Pintores
del antiguo Egipto, los artistas que iluminaban el paso al más allá
Llamados "hábiles de dedos",
los antiguos artistas egipcios que decoraron las tumbas de los faraones en el
Valle de los Reyes emplearon técnicas altamente refinadas y cánones de belleza
propios.
Cuando
hablamos de pintura egipcia, lo primero que nos viene a la memoria son las
imágenes de vivos colores que cubren las paredes de las tumbas. Sin embargo,
los autores de estas obras maestras que hoy admiramos no eran en su tiempo
considerados artistas. De hecho, las palabras "arte y
artista" no existían en el antiguo Egipto, y fueron muy pocos los
autores que firmaron sus obras. Aquellos que nosotros consideramos artistas
eran para los egipcios simples artesanos que, cuanto más, merecían el
calificativo de "hábil de dedos" o "de manos".
Los
pintores eran también llamados "escribas del contorno", una
denominación que indica la importancia que el dibujo tuvo en el arte egipcio,
tanto en la escultura y el bajorrelieve como en la pintura. De hecho, en
el Egipto faraónico todas las artes plásticas estaban sujetas a las normas de
las Casas de Vida, instituciones de aprendizaje adscritas a los grandes
templos y dirigidas por el clero.
En
la Casa de Vida se formaban los escribas –cuyos signos de escritura son
dibujos– y todo tipo de profesionales, desde médicos a arquitectos.
Curiosamente, los pintores aprendieron el oficio de sus padres sin
pasar por las Casas de Vida, aunque sí estaban obligados a seguir las normas
emanadas de dicha institución.
La magia de las imágenes
Los
pintores hacían trabajos muy diversos. Cubrían los bajorrelieves en los muros
de los templos, así como esculturas de todo tipo y sarcófagos de madera.
También pintaban
miles de objetos incluidos en las mal llamadas "artes menores", como
muebles, estelas u otros. Aun así, su tarea más característica era la
decoración de tumbas.
Relieve pintado con
representación de escena nilótica de la mastaba de Nikauisesi en Saqqara. Mastaba de Mereruka en
Saqqara
A
menudo, estas pinturas son calificadas como "decorativas", lo que
está muy lejos de la realidad. Las obras pictóricas que iluminan las
paredes de las capillas funerarias o las recónditas estancias donde
reposaban las momias nunca tuvieron una finalidad estética. Sus
autores no solo querían recrear los espacios donde vivió el desaparecido, sino
que debían satisfacer una necesidad mucho más trascendente.
El ka,
la esencia vital del difunto, necesitaba nutrirse para sobrevivir en el Mas
Allá. Con este fin, los familiares y los sacerdotes funerarios hacían
las ofrendas alimenticias en la capilla de la tumba. Pero si con el
tiempo se extinguía la familia del muerto ¿de qué viviría su ka?
Los textos nos dicen que, en ese caso, el alma del difunto se vería obligada a
alimentarse de sus propios excrementos antes de desaparecer definitivamente.
Pintura que representa
al dios solar Re Horakhty y a la diosa del Occidente procedente de la tumba de
la reina Nefertari, esposa de Ramsés II, en el Valle de las Reinas, en Luxor.
Para
evitar un final tan desastroso, los egipcios recurrieron a la magia (heka) de
la pintura o el bajorrelieve: bastaba representar un objeto para que se
transformase en realidad. Y para que esto sucediera eternamente no bastaba con
recrear una mesa con comida, que se acabaría en poco tiempo, sino que se
representaba todo el proceso de producción de alimentos. Así, desde el
Reino Antiguo vemos el proceso completo del trigo: la siembra, la siega, el
trillado y el almacenaje en los silos. Se hizo lo mismo con la caza y la pesca,
para que al ka del difunto no le faltara el sustento.
La
magia también guarda relación con una particularidad del arte egipcio: el gran
número de pinturas inacabadas. Se creía que bastaba con esbozar una escena para
que la magia la completase, siempre que hubiese otra similar terminada. ¿Por
qué ocurría esto? La explicación es evidente si pensamos como un antiguo
egipcio: la vida es continuidad, y una obra acabada es una obra muerta;
por ello las cosas sin terminar indicaban que habría un mañana para
continuarlas, ya que representaban la esperanza en un tiempo por vivir.
Una evolución de siglos
Durante
los tres mil años de historia de Egipto, la técnica y el estilo de la pintura
se mantuvieron constantes en lo esencial. Desde los primeros balbuceos
aparecidos en la primera dinastía hasta el principio del Reino Antiguo, no hubo
cambios apreciables ni en la técnica ni en el estilo. La esquematización
inicial de la pintura volverá a reaparecer en el Reino Medio, tras un
paréntesis de un moderado realismo que dominará en todas las representaciones
pictóricas de tumbas y sarcófagos decorados en el Reino Nuevo y hasta el final
de la civilización egipcia.
Durante
el Reino Nuevo, la pintura alcanzó su cénit. Destacan las sepulturas de los
obreros que construían las tumbas reales, en la necrópolis de la población
donde vivían, Deir el-Medina. Estos obreros pintaban de amarillo las salas de
los sarcófagos reales, llamadas "del oro", lo que no es de extrañar,
ya que los egipcios creían que la carne de los dioses estaba hecha de este
metal; de ahí que el amarillo se relacionase con la incorruptibilidad y la
eternidad. Los habitantes de Deir el-Medina pensaron que si ese color era
bueno para los faraones también lo sería para ellos, así que muchos pintaron su
tumba de amarillo.
Fresco de Amarna en el
cual se representa a dos jóvenes princesas, hijas de Akhenatón y Nefertiti.
Museo Ashmolean, Oxford.
Con Amenhotep III, el arte llegó a un nivel nunca antes
alcanzado, pero su
misma perfección técnica le confería frialdad. Todo cambió con su hijo y
sucesor Akhenatón, impulsor de un nuevo estilo artístico que irrumpió como una
bocanada de aire fresco en un arte dominado por un excesivo academicismo: los
bosques de papiros y las espigas del trigo, que hasta entonces obedecían a
leyes absolutas de paralelismo y simetría, ahora se mecían al capricho de la
brisa.
A
la muerte del faraón Akhenatón y su esposa Nefertiti, el arte ramésida –el
de los primeros faraones de la dinastía XIX, fundada por Ramsés I– conservó
siempre cierta dulzura heredada del período anterior. De todos modos,
en esta etapa acabaron los días de gloria de la pintura egipcia; todo lo que
vino después no pasó de ser un simulacro de las glorias pasadas. Ni la pintura
saíta, ni la ptolemaica y menos aún la de época romana tuvieron esa alma que,
pese a excepciones puntuales, anteriormente nunca había faltado.
Pero ¿cómo
era la técnica que usaban los antiguos pintores egipcios? ¿qué colores
empleaban? Veámoslo.
A todo color
Normalmente,
los pintores silueteaban las figuras en rojo, después hacían las correcciones
necesarias en negro y finalmente aplicaban los pigmentos definitivos. La
pintura egipcia siempre fue plana: cada espacio delimitado por el dibujo
inicial se pintaba con un solo color, sin aplicar tonos de sombras (por
ejemplo, para resaltar los rasgos faciales). El "pincel" de los
egipcios era un simple cálamo, una caña estrecha como la de los escribas, pero
con la punta desmochada para retener la pintura.
La
paleta de colores era muy limitada. Excepto el negro, obtenido por
combustión incompleta de la paja del trigo, los demás pigmentos eran minerales.
Azules y verdes eran óxidos de minerales de cobre, como la azurita o la
malaquita. Los amarillos y rojos se obtenían de los diferentes ocres, muy
abundantes en la región de Tebas; y los blancos, de la piedra caliza, aunque el
blanco más puro era de huntita, un carbonato de calcio y magnesio.
Paleta de pintor del antiguo Egipto. Se aprecian las
cavidades para contener pigmentos. Dinastía XVIII.
Los
pigmentos se disolvían en agua con un poco de resina de acacia para que se
adhirieran a la superficie pintada; como fijador final se utilizaron la
albúmina de huevo y la cera. Se pintaba sobre piedra, estuco de yeso,
papiro y madera. A causa del clima seco, los egipcios no emplearon la pintura
al fresco (consistente en humedecer el soporte de yeso para que los pigmentos
penetrasen más profundamente).
El canon egipcio
Desde
la dinastía III (2686-2613 a.C.), los egipcios dividieron la figura humana
en dieciocho cuadros que iban desde el nacimiento del pelo hasta los pies, el
denominado canon egipcio. Durante la época de la herejía de Amarna,
1.300 años después, el canon pasó a veinte cuadros, que se
ampliaron a veintiuno durante la Baja Época y el período Ptolemaico.
el
alemán Karl Richard Lepsius, durante su expedición a Egipto en 1842, observó en
Saqqara que ya desde el Reino Antiguo los dibujos de las tumbas egipcias
estaban realizados en base a una cuadrícula, y fue el primero en estudiar esta
técnica. En la representación del ser humano, las piernas y el rostro
se mostraban de lado, mientras que el torso, los hombros y los ojos se
representaban de frente.
Relieve inacabado en la
tumba del faraón Horemheb en el Valle de los Reyes.
Como
en toda manifestación plástica, había quienes destacaban por su maestría, y las
pinturas murales inacabadas permiten distinguir entre una ejecución segura y
otra menos resuelta. Mientras que los artesanos menos habilidosos recurrían a
la cuadrícula previa, otros trazaban su dibujo inicial o la pintura con soltura
y sin ulteriores correcciones (lo que los historiadores del arte llaman pentimenti,
"arrepentimientos"). En las representaciones terminadas no se
puede distinguir un buen artista de otro menos experto, ya que se suele
cubrir con pintura todo rastro de "arrepentimiento".
Pintura egipcia
Explicamos
las características de la pintura egipcia, sus temáticas frecuentes, etapas,
técnicas y ejemplos de obras representativas.
Antigua
pintura egipcia (1327 a.C.), representando a Tutankamón destruyendo a sus
enemigos. Fuente: From Le Musée absolu, Phaidon, 10-2012, Wikimedia Commons
¿Qué es la pintura egipcia?
La pintura
egipcia es la manifestación pictórica del antiguo Egipto. El arte egipcio
se caracterizó por su simbolismo y religiosidad, y por su relación con los
ritos funerarios. La pintura se empleaba para decorar tumbas y templos, y
también con cierta frecuencia en los papiros.
A
la pintura mural en tumbas y templos se le atribuían poderes mágicos, y su
objetivo era prolongar las virtudes de este mundo al más allá.
Los
egipcios sentían un enorme aprecio por la naturaleza y la vida cotidiana que
ofrecían las tierras del Nilo, por lo que deseaban conservar tales beneficios
luego de morir. La motivación principal de los artistas era registrar el mundo
tal y como lo habían conocido, manteniendo la uniformidad; esto explica la
falta de cambios durante el desarrollo de su pintura.
Conviene
ver las obras de arte egipcias como las principales exponentes de sus creencias
religiosas, influenciadas por un orden cósmico perfecto. Por otra parte, la
pintura egipcia puede definirse como un arte áulico y monumental que era
realizado para perdurar y acompañar a los miembros de la realeza en su camino a
la vida eterna.
Características de la pintura egipcia
– Finalidad. No
buscaba ser una representación realista, sino funcional y
simbólica. Servía para asegurar la vida eterna de los difuntos, narrar
acontecimientos religiosos, glorificar a los faraones y representar escenas de
la vida cotidiana.
– Técnicas y materiales. Usaban colores planos,
obtenidos de pigmentos minerales (negro del carbón, rojo del óxido de hierro,
azul de lapislázuli, verde de malaquita, blanco de yeso). No había
degradados ni mezclas, cada color tenía un significado simbólico (ejemplo:
verde = fertilidad, rojo = energía, negro = regeneración). La pintura se
aplicaba sobre muros, papiros, madera y relieves tallados.
– Normas de representación. Seguido de la llamada ley de
la frontalidad: Cabeza y piernas de perfil. Ojos y hombros de
frente. Tronco de frente y pies de perfil. No había perspectiva
realista, sino perspectiva jerárquica: los personajes más importantes
(como faraones o dioses) eran representados de mayor tamaño.
– Temática. Escenas
religiosas (dioses, rituales, vida después de la muerte). Escenas
funerarias en tumbas, como las del Libro de los Muertos. Vida
cotidiana: agricultura, caza, banquetes, artesanía.
– Orden
y simetría. Las composiciones eran ordenadas, equilibradas y
repetitivas. La simetría transmitía la idea de eternidad y estabilidad,
esenciales en la cultura egipcia.
– Ausencia
de individualismo. Las figuras eran tipificadas, no retratos
realistas (excepto en algunos periodos como Amarna). Lo importante era el
papel social o religioso del personaje, no sus rasgos personales.
Osiris, Anubis y Horus.
Tumba de Horemheb KV.57)Valle de los Reyes
Temas frecuentes en la pintura egipcia
La
temática representada en la pintura egipcia oscilaba principalmente entre las
escenas cotidianas y domésticas —ejecutadas con bastante realismo— y las
imágenes religiosas llenas de carácter simbólico. Además, también se realizaban
representaciones de animales y plantas, lo que demostraba la importancia
de la tierra fértil para los egipcios.
Algunos
autores afirman que los temas retratados por esta civilización eran
costumbristas, ya que sirvieron para registrar las tradiciones y costumbres de
su cultura. Los artistas egipcios no solo plasmaban sus creencias religiosas,
sino también su modo de vida; la manera en la que cultivaban la tierra y
criaban animales, entre otros aspectos.
Etapas de la pintura egipcia
Imperio Antiguo. En
esta primera etapa, la pintura y el bajorrelieve compartían los mismos temas y
tenían los mismos propósitos: representar la naturaleza y la vida cotidiana
para que estas fueran recreadas en el más allá. De este período datan las
pinturas de la mastaba de Ti, erigido aproximadamente en el siglo XXV
a.C.
La
reina Nefertari jugando al senet. Wikimedia Commons
Imperio Medio. En
este período fueron abundantes las decoraciones de los ataúdes, que a través de
los jeroglíficos contaban distintas leyendas mitológicas. Además, contenían un
retrato del difunto. El ataúd era elaborado con madera y se decoraba con
diseños y dibujos similares a los colocados en la momia.
Imperio Nuevo.
Esta época se caracterizó por el uso de las pinturas murales en las recámaras
funerarias. Los temas ahí retratados se basaban en los relatos del Libro
de los Muertos. También se podían encontrar imágenes de la vida cotidiana,
que servían más que nada para el entretenimiento del difunto. El Libro
de los Muertos era un rollo de papiro donde se registraron las
fórmulas religiosas para alcanzar la inmortalidad del alma en la otra vida. A
partir de la dinastía XX, estos papiros comenzaron a ser decorados con pequeños
dibujos que generalmente representaban el juicio de Osiris. No obstante, no
todas las representaciones pictóricas tuvieron un fin religioso o funerario.
Por ejemplo, en Deir el Medina se halló un papiro con imágenes satíricas y
humorísticas, donde figuraban elementos eróticos y grotescos con el objetivo de
burlarse de ciertos ámbitos políticos y cuestionarse la figura del faraón. En
estos papiros satíricos eran comunes las figuras de ocas, ratones y gatos.
Período romano.
Con la invasión romana de Egipto y junto a la dinastía ptolemaica ocurrió una
serie de cambios en las manifestaciones pictóricas egipcias. Esto se debió a
que recibió una gran influencia del arte romano y helenístico, fuertemente
vinculados con la armonía y la búsqueda por la perfecta simetría de las formas.
De esta época datan los retratos de momias de El Fayum, que se caracterizaron
por su enfoque naturalista. Dichos retratos eran realizados en tablas de madera
y tenían como objetivo cubrir los rostros de las momias localizadas en la
provincia romana de Egipto.
Los
retratos de época grecorromana que cubrían las momias descubiertas en la
necrópolis egipcia de El Fayum son uno de los mayores tesoros pictóricos de la
antigüedad tanto por su belleza como por su realismo.
De
Roma a Egipto. Tal es el camino recorrido por una técnica pictórica que fijó
para siempre los rostros de hombres, mujeres y niños hace casi dos mil años.
Graves
o sonrientes, siempre serenos, posan en nosotros sus grandes ojos
abiertos, una mirada profunda y enigmática como un destello de eternidad.
Esta técnica, la encáustica (que emplea pigmentos diluidos en cera), ya se
usaba en la Roma del siglo I a.C. para representar a un individuo o exaltar sus
cualidades, moda que se expandió por todo el Imperio romano, hasta alcanzar
Egipto.
Allí,
las sólidas creencias funerarias de los antiguos egipcios habían sobrepasado a
la propia civilización faraónica. Los recién llegados al país adoptaron la
momificación para conservar sus cadáveres y, asimilados de este modo al dios
Osiris, poder renacer en el mundo subterráneo. Así aparecieron en el Egipto
romano los retratos mortuorios sobre tablas de madera, telas, sudarios
de lino o bustos de yeso, como un producto de la fusión de dos sólidas
tradiciones: la del Egipto faraónico en cuanto a la práctica y el simbolismo
funerarios, y la del mundo clásico por su técnica y ejecución.
Una amplia galería de personajes
Estas
pinturas de tradición romana que, colocadas entre las vendas y la cara de la
momia, llegaron a sustituir en algunos casos las tradicionales máscaras
egipcias que protegían e identificaban a los difuntos, son conocidas
con el nombre de "retratos de El Fayum" por haber sido este
el lugar donde han aparecido en mayor número, aunque se han hallado retratos
similares en otros muchos lugares de Egipto: Saqqara, Antinóopolis, Tebas... De
este modo, hoy contamos con una galería de personajes que nos permite conocer,
con gran exactitud, las caras de hombres, mujeres y niños que vivieron en
Egipto entre los siglos I y IV a.C.
Retrato de una dama
adornada con sus joyas y cubierta con una estola azul procedente de El Fayum.
Siglo I d.C. MET, Nueva York. Retrato de una joven en
la que destacan sus grandes ojos que miran fijamente al espectador. Hacia 150
d.C.
No es fácil poder fechar con precisión la mayoría de estos
retratos, ya que fueron
extraídos de sus tumbas a finales del siglo XIX o principios del siglo XX, sin
demasiado rigor científico, si bien el análisis estilístico y la evolución de
la moda, los vestidos, las joyas y, sobre todo, los peinados, permite precisar
con más detalle el momento de su realización.
Algunos
retratos pueden considerarse verdaderas obras de arte por su ejecución y
personalidad, además de por la fuerza y la vida que emanan de quien aparece en
ellos. Otros, sin embargo, son estudios convencionales y estereotipados,
principalmente en el caso de representaciones de niños. Los mismos ojos, boca y
cara esquemática son claros indicios de una producción en serie.
Puede
apreciarse a simple vista una evolución de estilos. Los retratos de los siglos
I y II, casi realistas, tienen la impronta de la idealización helenística,
suave y dulce. Esta idealización, durante los siglos II y, sobre todo, III da
lugar a un realismo exacerbado, casi caricaturesco, para desembocar en
el siglo IV en una representación hierática e impersonal, caracterizada por
los grandes ojos y la mirada fija, denotando una fuerte influencia de Oriente.
Rostros misteriosos
Observando
estas pinturas se plantea una serie de interrogantes, no siempre de fácil
respuesta. ¿Quiénes fueron los artistas? ¿Trabajaban en talleres especializados
o, por el contrario, ejecutaban su trabajo de manera itinerante, recorriendo la
geografía de Egipto con sus bártulos y deteniéndose allí donde eran requeridos?
Sabemos, por sus obras, que había grandes artistas al lado de meros
copistas que realizaban su trabajo en serie y por encargo.
Parece
evidente, si observamos con detalle las caras representadas, que estos retratos
fueron pintados en vida y no después de la muerte de los personajes. El brillo
de sus ojos o el suave color de sus mejillas transmiten un sentimiento vital no
exento de una resignación contenida ante el inexorable final que se
avecina. Algunos autores creen que estaban expuestos en las casas y
eran entregados a los embalsamadores, después del óbito del individuo, para ser
colocados entre los vendajes de la momia.
Retrato de un hombre de
mediana edad realizado en época de Trajano (98-117 d.C.). Museo Pushkin, Moscú.
Asimismo,
otro tema que ha suscitado polémica es la edad de las gentes pintadas.
¿Corresponde la edad representada a la del momento de la muerte? La
mayoría de retratos son un fiel reflejo de individuos jóvenes, de edad no
superior a los treinta años; son escasos los ejemplos de hombres y mujeres de
mediana edad, y los niños componen un grupo numeroso. Pese a la lógica
idealización del sujeto, las efigies pueden constituir un dato casi decisivo
para determinar la esperanza de vida imperante en la época caracterizada por
una elevada tasa de mortalidad infantil.
Estatus y mestizaje
También
cabe plantearse si las costosas joyas que adornan las figuras femeninas dan
cuenta del estatus de las fallecidas, es decir, si marcan su poder adquisitivo
real. Es evidente que, al margen del valor de las joyas, el estilo
de estas últimas y los peinados, vestidos y otros complementos pretendía
emular los que en aquel momento lucían las damas de la capital del Imperio.
Retrato de un hombre
joven de piel oscura y cabello ensortijado.
Otro
aspecto que llama poderosamente la atención de estos retratos es el evidente
mestizaje que se percibe en la fisonomía de sus protagonistas. La
convivencia en El Fayum de agricultores egipcios, soldados de origen griego
desplazados a la zona y pobladores instalados durante la dominación romana
parece hallarse en el origen de esta heterogeneidad.
Sabemos
la identidad y el oficio de alguno de los personajes retratados. Así, podemos
referirnos a Hermione, la profesora de gramática griega; a Isadora, la
matrona elegantemente vestida con túnica, velo y adornada de joyas y corona, o
a Artemidoro, que luciendo en su retrato una dorada corona de laurel, se
despide con un lacónico "hasta siempre".
Este
hecho no tiene nada de extraordinario si tenemos en cuenta que conservar el
nombre era indispensable para poder ser recordado y conseguir la vida
eterna, ya que aquel constituye una parte esencial de la personalidad. Una idea
que no es nueva, como indica la práctica en Egipto y Roma de la damnatio
memoriae, el castigo judicial por el que se destruía cualquier vestigio de
la identidad de un individuo, incluido el nombre.
Así,
mucho más allá de un arte impersonal, las tablas policromadas de El Fayum
resumen no solo fisonomías, sino también carácteres, sentimientos y un deseo de
perdurar quizá tan inalcanzable hoy como ayer.
Retrato de joven perteneciente a las momias de Fayum.
Fuente: Louvre Museum, Wikimedia Commons Retrato frontal con mirada ausente.
Técnicas de la pintura egipcia
La
técnica más empleada por los artistas egipcios fue la pintura al fresco, que
consiste en emplear ciertos colores disueltos en agua de cal para luego
extenderlos sobre una capa de estuco fresco, previamente preparado. La pintura
al fresco era utilizada específicamente en los templos y en las tumbas.
También
fue recurrente la técnica de pintura al temple, en la que para diluir el
pigmento se empleaba agua, mientras que el aglutinante solía ser grasa animal,
huevo o glicerina. Aunque esta técnica fue usada por los egipcios,
históricamente ha sido mucho más característica de la Edad Media.
A
su vez, los egipcios también usaron la encáustica, donde se usaba la cera como
aglutinante de los pigmentos. Esta mezcla resulta muy cremosa y densa; debe
aplicarse con una espátula caliente o con un pincel.
Ejemplos de obras representativas de la pintura egipcia
Grupo de
plañideras (XVIII dinastía)
Un grupo de plañideras
se lamenta ruidosamente. A la derecha de la imagen, aparece una niña de corta
edad desnuda. Pintura de la tumba de Ramose. Dinastía XVIII.
En
esta obra se observa a un grupo de mujeres de distintas edades, vestidas de
blanco y peinadas de manera similar. En esta pintura, los brazos femeninos
están cargados de simbolismo y emoción, ya que el canon pictórico egipcio no
permitía emociones en el rostro.
Las
plañideras elevan sus brazos por encima de su cabeza, lo que indica una postura
de oración, o llorando al difunto. Esta pintura se encontró en la tumba de
Ramose, por lo que se le considera un símbolo de duelo.
Tumba de
Ramsés I (1350 a.C.)
En
esta pintura se puede percibir el horror vacui de los
egipcios, ya que no hay ninguna zona libre de figuras. En el medio se halla el
faraón Ramsés I, acompañado de dos deidades que parecen recibirlo en el más
allá. El atavío del difunto demuestra su importante posición jerárquica, ya que
está decorado con piezas de oro.
La
danzarina acróbata
Materiales
a priori desechables como cerámicas rotas o lascas de piedra, ostraca en la
antigüedad podían reutilizarse para distintos fines: sus superficies
proporcionar un soporte adecuado sobre el que, por ejemplo, escribir o dibujar.
En Tebas es relativamente frecuente la localización de este tipo de materiales,
debido a la intensa labor emprendida por los habitantes de la aldea de Deir
el-Medina. Suele tratarse de fragmentos de caliza, forma irregular, sobre los
que los artistas realizaban sus prácticas y sobre los que se pueden encontrar
planos y bocetos, así como estudios preparatorios de algunas escenas o detalles
que podían tomar su forma definitiva quizá en la pared de una tumba o en un
templo. En algunas ocasiones, incluso, los ostraca contienen expresiones propias
de la sátira, el divertimento o el deleite personal.
En
definitiva, estos fragmentos de piedra ofrecen una importante información sobre
el proceso creativo en el antiguo Egipto y permiten la aproximación a un tipo
de realizaciones que pueden escapar de los cánones o resultar más informales.
Sin embargo, también en ocasiones estos fragmentos de piedra contienen
bosquejos tan magistralmente realizados que, en sí mismos, constituyen una
creación extraordinariamente bella y armoniosa. Este es el caso de la célebre
imagen de la danzarina acróbata conservada en Turín.
Lo
que más llama la atención de la imagen pintada sobre el ostracón es la postura
contorsionada de la mujer, que se sostiene con las puntas de los pies y las
manos, mientras curva su espalda hacia atrás y su cabellera cae libremente
hacia al suelo. Una melena negra y rizada que por su aspecto parece que
difícilmente pueda tratarse de una peluca postiza.
La
indumentaria que porta es muy reducida, lo que es un rasgo frecuente en la
iconografía de las danzarinas egipcias: luce tan sólo una leve tela anudada
bajo el ombligo y ligeramente elevada hacia la cadera. A ello sumar que el
aspecto de dicha vestimenta fue ornamentado con diversos motivos que enriquecen
la composición. Por lo demás la imagen resulta bastante austera en lo que respecta
a adornos, ya que la mujer no lleva ningún tipo de collar (algo tan reiterado
en la iconografía
egipcia); ni siquiera luce pulseras o tobilleras. Es como si con ello se
quisiera enfatizar el cuerpo de la mujer, eliminando elementos que pudieran
distraer. Así se subraya el protagonismo de la piel desnuda y de la compleja
postura con la que curva su silueta. Lo cierto es que además de la decoración
de la tela, la única concesión a la coquetería se reduce a la presencia de un
pendiente de aro muy amplio y el perfilado en negro que resalta la mirada en un
rostro que, a pesar de la forzada postura, resulta relajado y sereno.
Aún
tratándose de una representación sobre una insignificante lancha de piedra,
quien pintó esta figura sobre la caliza no se ahorró destrezas ni detalles: los
trazos son seguros y largos, la composición irradia un gran equilibrio, se
cuidaron detalles como la forma de plasmar el arranque de la melena en las
sienes, frente y nuca, etc. No obstante, posiblemente en esta hermosa imagen
hay que destacar aspectos como el uso del color. Lo cierto es que se consiguió
un resultado magnífico utilizando únicamente el negro y el ocre rojizo, pero
también usando la transparencia de la pintura que deja entrever la piedra y
ofrece distintos puntos de luz. Incluso en el tratamiento de la piel femenina
se aprecian distintas tonalidades, mostrando mayor intensidad cromática en
ciertas zonas.
Mediante
estos toques el artista llama la atención sobre ciertas partes de la figura y
realza las texturas, pero también utiliza el color para contrastar la pierna en
primer plano y la que queda en segundo plano, así como el brazo representado en
primer plano del que queda en segundo plano. El hecho de destacar mediante
distintos tonos figuras o partes de figuras superpuestas, ayudando a su delimitación
y generando a la vez ritmo, es algo habitual en el arte egipcio y es también el
recurso que se utiliza en este ostracón aunque de forma sutil, inusual y muy
hábil.
Otras
pinturas
Inherkhau y su familia
Inherkhau
fue el 'Capataz del Señor de las Dos Tierras en el Lugar de la Verdad' durante
los reinados de Ramsés III y Ramsés IV, c.
1186–1149 a.C.
En
esta escena, representada en una de las paredes de su tumba (TT359), vemos a
Inherkhau sentado junto a su esposa y sus cuatro hijos, recibiendo ofrendas en
tributo. Entre ellos hay una pequeña estatua de mano de Osiris y un naos
(santuario) dedicado a la deidad, acompañados de vasijas sagradas que contienen
aceites y libaciones.
Tumba de Inherkhau
(TT359), necrópolis tebana, gobernación de Qena, Deir el-Medina, Egipto.
Inherkhau
y su esposa son retratados con sus mejores atuendos, cubiertos con delicados y
translúcidos sábanas egipcias. Lleva sandalias blancas y una peluca trenzada
hasta los hombros, cortada en diagonal, con una barba cuadrada que se extiende
desde la barbilla.
Inherkhau y su esposa
Wab(et)
El
cabello de su esposa, probablemente también una peluca de finas trenzas, cae
sobre sus hombros hasta la parte baja de la espalda. Lleva elegantes pendientes
blancos de disco, presumiblemente elaborados en marfil. Ambos están sentados en
sillas con patas en forma de animal, situadas delante de un puesto de ofrendas,
que parece contener lo que parece ser un tributo nutritivo de comida en forma
circular.
Sus
manos, representadas en el estilo elegante y fluido característico del periodo
de Amarna de la dinastía XVIII, conservaban los dedos alargados
preferidos en las convenciones artísticas de la época a pesar de las tendencias
ideológicas cambiantes. Si miramos detenidamente, se captura un momento tierno
entre Inherkhau y una de sus hijas, mientras un solo mechón de su cabello es
delicadamente sujeto entre su pulgar y su índice.
Los
cuatro niños son más pequeños que sus padres, con dos que parecen notablemente
más diminutos. Todos están representados desnudos, una señal artística habitual
de la juventud. Sus peinados presentan una cabeza rapada con un característico
conjunto de cabellos laterales, un estilo durante mucho tiempo asociado a la
infancia y conocido por los egiptólogos como el 'mechón lateral de la
juventud'.
Tres
de los niños llevan pendientes de aro blancos sencillos, probablemente hechos
de marfil, y cada uno está adornado con collares, pulseras y tobilleras
decorativas. Las dos hijas mayores aparecen sujetando un pájaro con una mano,
con los polluelos acurrucados en sus manos libres, un detalle interesante que
añade calidez e intimidad a la escena.
Hijos de Inherkhau
realizando rituales sacerdotales con bastón con cabeza de serpiente ante su
padre sentado durante el Nuevo Reino, dinastía XX, reinados de Ramsés III y IV,
c. 1180–1150 a.C. Tumba de Inherkhau (TT 359), Deir el-Medina
Ahmose Nefertari, la deificada reina de
Egipto
Ahmose Nefertari fue hermana y Gran Esposa Real
del rey Ahmose I, el primer rey de la dinastía XVIII. Tras arrebatar las
riendas de las manos de los hicsos y unificar un Egipto desmontado, Ahmose I
fue el primer gobernante de origen egipcio en llevar a Egipto a lo que se
denomina su Edad de Oro, también conocida como el Nuevo Reino.
Se cree que Ahmose Nefertari y Ahmose I fueron
hijos del rey Seqenenre Tao (Seqenera Djehuty-aa o Sekenenra Taa)
y Ahhotep I. Seqenenre Tao no fue rey mucho tiempo y fue brutalmente
asesinado en combate. Ahhotep I fue su Gran Esposa Real y se cree que fue un
gobernante influyente y querido. Es hija de la reina Tetisheri y del rey
Senakhtenre Ahmose.
El deificado Ahmose Nefertari, tal como se
representa en la TT 359, Deir el-Medina.
Este fragmento de muro está ahora expuesto en el Neues Museum de Berlín. ÄM
2060.
Un siglo aproximadamente después de sus
muertes, tanto Amenhotep I como su madre Ahmose Nefertari se
deificaron y fueron objeto de un culto de reconocimiento y adoración en la
región de Deir el-Medina y Tebana durante aproximadamente 400 años.
Por tanto, su imagen aparece en numerosas estelas y tumbas, a pesar de no ser
los gobernantes del periodo en que se hicieron tales semejanzas.
La razón de su estatus y culto deificados no se
conoce realmente, sin embargo, se piensa que quizá fue debido a la empatía de
Amenhotep I y, por tanto, a la ayuda para los trabajadores en la famosa aldea
obrera de Deir el-Medina, donde el culto a la dedicación hacia la pareja fue
muy seguido durante siglos.
Amenhotep I representó
dos veces junto a su madre, Ahmose Nefertari. Tumba de Khabeknet (TT2).
Khabeknet era hijo de Sennedjem e Iyneferti (Tumba TT1) y recibió títulos
de: "Siervo en el lugar de la verdad", durante el reinado
de Ramsés II.
¿Por qué a veces se representa a Ahmose
Nefertari de forma negra tras su muerte?
Contrariamente a lo que pueda decir internet,
la piel negra de Nefertari no es una indicación de origen africano negro, sino
de hecho una indicación simbólica de su fallecimiento.
La codificación por colores en el arte del
Antiguo Egipto es una estructura bastante sencilla y formulaica que el
historiador básico de sillón o egiptólogo puede comprender, y con suerte
comprenderás la estructura básica tras leer este artículo.
A pesar de que los artesanos del Antiguo Egipto
eran extremadamente talentosos tanto en la escultura como en las
formas de arte bidimensionales, preferían una estructura simplista en cuanto a
la estructura del arte que desarrollaban, y la razón de ello era la
funcionalidad y el propósito espiritual de tales representaciones.
Aunque existen ejemplos de casos excepcionales
(cuando una pieza va en contra del canon habitual), en resumen, la paleta del
arte egipcio tendía a tener un esquema de colores principal para las figuras
humanas.
§ Amarillo o un tono
melocotón para mujeres: A lo largo de la historia y en diversas culturas de
todo el mundo, que las mujeres fueran más claras que el hombre era una imagen
favorable para presentar. Esto no tenía tanto que ver con la raza o la etnia,
sino con una representación del estatus en la sociedad. La piel más clara
significaba que una persona pasaba menos tiempo al aire libre bajo el sol
trabajando y más tiempo viviendo relajada o incluso posiblemente lujosa. Así,
la mujer que era amarilla junto a su marido de piel roja presentaba al espectador
el retrato de un hombre trabajador, que proporcionaba consuelo y protección a
las mujeres de su familia.
Por supuesto, la piel
más clara pudo haberse convertido en un estándar de belleza precisamente por
esta razón; Nefertiti es llamada "de rostro hermoso" en
escritos dedicados por su amado esposo, el rey Akhenatón. Estos ideales pueden
parecer problemáticos en esta sociedad moderna, pero tales ideales fueron
mundiales a lo largo de diversas historias, y sería erróneo considerar a los
egipcios prejuiciosos por esta representación de la forma femenina.
§ Rojo o marrón rojizo
para hombres: La
piel roja indicaría un hombre sano, bronceado, en forma y capaz de actividades
al aire libre, ya fuera la caza o la agricultura. Esto no siempre sería una
representación fiel a la realidad, ya que en la muerte el egipcio querría ser
representado en su mejor momento. Y para el egipcio, un hombre sano y al aire
libre era un hombre en su mejor momento. Incluso el rey de Egipto en algunos
periodos tenía que demostrar su capacidad y su capacidad en festivales. Así
que, incluso si un hombre era enfermizo u obeso, se le representaba de color
marrón rojizo, vestido con lino fino y una peluca en la cabeza. Incluso se les
representaba cultivando con tales ropas, aunque en vida no fueran agricultores,
sino escribas adinerados, porque en la muerte, incluso los más
elitistas querían presentarse como mantenientes de la agricultura del Campo
de los Juncos (el reino celestial de Egipto), ya que para los
egipcios, el cielo era esencialmente vida eterna en Egipto, la patria ya
consideraba un paraíso para los egipcios.
La
rey Hatshepsut es famosa por ser representada en forma masculina y,
por tanto, se le representa llevando la corona de Osiride con la piel roja. La
idea era representarla como un hombre, para no alterar la orden de Ma'at
mostrando a una faraona mujer.
§ Negro para el difunto o
inmortal.
§ Verde (en periodos
posteriores algunas deidades se representan en azul) para el difunto o
inmortal.
El negro era un color
importante para los egipcios. De hecho, uno de los nombres para todo su reino,
y a menudo malinterpretado a propósito, era la Tierra Negra (km.t).
Esto se refería al fértil limo del Nilo que dio vida a Egipto. Verás, Egipto
estaba rodeado de un desierto árido, al que llamaban la Tierra Roja (dshrt),
y así, cuando el Nilo se inundaba anualmente, dejando tras de sí un paisaje
empapado, húmedo y fangoso, los egipcios vieron esto como un regalo divino. Por
eso, otro nombre para Egipto es "El regalo del Nilo". Lo
más importante es que este limo fangoso permitiría que Egipto fuera fértil,
ya que una vez que la inundación hubiera pasado, Egipto comenzaría a producir
agricultura verde, permitiendo que la vida prosperara.
Estela de piedra caliza dedicada al rey
deificado Amenhotep I y a su madre Ahmose
Nefertari Nuevo Reino, dinastía XIX, c. 1292–1191 a.C. De Deir el-Medina, ahora
en el Museo Egizio, Turín, Italia. Gato. 1452
"El concepto de raza les habría sido
totalmente ajeno [a los antiguos egipcios]. Por supuesto, los antiguos egipcios
discriminaban... Pero es evidente, por relieves, inscripciones y momias reales,
que no discriminaban por el color.
Ni el color ni las 'condiciones previas de
servidumbre' impedían que un individuo se convirtiera en 'uno de los nuestros'.
Los esclavos a veces se casaban en familias o eran adoptados. Algunas personas
de origen extranjero alcanzaron altos rangos... Los extranjeros se convirtieron
en egipcios cuando aprendieron el idioma y adoptaron las costumbres del
país"
— Tierra Roja, Tierra Negra: Vida Diaria
en el Antiguo Egipto, por Barbara Mertz (#aff)
Y ahí es donde entra en juego el Verde. Tanto
el negro como el verde son dos colores
asociados al dios Osiris. Osiris era el gobernante del
Inframundo. En resumen, su historia dice que; tras ser asesinado por su hermano
Set, Osiris fue desmembrado y sus partes de cuerpo se ocultaron por todo
Egipto. Su amada esposa, Isis (Aset), reunió todas las partes y las juntó,
creando en Osiris la primera momia.
Osiris suele representarse con piel verde o
negra, para representar la agricultura de la Tierra Negra, que para los
egipcios representaba el renacimiento, ya que tras el diluvio, la vida
florecería en la Tierra Negra. Así, la piel negra de Orisis
representa la fertilidad y la resurrección inminente de la vida, y el verde
representa el renacimiento y resurrección reales de esa vida.
Descubierto dentro del Escondite Real, se cree que el cuerpo momificado de
Ahmose Nefertari fue una de las muchas momias reales del Nuevo Reino
trasladadas por el sacerdocio egipcio por razones de seguridad. El Escondite
Real, técnicamente conocido como TT320 (anteriormente DB320), es una tumba del
Antiguo Egipto situada junto a Deir el-Bahari, en la Necrópolis Tebana, frente
a la actual ciudad de Luxor.
La obsesión egipcia por la fertilidad estuvo
presente durante toda su era predinástica y dinástica. La mayoría de
las deidades estaban asociadas de alguna forma a la fertilidad o al
renacimiento. Ya sean los dioses y diosas protectores, asegurando la seguridad
de los niños como Tawaret o Bes, o las diosas femeninas de la maternidad y la
feminidad como Hathor e Isis, y por supuesto, los dioses
masculinos de la resurrección y la fertilidad como Osiris y Min. Min, que
aparece con su falo erigido.
Se dice que a lo largo del año se celebraban festividades religiosas, estas
fiestas giraban en torno a los ciclos de las estaciones y se llenaban de
rituales para asegurar la fertilidad de la tierra, con la esperanza de que la
renovación de la tierra fuera la más fructífera.
Como todas las culturas antiguas del mundo, la
necesidad de que la comunidad sobreviviera era lo que más importaba, y la
agricultura que surgiera traería alegría y esperanza, riqueza y, por supuesto,
seguridad para otro año estacional.
Ahmose Nefertari
depicted in the 20th Dynasty tomb of Kynebu.British Museum. EA37994 Amenhotep I
representado en la tumba de Kynebu de la Dinastía XX. MuseoBritánico. EA37993
Los egipcios eran muy evidentes a la hora de
representar a personas de otras culturas o etnias. Mostraban los trajes
culturales de las personas que representaban, e incluso los rasgos faciales
distintivos. Estas representaciones de las regiones vecinas y de extranjeros
eran importantes para los egipcios, ya que tales imágenes eran una muestra del
poder que tenían los egipcios, con portadores extranjeros de tributo y quizás
víctimas extranjeras sometidas de castigos.
Los arqueros nubios (del actual Sudán del
Sur) eran representados con sus tradicionales tocados de plumas, piel negra o
marrón oscura, y a veces roja como los egipcios, pero sus rasgos eran más
bulbosos y sus cicatrices culturales faciales, que aún usan hoy en día por la
tribu Dinka, estaban presentes en la frente. Lo mismo ocurre con Libia y Asia
(región de Siria y Levante). Ellos también tendrían la piel roja o eran más
claros, pero sus trajes y vello facial diferían mucho de los egipcios. Representaciones
tan diferentes e identificables de los distintos pueblos del mundo entonces
conocido fueron descritas por el rey Akenatón en su Himno a
Atón e incluso exhibidas en la tumba de Seti I.
Libios, nubios, sirios,
egipcios. Tumba de Seti I, c.1294–1279 a.C. Facsímil por Heinrich von Minutoli (1820).
"Los países de
Siria y Nubia, la tierra de Egipto,
pones a cada hombre en su lugar, provees sus necesidades:
Cada uno tiene su alimento, y su tiempo de vida se cuenta.
Sus lenguas son separadas en el habla, y también en sus naturalezas;
Sus pieles se distinguen, como tú distingues a los pueblos extranjeros."
Gran Himno al Atón, escrito en tumbas de Amarna (antiguo Akhet-Atón).
La deificada Ahmose Nefertari
entronizada junto a su hijo, Amenhotep I Stela de Sennefer, dinastía XIX, c. 1292–1190 a.C.
Museo Egizio de Deir el-Medina. Gato. 1455
Fresco que
representa a Nebamun cazando aves; 1350 a.C.; pintura
sobre yeso; 98 × 83 cm (2 pies 9 pulgadas) × 2 pies 8,7
pulgadas); Museo Británico (Londres) Bloque de un relieve
que representa una batalla; 1427–1400 a.C.; arenisca pintada; altura: 61,5 cm
(24,2 in); Museo Metropolitano de Arte (EE. UU.) Fresco que representa
la piscina en el jardín de la finca de Nebamun; c. 1350
a.C.; yeso pintado; altura: 64 cm; Museo Británico Frescos en
la Tumba de Nefertari, en los que aparece Khepri sentado en un
colorido trono cuadrado Los gansos
Meidum; 2575–2551 a.C.; yeso pintado; 27 x 172 cm; Museo
Egipcio (El Cairo)
El Papiro
Erótico de Turín (Papiro 55001, también conocido como el Papiro
Erótico o el Papiro de Turín) es un
antiguo papiro del Antiguo Egipto, pintado durante la época
ramésida, aproximadamente en el 1150 a. C. Descubierto
en Deir el-Medina cerca del Valle de los Reyes, en la orilla
occidental de Luxor, ha sido llamado «la primera revista para hombres del
mundo». En la actualidad se conserva en el Museo Egipcio de Turín,
en Italia. El papiro es el único papiro erótico conocido que ha
sobrevivido, aunque está severamente dañado. Las representaciones de imágenes
sexuales no formaban parte del repertorio formal del arte del Antiguo Egipto,
solo se encuentran en templos y tumbas uniones más bien
simbólicas como Isis sobre Osiris concibiendo a Horus, pero se han encontrado
bocetos rudimentarios de parejas copulando dibujados en ostracas y
grafitis.
La
productora Wild Dream Films reconstruyó digitalmente el papiro en 2009, como
parte del documental del canal de televisión Historia titulado Sex
in The Ancient World: Egyptian Erotica (‘El sexo en el mundo antiguo:
erótica egipcia’).
Descripción
El
papiro mide 260 cm por 25 cm y consta de dos partes. El primer tercio, descrito
como satírico y humorístico, tiene dibujos de las
escenas antropomórficas de La Mascarada de los animales y El
Mundo al Revés; esta parte del papiro ha sido descrita
como satírica y humorística. La sección erótica
o pornográfica ocupa los restantes dos tercios y contiene doce
viñetas con diferentes escenas sexuales, en un ambiente descrito como relajado,
discreto y erótico.
El
texto parece haber sido escrito apresuradamente en los márgenes y al parecer
expresa goce y deleite: «…Ven detrás de mí con tu amor, ¡oh Sol! Has
encontrado mi corazón exaltado, ejercita mi deleite…».
Rompiendo
con el convencionalismo de la representación perfeccionista del cuerpo en el
arte del antiguo Egipto, los hombres aparecen «mal vestidos, calvos, muy bajos
de estatura, panzones y con penes exageradamente grandes». En contraste, se
representa a mujeres núbiles, con una belleza erótica clásica del arte
faraónico, con imaginería hathórica, entre enredaderas, flores de
loto, monos y sistros musicales. En general, el mérito
artístico de las imágenes es alto, lo que sugiere que el dueño del papiro erótico
era de clase social elevada. Las imágenes masculinas han sido interpretadas
como diferentes escenas de un solo protagonista, que tiene varios encuentros
con una cortesana o esclava.
Cuando
hablamos de cómo las civilizaciones antiguas imaginaban y practicaban el sexo,
se vuelve fácil pensar en los griegos y romanos con sus largas y conocidas
representaciones de su vida sexual. Sin embargo, cuando se trata de la
civilización egipcia, es difícil saber realmente el papel que jugó la
sexualidad en su desarrollo como una de las culturas más importantes. Si
piensas en estos dos temas, lo único que viene a la mente de todos es el famoso
y controvertido personaje de Cleopatra, la reina sensual cuyos encantos
atrajeron no a uno, sino a dos de los hombres más poderosos de su tiempo.
Aparte de eso, la otra representación, que no es tan popular como la de
Cleopatra, es el papel de las mujeres en las películas no tan aclamadas (pero
muy populares) de La Momia. Lejos de estos, el Antiguo Egipto es más conocido
por su misticismo y mitología. Es más conocido por sus creencias sobre la
muerte y la vida y sus grandes construcciones. Pero la sexualidad no es algo
que realmente asociemos con ellos cuando hablamos de esta gran civilización.
Entonces, ¿qué les parecieron?
Durante
la época napoleónica, surgió una fiebre e interés por Egipto y su historia
antigua, lo que llevó al descubrimiento de la gran piedra de Rosetta y al
nacimiento de una nueva rama en los estudios de historia y arqueología conocida
como egiptología. Como resultado, durante la década de 1820, entre una enorme
colección excavada en el Valle de los Reyes y que descansaba dentro de la
seguridad de los muros del recién inaugurado Museo Egipcio de Turín, se
encontró un artefacto muy intrigante. Se le conoce como el Papiro Erótico de
Turín. Oculto desde los años setenta debido a sus representaciones
"obscenas", este documento cambió por completo nuestra percepción
occidental del Antiguo Egipto. Este papiro de 8,5 pulgadas se divide en dos
temas principales: por un lado, un tercio representa animales de aspecto humano
realizando actividades humanas, que se consideran una representación satírica
de la vida cotidiana. Los otros dos tercios –y los más interesantes– muestran
doce escenas de personas realizando posiciones sexuales.
Incluso
hoy en día, historiadores y arqueólogos siguen ignorando lo que representaba
este papiro en su época. Aunque algunos piensan que era un documento teológico
o un artefacto mágico para asegurar el viaje de una persona fallecida hacia el
más allá, el consenso más común es que podría ser la primera representación
erótica de la sexualidad. En otras palabras, fue uno de los primeros ejemplos
de pornografía. Como mencioné, a diferencia de otras culturas antiguas, la
sexualidad en el Antiguo Egipto se representaba de forma más sutil y
codificada. Según los especialistas, la sexualidad estaba codificada, o al
menos eso pensaban muchos debido a la evidencia histórica, pero si se observa
detenidamente, hemos pasado por alto el hecho de que el sexo tenía un papel muy
importante más allá de la reproducción.
Si
retrocedemos un poco hasta el nacimiento de la egiptología, entenderemos por
qué ocurrió esto. Cuando todas las piezas increíbles fueron extraídas de su
tierra original y transportadas a museos en Londres y otras ciudades de Europa,
quisieron mostrar el lado misterioso y "exótico" de esta
cultura que había sido olvidada durante tanto tiempo. Como resultado, muchas de
las piezas con una carga ligeramente erótica fueron censuradas o modificadas
automáticamente para considerarlas apropiadas, según la perspectiva mojigata de
la época. Por ejemplo, figuras y estatuas que representan al dios de la
fertilidad y la reproducción, Min, que originalmente se representaba como un
hombre sosteniendo su largo y erecto falo, fueron mutiladas. En el caso de
imágenes o grabados, los victorianos y otros europeos fueron más creativos y
colocaron carteles de museo para cubrir los genitales del dios. Cuando era
imposible censurarlo, escondían el artefacto en almacenes y sótanos.
Sin
embargo, no se trata solo de censura. En muchos casos, la representación de la
vida sexual del antiguo Egipto se hacía a través de símbolos y una iconografía
muy complexa, porque, sí, también eran un poco mojigatos en su arte. Así, en
los diferentes templos del país (siendo los más importantes los del Valle de
los Reyes) podemos ver muchos jeroglíficos y arte cargados con esta
iconografía, como flores de loto que representaban la idea de la resurrección.
Ahora, ¿qué tiene que ver esto con el sexo, te preguntarás? De hecho, para los
antiguos egipcios, el paso al más allá se veía como un renacimiento o
resurrección, y la única forma de lograrlo era a través del sexo, o mediante la
idea del sexo. Si lo piensas, es muy lógico en su esencia. La forma en que los
humanos y la mayoría de los animales perpetúan la vida es a través del sexo. De
ese modo, la forma lógica de resucitar o renacer debe ser también a través del
sexo. Sin embargo, esto no es una cuestión de relaciones sexuales físicas, sino
de un rito espiritual y simbólico que depende de los poderes mágicos de la
iconografía y las figuras, de ahí el esfuerzo en rituales funerarios y
decoraciones de las tumbas.
El
mejor y más famoso ejemplo es un cofre encontrado en la tumba de Tutankamón,
que lo muestra sentado en una silla apuntando con un arco mientras su esposa,
arrodillada a su lado, sostiene la flecha. Lo interesante es que la antigua
palabra sti se refería tanto al disparo como a la eyaculación. De ese
modo, las escenas de caza o animales se usaban principalmente para representar
fertilidad, reproducción y sexualidad. Otra cosa importante a mencionar es que,
aunque la sexualidad humana estaba principalmente codificada, en lo que
respecta a la representación de dioses, la naturaleza de la iconografía
cambiaba. Al igual que el dios Min, varias otras deidades fueron representadas
en interpretaciones sexuales explícitas. Eso es lo que hace que el Papiro
Erótico de Turín sea tan interesante y revolucionario, ya que no representa
ninguna deidad del panteón egipcio.
Aunque
no podemos saber con certeza el verdadero significado e historia detrás de este
papiro, basándonos en las imágenes y los pocos textos que quedan, los
especialistas piensan que podría tratarse tanto de un tratado sobre el amor
como de una representación cotidiana de un burdel. Puede que nunca sepamos la
verdad detrás de ella, pero lo importante es que, desde su exhibición en los
años setenta, nos ha dado una nueva perspectiva para interpretar y comprender
esta majestuosa y milenaria civilización de una manera nueva y diferente.
El canon egipcio
Los
egipcios establecieron todo un canon para representar sus imágenes, fue la
primera gran civilización que establecía un sistema, de representación de
imágenes, muy concreto y preestablecido.
Hacemos
referencia, de nuevo, al orden de la tabla para explicar las reglas que se
establecieron a modo de canon y que prefijaban las bases de las creaciones artísticas.
Indicaremos
algunas diferencias entre los relieves y las esculturas de bulto redondo, ya
que en el relieve se enfrentaban a un problema más, la representación de la
profundidad, al que dieron una solución muy llamativa.
El canon egipcio: representar lo eterno
Las
representaciones egipcias responden a un canon que se establece
institucionalmente como modelo que intenta representar en la tierra lo eterno.
La civilización egipcia era una cultura principalmente funeraria, y todo giraba
en torno al concepto de la muerte y la posterior vida eterna. Esta manera de
pensar condiciona todos los aspectos de la vida egipcia.
Estudiaremos
el canon egipcio a través de la figura humana, donde podremos apreciar del modo
más evidente la utilización de ciertas reglas y la preferencia por determinados
elementos del lenguaje plástico.
Elementos sensoriales:
* La forma:
se eligen, selectivamente, las formas que hacen más identificable al objeto,
aquellas que ofrecen posiciones permanentes o predominantes evitando formas
oblicuas o posiciones transitorias, escorzos, etc. En el caso de la figura
humana se eligen las partes, a modo de unidades muy bien definidas,
más representativas: mano, antebrazo, brazo, etc. y se da especial importancia
a las articulaciones, que conectan y permiten el movimiento a estas
unidades. Son formas simplificadas, casi geometrizadas que buscan la
idealización. Si es necesario, se recurre al detalle, si hace más identificable
una forma, como en el caso de las uñas de los dedos. Cada parte anatómica es
considerada de un modo independiente, atendiendo al modo más descriptivo
posible, sacrificando la coherencia realista del conjunto de la figura en las
pinturas y relieves aunque sin embargo, dotando a las figuras de una animación
vital misteriosa y ultrahumana; En la escultura de bulto redondo se mantiene la
coherencia realista, donde no es necesario forzar las articulaciones de un modo
antinatural, ya que ofrece sus formas del modo más descriptivo en las vistas de
frente y perfil (profundizaremos en este concepto en el apartado del punto de
vista). Son por tanto formas figurativas, más racionales que naturalistas,
más idealizadas que reales.
* El
tamaño: Las representaciones egipcias utilizan distintas escalas de
tamaños, desde los muy pequeños a monumentales. Ahora bien se asocia el mayor
tamaño a los personajes más importantes. El faraón siempre se
representará más grande que un simple sirviente. Se desconocía la perspectiva
cónica, los personajes más pequeños son los que socialmente son menos
importantes, no los que están más lejos en la escena.
Relieve egipcio, En
Wikimedia de Sémur Escultura egipcia. En
Flickr de peterjr1961
* El
color: Se utiliza para pintar muros, relieves e incluso esculturas, con
un alto grado de contenido simbólico, así la piel de los personajes
masculinos se pintaba de color rojizo, las de los femeninos más pálidos, o el
dorado para representar a la divinidad, etc. Son colores planos, vivos
y sin gradaciones. En muchos casos, la escultura de bulto redondo no se
pinta, pero se pule de un modo exquisito.
En Flickr
de Kairoinfo4u
* la
iluminación: Tanto en los relieves como en las esculturas de bulto redondo
se busca el contraste lumínico, sus formas muy bien definidas crean
bordes y volúmenes muy delimitados de luz y sombra. La iluminación de
un interior oscuro con una antorcha flameante creaba unas líneas oscuras en los
surcos o prominencias del relieve, que con las vibraciones del fuego parecieran
moverse. Del mismo, modo estos surcos y prominencias vienen bien a la hiriente
y fuerte luz exterior del desierto.
* la
textura: Las texturas para imitar distintas calidades matéricas son
meramente funcionales, es decir, se organizan en una serie de ritmos con
formas convencionales conceptualizadas, que identifican al objeto: escamas,
plumas, pliegues en las telas, zigzag para el agua, etc. En las esculturas de
bulto redondo, también existen este tipo de texturas, muchas presentan un gran
acabado pulido como modo de representar la perfección.
Elementos
de Relación:
* La
proporción: Los egipcios establecieron un sistema de relaciones entre las
partes y el todo. Fueron los que usaron por primera vez la cuadrícula, un
sistema muy racional basado en la horizontal y la vertical. El sistema de
medidas es antropométrico, es decir, la unidad de referencia es una parte del
cuerpo humano, el puño, que equivale al lado del cuadrado de dicha cuadrícula.
Para
el cuerpo entero acordaron un total de 18 puños o cuadrados, aunque
posteriormente existió una cuadrícula de 22 puños. Partiendo del puño, se
establecieron otras medidas, 18 puños eran 4 codos (desde el codo al extremo
del dedo pulgar) o 2 brazos. Las figuras sentadas medían 15 cuadrados de altas.
Esta
cuadrícula también se utilizaba para realizar esculturas de bulto redondo, ya
que partían de un bloque de forma cúbica en el que se dibujaba la vista de
frente, el perfil y la vista superior en las correspondientes caras del cubo;
entonces se procedía a esculpir la piedra quitando en material sobrante. Las
figuras resultaban herméticas y muy simétricas.
* El
movimiento: al igual que las formas, el movimiento y las acciones se
racionalizan y se simplifican. Una figura con los pies separados representa el
caminar, andar... esta manera egipcia de representación normalizada presenta
una figura humana articulada con mucha rigidez, nos recuerda a algunos muñecos
actuales cuyas articulaciones y flexibilidad están muy limitadas. En las
esculturas de bulto redondo el movimiento es muy limitado también, aunque a
medida que avanza el tiempo se va insinuando un poco más. La búsqueda de un
movimiento natural no preocupa ni interesa al egipcio, pretende solo
representar una acción por medio de un gesto simbólico, haciéndolo con una
fuerte idea de bloque, masa y hermetismo.
* El
peso visual: La expresión hierática de las figuras, y sus miradas al
infinito, atrae la atención del espectador en primer lugar, siendo el rostro la
parte con mayor peso visual, las manos y los pies son también formas de gran
peso visual, ya que al definir los gestos y acciones de los personajes atrae
nuestra mirada.
* El
punto de vista: Es uno de los elementos más característicos en el
canon egipcio. En cada parte anatómica se ha elegido un punto de vista,
atendiendo sobre todo a su contorno, el que describa visualmente dicha parte
ofreciendo el máximo de información. Una mano ofrece más información y menos
confusión si está representada de frente, cuando se ven sus cinco dedos y no
presentando escorzos o posiciones oblicuas transitorias. Se buscan posiciones
permanentes para aproximar la figura a la idea de la eternidad. Por todo ello
encontramos en la representaciones de pinturas y relieves figuras con múltiples
puntos de vistas. Como consecuencia de mezclar estos puntos de vistas, las
articulaciones se ven forzadas y rotas, aspecto que puede extrañarnos, pero en
aquel momento se trataba de un tipo de representación institucionalizada.
Aunque
una escultura de bulto redondo tiene infinitos puntos de vista, en las egipcias
predominan el frontal y perfil. En las esculturas no hay necesidad de mezclar
varios puntos de vistas en una sola vista, ya que se puede rodear.
*
La manera de representar líneas y volúmenes responde a una forma figurativa
pero no realista, esquematizados con tendencia a la geometrización. Las figuras
inciden en un contorno limpio de líneas simples que aíslan los cuerpos del
espacio exterior. En pinturas y relieves no hay una conciencia de espacio
natural, sino que también se convencionaliza y se convierte en un espacio
simbólico plano. Así las profundidades se solucionan seriando
paralelamente las figuras y superponiendo unas a otras. No interesa realizar
imágenes que copien fielmente la realidad, sino que sirvan para describir y
representar.
La finalidad:
La
civilización egipcia permaneció durante muchos siglos, pasando por varios
periodos, cuanto más avanzados más tendente a naturalismo.
Las
pinturas, relieves y esculturas eran dependientes del elemento arquitectónico,
en su mayoría de tipos funerarios y templos. La cultura egipcia es una cultura
religiosa con la constante obsesión del más allá, las divinidades y lo eterno;
sus imágenes son el reflejo de su sociedad, y pretenden dar culto a los dioses,
a los muertos y a la vida de ultratumba, dando a sus obras un sentido mágico o
sobrenatural a través de los símbolos.
Los
artistas han estudiado el cuerpo humano, sus proporciones y han buscado el
ideal de la belleza: el cuerpo perfecto.
Son
conocidos los cánones griegos, medidos en cabezas, pero el 1er canon modular de
la historia del arte lo encontramos en la escultura egipcia.
Se
descubrió por casualidad, en el siglo XIX al entrar en una tumba de Saqqara y
encontrar un trazado en forma de cuadrícula sobre las figuras de una pared (que
al aplicar el color desaparece), para ajustar las figuras a un #canon,
basando en el puño, el cúbito y el pie.
El
canon egipcio es la figura humana en pie y se fundamenta en las medidas de la
mano y el antebrazo, que son los miembros creadores de cosas, alimentadores del
cuerpo.
Cada
cuadro de la cuadrícula es igual a un puño, y el total del ideal de belleza son
18 puños.
Pero,
además, cada extremidad ha de medir una serie de puños: la cabeza = 2, el
cuerpo de hombro a rodilla = 10 y la pierna entre la rodilla y talón = 6, entre
otras relaciones más complejas entre pies, cúbitos...
La
belleza estaba perfectamente medida en Egipto.
Y
el ideal se aplicó universalmente en todas las artes plásticas y por todos los
artistas.
En escultura, sea exenta o en relieve en las paredes, en la pintura en
cualquier soporte, especialmente en los murales, se aplicó el sistema de
cuadrícula y el ideal de 18 puños.
Para
un egipcio: una estatua o una pintura de un ser humano está viva. La figura y
la persona son lo mismo, y de ahí la inmensa preocupación por captar la apariencia
del retratado, también hay que "mejorarlo" y presentarlo perfecto.
El arte del relieve en el antiguo Egipto En
el contexto específico del arte, el término "relieve" se refiere a
una técnica escultórica en la que las formas tridimensionales sobresalen de una
superficie plana. En otras palabras, el relieve en el arte implica esculpir o
modelar figuras que tienen profundidad y se destacan de un fondo. Hay dos tipos
principales de relieve:
1.
Bajorrelieve
(Bajo Relieve): En
esta técnica, las figuras se esculpen ligeramente, de modo que sobresalen solo
sutilmente del fondo. La profundidad es limitada, y el efecto es más
delicado.
2.
Altorrelieve
(Alto Relieve): En
este caso, las figuras se esculpen de manera más prominente, creando un mayor
efecto de tridimensionalidad. Las formas sobresalen de manera más notoria del
fondo.
Esta
forma de expresión artística se ha utilizado en esculturas decorativas,
monumentos, relieves arquitectónicos y otros medios artísticos para añadir
profundidad visual y un aspecto táctil a la obra. El relieve permite al
espectador apreciar la forma y la textura de las figuras de una manera que no
sería posible en una superficie completamente plana.
El relieve en el arte del antiguo Egipto
El
relieve desempeñó un papel destacado en el arte del antiguo Egipto y se utilizó
de manera extensa en diversas formas de expresión artística. Aquí hay algunas
características clave del relieve en el arte egipcio:
3.
Relieves
en Templos y Tumbas:
·
Los
templos egipcios estaban adornados con relieves que representaban escenas
religiosas, mitológicas o de la vida cotidiana.
·
En
las tumbas, especialmente en las tumbas reales del Valle de los Reyes, se
tallaban relieves que narraban la vida del difunto, sus logros y sus
interacciones con los dioses.
4.
Bajorrelieves:
·
El
bajorrelieve fue una técnica comúnmente utilizada en el arte egipcio. Las
figuras y escenas estaban esculpidas ligeramente en las superficies de las
paredes o columnas, permitiendo un fácil reconocimiento de las imágenes.
5.
Altorrelieves:
·
En
algunos casos, se emplearon altorrelieves, especialmente en lugares donde se
quería destacar figuras importantes o eventos significativos. Esto se observa
en esculturas monumentales y decoraciones arquitectónicas.
6.
Simbolismo
y Jerarquía:
·
El
arte egipcio en relieve a menudo reflejaba un fuerte sentido de jerarquía
y simbolismo. Por ejemplo, la jerarquía de tamaño de las figuras
representadas podía indicar la importancia relativa de los personajes en la
escena.
7.
Uso
de Colores:
·
Aunque
muchas de las representaciones en relieve han perdido sus colores con el
tiempo, se cree que los egipcios coloreaban sus relieves para resaltar aún más
detalles y dar vida a las escenas.
8.
Función
Religiosa y Funeraria:
·
Gran
parte del arte en relieve en el antiguo Egipto tenía una función religiosa o
funeraria. Los relieves en templos honraban a los dioses, mientras que los
relieves en tumbas representaban escenas que ayudarían al difunto en la vida
después de la muerte.
Tipos de relieve
Los
relieves egipcios proporcionan valiosa información sobre la vida, las creencias
y las prácticas de esta antigua civilización. Las escenas en relieve sirvieron
como medios de comunicación visual, educación y veneración.
El
relieve logra su efecto mediante el modelado de la luz y la sombras,
mientras que en la pintura lo consigue con la línea y
el color, pero las técnicas de la representación son
las mismas ya que el relieve también se sirvió del
color.
El
relieve puede ser alzado o en hueco
En el relieve alzado, se excava la superficie hasta los 5 mm en
algunos casos, para que la figura resalte sobre el fondo.
Relieve alzado, templo
de Kom Ombo
En el relieve en hueco, la operación es la contraria al alzado se hacen
incisiones en la superficie lisa siguiendo la silueta de la figura
a representar.
Bajo relieve de
Akhenatón y su familia protegidos por el dios Atón
Los
egipcios empleaban sobre todo relieves alzados para lugares interiores y los
huecos en zonas exteriores.
El
relieve en hueco perduraba más en el tiempo y
era más económica su realización. La pintura
era sustituida por esta técnica cuando la piedra era de
mala calidad y podía desquebrajarse al hacer las incisiones, por
este motivo la mayoría de las tumbas en sus paredes aparecen
solo pinturas mostrando las representaciones.
|
Características
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Relieves Huecos en el Arte Egipcio
|
Relieves Alzados en el Arte Egipcio
|
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Definición
|
Esculturas que presentan cavidades o huecos en el espacio
esculpido, comúnmente en bajorrelieves.
|
Esculturas que sobresalen de la superficie, a menudo en
alto relieve.
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Técnica
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Uso de bajorrelieves para representar detalles finos y
jeroglíficos en las paredes de templos y tumbas.
|
Uso de alto relieve para figuras prominentes y para
resaltar la importancia de ciertos elementos.
|
|
Volumen
|
Menos volumen perceptible, ya que parte del material se
retira para formar las cavidades.
|
Mayor volumen perceptible, especialmente en figuras
destacadas y elementos importantes.
|
|
Sombreado y Luz
|
Juega con la luz que penetra en las cavidades, creando
sombras que realzan los detalles.
|
El juego de luz y sombra se concentra en las partes
elevadas, destacando figuras y jeroglíficos.
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Efecto Visual
|
Detalles más finos y sutiles que requieren una
observación cercana para apreciar completamente.
|
Figuras más destacadas y fácilmente identificables,
creando un impacto visual inmediato.
|
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Ejemplos
|
Bajorrelieves en las paredes de tumbas, templos y
monumentos, representando escenas de la vida cotidiana o rituales.
|
Alto relieve en estatuas de faraones, dioses y diosas,
así como en inscripciones conmemorativas.
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|
Aplicación Común
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Utilizado para detalles decorativos y narrativos en las
paredes de estructuras arquitectónicas.
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Comúnmente aplicado en monumentos conmemorativos y
representaciones de figuras divinas y poderosas.
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Durabilidad
|
Puede ser más delicado en áreas con detalles finos, pero
en general duradero en ambientes controlados.
|
Sólido y duradero, ya que las esculturas alzadas están
más firmemente conectadas a la superficie.
|
TIPOS DE RELIEVE SEGUN SU FORMA.
(A) Representa
los diferentes tipos de relieve alzado que usaban.
(B) Representa
las diferentes formas de relieve en hueco, plano o
abovedado con incisión recta
(C) Relieve
en hueco con incisiones biseladas.
(D) Relieve
alzado, con dos espesores (izquierda) y con un espesor (derecha).
En
Egipto tanto la escritura como las
representaciones artísticas propiamente dichas estuvieron
estrechamente relacionadas. Los signos jeroglíficos eran a su
vez textos que no solo representaban sus formas lingüísticas, sino
que también eran pequeñas representaciones artísticas que
en muchos casos usaban
estas mismas técnicas para plasmarlas
sobre piedra.
Templo de Horus (Edfu)
coronación de Ptolomeo XIII
En
los relieves sepulcrales, la figura principal es un jeroglífico magnificado en
proporción al tamaño del resto del texto que reemplaza a un signo omitido en
epitafio que da el nombre de la persona. Figura y texto
aparecen así en mutua dependencia.
La diosa Hathor ofrece el collar de Menat a Seti I
Un
relieve pintado representa a la diosa Hathor que ofrece el collar de Menat a
Seti I, de una columna en la tumba de Seti I (KV17) en el Valle de los Reyes,
en el oeste de Tebas.
La
tumba de Seti I es conocida por su rica decoración, que incluía elaboradas
representaciones de dioses y faraones en diversos contextos religiosos. También
es famosa por la excelencia artística de sus pinturas murales y relieves.
La diosa Hathor ofrece
el collar de Menat a Seti I
En
este relieve, Hathor, la diosa del amor, la belleza, la música y la fertilidad,
está representada ofreciendo el collar Menat a Seti I.
El
Menat es un símbolo poderoso en la religión del antiguo Egipto, a menudo
asociado con Hathor. Se consideraba tanto un amuleto protector como una
representación de la fertilidad y la alegría.
A
pesar de su título de collar, el Menat se usaba comúnmente en rituales y a
menudo se mostraba en manos de deidades, especialmente Hathor, para transmitir
bendiciones o protección divina.
El
collar servía como instrumento de percusión, agitado para producir un sonido
calmante que se consideraba apaciguar y complacer a un dios o diosa.
En
el relieve, el gesto de Hathor de ofrecer el collar Menat puede interpretarse
como una bendición divina para Seti I, especialmente al pasar al más allá.
El
Menat, en este contexto, sirve como una herramienta poderosa para asegurar su
protección y favor ante los dioses en la próxima vida, reforzando su estatus
real incluso más allá de la muerte.
El
papel de Hathor en el más allá como cuidador y protector de los difuntos está
bien documentado en la iconografía egipcia, y este relieve ejemplifica ese
papel.
La
tumba de Seti I es conocida por su excepcional arte, y este relieve en
particular es uno de los muchos ejemplos que muestran la importancia de las
interacciones divinas, especialmente aquellas entre el rey y los dioses, que
fueron cruciales para la legitimidad real y el paso seguro al más allá.
Nuevo
Reino, dinastía XIX, reinado de Seti I, ca. 1290-1279 a.C. Actualmente se
encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Florencia. N. 2468.
Panel de Rahotep
De
la Mastaba de Rahotep y su esposa Nofret en Beni Suef, este panel de piedra
caliza representa al príncipe Rahotep sentado en una silla de patas de toro
frente a una mesa de ofrendas. La fórmula tradicional de ofrenda se escribe
sobre la tabla en jeroglíficos. Sobre la mesa de ofrendas se han colocado 8
medias barras de pan.
Rahotep
lleva una peluca corta y redonda y corta, y habría estado adornada con piel de
leopardo, pero desafortunadamente el pigmento se ha desvanecido. El pigmento
permanece en la peluca y un color miel amarillento permanece en algunas partes
del cuerpo de Rahotep.
"Los nombres de
las ofrendas convencionales están escritos sobre la mesa y debajo de ella, a un
lado del atril. A la derecha de esta escena hay una lista estándar de ofrendas
del tipo temprano. El nombre y los títulos del fallecido están escritos en
signos más grandes a ambos lados y sobre la escena principal."
– Museo Británico
Rahotep
podría haber sido hijo del rey Sneferu y, por tanto, hermano del
rey Keops. Ostentó los títulos de Sumo Sacerdote de Re en Heliópolis,
General del Ejército y Jefe de Construcción.
El homenaje a Horemheb
Este
relieve de piedra caliza finamente tallada adornó en su día la capilla
funeraria de Horemheb, en una época en la que aún era general al servicio
de Tutankamón. Registra un momento de alto teatro ceremonial,
mostrando las obras de Horemheb, o homenaje formal, por el éxito militar y
diplomático.
En
el centro, los asistentes colocan pesados collares dorados alrededor del cuello
de Horemheb. Este es el célebre "Oro de Honor" (nbw n ḥswt);
no un regalo casual, sino la máxima recompensa real del Antiguo Egipto por su
leal servicio. Estos collares, a menudo hechos con hileras de cuentas de oro o
placas en forma de media luna, proclamaban el favor real tan visiblemente como
una medalla moderna. Llevarlas significaba ser marcado públicamente como un
hombre cercano al rey.
Detrás
del general se extiende una larga procesión dispuesta en registros. Los
prisioneros de guerra están deliberadamente tallados con rasgos y vestimentas
extranjeras, separados de sus guardias egipcios. La victoria, el orden y la
jerarquía están plasmados en piedra.
Material: Dimensiones de
piedra caliza: 86 × 109 × 19,5 cm
de la tumba de Horemheb en Saqqara. Actualmente en el Rijksmuseum van Oudheden.
Los
bloques a los que pertenece este relieve fueron dispersos entre museos en el
siglo XIX, olvidando sus posiciones originales. Solo en 1975 las excavaciones
en Saqqara reubicaron la tumba de Horemheb, permitiendo a los estudiosos reunir
los bloques supervivientes y restaurar la historia del monumento. Moldes de
muchos fragmentos vuelven a estar en su lugar original, devolviendo honor, de
forma bastante apropiada, al hombre que una vez recibió el oro de Egipto.
Horemheb recibe el
"Oro de Honor" (nbw n ḥswt)
En
el brillante mundo del Nuevo Reino de Egipto, los reyes otorgaban a sus
sirvientes más leales y extraordinarios un espectacular símbolo conocido por
nosotros como el "Oro del Honor" (nbw n ḥswt); un deslumbrante
collar o conjunto de collares de oro otorgados como la máxima recompensa real.
Llevados orgullosamente alrededor del cuello como una insignia reluciente de
distinción, estos regalos solían confeccionarse con cuentas o anillos de oro
puro, a veces dispuestos en múltiples hebras que captaban los rayos del sol
igual que quien lo llevaba ganaba el favor del rey.
El
oro en sí no era un metal común en el Antiguo Egipto; se consideraba la eterna
"carne de los dioses", la sustancia radiante del dios sol Re, y un
símbolo de autoridad divina y vida eterna, valorada por encima de cualquier
otro material por su belleza y brillo inmutable.
La
tradición de regalos reales con collares de oro parece haber tomado forma a
principios de la dinastía XVIII, con quizás los primeros collares shebyu
(llamados así por los egipcios) registrados en inscripciones funerarias del
reinado de Ahmose I.
Lo
que distinguía al Oro de Honor no era solo su fabricación lujosa, sino su
presentación real: solo podía ser recibido del propio faraón en una ceremonia
pública, y no confería un nuevo título u cargo, sino que señalaba un vínculo
personal especial y una gloria compartida con el rey.
Entre
un celéberrimo destinatario estuvo Parennefer, mayordomo real y confidente
cercano de Akhenatón, quien aparece en su tumba en Amarna adornada con muchos
de estos collares de oro; Un espectáculo visual de estima real que convierte
cada vínculo brillante en una historia de servicio, lealtad y alto honor.
Vida militar en la tumba de Menfenita de Horemheb
Horemheb
es, de forma poco común, un hombre con dos tumbas. La primera; su tumba de
Saqqara fue preparada durante su ascenso al poder, en una época en la que
nadie podía predecir con confianza que algún día se pondría la doble corona.
Cuando más tarde se convirtió en rey, se comenzó a construir una segunda tumba
digna de un rey en el Valle de los Reyes, en la tumba KV57, dejando el
monumento de Mempite como un espléndido eco arquitectónico de su carrera
anterior.
Relieve funerario con
un mensajero a caballo
Es
en esta tumba anterior, situada en la meseta desértica de Saqqara cerca del
recinto sagrado de los toros Apis, donde encontramos el actual fragmento
de caliza viva.
Las primeras representaciones de la equitación surgieron durante la Edad
del Bronce, como este relieve de piedra caliza de la tumba de Menffit de
Horemheb en Saqqara, Egipto. Estas representaciones surgieron aproximadamente
1.500 años después de los restos recién descubiertos de probables jinetes en el
sureste de Europa
Las
primeras representaciones de la equitación surgieron durante la Edad del
Bronce, como este relieve de piedra caliza de la tumba de Menffit de Horemheb
en Saqqara, Egipto. Estas representaciones surgieron aproximadamente 1.500 años
después de los restos recién descubiertos de probables jinetes en el sureste de
Europa.
A
diferencia de muchos relieves cortés y estáticos de la época, esta escena
rebosa animaciones poco comunes y detalles maravillosamente observados; una
pequeña ventana al bullicio de un campamento militar. Los soldados vigilan
caballos atados a sus carros, el orgullo del ejército reformado de Egipto,
mientras un oficial se aleja a paso firme, con la capa ondeando y el propósito
claro. Abajo, otro oficial escolta a dos portadores de agua a sus deberes, y un
mensajero montado galopa dentro o fuera del campamento con noticias llevadas a
través del viento del desierto. Lo más llamativo de todo es que un grupo de
soldados con casco carga un enorme peso sobre sus hombros, quizá una viga
estructural, o incluso la tela enrollada de la propia tienda de campaña de Horemheb.
Osiris en la tumba de Horemheb en el Valle de los Reyes
Lo
que resulta especialmente fascinante es la fluidez de la composición. La
formalidad convencional del arte egipcio aquí se suaviza en algo más
naturalista, incluso observacional. Los músculos se esfuerzan, los caballos
sacuden la cabeza y los hombres se apoyan en sus cargas con verdadero esfuerzo
físico. Esta silenciosa revolución de estilo no surgió en el vacío: refleja el
legado artístico persistente del periodo de Amarna de Akhenatón,
cuyo gusto por el movimiento, el gesto y el contorno vivo no desapareció del
todo con su reinado. Bajo el joven Tutankamón, cuyo breve gobierno intentó
restaurar el equilibrio tras la agitación teológica, ese naturalismo nacido en
Amarna continuó resonando en los talleres.
Así,
los espléndidos relieves en la tumba de Saqqara de Horemheb no son simplemente
una representación de soldados en sus tareas, sino un registro de la
recuperación artística y continuidad de Egipto, y un testimonio del mundo que
Horemheb habitó antes de que la realeza lo reclamara. Cada rueda de carro, cada
flanco de caballo, cada hombro inclinado habla de un hombre que lideró desde el
frente, cuyo servicio en el polvo de la vida militar moldeó el trono que algún
día asumiría. Primero un general, luego un rey, y aquí, en piedra caliza, está
la prueba.
Soldados y trabajadores
con casco arrastrando una pesada viga
desde la tumba de Menffit de Horemheb en Saqqara. Actualmente se encuentra en
el Museo Cívico Arqueológico de Bolonia. EG 1889
Horemheb,
nacido plebeyo en el Medio Egipto pero destinado a los espléndidos salones de
los reyes, ascendió no por herencia sino por pura brillantez. Antes de llevar
la Doble Corona, fue el distinguido Comandante del Ejército de
Egipto, un hombre de mirada firme y disciplina formidable. Durante finales de
la dinastía XVIII, cuando el experimento iluminado por el sol de Akhetaten
fracasó y la tierra se encontró asomándose a las fisuras dejadas por la era de
Amarna, fue Horemheb quien demostró tener las manos más capaces.
Nombrado inicialmente "Diputado del Señor de las Dos
Tierras" bajo
el joven Tutankamón, Horemheb sirvió tanto como guardián como guía en el frágil
renacimiento de los cultos tradicionales. En los años tumultuosos que
siguieron, con el breve e incierto reinado de Ay ya superado,
Horemheb emergió como la elección natural para estabilizar el trono. Fue
elevado, no por derecho divino de sangre, sino por mérito, reconocimiento y el
reconocimiento agradecido de una nación que anhelaba orden. Algunos textos
posteriores insinúan que el propio dios Horus "le dio la realeza",
una forma delicada de decir que Egipto eligió al hombre que ya actuaba como su
columna vertebral invisible.
El campamento militar de Horemheb: un
oficial escolta a un portador de agua
Como
rey, Horemheb se dedicó a curar un país herido. Su mandato se caracteriza por
reformas legales profundas, la determinación de frenar la corrupción y la
reafirmación de la autoridad central tras años de deriva administrativa.
Restauró templos devastados o descuidados durante el interludio de Amarna,
revivió tradiciones milenarias y aseguró que la riqueza de Egipto fluyera de
nuevo por sus canales correspondientes. Sus proyectos de construcción
(grandiosos pero mesurados) proclamaban un retorno al equilibrio en lugar del
exceso.
Lo
más significativo es que Horemheb allanó el camino para una nueva era. Sin
heredero superviviente, nombró a su brillante visir Paramessu como
sucesor; el hombre que un día reinaría como Ramsés I, inaugurando
la XIX Dinastía.
Horemheb
se erige como el silencioso arquitecto del resurgimiento ramessida de
Egipto, el restaurador que transformó el desorden en esplendor y dejó las Dos
Tierras no solo estables, sino preparados para la grandeza.
Dentro
de la tumba de Horemheb en Saqqara, uno de los relieves más llamativos
representa un momento tranquilo pero poderoso: la documentación de prisioneros
nubios tras una campaña del sur.
A
diferencia de las escenas comunes de cautivos atados, estos hombres se muestran
sentados en filas ordenadas, con las manos descansando tranquilamente sobre las
rodillas, esperando ser registrados por los escribas egipcios que les
precedieron. Cada figura está tallada con una individualidad notable (nariz
ancha, labios y rasgos marcados), según la convención artística del Antiguo
Egipto para los pueblos de las tierras más allá de la frontera sur.
Llevan
el característico pendiente nubio y muestran la escarificación ritualizada en
sus mejillas, marcas que aún se conocen en ciertas tribus del sur de Sudán hoy
en día. Su cabello, antes pintado con pigmentos cálidos ahora en su mayoría
perdidos, se presentaba como mechones cortos y retorcidos o gorros en capas, a
menudo teñidos de un rojo brillante, un detalle que capturaba sutilmente las
costumbres regionales de adorno.
Detrás
de ellos, los escribas egipcios se inclinan hacia adelante con plumas de caña
en posición, registrando los nombres, orígenes o número de estos hombres—una
imagen de control, precisión y burocracia en movimiento.
Los
prisioneros no se representan como luchadores o humillados, sino como sometidos
y obedientes, una elección artística deliberada que refleja tanto el dominio
percibido de Egipto como su orden administrativo tras la conquista.
El
equilibrio entre disciplina y dignidad en esta composición es sorprendente; Los
cautivos permanecen humanos, observados en lugar de brutalizados, mientras que
los escribas, absortos en su tarea, encarnan la maquinaria del imperio. A
través de esta única escena, tallada alrededor del 1330 a.C., vislumbramos la
visión del mundo de Egipto al final de la Dinastía XVIII; una civilización que
se define a sí misma a través de la conquista, pero que inmortaliza incluso a
sus enemigos con gracia y un realismo silencioso sobre los muros de piedra de
la eternidad.
Seti I antes que Ra-Horakhty
En
este relieve finamente tallado, Seti I se planta reverentemente ante el
entronizado Ra-Horakhty, la deidad solar compuesta coronada con el disco solar
y el uraeus. La mano derecha del rey se levanta en un gesto delicado: con su
dedo meñique, toca la cobra divina, símbolo del fuego celestial y la autoridad
real.
Escena de la Divina
Comunión; Seti I y Ra-Horakhty Nuevo Reino, XIX Dinastía, c. 1290–1279 a.C.
Templo de Seti I, Abydos.
Lejos
de ser un movimiento casual, este acto refleja un rito sagrado, el faraón
entrando en contacto directo con la esencia viviente del dios sol. El uraeus,
que representa el ojo protector de Ra, es tanto guardián como otorgador de
legitimidad. A través de este sutil gesto, Seti I demuestra su derecho divino a
gobernar, reafirmando su vínculo con el dios creador y su papel como defensor
del orden cósmico (Ma'at).
Tal
interacción divina íntima era dominio exclusivo de los reyes, pues no eran solo
gobernantes, sino el puente entre el cielo y la tierra.
Ra-Horakhty
Ra-Horakhty
(Ra-Heru-Akhty) es una deidad sincrética. una fusión de Ra, el antiguo dios del
sol y creador, y Horus, el dios del cielo, protector de los reyes, en su
aspecto como Horus del Horizonte, el sol naciente. Juntos, forman a
Ra-Horakhty, la deidad solar, en su renacimiento diario. Representa al sol en
su ascenso, simbolizando la vida, el poder y la realeza divina, ideal para los
faraones que buscan el favor divino.
Por
encima de las figuras, el texto jeroglífico casi con toda seguridad lo nombra
explícitamente. Estos epítetos son formulistas y a menudo aparecen en escenas
de templos. Aunque no podemos traducir completamente el relieve sin una visión
más clara del texto, este tipo de figura casi siempre va acompañada de ese
título divino que confirma su identidad.
La diosa Hathor ofrece el collar de Menat a Seti I
Un
relieve pintado representa a la diosa Hathor que ofrece el collar de Menat a
Seti I, de una columna en la tumba de Seti I (KV17) en el Valle de los Reyes,
en el oeste de Tebas.
La
tumba de Seti I es conocida por su rica decoración, que incluía elaboradas
representaciones de dioses y faraones en diversos contextos religiosos. También
es famosa por la excelencia artística de sus pinturas murales y relieves.
En
este relieve, Hathor, la diosa del amor, la belleza, la música y la fertilidad,
está representada ofreciendo el collar Menat a Seti I.
El
Menat es un símbolo poderoso en la religión del antiguo Egipto, a menudo
asociado con Hathor. Se consideraba tanto un amuleto protector como una
representación de la fertilidad y la alegría.
A
pesar de su título de collar, el Menat se usaba comúnmente en rituales y a
menudo se mostraba en manos de deidades, especialmente Hathor, para transmitir
bendiciones o protección divina.
El
collar servía como instrumento de percusión, agitado para producir un sonido
calmante que se consideraba apaciguar y complacer a un dios o diosa.
En
el relieve, el gesto de Hathor de ofrecer el collar Menat puede interpretarse
como una bendición divina para Seti I, especialmente al pasar al más allá.
El
Menat, en este contexto, sirve como una herramienta poderosa para asegurar su
protección y favor ante los dioses en la próxima vida, reforzando su estatus
real incluso más allá de la muerte.
El
papel de Hathor en el más allá como cuidador y protector de los difuntos está
bien documentado en la iconografía egipcia, y este relieve ejemplifica ese
papel.
La
tumba de Seti I es conocida por su excepcional arte, y este relieve en
particular es uno de los muchos ejemplos que muestran la importancia de las
interacciones divinas, especialmente aquellas entre el rey y los dioses, que
fueron cruciales para la legitimidad real y el paso seguro al más allá.
La diosa Hathor ofrece
el collar de Menat a Seti I Detalle del rostro de
la diosa Hathor, con pendiente de cobra, quien, en este relieve completo, se ve
dando la bienvenida a Seti I al más allá con un collar protector de menat.
Noble del Antiguo Egipto
Este
relieve exquisitamente tallado captura a un noble desconocido en el apogeo del
Nuevo Reino, su perfil representado con una confianza suave, la nariz aquilina,
los labios suavemente definidos, la expresión serena, casi introspectiva. Sin
embargo, es la magnífica peluca la que capta toda la atención: una cascada de
meticulosamente incisas, escalonadas y texturizadas con asombrosa precisión,
cuya banda superior adorna con delicados motivos geométricos y de loto.
El Noble puede verse en
el Museo de Brooklyn. 36.261
Su
prenda plisada y su amplio cuello sobreviven en líneas tenues y elegantes, pero
son solo notas de apoyo. El escultor claramente pretendía que la elaborada
peluca (perfumada, pesada y ceremonial) proclamara su estatus y refinamiento.
Cada mechón cae en curvas rítmicas, tan finamente cortadas que el pelo parece
casi balancearse, como si estuviera atrapado en una brisa pasajera de hace tres
mil años.
Este
fragmento, que se cree proviene de una tumba en Saqqara, nos recuerda la
artesanía inigualable de los artesanos del Nuevo Reino, que podían extraer
vida, presencia y personalidad de la superficie de la piedra caliza. A través
de los perfiles más sencillos y las pelucas más intrincadas, crearon retratos
que aún cautivan la mirada moderna, ecos silenciosos de vidas hace mucho tiempo
desaparecidas, pero nunca realmente olvidadas.
El Zodiaco de Dendera
El
zodiaco de Dendera es uno de los artefactos más célebres y enigmáticos de la
astronomía egipcia antigua: un magnífico bajorrelieve tallado en el techo de
arenisca del pronaos (o vestíbulo de entrada) de una capilla dedicada a Osiris,
enclavado dentro del gran Templo de Hathor en Dendera.
El zodiaco de Dendera
tal como se muestra en el Louvre
Lo
que distingue esta pieza por encima de todo es su forma: un planisferio
circular, que representa el cielo nocturno no con los habituales motivos
celestes rectilíneos que se encuentran en tumbas y templos, sino con un disco
celestial, una expresión artística única en el canon del arte egipcio. Este
zodiaco circular presenta un mapa de las estrellas, con las doce constelaciones
zodiacales dispuestas en una rueda, junto con una compleja composición celeste
de treinta y seis decanes, símbolo de intervalos de diez días dentro del año
civil egipcio de 360 días. Estos decanes, compuestos por estrellas de primera
magnitud, eran vitales para el calendario egipcio antiguo, que estaba gobernado
tanto por los ciclos lunares como por el elevado heliacal de Sothis (Sirio), un
fenómeno asociado durante mucho tiempo con las inundaciones anuales del Nilo.
El
Zodiaco también incluye los cinco planetas conocidos, situados en las
posiciones que habrían ocupado alrededor del 50 a.C., lo que respalda la
datación ahora ampliamente aceptada del relieve en el periodo ptolemaico
tardío. El propio pronaos fue construido bajo el emperador romano Tiberio, lo
que llevó al eminente egiptólogo Jean-François Champollion a fechar
correctamente la talla en el periodo grecorromano, a pesar de las atribuciones
anteriores de sus contemporáneos al Nuevo Reino.
Un fragmento del cielo sagrado de Egipto
reside ahora lejos de su hogar original—un testimonio silencioso de la mirada
del mundo antiguo hacia los cielos.
El
disco celestial es sostenido por cuatro figuras femeninas que encarnan los
pilares del cielo, mientras que espíritus con cabeza de halcón ocupan los
espacios entre ellas. Dentro de este mandala cósmico aparecen símbolos
zodiacales familiares—Tauro, Escorpio, Capricornio y Libra—algunos reconocibles
en sus formas helenísticas, otros interpretados a través de una lente egipcia.
Por ejemplo, Acuario no aparece como portador de agua, sino como el dios del
Nilo feliz, vertiendo agua de dos jarrones—una representación única y egipcia
de las aguas celestes.
Además
de su esplendor simbólico, el zodiaco Dendera cumplía una función práctica y
ceremonial. Se cree que se utilizó en rituales religiosos o para marcar eventos
calendáricos significativos. De hecho, la estructura del zodiaco sugiere que
pudo haber funcionado como una antigua carta astronómica, y los estudiosos han
especulado que pudo haber servido de base para mapas estelares grecorromanos y
árabes posteriores. John H. Rogers la describió notablemente como
"el único mapa completo que tenemos de un cielo antiguo".
Las
raíces intelectuales de tal sofisticación son profundas. Los orígenes de la
astronomía egipcia se remontan al tercer milenio a.C., cuando surgió por
primera vez el calendario solar de 365 días. Las observaciones de estrellas
horáreas dividieron la noche, y desde el Reino Medio en adelante, títulos como
"hombre de la hora" y más tarde "jefe de vigilantes
horarios" reflejan una clase organizada de astrónomos de templo. Estos
individuos rastreaban los movimientos celestes para determinar los horarios
rituales, el avance del sol, la puesta de estrellas—especialmente los Sothis—e
incluso ofrecían encantamientos protectores, como se recoge en textos del
Periodo Tardío.
Para
el primer milenio a.C., la cosmología egipcia había caído bajo la influencia de
la astronomía babilónica, que combinaba creencias religiosas nativas con la
ciencia celeste importada. El resultado, plenamente realizado en el Zodiaco de
Dendera, fue una gran síntesis de astronomía, astrología y mitología, una
fusión del cosmos sagrado egipcio con el folclore helenístico del cielo.
“…
conocer la hora del levantamiento y puesta de las estrellas, especialmente
Sothis (Sirius), el avance del sol hacia el norte o el sur, la duración
adecuada de las horas de día y noche, y la realización adecuada de rituales,
así como de encantamientos contra escorpiones."
Rolf
Krauss, The Cambridge History of Science, 2019.
A
principios del siglo XIX, durante la campaña de Napoleón en Egipto, el Zodiaco
fue retirado del templo por anticuarios franceses. Tras un viaje peligroso, fue
transportado a Francia, donde permanece hoy en el Musée du Louvre de París
(números de inventario D 38; E 13482; CM 464).
Escultura del Antiguo Egipto
La
escultura egipcia es una de las expresiones artísticas más antiguas y
fascinantes de la humanidad. Representa no solo la destreza técnica y la
habilidad artística de una civilización que prosperó durante miles de años,
sino también un profundo vínculo con la espiritualidad y la vida después de la
muerte. A través de sus esculturas, los antiguos egipcios plasmaron sus
creencias, su vida cotidiana, y su relación con los dioses y faraones, creando
un legado en piedra que ha perdurado hasta nuestros días.
Origen y Evolución de la Escultura Egipcia
La Escultura en el Antiguo Egipto: Un Arte al Servicio de
la Eternidad
El
origen de la escultura egipcia se remonta al período predinástico,
aproximadamente en el 4000 a.C. Durante este tiempo, las primeras comunidades
asentadas a lo largo del río Nilo comenzaron a desarrollar habilidades en la
talla de piedra, arcilla y otros materiales. Este arte primitivo estaba
fuertemente influenciado por la naturaleza y los elementos circundantes, siendo
las primeras representaciones principalmente de animales y figuras humanas
estilizadas.
Con
el advenimiento del período dinástico, la escultura egipcia experimentó un gran
avance, especialmente durante el Imperio Antiguo (c. 2686-2181 a.C.). Este fue
un período de consolidación política y cultural en el que los faraones
comenzaron a construir las grandes pirámides, y con ellas, las estatuas
monumentales que las acompañaban. Las esculturas de esta época eran
principalmente religiosas, destinadas a servir como moradas eternas para los
espíritus de los difuntos. Estas estatuas se tallaban en piedra, alabastro,
basalto y otras piedras duras, y eran cuidadosamente colocadas en las tumbas y
templos.
Períodos artísticos
Aunque
todas las esculturas egipcias ofrecen un sello característico de su arte y
cierta uniformidad de estilo, se diferencian unos grupos de otros, según el
periodo de la historia a que pertenecen del siguiente modo:
·
La
escultura del Imperio Antiguo es
hierática en las representaciones de dioses y faraones, pero en los cortesanos
es de tendencia naturalista, y se distingue por la majestad y realismo que
imprimen a la figura humana, copiando con bastante perfección las facciones del
personaje y las escenas de su vida: se hallan en los templos y tumbas. Entre
los mejores modelos destaca la estatua de madera de un personaje
llamado Kaaper, coloquialmente cheik-el-beled (el alcalde
del pueblo), que data de la dinastía V (siglo XXIV a. C).
Otro ejemplo de escultura de este período es El escriba sentado.
Se trata de una estatuilla de madera de
sicomoro, por supuesto de autor desconocido, de 112 centímetros de altura, que
representa a un alto funcionario de la dinastía V (2435-2306 a.C.) llamado
Kaaper.
La
estatua de Kaaper es de bulto redondo y muestra de pie al personaje, un
hombre un tanto obeso (recordemos que en el antiguo Egipto la obesidad era
sinónimo de elevado estatus social) de mediana edad, con una incipiente
calvicie, la pierna izquierda adelantada, en actitud de caminar, apoyado
en un largo báculo y vestido con un faldellín. Los ojos están hechos con
incrustaciones de cobre, cristal de roca, alabastro y obsidiana, y los brazos
fueron ensamblados posteriormente.
En
origen, la estatua estuvo recubierta de estuco y pintada, aunque de este
revestimiento ya no queda nada. Pero ¿cómo llegó esta extraordinaria pieza a
engrosar los fondos del museo egipcio?
Estatua del alto
funcionario Kaaper. Museo Egipcio, El Cairo.
Otro
ejemplo de escultura de este período es El escriba sentado.
La
estatua fue hallada en 1850 en la necrópolis de Saqqara, situada
en la ribera occidental del Nilo, frente la antigua ciudad de Menfis,
que fue la capital del Imperio Antiguo de Egipto, y se estima que
representa a un alto funcionario de la administración. Colocada en la capilla
de culto de una tumba, la estatua participaba en las ceremonias y recibía las
ofrendas para el difunto, su función tenía pues un carácter funerario.
El
artista le representó mientras escribía en posición sedente con las piernas
cruzadas y encima de ellas reposa un papiro desplegado, mientras está
a punto de realizar su labor como escriba, por lo que sostiene
un cálamo en su mano (perdido), llevando como prenda de vestir
un shenti, donde apoya el papiro.
Su
cuerpo está esculpido en caliza, y sus ojos tallados en cristal de
roca, cuarzo blanco y ébano. Su cara está atenta y su mirada es
viva; esta parte del cuerpo es muy realista, resaltan los pómulos y las
mejillas, y los ojos aparentan gran realismo. Las manos están talladas con
esmerado detalle. Su postura es algo hierática, y su actitud tensa. Presenta
pliegues en el vientre, denotando un ligero sobrepeso, lo que era indicación de
un estatus elevado. Su buena conservación nos permite ver la policromía antigua,
con la aplicación de los diferentes colores.
Las
esculturas de dioses y faraones del Imperio Antiguo se caracterizaban
por mostrar una actitud hierática. Sin embargo, por tratarse de un cortesano,
no es extraño el realismo de esta obra, realizando su actividad y el realismo
de los ojos, muy detallados.
Actualmente
la estatua se exhibe en el Museo del
Louvre de París, Francia.
La
tendencia naturalista de este estilo de Memphis ha conducido a un peculiar
tratamiento del ojo, una técnica en las estatuas de este período ( de piedra
caliza, madera y bronce, pero no en las estatuas hechas de rocas basálticas),
aunque lo suspendieron más adelante. La pupila estaba representada por un
conjunto de uñas en plata brillante en cristal de roca o esmalte, las pestañas
oscuras eran hechas de bronce.
Los
jefes de estas estatuas del antiguo imperio revelan un marcado tipo egipcio,
aunque no totalmente, pues estaban en algunos casos mezcladas con negroides y
otras razas extranjeras. Aunque las formas del cuerpo delgado estaban
representadas, como corto, rechoncho, y cuerpos musculosos a veces eran las
ocurrencias más comunes. Dado que mayor representación era de hombres de
mediana edad y mujeres, parece que la infancia y la vejez no eran paradigmas
fundamentales en la vida futura. En general, los rostros reflejan un pueblo
tranquilo, feliz, para quien la vida futura no ofrece ningún gran cambio o
incertidumbre. Igualmente, las esculturas de pared y los jeroglíficos
ejecutados en bajorrelieve, por lo general eran finamente talladas.
En
este sentido, las estatuas sin terminar proporcionan una prueba útil de los
procesos involucrados. Por lo que, la mayoría de ellos demostraron que el
trabajo procedió uniformemente por todos los lados, manteniendo así el
equilibrio de la figura. De igual manera, se pretendía hacer partes de una
estatua compuesta, y la parte superior de la cabeza, se dejaba en áspero para
colocar una corona o una peluca de otro material. La superficie de la cara
en algunos casos parecía estar lista para el alisado final y la pintura, pero
las directrices todavía están allí indicando la línea del cabello y el plano
medio de la cara. De igual manera, se observan trabajos de líneas algo más
gruesas, observando el contorno de los ojos y las cejas hechas de forma
marcada para que se vea como si el trabajo hubiera sido planeado, cortando
estos para embutir otras piedras para que la cabeza fuera muy realista cuando
estuviera terminada.
·
En
el imperio Medio se
sigue la tradición menfita, pero con más realismo, dando a los faraones un
aspecto apacible, alargando ligeramente las figuras.
Durante el Imperio Nuevo (c. 1550-1070
a.C.), la escultura egipcia alcanzó su apogeo. Este período, conocido por los
magníficos templos de Karnak y Luxor, y por las tumbas ricamente decoradas del
Valle de los Reyes, produjo algunas de las obras más icónicas de la historia
del arte. Las estatuas de los faraones, como la famosa figura de Ramsés II en
Abu Simbel, no solo eran monumentales en tamaño, sino también en su detallada
representación del poder y la divinidad real.
Todas llevan en su mano un rollo,
un fragelo, o un cetro, etc. Asimismo, se introducen los dromos o
avenidas procesionales con esfinges y se conmemoran las hazañas militares y los
ritos religiosos en bajorrelieves tallados en los muros y pilonos de
los templos. Las estatuas, sin embargo, pierden el carácter realista y vuelven
a estar sujetas al canon, volviendo a adquirir la típica expresión hierática.
Figura de faraón como
guardián. Dinastía XII, del reinado de Amenemhat II o Sesostris II, ca.
1919-1878 B.C .. Mastaba de Imhotep. Hecho en madera de cedro, yeso y pintura.
Dimensiones, 57.6 cm x 11 cm x 26 cm. MET, Nueva York. La figura lleva la
corona roja del Bajo Egipto y la cara parece reflejar las características del
rey reinante, muy probablemente Amenemhat II o Sesostris II. Apareció con otra
figura que llevaba la corona blanca del Alto Egipto, ahora en el Museo Egipcio
de El Cairo. La estatua fue descubierta de pie detrás de una capilla que
contenía un objeto sagrado relacionado con el dios Anubis, el llamado imiut, y
las dos figuras podría entenderse que funcionaban como guardianes del imiut. El
conjunto fue descubierto en 1914 en la zona que rodea la pirámide de Sesostris
I en un recinto de adobe que rodea la mastaba de Imhotep, un funcionario de la
dinastía XII.

Estatua cubo del
Sesostris-senebefni. Dinastía XII, ca. 1981-1802 a. C. Cuarcita, 68,3 × 41,5 ×
46 cm. Museo de Brooklyn. Este tipo de estatuas es una innovación del Imperio
Medio. Representan a un individuo observando un ritual. Por lo general, es un
funcionario de sexo masculino con un manto que envuelve las rodillas
flexionadas hacia el pecho para que el cuerpo se convierte en un cubo con los
brazos cruzados en la parte superior. Solo sobresalen la cabeza y los pies. Se
pueden añadir otras figuras, como en este caso la pequeña imagen de Nebetka, la
esposa de Sesostris-senebefni.
Estatuilla del
gobernador provincial Ukhhotep y su familia. Dinastía XII, ca. 1981-1802 a.C.
Meir (Mir). Granodiorita, 37 × 26 × 15 cm. Museo de Bellas Artes de Boston.
Ukhhotep fue nomarca del distrito administrativo XIV del Alto Egipto durante el
reinado de Sesostris II. En la segunda mitad de la Dinastía XII, los artistas
egipcios hicieron muchas estatuas de pequeña escala en piedra dura retratando a
los funcionarios en grupos familiares. Costumbre funeraria que continuaría en
la Dinastía XIII. Los rasgos faciales de las cuatro figuras son típicas de la
segunda mitad de la Dinastía XII, con orejas muy grandes, de ajuste alto y ojos
muy marcados por el párpado. A pesar de que muestran las mejillas arrugadas
características de la época, carecen de los ceños fruncidos que se encuentran
en muchas piezas contemporáneas y en su lugar sonríen con satisfacción.
Portadora de ofrendas.
Dinastía XII, tumba de Meketre, serdab. Madera, yeso, pintura. Dimensiones: 112
cm x 17 cm x. 46,7 cm. MET, Nueva York. La mujer lleva sobre su cabeza una
cesta llena de cortes de carne. En su mano derecha sostiene por sus alas un
pato vivo. La iconografía de la figura es bien conocida desde los relieves del
Antiguo Reino en los que se representaban filas de portadores con ofrendas.
Habitualmente estas figuras reciben los nombres de los lugares con lo que se
identificaban las personificaciones, fincas que
proveerían perpetuamente sustento para el espíritu del propietario de
la tumba. La mujer está ricamente adornada con joyas y lleva un vestido
decorado con un dibujo de plumas, un tipo de ropa asociada con diosas. Por lo
tanto, esta figura y su compañera, en El Cairo, también pueden estar asociadas
con las diosas funerarias Isis y Neftis, que se representaban en el
pie y la cabeza de los ataúdes para proteger a la persona fallecida.

Las esculturas del
faraón Ajenatón describían malformaciones físicas producto de supuestas
enfermedades que habría padecido el faraón, como el síndrome de Marfan. Las
esculturas halladas del faraón herético describen una imagen nunca vista antes
en cualquier otro rey: cuello alargado, hombros y torso estrecho, caderas
protuberantes, labios gruesos y mentón alargado. Hoy en día, los historiadores
y arqueólogos estiman que las imágenes del rey son representaciones artísticas
y no son elementos suficientes para suponer que padeciese enfermedades
crónicas.
·
El periodo
Tardío (desde
mediados del siglo VII a. C.) produjo una reacción
extremadamente realista, alargando más las figuras y afinando y perfeccionando
la técnica escultórica, a pesar de que el material preferido para ello, a
veces, era el basalto y otras piedras de gran dureza. Se abandonó la
talla de colosos desde esta época. Se poblaron de efigies los templos y aumentó
la escultura en bronce. Pertenecen a la misma época la mayoría de los bronces
mitológicos guardados en los museos.
Ankhimenru, intendente
de la divina adoratriz de Amón.
Estatuilla de Achoris o
Nectanebo I, Egype, Periodo Tardío, Dinastía XXIX a XXX, 393-362 a.C. - Museo
de Arte Nelson-Atkins
·
El
influjo griego, ya presente en el periodo saíta, se intensificó en el periodo
Helenístico de Egipto y la época de dominación romana dando
más dulzura y corrección a las estatuas aunque no pocas siguieron esculpiéndose
con la típica expresión hierática y otras, procedentes de la escuela
neo-menfita, resultan frías y rígidas por copiarse unas a otras sin referencia
directa del natural como en otros tiempos.
En
todas las épocas se grabaron innumerables piedras preciosas para sellos,
collares o amuletos, figurando en ellas principalmente los dioses y textos con
jeroglíficos. Las más frecuentes son los escarabeos (escarabajos
tallados con el caparazón en relieve y un texto jeroglífico grabado en la parte
inferior). Los camafeos con figuras en relieve aparecen en la época
Ptolemica y son todos helenísticos, sin duda, tallados en Alejandría.
Camafeo representando a Ptolomeo II.
Características generales
Las
esculturas y bajorrelieves se ceñían a una serie de convencionalismos, cánones
o normas que se mantuvieron invariables en casi todos los periodos durante tres
mil años.
·
Ley
de la Frontalidad: Las
figuras que son concebidas para ser vistas de frente; son muy simétricas, como
si se hubieran esculpido respecto de un eje central, siendo las dos partes muy
semejantes.
·
Jerarquía: Las figuras más importantes eran
esculpidas más grandes y detalladas que las de los demás personajes, y
mostraban actitudes hieráticas.
·
Hieratismo: Con ausencia de expresividad y rigidez
de actitudes, como signos de respeto y divinidad. Sólo en algunos periodos se
acercó al naturalismo.
Características Distintivas de la Escultura Egipcia
Simbolismo y Función en la Escultura Egipcia
Una
de las características más notables de la escultura egipcia es su fuerte
simbolismo. Cada estatua, relieve o figura tenía un propósito específico, ya
fuera para representar a un dios, honrar a un faraón, o proteger a un difunto
en la otra vida. Este simbolismo estaba estrechamente ligado a las creencias
religiosas y espirituales de los egipcios. Por ejemplo, las estatuas de los
faraones no solo eran retratos de estos líderes, sino que también servían como
contenedores para su ka, o espíritu vital, en el más allá.
La
proporción y la simetría también eran esenciales en la escultura egipcia,
reflejando la creencia en el orden cósmico y la armonía. Las figuras eran
representadas en posturas rígidas y formales, con un sentido de eternidad y
permanencia. Los escultores seguían estrictas convenciones, como la
frontalidad, donde las estatuas debían ser vistas de frente para que su poder y
majestuosidad fueran completamente apreciados.
Técnicas y Materiales en la Escultura Egipcia
Los
antiguos egipcios emplearon una variedad de técnicas y materiales en sus
esculturas. La piedra era el material más utilizado, especialmente caliza,
arenisca, granito y basalto. Estas piedras eran seleccionadas no solo por su
durabilidad, sino también por su capacidad para ser pulidas hasta obtener un
acabado liso y brillante, lo que era ideal para las estatuas monumentales.
El
proceso de escultura comenzaba con el tallado de bloques de
piedra utilizando herramientas de cobre, y más tarde, de bronce y hierro.
Una vez que se lograba la forma básica, los detalles se añadían mediante el uso
de cinceles y abrasivos. Finalmente, las superficies eran pulidas y, en muchos
casos, pintadas o incrustadas con piedras preciosas y metales, para añadir
color y resplandor.
Otra
técnica importante en la escultura egipcia fue la talla en relieve. A
diferencia de las esculturas exentas, los relieves se tallaban en paredes de
templos y tumbas. Había dos tipos principales de relieve: el relieve bajo,
donde las figuras sobresalían ligeramente de la superficie, y el relieve
hundido, donde las figuras estaban talladas dentro de la piedra. Estos relieves
eran utilizados para contar historias, registrar eventos históricos, y decorar
espacios sagrados.
Tipos de Escultura Egipcia
Escultura Monumental: Las Colosales Estatuas de los
Faraones
Uno
de los aspectos más impresionantes de la escultura egipcia es su escala
monumental. Las estatuas colosales de los faraones, como las de Ramsés II en
Abu Simbel o la Gran Esfinge de Giza, fueron creadas para impresionar tanto a
los mortales como a los dioses. Estas estatuas, que podían alcanzar decenas de
metros de altura, eran esculpidas directamente en la roca o construidas en
bloques y luego ensambladas.
Estas
monumentales esculturas no solo eran símbolos del poder divino de los faraones,
sino que también servían como guardianes eternos de sus templos y tumbas. La
frontalidad y simetría de estas estatuas les conferían una presencia imponente,
mientras que los detalles finamente tallados, como los rostros y las
inscripciones jeroglíficas, añadían un nivel de realismo y reverencia hacia los
retratados.
Retratos y Estatuillas: La Humanización en la Escultura
Egipcia
A
pesar de la monumentalidad de muchas esculturas, los antiguos egipcios también
crearon retratos y estatuillas de menor escala que mostraban un lado más íntimo
y humano de su sociedad. Estas esculturas a menudo representaban a individuos
comunes, escribas, sacerdotes, y miembros de la familia real en actitudes de
oración, trabajo, o simplemente sentados en posturas relajadas.
El
realismo en estos retratos varió a lo largo de las dinastías, pero en general,
se prestaba gran atención a la representación de rasgos faciales y detalles
anatómicos. Algunas de las estatuillas más famosas, como la del Escriba
Sentado, muestran un nivel de detalle y realismo sorprendente, con ojos
incrustados y poses naturales que capturan la personalidad del sujeto.
Escultura Religiosa: Dioses y Símbolos de Protección
La
religión jugó un papel central en la escultura egipcia, y muchas de las obras
creadas tenían una función sagrada. Las estatuas de dioses eran ubicadas en
templos y santuarios, donde se les rendía culto y se les ofrecían sacrificios.
Estos dioses eran representados de manera antropomórfica, a menudo con cuerpos
humanos y cabezas de animales, simbolizando diferentes aspectos de la
naturaleza y la divinidad.
Además
de las estatuas de dioses, las esculturas también incluían símbolos de
protección, como los ushebtis, pequeñas figuras colocadas en tumbas para servir
al difunto en la otra vida. Estas figuras, a menudo hechas de fayenza, piedra o
madera, eran producidas en grandes cantidades y eran una parte esencial del
ajuar funerario.
El Legado de la Escultura Egipcia en la Historia del Arte
Influencia en la Escultura Clásica y Moderna
La
escultura egipcia ha tenido un impacto duradero en la historia del arte,
influyendo en culturas tan diversas como la griega, la romana y la europea
moderna. Los antiguos griegos, fascinados por la simetría y el realismo de las
esculturas egipcias, adoptaron y adaptaron muchas de sus técnicas y estilos en
sus propias obras. De hecho, muchas de las primeras esculturas griegas muestran
una clara influencia egipcia, particularmente en la postura frontal y la
rigidez de las figuras.
Durante
el Renacimiento, los artistas europeos redescubrieron las esculturas egipcias y
quedaron impresionados por su monumentalidad y perfección técnica. Este
redescubrimiento llevó a una nueva apreciación de las proporciones y la
simetría, elementos que se integraron en el arte renacentista y barroco.
En
la era moderna, artistas como Constantin Brâncuși y Amedeo Modigliani se
inspiraron en la escultura egipcia, buscando emular su pureza de forma y su
conexión con lo espiritual. La influencia de la escultura egipcia continúa
siendo evidente en el arte contemporáneo, donde la simplicidad, la frontalidad
y el simbolismo siguen siendo temas recurrentes.
Preservación y Estudios de la Escultura Egipcia
El
estudio y la preservación de la escultura egipcia han sido una prioridad para
arqueólogos e historiadores del arte desde el descubrimiento de la civilización
egipcia por el mundo moderno. Desde las primeras excavaciones en Giza hasta las
recientes restauraciones en Luxor y Karnak, los esfuerzos para proteger y
estudiar estas obras han revelado una gran cantidad de información sobre la
vida, la religión y la política del antiguo Egipto.
La
mayoría de las esculturas egipcias que se encuentran en museos y colecciones
privadas hoy en día han sido objeto de extensas investigaciones, que han
proporcionado una comprensión más profunda de sus técnicas de fabricación, sus
significados simbólicos y su contexto histórico. Además, la tecnología moderna,
como la fotografía de alta resolución, la tomografía computarizada y la
impresión 3D, ha permitido a los investigadores y al público explorar estas
esculturas de maneras que antes eran impensables.
Conclusión: La Escultura Egipcia como Reflejo de una
Civilización Eterna
La
escultura egipcia no es solo un testimonio del talento artístico de una
civilización antigua, sino también un reflejo de su alma. A través de estas
obras, los antiguos egipcios buscaron alcanzar la eternidad, asegurando que sus
dioses, sus gobernantes y sus ciudadanos fueran recordados para siempre.
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