Hathor ofrece el collar de Menat a Seti I
Un relieve pintado representa a la diosa Hathor que ofrece el collar de Menat a Seti I, de una columna en la tumba de Seti I (KV17) en el Valle de los Reyes, en el oeste de Tebas.
La tumba de Seti I es conocida por su rica decoración, que incluía elaboradas representaciones de dioses y faraones en diversos contextos religiosos. También es famosa por la excelencia artística de sus pinturas murales y relieves.
La diosa Hathor ofrece el collar de Menat a Seti I
 

En este relieve, Hathor, la diosa del amor, la belleza, la música y la fertilidad, está representada ofreciendo el collar Menat a Seti I.
El Menat es un símbolo poderoso en la religión del antiguo Egipto, a menudo asociado con Hathor. Se consideraba tanto un amuleto protector como una representación de la fertilidad y la alegría.
A pesar de su título de collar, el Menat se usaba comúnmente en rituales y a menudo se mostraba en manos de deidades, especialmente Hathor, para transmitir bendiciones o protección divina.
El collar servía como instrumento de percusión, agitado para producir un sonido calmante que se consideraba apaciguar y complacer a un dios o diosa.
En el relieve, el gesto de Hathor de ofrecer el collar Menat puede interpretarse como una bendición divina para Seti I, especialmente al pasar al más allá.
El Menat, en este contexto, sirve como una herramienta poderosa para asegurar su protección y favor ante los dioses en la próxima vida, reforzando su estatus real incluso más allá de la muerte.
El papel de Hathor en el más allá como cuidador y protector de los difuntos está bien documentado en la iconografía egipcia, y este relieve ejemplifica ese papel.
La tumba de Seti I es conocida por su excepcional arte, y este relieve en particular es uno de los muchos ejemplos que muestran la importancia de las interacciones divinas, especialmente aquellas entre el rey y los dioses, que fueron cruciales para la legitimidad real y el paso seguro al más allá.
Nuevo Reino, dinastía XIX, reinado de Seti I, ca. 1290-1279 a.C. Actualmente se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Florencia. N. 2468.

Panel de Rahotep
De la Mastaba de Rahotep y su esposa Nofret en Beni Suef, este panel de piedra caliza representa al príncipe Rahotep sentado en una silla de patas de toro frente a una mesa de ofrendas. La fórmula tradicional de ofrenda se escribe sobre la tabla en jeroglíficos. Sobre la mesa de ofrendas se han colocado 8 medias barras de pan.
Rahotep lleva una peluca corta y redonda y corta, y habría estado adornada con piel de leopardo, pero desafortunadamente el pigmento se ha desvanecido. El pigmento permanece en la peluca y un color miel amarillento permanece en algunas partes del cuerpo de Rahotep.

"Los nombres de las ofrendas convencionales están escritos sobre la mesa y debajo de ella, a un lado del atril. A la derecha de esta escena hay una lista estándar de ofrendas del tipo temprano. El nombre y los títulos del fallecido están escritos en signos más grandes a ambos lados y sobre la escena principal."
– Museo Británico 

Rahotep podría haber sido hijo del rey Sneferu y, por tanto, hermano del rey Keops. Ostentó los títulos de Sumo Sacerdote de Re en Heliópolis, General del Ejército y Jefe de Construcción.

El homenaje a Horemheb
Este relieve de piedra caliza finamente tallada adornó en su día la capilla funeraria de Horemheb, en una época en la que aún era general al servicio de Tutankamón. Registra un momento de alto teatro ceremonial, mostrando las obras de Horemheb, o homenaje formal, por el éxito militar y diplomático.
En el centro, los asistentes colocan pesados collares dorados alrededor del cuello de Horemheb. Este es el célebre "Oro de Honor" (nbw n ḥswt); no un regalo casual, sino la máxima recompensa real del Antiguo Egipto por su leal servicio. Estos collares, a menudo hechos con hileras de cuentas de oro o placas en forma de media luna, proclamaban el favor real tan visiblemente como una medalla moderna. Llevarlas significaba ser marcado públicamente como un hombre cercano al rey.
Detrás del general se extiende una larga procesión dispuesta en registros. Los prisioneros de guerra están deliberadamente tallados con rasgos y vestimentas extranjeras, separados de sus guardias egipcios. La victoria, el orden y la jerarquía están plasmados en piedra.

Material: Dimensiones de piedra caliza: 86 × 109 × 19,5 cm
de la tumba de Horemheb en Saqqara. Actualmente en el Rijksmuseum van Oudheden.  

Los bloques a los que pertenece este relieve fueron dispersos entre museos en el siglo XIX, olvidando sus posiciones originales. Solo en 1975 las excavaciones en Saqqara reubicaron la tumba de Horemheb, permitiendo a los estudiosos reunir los bloques supervivientes y restaurar la historia del monumento. Moldes de muchos fragmentos vuelven a estar en su lugar original, devolviendo honor, de forma bastante apropiada, al hombre que una vez recibió el oro de Egipto. 
Horemheb recibe el "Oro de Honor" (nbw n ḥswt)
 

En el brillante mundo del Nuevo Reino de Egipto, los reyes otorgaban a sus sirvientes más leales y extraordinarios un espectacular símbolo conocido por nosotros como el "Oro del Honor" (nbw n ḥswt); un deslumbrante collar o conjunto de collares de oro otorgados como la máxima recompensa real. Llevados orgullosamente alrededor del cuello como una insignia reluciente de distinción, estos regalos solían confeccionarse con cuentas o anillos de oro puro, a veces dispuestos en múltiples hebras que captaban los rayos del sol igual que quien lo llevaba ganaba el favor del rey.
El oro en sí no era un metal común en el Antiguo Egipto; se consideraba la eterna "carne de los dioses", la sustancia radiante del dios sol Re, y un símbolo de autoridad divina y vida eterna, valorada por encima de cualquier otro material por su belleza y brillo inmutable.
La tradición de regalos reales con collares de oro parece haber tomado forma a principios de la dinastía XVIII, con quizás los primeros collares shebyu (llamados así por los egipcios) registrados en inscripciones funerarias del reinado de Ahmose I.
Lo que distinguía al Oro de Honor no era solo su fabricación lujosa, sino su presentación real: solo podía ser recibido del propio faraón en una ceremonia pública, y no confería un nuevo título u cargo, sino que señalaba un vínculo personal especial y una gloria compartida con el rey.
Entre un celéberrimo destinatario estuvo Parennefer, mayordomo real y confidente cercano de Akhenatón, quien aparece en su tumba en Amarna adornada con muchos de estos collares de oro; Un espectáculo visual de estima real que convierte cada vínculo brillante en una historia de servicio, lealtad y alto honor.

Vida militar en la tumba de Menfenita de Horemheb
Horemheb es, de forma poco común, un hombre con dos tumbas. La primera; su tumba de Saqqara fue preparada durante su ascenso al poder, en una época en la que nadie podía predecir con confianza que algún día se pondría la doble corona. Cuando más tarde se convirtió en rey, se comenzó a construir una segunda tumba digna de un rey en el Valle de los Reyes, en la tumba KV57, dejando el monumento de Mempite como un espléndido eco arquitectónico de su carrera anterior.
Relieve funerario con un mensajero a caballo
 

Es en esta tumba anterior, situada en la meseta desértica de Saqqara cerca del recinto sagrado de los toros Apis, donde encontramos el actual fragmento de caliza viva.
Las primeras representaciones de la equitación surgieron durante la Edad del Bronce, como este relieve de piedra caliza de la tumba de Menffit de Horemheb en Saqqara, Egipto. Estas representaciones surgieron aproximadamente 1.500 años después de los restos recién descubiertos de probables jinetes en el sureste de Europa

Las primeras representaciones de la equitación surgieron durante la Edad del Bronce, como este relieve de piedra caliza de la tumba de Menffit de Horemheb en Saqqara, Egipto. Estas representaciones surgieron aproximadamente 1.500 años después de los restos recién descubiertos de probables jinetes en el sureste de Europa.
A diferencia de muchos relieves cortés y estáticos de la época, esta escena rebosa animaciones poco comunes y detalles maravillosamente observados; una pequeña ventana al bullicio de un campamento militar. Los soldados vigilan caballos atados a sus carros, el orgullo del ejército reformado de Egipto, mientras un oficial se aleja a paso firme, con la capa ondeando y el propósito claro. Abajo, otro oficial escolta a dos portadores de agua a sus deberes, y un mensajero montado galopa dentro o fuera del campamento con noticias llevadas a través del viento del desierto. Lo más llamativo de todo es que un grupo de soldados con casco carga un enorme peso sobre sus hombros, quizá una viga estructural, o incluso la tela enrollada de la propia tienda de campaña de Horemheb.

Osiris en la tumba de Horemheb en el Valle de los Reyes
Lo que resulta especialmente fascinante es la fluidez de la composición. La formalidad convencional del arte egipcio aquí se suaviza en algo más naturalista, incluso observacional. Los músculos se esfuerzan, los caballos sacuden la cabeza y los hombres se apoyan en sus cargas con verdadero esfuerzo físico. Esta silenciosa revolución de estilo no surgió en el vacío: refleja el legado artístico persistente del periodo de Amarna de Akhenatón, cuyo gusto por el movimiento, el gesto y el contorno vivo no desapareció del todo con su reinado. Bajo el joven Tutankamón, cuyo breve gobierno intentó restaurar el equilibrio tras la agitación teológica, ese naturalismo nacido en Amarna continuó resonando en los talleres.
Así, los espléndidos relieves en la tumba de Saqqara de Horemheb no son simplemente una representación de soldados en sus tareas, sino un registro de la recuperación artística y continuidad de Egipto, y un testimonio del mundo que Horemheb habitó antes de que la realeza lo reclamara. Cada rueda de carro, cada flanco de caballo, cada hombro inclinado habla de un hombre que lideró desde el frente, cuyo servicio en el polvo de la vida militar moldeó el trono que algún día asumiría. Primero un general, luego un rey, y aquí, en piedra caliza, está la prueba.

Soldados y trabajadores con casco arrastrando una pesada viga
desde la tumba de Menffit de Horemheb en Saqqara. Actualmente se encuentra en el Museo Cívico Arqueológico de Bolonia. EG 1889 

Horemheb, nacido plebeyo en el Medio Egipto pero destinado a los espléndidos salones de los reyes, ascendió no por herencia sino por pura brillantez. Antes de llevar la Doble Corona, fue el distinguido Comandante del Ejército de Egipto, un hombre de mirada firme y disciplina formidable. Durante finales de la dinastía XVIII, cuando el experimento iluminado por el sol de Akhetaten fracasó y la tierra se encontró asomándose a las fisuras dejadas por la era de Amarna, fue Horemheb quien demostró tener las manos más capaces.
Nombrado inicialmente "Diputado del Señor de las Dos Tierras" bajo el joven Tutankamón, Horemheb sirvió tanto como guardián como guía en el frágil renacimiento de los cultos tradicionales. En los años tumultuosos que siguieron, con el breve e incierto reinado de Ay ya superado, Horemheb emergió como la elección natural para estabilizar el trono. Fue elevado, no por derecho divino de sangre, sino por mérito, reconocimiento y el reconocimiento agradecido de una nación que anhelaba orden. Algunos textos posteriores insinúan que el propio dios Horus "le dio la realeza", una forma delicada de decir que Egipto eligió al hombre que ya actuaba como su columna vertebral invisible.
El campamento militar de Horemheb: un oficial escolta a un portador de agua
 

Como rey, Horemheb se dedicó a curar un país herido. Su mandato se caracteriza por reformas legales profundas, la determinación de frenar la corrupción y la reafirmación de la autoridad central tras años de deriva administrativa. Restauró templos devastados o descuidados durante el interludio de Amarna, revivió tradiciones milenarias y aseguró que la riqueza de Egipto fluyera de nuevo por sus canales correspondientes. Sus proyectos de construcción (grandiosos pero mesurados) proclamaban un retorno al equilibrio en lugar del exceso.
Lo más significativo es que Horemheb allanó el camino para una nueva era. Sin heredero superviviente, nombró a su brillante visir Paramessu como sucesor; el hombre que un día reinaría como Ramsés I, inaugurando la XIX Dinastía.
Horemheb se erige como el silencioso arquitecto del resurgimiento ramessida de Egipto, el restaurador que transformó el desorden en esplendor y dejó las Dos Tierras no solo estables, sino preparados para la grandeza.

Dentro de la tumba de Horemheb en Saqqara, uno de los relieves más llamativos representa un momento tranquilo pero poderoso: la documentación de prisioneros nubios tras una campaña del sur.
A diferencia de las escenas comunes de cautivos atados, estos hombres se muestran sentados en filas ordenadas, con las manos descansando tranquilamente sobre las rodillas, esperando ser registrados por los escribas egipcios que les precedieron. Cada figura está tallada con una individualidad notable (nariz ancha, labios y rasgos marcados), según la convención artística del Antiguo Egipto para los pueblos de las tierras más allá de la frontera sur.
Llevan el característico pendiente nubio y muestran la escarificación ritualizada en sus mejillas, marcas que aún se conocen en ciertas tribus del sur de Sudán hoy en día. Su cabello, antes pintado con pigmentos cálidos ahora en su mayoría perdidos, se presentaba como mechones cortos y retorcidos o gorros en capas, a menudo teñidos de un rojo brillante, un detalle que capturaba sutilmente las costumbres regionales de adorno.
Detalle
 

Detrás de ellos, los escribas egipcios se inclinan hacia adelante con plumas de caña en posición, registrando los nombres, orígenes o número de estos hombres—una imagen de control, precisión y burocracia en movimiento.
Los prisioneros no se representan como luchadores o humillados, sino como sometidos y obedientes, una elección artística deliberada que refleja tanto el dominio percibido de Egipto como su orden administrativo tras la conquista.
El equilibrio entre disciplina y dignidad en esta composición es sorprendente; Los cautivos permanecen humanos, observados en lugar de brutalizados, mientras que los escribas, absortos en su tarea, encarnan la maquinaria del imperio. A través de esta única escena, tallada alrededor del 1330 a.C., vislumbramos la visión del mundo de Egipto al final de la Dinastía XVIII; una civilización que se define a sí misma a través de la conquista, pero que inmortaliza incluso a sus enemigos con gracia y un realismo silencioso sobre los muros de piedra de la eternidad.

Seti I antes que Ra-Horakhty
En este relieve finamente tallado, Seti I se planta reverentemente ante el entronizado Ra-Horakhty, la deidad solar compuesta coronada con el disco solar y el uraeus. La mano derecha del rey se levanta en un gesto delicado: con su dedo meñique, toca la cobra divina, símbolo del fuego celestial y la autoridad real.

Escena de la Divina Comunión; Seti I y Ra-Horakhty Nuevo Reino, XIX Dinastía, c. 1290–1279 a.C.
Templo de Seti I, Abydos. 

Lejos de ser un movimiento casual, este acto refleja un rito sagrado, el faraón entrando en contacto directo con la esencia viviente del dios sol. El uraeus, que representa el ojo protector de Ra, es tanto guardián como otorgador de legitimidad. A través de este sutil gesto, Seti I demuestra su derecho divino a gobernar, reafirmando su vínculo con el dios creador y su papel como defensor del orden cósmico (Ma'at).
Tal interacción divina íntima era dominio exclusivo de los reyes, pues no eran solo gobernantes, sino el puente entre el cielo y la tierra.

Ra-Horakhty
Ra-Horakhty (Ra-Heru-Akhty) es una deidad sincrética. una fusión de Ra, el antiguo dios del sol y creador, y Horus, el dios del cielo, protector de los reyes, en su aspecto como Horus del Horizonte, el sol naciente. Juntos, forman a Ra-Horakhty, la deidad solar, en su renacimiento diario. Representa al sol en su ascenso, simbolizando la vida, el poder y la realeza divina, ideal para los faraones que buscan el favor divino.
Por encima de las figuras, el texto jeroglífico casi con toda seguridad lo nombra explícitamente. Estos epítetos son formulistas y a menudo aparecen en escenas de templos. Aunque no podemos traducir completamente el relieve sin una visión más clara del texto, este tipo de figura casi siempre va acompañada de ese título divino que confirma su identidad.

La diosa Hathor ofrece el collar de Menat a Seti I
Un relieve pintado representa a la diosa Hathor que ofrece el collar de Menat a Seti I, de una columna en la tumba de Seti I (KV17) en el Valle de los Reyes, en el oeste de Tebas.
La tumba de Seti I es conocida por su rica decoración, que incluía elaboradas representaciones de dioses y faraones en diversos contextos religiosos. También es famosa por la excelencia artística de sus pinturas murales y relieves.
En este relieve, Hathor, la diosa del amor, la belleza, la música y la fertilidad, está representada ofreciendo el collar Menat a Seti I.
El Menat es un símbolo poderoso en la religión del antiguo Egipto, a menudo asociado con Hathor. Se consideraba tanto un amuleto protector como una representación de la fertilidad y la alegría.
A pesar de su título de collar, el Menat se usaba comúnmente en rituales y a menudo se mostraba en manos de deidades, especialmente Hathor, para transmitir bendiciones o protección divina.
El collar servía como instrumento de percusión, agitado para producir un sonido calmante que se consideraba apaciguar y complacer a un dios o diosa.
En el relieve, el gesto de Hathor de ofrecer el collar Menat puede interpretarse como una bendición divina para Seti I, especialmente al pasar al más allá.
El Menat, en este contexto, sirve como una herramienta poderosa para asegurar su protección y favor ante los dioses en la próxima vida, reforzando su estatus real incluso más allá de la muerte.
El papel de Hathor en el más allá como cuidador y protector de los difuntos está bien documentado en la iconografía egipcia, y este relieve ejemplifica ese papel.
La tumba de Seti I es conocida por su excepcional arte, y este relieve en particular es uno de los muchos ejemplos que muestran la importancia de las interacciones divinas, especialmente aquellas entre el rey y los dioses, que fueron cruciales para la legitimidad real y el paso seguro al más allá.
La diosa Hathor ofrece el collar de Menat a Seti I
 
Detalle del rostro de la diosa Hathor, con pendiente de cobra, quien, en este relieve completo, se ve dando la bienvenida a Seti I al más allá con un collar protector de menat.
 

Noble del Antiguo Egipto
Este relieve exquisitamente tallado captura a un noble desconocido en el apogeo del Nuevo Reino, su perfil representado con una confianza suave, la nariz aquilina, los labios suavemente definidos, la expresión serena, casi introspectiva. Sin embargo, es la magnífica peluca la que capta toda la atención: una cascada de meticulosamente incisas, escalonadas y texturizadas con asombrosa precisión, cuya banda superior adorna con delicados motivos geométricos y de loto.
El Noble puede verse en el Museo de Brooklyn. 36.261
 

Su prenda plisada y su amplio cuello sobreviven en líneas tenues y elegantes, pero son solo notas de apoyo. El escultor claramente pretendía que la elaborada peluca (perfumada, pesada y ceremonial) proclamara su estatus y refinamiento. Cada mechón cae en curvas rítmicas, tan finamente cortadas que el pelo parece casi balancearse, como si estuviera atrapado en una brisa pasajera de hace tres mil años.

Detalle
 

Este fragmento, que se cree proviene de una tumba en Saqqara, nos recuerda la artesanía inigualable de los artesanos del Nuevo Reino, que podían extraer vida, presencia y personalidad de la superficie de la piedra caliza. A través de los perfiles más sencillos y las pelucas más intrincadas, crearon retratos que aún cautivan la mirada moderna, ecos silenciosos de vidas hace mucho tiempo desaparecidas, pero nunca realmente olvidadas.

El Zodiaco de Dendera
El zodiaco de Dendera es uno de los artefactos más célebres y enigmáticos de la astronomía egipcia antigua: un magnífico bajorrelieve tallado en el techo de arenisca del pronaos (o vestíbulo de entrada) de una capilla dedicada a Osiris, enclavado dentro del gran Templo de Hathor en Dendera.
El zodiaco de Dendera tal como se muestra en el Louvre
 

Lo que distingue esta pieza por encima de todo es su forma: un planisferio circular, que representa el cielo nocturno no con los habituales motivos celestes rectilíneos que se encuentran en tumbas y templos, sino con un disco celestial, una expresión artística única en el canon del arte egipcio. Este zodiaco circular presenta un mapa de las estrellas, con las doce constelaciones zodiacales dispuestas en una rueda, junto con una compleja composición celeste de treinta y seis decanes, símbolo de intervalos de diez días dentro del año civil egipcio de 360 días. Estos decanes, compuestos por estrellas de primera magnitud, eran vitales para el calendario egipcio antiguo, que estaba gobernado tanto por los ciclos lunares como por el elevado heliacal de Sothis (Sirio), un fenómeno asociado durante mucho tiempo con las inundaciones anuales del Nilo.
El Zodiaco también incluye los cinco planetas conocidos, situados en las posiciones que habrían ocupado alrededor del 50 a.C., lo que respalda la datación ahora ampliamente aceptada del relieve en el periodo ptolemaico tardío. El propio pronaos fue construido bajo el emperador romano Tiberio, lo que llevó al eminente egiptólogo Jean-François Champollion a fechar correctamente la talla en el periodo grecorromano, a pesar de las atribuciones anteriores de sus contemporáneos al Nuevo Reino.
Un fragmento del cielo sagrado de Egipto reside ahora lejos de su hogar original—un testimonio silencioso de la mirada del mundo antiguo hacia los cielos.
 

El disco celestial es sostenido por cuatro figuras femeninas que encarnan los pilares del cielo, mientras que espíritus con cabeza de halcón ocupan los espacios entre ellas. Dentro de este mandala cósmico aparecen símbolos zodiacales familiares—Tauro, Escorpio, Capricornio y Libra—algunos reconocibles en sus formas helenísticas, otros interpretados a través de una lente egipcia. Por ejemplo, Acuario no aparece como portador de agua, sino como el dios del Nilo feliz, vertiendo agua de dos jarrones—una representación única y egipcia de las aguas celestes.
Además de su esplendor simbólico, el zodiaco Dendera cumplía una función práctica y ceremonial. Se cree que se utilizó en rituales religiosos o para marcar eventos calendáricos significativos. De hecho, la estructura del zodiaco sugiere que pudo haber funcionado como una antigua carta astronómica, y los estudiosos han especulado que pudo haber servido de base para mapas estelares grecorromanos y árabes posteriores. John H. Rogers la describió notablemente como "el único mapa completo que tenemos de un cielo antiguo".
Las raíces intelectuales de tal sofisticación son profundas. Los orígenes de la astronomía egipcia se remontan al tercer milenio a.C., cuando surgió por primera vez el calendario solar de 365 días. Las observaciones de estrellas horáreas dividieron la noche, y desde el Reino Medio en adelante, títulos como "hombre de la hora" y más tarde "jefe de vigilantes horarios" reflejan una clase organizada de astrónomos de templo. Estos individuos rastreaban los movimientos celestes para determinar los horarios rituales, el avance del sol, la puesta de estrellas—especialmente los Sothis—e incluso ofrecían encantamientos protectores, como se recoge en textos del Periodo Tardío.
Para el primer milenio a.C., la cosmología egipcia había caído bajo la influencia de la astronomía babilónica, que combinaba creencias religiosas nativas con la ciencia celeste importada. El resultado, plenamente realizado en el Zodiaco de Dendera, fue una gran síntesis de astronomía, astrología y mitología, una fusión del cosmos sagrado egipcio con el folclore helenístico del cielo.
“… conocer la hora del levantamiento y puesta de las estrellas, especialmente Sothis (Sirius), el avance del sol hacia el norte o el sur, la duración adecuada de las horas de día y noche, y la realización adecuada de rituales, así como de encantamientos contra escorpiones."
Rolf Krauss, The Cambridge History of Science, 2019.
A principios del siglo XIX, durante la campaña de Napoleón en Egipto, el Zodiaco fue retirado del templo por anticuarios franceses. Tras un viaje peligroso, fue transportado a Francia, donde permanece hoy en el Musée du Louvre de París (números de inventario D 38; E 13482; CM 464).

 

Escultura del Antiguo Egipto
La escultura egipcia es una de las expresiones artísticas más antiguas y fascinantes de la humanidad. Representa no solo la destreza técnica y la habilidad artística de una civilización que prosperó durante miles de años, sino también un profundo vínculo con la espiritualidad y la vida después de la muerte. A través de sus esculturas, los antiguos egipcios plasmaron sus creencias, su vida cotidiana, y su relación con los dioses y faraones, creando un legado en piedra que ha perdurado hasta nuestros días.

Origen y Evolución de la Escultura Egipcia
La Escultura en el Antiguo Egipto: Un Arte al Servicio de la Eternidad
El origen de la escultura egipcia se remonta al período predinástico, aproximadamente en el 4000 a.C. Durante este tiempo, las primeras comunidades asentadas a lo largo del río Nilo comenzaron a desarrollar habilidades en la talla de piedra, arcilla y otros materiales. Este arte primitivo estaba fuertemente influenciado por la naturaleza y los elementos circundantes, siendo las primeras representaciones principalmente de animales y figuras humanas estilizadas.
Con el advenimiento del período dinástico, la escultura egipcia experimentó un gran avance, especialmente durante el Imperio Antiguo (c. 2686-2181 a.C.). Este fue un período de consolidación política y cultural en el que los faraones comenzaron a construir las grandes pirámides, y con ellas, las estatuas monumentales que las acompañaban. Las esculturas de esta época eran principalmente religiosas, destinadas a servir como moradas eternas para los espíritus de los difuntos. Estas estatuas se tallaban en piedra, alabastro, basalto y otras piedras duras, y eran cuidadosamente colocadas en las tumbas y templos.

Períodos artísticos
Aunque todas las esculturas egipcias ofrecen un sello característico de su arte y cierta uniformidad de estilo, se diferencian unos grupos de otros, según el periodo de la historia a que pertenecen del siguiente modo:
·        La escultura del Imperio Antiguo es hierática en las representaciones de dioses y faraones, pero en los cortesanos es de tendencia naturalista, y se distingue por la majestad y realismo que imprimen a la figura humana, copiando con bastante perfección las facciones del personaje y las escenas de su vida: se hallan en los templos y tumbas. Entre los mejores modelos destaca la estatua de madera de un personaje llamado Kaaper, coloquialmente cheik-el-beled (el alcalde del pueblo), que data de la dinastía V (siglo XXIV a. C). Otro ejemplo de escultura de este período es El escriba sentado.
Se trata de una estatuilla de madera de sicomoro, por supuesto de autor desconocido, de 112 centímetros de altura, que representa a un alto funcionario de la dinastía V (2435-2306 a.C.) llamado Kaaper.
La estatua de Kaaper es de bulto redondo y muestra de pie al personaje, un hombre un tanto obeso (recordemos que en el antiguo Egipto la obesidad era sinónimo de elevado estatus social) de mediana edad, con una incipiente calvicie, la pierna izquierda adelantada, en actitud de caminar, apoyado en un largo báculo y vestido con un faldellín. Los ojos están hechos con incrustaciones de cobre, cristal de roca, alabastro y obsidiana, y los brazos fueron ensamblados posteriormente. 
En origen, la estatua estuvo recubierta de estuco y pintada, aunque de este revestimiento ya no queda nada. Pero ¿cómo llegó esta extraordinaria pieza a engrosar los fondos del museo egipcio? 
Estatua del alto funcionario Kaaper. Museo Egipcio, El Cairo.
 

Otro ejemplo de escultura de este período es El escriba sentado.
La estatua fue hallada en 1850 en la necrópolis de Saqqara, situada en la ribera occidental del Nilo, frente la antigua ciudad de Menfis, que fue la capital del Imperio Antiguo de Egipto, y se estima que representa a un alto funcionario de la administración. Colocada en la capilla de culto de una tumba, la estatua participaba en las ceremonias y recibía las ofrendas para el difunto, su función tenía pues un carácter funerario.
El artista le representó mientras escribía en posición sedente con las piernas cruzadas y encima de ellas reposa un papiro desplegado, mientras está a punto de realizar su labor como escriba, por lo que sostiene un cálamo en su mano (perdido), llevando como prenda de vestir un shenti, donde apoya el papiro.
Su cuerpo está esculpido en caliza, y sus ojos tallados en cristal de roca, cuarzo blanco y ébano. Su cara está atenta y su mirada es viva; esta parte del cuerpo es muy realista, resaltan los pómulos y las mejillas, y los ojos aparentan gran realismo. Las manos están talladas con esmerado detalle. Su postura es algo hierática, y su actitud tensa. Presenta pliegues en el vientre, denotando un ligero sobrepeso, lo que era indicación de un estatus elevado. Su buena conservación nos permite ver la policromía antigua, con la aplicación de los diferentes colores.
Las esculturas de dioses y faraones del Imperio Antiguo se caracterizaban por mostrar una actitud hierática. Sin embargo, por tratarse de un cortesano, no es extraño el realismo de esta obra, realizando su actividad y el realismo de los ojos, muy detallados.
Actualmente la estatua se exhibe en el Museo del Louvre de París, Francia.
La tendencia naturalista de este estilo de Memphis ha conducido a un peculiar tratamiento del ojo, una técnica en las estatuas de este período ( de piedra caliza, madera y bronce, pero no en las estatuas hechas de rocas basálticas), aunque lo suspendieron más adelante. La pupila estaba representada por un conjunto de uñas en plata brillante en cristal de roca o esmalte, las pestañas oscuras eran hechas de bronce.
Los jefes de estas estatuas del antiguo imperio revelan un marcado tipo egipcio, aunque no totalmente, pues estaban en algunos casos mezcladas con negroides y otras razas extranjeras. Aunque las formas del cuerpo delgado estaban representadas, como corto, rechoncho, y cuerpos musculosos a veces eran las ocurrencias más comunes. Dado que mayor representación era de hombres de mediana edad y mujeres, parece que la infancia y la vejez no eran paradigmas fundamentales en la vida futura. En general, los rostros reflejan un pueblo tranquilo, feliz, para quien la vida futura no ofrece ningún gran cambio o incertidumbre. Igualmente, las esculturas de pared y los jeroglíficos ejecutados en bajorrelieve, por lo general eran finamente talladas.
En este sentido, las estatuas sin terminar proporcionan una prueba útil de los procesos involucrados. Por lo que, la mayoría de ellos demostraron que el trabajo procedió uniformemente por todos los lados, manteniendo así el equilibrio de la figura. De igual manera, se pretendía hacer partes de una estatua compuesta, y la parte superior de la cabeza, se dejaba en áspero para colocar una corona o una peluca de otro material. La superficie de la cara en algunos casos parecía estar lista para el alisado final y la pintura, pero las directrices todavía están allí indicando la línea del cabello y el plano medio de la cara. De igual manera, se observan trabajos de líneas algo más gruesas, observando el contorno de los ojos y las cejas hechas de forma marcada para que se vea como si el trabajo hubiera sido planeado, cortando estos para embutir otras piedras para que la cabeza fuera muy realista cuando estuviera terminada. 

·        En el imperio Medio se sigue la tradición menfita, pero con más realismo, dando a los faraones un aspecto apacible, alargando ligeramente las figuras.
Durante el Imperio Nuevo (c. 1550-1070 a.C.), la escultura egipcia alcanzó su apogeo. Este período, conocido por los magníficos templos de Karnak y Luxor, y por las tumbas ricamente decoradas del Valle de los Reyes, produjo algunas de las obras más icónicas de la historia del arte. Las estatuas de los faraones, como la famosa figura de Ramsés II en Abu Simbel, no solo eran monumentales en tamaño, sino también en su detallada representación del poder y la divinidad real.
Todas llevan en su mano un rollo, un fragelo, o un cetro, etc. Asimismo, se introducen los dromos o avenidas procesionales con esfinges y se conmemoran las hazañas militares y los ritos religiosos en bajorrelieves tallados en los muros y pilonos de los templos. Las estatuas, sin embargo, pierden el carácter realista y vuelven a estar sujetas al canon, volviendo a adquirir la típica expresión hierática.
Figura de faraón como guardián. Dinastía XII, del reinado de Amenemhat II o Sesostris II, ca. 1919-1878 B.C .. Mastaba de Imhotep. Hecho en madera de cedro, yeso y pintura. Dimensiones, 57.6 cm x 11 cm x 26 cm. MET, Nueva York. La figura lleva la corona roja del Bajo Egipto y la cara parece reflejar las características del rey reinante, muy probablemente Amenemhat II o Sesostris II. Apareció con otra figura que llevaba la corona blanca del Alto Egipto, ahora en el Museo Egipcio de El Cairo. La estatua fue descubierta de pie detrás de una capilla que contenía un objeto sagrado relacionado con el dios Anubis, el llamado imiut, y las dos figuras podría entenderse que funcionaban como guardianes del imiut. El conjunto fue descubierto en 1914 en la zona que rodea la pirámide de Sesostris I en un recinto de adobe que rodea la mastaba de Imhotep, un funcionario de la dinastía XII. 

Estatua cubo del Sesostris-senebefni. Dinastía XII, ca. 1981-1802 a. C. Cuarcita, 68,3 × 41,5 × 46 cm. Museo de Brooklyn. Este tipo de estatuas es una innovación del Imperio Medio. Representan a un individuo observando un ritual. Por lo general, es un funcionario de sexo masculino con un manto que envuelve las rodillas flexionadas hacia el pecho para que el cuerpo se convierte en un cubo con los brazos cruzados en la parte superior. Solo sobresalen la cabeza y los pies. Se pueden añadir otras figuras, como en este caso la pequeña imagen de Nebetka, la esposa de Sesostris-senebefni.

Estatuilla del gobernador provincial Ukhhotep y su familia. Dinastía XII, ca. 1981-1802 a.C. Meir (Mir). Granodiorita, 37 × 26 × 15 cm. Museo de Bellas Artes de Boston. Ukhhotep fue nomarca del distrito administrativo XIV del Alto Egipto durante el reinado de Sesostris II. En la segunda mitad de la Dinastía XII, los artistas egipcios hicieron muchas estatuas de pequeña escala en piedra dura retratando a los funcionarios en grupos familiares. Costumbre funeraria que continuaría en la Dinastía XIII. Los rasgos faciales de las cuatro figuras son típicas de la segunda mitad de la Dinastía XII, con orejas muy grandes, de ajuste alto y ojos muy marcados por el párpado. A pesar de que muestran las mejillas arrugadas características de la época, carecen de los ceños fruncidos que se encuentran en muchas piezas contemporáneas y en su lugar sonríen con satisfacción.
Portadora de ofrendas. Dinastía XII, tumba de Meketre, serdab. Madera, yeso, pintura. Dimensiones: 112 cm x 17 cm x. 46,7 cm. MET, Nueva York. La mujer lleva sobre su cabeza una cesta llena de cortes de carne. En su mano derecha sostiene por sus alas un pato vivo. La iconografía de la figura es bien conocida desde los relieves del Antiguo Reino en los que se representaban filas de portadores con ofrendas. Habitualmente estas figuras reciben los nombres de los lugares con lo que se identificaban las personificaciones, fincas que proveerían perpetuamente sustento para el espíritu del propietario de la tumba. La mujer está ricamente adornada con joyas y lleva un vestido decorado con un dibujo de plumas, un tipo de ropa asociada con diosas. Por lo tanto, esta figura y su compañera, en El Cairo, también pueden estar asociadas con las diosas funerarias Isis y Neftis, que se representaban en el pie y la cabeza de los ataúdes para proteger a la persona fallecida.

Las esculturas del faraón Ajenatón describían malformaciones físicas producto de supuestas enfermedades que habría padecido el faraón, como el síndrome de Marfan. Las esculturas halladas del faraón herético describen una imagen nunca vista antes en cualquier otro rey: cuello alargado, hombros y torso estrecho, caderas protuberantes, labios gruesos y mentón alargado. Hoy en día, los historiadores y arqueólogos estiman que las imágenes del rey son representaciones artísticas y no son elementos suficientes para suponer que padeciese enfermedades crónicas. 

·        El periodo Tardío (desde mediados del siglo VII a. C.) produjo una reacción extremadamente realista, alargando más las figuras y afinando y perfeccionando la técnica escultórica, a pesar de que el material preferido para ello, a veces, era el basalto y otras piedras de gran dureza. Se abandonó la talla de colosos desde esta época. Se poblaron de efigies los templos y aumentó la escultura en bronce. Pertenecen a la misma época la mayoría de los bronces mitológicos guardados en los museos.

Ankhimenru, intendente de la divina adoratriz de Amón. 
Estatuilla de Achoris o Nectanebo I, Egype, Periodo Tardío, Dinastía XXIX a XXX, 393-362 a.C. - Museo de Arte Nelson-Atkins
 

·        El influjo griego, ya presente en el periodo saíta, se intensificó en el periodo Helenístico de Egipto y la época de dominación romana dando más dulzura y corrección a las estatuas aunque no pocas siguieron esculpiéndose con la típica expresión hierática y otras, procedentes de la escuela neo-menfita, resultan frías y rígidas por copiarse unas a otras sin referencia directa del natural como en otros tiempos.
En todas las épocas se grabaron innumerables piedras preciosas para sellos, collares o amuletos, figurando en ellas principalmente los dioses y textos con jeroglíficos. Las más frecuentes son los escarabeos (escarabajos tallados con el caparazón en relieve y un texto jeroglífico grabado en la parte inferior). Los camafeos con figuras en relieve aparecen en la época Ptolemica y son todos helenísticos, sin duda, tallados en Alejandría.
Camafeo representando a Ptolomeo II.
 

Características generales
Las esculturas y bajorrelieves se ceñían a una serie de convencionalismos, cánones o normas que se mantuvieron invariables en casi todos los periodos durante tres mil años.
·        Ley de la Frontalidad: Las figuras que son concebidas para ser vistas de frente; son muy simétricas, como si se hubieran esculpido respecto de un eje central, siendo las dos partes muy semejantes.
·        Jerarquía: Las figuras más importantes eran esculpidas más grandes y detalladas que las de los demás personajes, y mostraban actitudes hieráticas.
·        Hieratismo: Con ausencia de expresividad y rigidez de actitudes, como signos de respeto y divinidad. Sólo en algunos periodos se acercó al naturalismo. 

Características Distintivas de la Escultura Egipcia
Simbolismo y Función en la Escultura Egipcia
Una de las características más notables de la escultura egipcia es su fuerte simbolismo. Cada estatua, relieve o figura tenía un propósito específico, ya fuera para representar a un dios, honrar a un faraón, o proteger a un difunto en la otra vida. Este simbolismo estaba estrechamente ligado a las creencias religiosas y espirituales de los egipcios. Por ejemplo, las estatuas de los faraones no solo eran retratos de estos líderes, sino que también servían como contenedores para su ka, o espíritu vital, en el más allá.
La proporción y la simetría también eran esenciales en la escultura egipcia, reflejando la creencia en el orden cósmico y la armonía. Las figuras eran representadas en posturas rígidas y formales, con un sentido de eternidad y permanencia. Los escultores seguían estrictas convenciones, como la frontalidad, donde las estatuas debían ser vistas de frente para que su poder y majestuosidad fueran completamente apreciados.

Técnicas y Materiales en la Escultura Egipcia
Los antiguos egipcios emplearon una variedad de técnicas y materiales en sus esculturas. La piedra era el material más utilizado, especialmente caliza, arenisca, granito y basalto. Estas piedras eran seleccionadas no solo por su durabilidad, sino también por su capacidad para ser pulidas hasta obtener un acabado liso y brillante, lo que era ideal para las estatuas monumentales.
 El proceso de escultura comenzaba con el tallado de bloques de piedra utilizando herramientas de cobre, y más tarde, de bronce y hierro. Una vez que se lograba la forma básica, los detalles se añadían mediante el uso de cinceles y abrasivos. Finalmente, las superficies eran pulidas y, en muchos casos, pintadas o incrustadas con piedras preciosas y metales, para añadir color y resplandor.
Otra técnica importante en la escultura egipcia fue la talla en relieve. A diferencia de las esculturas exentas, los relieves se tallaban en paredes de templos y tumbas. Había dos tipos principales de relieve: el relieve bajo, donde las figuras sobresalían ligeramente de la superficie, y el relieve hundido, donde las figuras estaban talladas dentro de la piedra. Estos relieves eran utilizados para contar historias, registrar eventos históricos, y decorar espacios sagrados.

Tipos de Escultura Egipcia
Escultura Monumental: Las Colosales Estatuas de los Faraones
Uno de los aspectos más impresionantes de la escultura egipcia es su escala monumental. Las estatuas colosales de los faraones, como las de Ramsés II en Abu Simbel o la Gran Esfinge de Giza, fueron creadas para impresionar tanto a los mortales como a los dioses. Estas estatuas, que podían alcanzar decenas de metros de altura, eran esculpidas directamente en la roca o construidas en bloques y luego ensambladas.
Estas monumentales esculturas no solo eran símbolos del poder divino de los faraones, sino que también servían como guardianes eternos de sus templos y tumbas. La frontalidad y simetría de estas estatuas les conferían una presencia imponente, mientras que los detalles finamente tallados, como los rostros y las inscripciones jeroglíficas, añadían un nivel de realismo y reverencia hacia los retratados.

Retratos y Estatuillas: La Humanización en la Escultura Egipcia
A pesar de la monumentalidad de muchas esculturas, los antiguos egipcios también crearon retratos y estatuillas de menor escala que mostraban un lado más íntimo y humano de su sociedad. Estas esculturas a menudo representaban a individuos comunes, escribas, sacerdotes, y miembros de la familia real en actitudes de oración, trabajo, o simplemente sentados en posturas relajadas.
El realismo en estos retratos varió a lo largo de las dinastías, pero en general, se prestaba gran atención a la representación de rasgos faciales y detalles anatómicos. Algunas de las estatuillas más famosas, como la del Escriba Sentado, muestran un nivel de detalle y realismo sorprendente, con ojos incrustados y poses naturales que capturan la personalidad del sujeto.

Escultura Religiosa: Dioses y Símbolos de Protección
La religión jugó un papel central en la escultura egipcia, y muchas de las obras creadas tenían una función sagrada. Las estatuas de dioses eran ubicadas en templos y santuarios, donde se les rendía culto y se les ofrecían sacrificios. Estos dioses eran representados de manera antropomórfica, a menudo con cuerpos humanos y cabezas de animales, simbolizando diferentes aspectos de la naturaleza y la divinidad.
Además de las estatuas de dioses, las esculturas también incluían símbolos de protección, como los ushebtis, pequeñas figuras colocadas en tumbas para servir al difunto en la otra vida. Estas figuras, a menudo hechas de fayenza, piedra o madera, eran producidas en grandes cantidades y eran una parte esencial del ajuar funerario.

El Legado de la Escultura Egipcia en la Historia del Arte
Influencia en la Escultura Clásica y Moderna
La escultura egipcia ha tenido un impacto duradero en la historia del arte, influyendo en culturas tan diversas como la griega, la romana y la europea moderna. Los antiguos griegos, fascinados por la simetría y el realismo de las esculturas egipcias, adoptaron y adaptaron muchas de sus técnicas y estilos en sus propias obras. De hecho, muchas de las primeras esculturas griegas muestran una clara influencia egipcia, particularmente en la postura frontal y la rigidez de las figuras.
Durante el Renacimiento, los artistas europeos redescubrieron las esculturas egipcias y quedaron impresionados por su monumentalidad y perfección técnica. Este redescubrimiento llevó a una nueva apreciación de las proporciones y la simetría, elementos que se integraron en el arte renacentista y barroco.
En la era moderna, artistas como Constantin Brâncuși y Amedeo Modigliani se inspiraron en la escultura egipcia, buscando emular su pureza de forma y su conexión con lo espiritual. La influencia de la escultura egipcia continúa siendo evidente en el arte contemporáneo, donde la simplicidad, la frontalidad y el simbolismo siguen siendo temas recurrentes.

Preservación y Estudios de la Escultura Egipcia
El estudio y la preservación de la escultura egipcia han sido una prioridad para arqueólogos e historiadores del arte desde el descubrimiento de la civilización egipcia por el mundo moderno. Desde las primeras excavaciones en Giza hasta las recientes restauraciones en Luxor y Karnak, los esfuerzos para proteger y estudiar estas obras han revelado una gran cantidad de información sobre la vida, la religión y la política del antiguo Egipto.
La mayoría de las esculturas egipcias que se encuentran en museos y colecciones privadas hoy en día han sido objeto de extensas investigaciones, que han proporcionado una comprensión más profunda de sus técnicas de fabricación, sus significados simbólicos y su contexto histórico. Además, la tecnología moderna, como la fotografía de alta resolución, la tomografía computarizada y la impresión 3D, ha permitido a los investigadores y al público explorar estas esculturas de maneras que antes eran impensables.

Conclusión: La Escultura Egipcia como Reflejo de una Civilización Eterna
La escultura egipcia no es solo un testimonio del talento artístico de una civilización antigua, sino también un reflejo de su alma. A través de estas obras, los antiguos egipcios buscaron alcanzar la eternidad, asegurando que sus dioses, sus gobernantes y sus ciudadanos fueran recordados para siempre.  

 

 

 

 

 

 

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